martes, 7 de febrero de 2012

La joven princesa Catalina escribe a su padre...

Catalina de Aragón como María Magdalena. Obra de Michel Sittow. Retrato pintado al final de su adolescencia o principio de la veintena.


Carta de Catalina a su padre el rey Fernando II de Aragón

Contexto Histórico: Corría el año de 1505, y Catalina de Aragón, a sus veinte años, vivía en un estado de caótico abandono, careciendo de recursos para pagar a sus sirvientes, alimentarse y vestirse como correspondía a su rango; el asunto de la dote la traía por la calle de la amargura. Enrique VII dejó claro que si la dote no fuera entregue, no cumpliría con su promesa de casarla con su otro hijo, el príncipe Enrique (futuro Enrique VIII, en la época con catorce años), cuando éste alcanzase la mayoría de edad. Por otro lado, Fernando el Católico, recientemente viudo de Isabel, la reina de Castilla, y posiblemente en vísperas de casarse o incluso ya casado con Germana de Foix, carecía de fondos para pagar la dote, de hecho, al rey de Aragón no parecía importarle su hija pequeña lo más mínimo, "bastante tenía con preocuparse en engendrar un vástago varón que heredara su corona". Echemos entonces un vistazo a las propias palabras de Catalina, en la cuales expone su triste dilema: 


"Tengo deudas en Londres y no las contraje por haber comprado cosas extravagantes, ni tampoco para aliviar a mi gente (supongo que para mantener a  su séquito y sirvientes), quienes realmente necesitan, pero solo para conseguir comida. El rey de Inglaterra dijo que no está obligado a darme nada, y que incluso la comida que me proporciona proviene de su buena voluntad; ya que Vuestra Alteza no ha cumplido con su palabra respecto al dinero de mi dote. Le conté que creía que con el tiempo Su Alteza saldaría la deuda. Él me dijo que eso ya se vería. "

No tengo ni para camisas, y, por tanto, ruego a Vuestra Alteza, por su vida que me atienda. He vendido unas pulseras para comprarme con su importe un traje de terciopelo negro, pues andaba casi desnuda. Desde que vine de España sólo me he podido comprar dos vestidos, sirviéndome hasta ahora de los que traje conmigo; pero ya no me quedaban más que los de brocado. Por este motivo yo suplico a Vuestra Alteza dé órdenes para que se remedie lo dicho, porque de esta manera no podré seguir viviendo."

La humilde servidora de Vuestra Alteza, que le besa las manos, la Princesa de Gales."




Bibliografía:

Fernández Álvarez, Manuel: Juana la Loca, La Cautiva de Tordesillas, Espasa-Calpe, Madrid, 2001.

Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Planeta DeAgostini, Barcelona, 1996.

Tremlett, Giles: Catherine of Aragon, Henry's Spanish Queen, Faber and Faber, 2010.


5 comentarios:

Fawn dijo...

Muy interesante, como todo lo que cuentas en tu maravilloso blog ^^

Magnolia dijo...

Qué mal lo pasó la pobrecita en esos años de abandono e incertidumbre malviviendo en Inglaterra por culpa del tira y afloja entre su padre y su suegro por la cuestión de la dote. El tono de súplica y desesperación de esta carta lo dice todo. Mal alimentada y vestida, sufriendo desprecios del avaro del rey inglés. En cuanto a su padre, para ser Catalina su hija preferida lo pesimamente que se portó con ella. Estos duros años forjaron el carácter de Catalina, aprendió a ser una superviviente. Si es que me parece fascinante su vida, gracias por dedicarle esta entrada.

Feliz semana

Lady Caroline dijo...

Fawn: Muchas gracias por la visita! Un saludo.

Lady Caroline dijo...

Magnolia: Catalina lo pasó fatal mientras sufría las desavenencias entre su padre y Enrique VII. La dote era una asunto interminable que parecía nunca tener fin. La misiva es un vivo reflejo de la triste situación que padecía la joven princesa. Sin dinero, relegada a un segundo plano, sin tener a un familiar cercano con quien contar...¡Qué situación más caótica! Es digna de admiración y siempre es un placer investigar sobre su vida. Un abrazo

itzel perez dijo...

Para mi una de las mejores esposas de Enrique VIII fue sin duda esta infanta de Castilla. Que de su madre heredara eaa terquedad que la caracterizó desde siempre. Se me figura injusto el hecho de que Catalina haya tenido que pasarlo mal. Mientras el padre le hacia la guerra a su yerno Felipe de Habsburgo, se casaba con Germana de Foix.