domingo, 21 de diciembre de 2014

"Los Últimos Días de Ana Bolena", ¡Gratis del 22 al 24 de Diciembre!


Queridos cortesanos,


En medio de estas entrañables fiestas, en las que no faltan reuniones familiares y reencuentros con los amigos, también es una época para ponernos en día con la lectura y relajarnos de la tensiones de todo el año. Estos días si navegáis por la tienda de Amazon tenéis disponible para descargar gratis del 22 al 24 de diciembre "Los Últimos Días de Ana Bolena" . Les recuerdo igualmente que en breve volveré a la carga con una nueva casa real y un concurso especial para todos vosotros ¡¡Estad atentos!! 



¡Mis "ilustres invitados reales" les desean Felices Fiestas y un Excelente 2015! 


Un fuerte abrazo de Lady Caroline


jueves, 13 de noviembre de 2014

Catherine Howard, "No other will but his" (Parte 11)

Lynne Frederick  como Catherine Howard en la película "Henry VIII and His Six Wives" de 1972.


30) Disputa con María Tudor

En el invierno de 1540-41, en una misiva escrita por el embajador imperial Chapuys a María, reina de Hungría y regente de los Países Bajos, se hacía mención de una disputa relativa a los sirvientes de María Tudor. Cuando la hija de Catalina de Aragón se enteró que la corona estaba intentando quitarle a dos de sus doncellas, María debió de preguntar a Chapuys para que averiguase el porqué de aquella decisión. El diplomático escuchó que la nueva reina estaba ofendida debido a que María la había tratado con menos respeto que sus predecesoras y por ello se había iniciado el proceso de destitución de sus dos doncellas. Si Chapuys tenía razón sobre la implicación de Catherine Howard en aquel conflicto continua siendo un misterio pues el embajador acostumbraba citar rumores no demostrados como hechos.



Sarah Bolger como María Tudor en la serie The Tudors (Showtime, escena cuarta temporada, 2010)


Sin embargo, en dos de sus cartas enviadas también a la regente de los Países Bajos, fechadas en enero de 1541, supuestamente contradicen la información proporcionada en la correspondencia de diciembre. En enero, Chapuys reveló que María aún no había visitado a Catherine, aunque sí le había enviado a su madrastra un regalo de Año Nuevo que la había complacido enormemente. Aparentemente la ofensa de María podría únicamente haberse debido a la falta de atención de ella hacía la nueva consorte de su padre, pero mas bien era que sin una orden de comparecencia real no se le estaba autorizado acudir a la corte. En febrero, Chapuys relató que la hija de Catalina de Aragón se encontraba bien a pesar de la pena que le había causado la muerte de una de sus doncellas, la cual era una de las dos que Enrique VIII había ordenado despedir. Se desconoce si dicha sirvienta era una de las dos que el embajador mencionó en su misiva de diciembre, si bien que no culpó a Catherine Howard por el incidente. 


31)  El Patrimonio de la joven Howard

El patrimonio de la reina Catherine no se acordó hasta el 12 de enero de 1541. Ella obtendría las posesiones de Jane Seymour así como las tierras de nobles caídos en desgracia pertenecientes a Henry Courtenay, primer marqués de Exeter; Lords Essex y Hungerford; y Margaret, condesa de Salisbury. Además, el hogar real de Catherine, mencionado al detalle en el capítulo anterior, le costaba al monarca alrededor de 4600 libras anuales. 

Asimismo, poseía también una barcaza real con veintiséis remeros y pleno acceso a las joyas reales. Como obsequio de Año Nuevo, Enrique VIII le confirió entre otras gemas, un collar compuesto de dieciséis diamantes y sesenta rubíes bordeado con perlas. También le regaló una cadena que contenía nada más nada menos que doscientas perlas. Dichas joyas pertenecían a la corona y se devolverían a los cofres reales cuando se quedase viuda. 

Según el historiador del XIX, Henry William Herbert, durante la primera mitad de 1541 la pareja real llevó una vida casi privada, en medio de pacífico retiro del campo y los verdes jardines que rodeaban Hampton Court y el Castillo de Windsor, una atmósfera, como se percibe, de lo más agradable. El rey estimaba cada día más a su bella y joven esposa, poseedora de una incuestionable aura de pureza y lealtad, nadie por lo tanto podría cuestionar que dicha dama no era merecedora de su amor. 


Bibliografía:

Herbert, Henry William: Memoirs of Henry the Eight of England with the Fortunes, Fates and Caracters of his Six Wives, 1856. 

Warnicke, Retha M.Wicked Women of Tudor England (Queenship and Power)Palgrave Macmillan, Kindle Edition, 2012. 

domingo, 9 de noviembre de 2014

Catherine Howard, "No other will but his" (Décima Parte)




29) Su hogar real

Enrique VIII benefició a varios parientes de Catherine Howard. En octubre de 1540, Sir Richard Rich informó a su cuñado, Arundell, que el rey había concedido a Charles, el hermano de Catherine, 100 libras anuales; a George, también hermano de la nueva reina, 100 marcos; y a su media hermana, Lady Baynton  y sus sobrinos otros 100 marcos. Si el padre de Catherine, Lord Edmund, hubiese sobrevivido para contemplar el triunfo de su hija, probablemente podría haber recaudado muchos fondos para solventar sus deudas. Su cuñado, Sir Edward Baynton, también le fue entregue el solar de Semleigh, mientras que varias de las mujeres de su familia ocuparon puestos importantes a servicio de la reina.

El hogar real de Catherine era encabezado por el conde de Rutland como Gran Lord Chambelán, Sir Thomas Dennys como Secretario, y Sir John Dudley como Maestro de Caballería. Dentro de grupo de las damas ilustres del reino figuraban su prima Mary Howard, duquesa de Richmond, su media hermana Isabel Baynton que se convertiría en jefa de la cámara privada junto a su prima (por matrimonio) Lady Jane Rochford, mientras que Margaret Arundell, una de las tías de Catherine, y Lady Dennys, la prima de la reina, ejercieron como sus damas. Otras damas importantes de la nobleza que estaban a su servicio eran  Lady Margaret Douglas, Lady Frances Brandon y la condesa de Rutland. La joven reina también decidió promover varias muchachas que había conocido en la infancia mientras vivía en el hogar de la duquesa viuda de Norfolk, entre ellas Katherine Tylney y Margaret Morton que ocuparon los puesto de camareras de sus aposentos. 

El motivo por el cual Catherine había decidido nombrar a mujeres que conocían su controvertido pasado en Lamberth es bastante obvio. Probablemente la nueva reina creyó conveniente favorecer a los que la acompañaron durante aquellos turbulentos años de entre 1536 y 1539 en caso de que algunos de ellos llegasen a "hablar demasiado". Por si acaso y para evitar cualquier mal entendido era mejor tenerlos cerca y vigilar su comportamiento. 


 Con relación a Joan Bulmer, de la cual hemos hablado en el Capítulo V, aparentemente se cree que Catherine se rehusó a aceptarla entre sus damas. Muchos historiadores han supuesto que la reina accedió a la súplicas de su amiga y le otorgó un puesto en su séquito, sin embargo no aparece en la lista de los miembros de su corte. Únicamente se nombran a cuatro camareras de la cámara privada: Katherine Tylney, Margaret Morton y las señoras Friswith y Loffkyn. Por lo tanto, Bulmer supuestamente nunca estuvo al servicio de Catherine Howard, ni como camarera ni ocupando cualquier otra posición. 

La joven Howard ascendió al trono básicamente sin la experiencia de como era vivir en la corte. Enrique VIII había decidido desposarla solo algunos meses después de su primer encuentro. Como ya se ha mencionado, Catherine Howard había servido a Anne de Cleves desde el invierno de 1539-40 y en el momento de su enlace con el rey, en julio de 1540, la nueva reina tenía en su historial apenas siete u ocho meses de vida cortesana. Rodeada de sabias y educadas damas, de las cuales la mayoría tenía varios años más que ella, se entiende que quizás Catherine se sintiera algo desubicada en su rol como reina de Inglaterra. Debemos resaltar que aunque no fuese altamente cultivada, Catherine sabía leer y escribir como se muestra en su carta a Thomas Culpeper. Puede que le gustase más verse rodeada de bellos vestidos y valiosas joyas, pero no era estúpida y su nivel de educación podría compararse al que poseía Jane Seymour.

Continuará...

Bibliografía: 

Byrne, Conor: Katherine Howard: A New History, MadeGlobal Publishing, Kindle Edition, 2014.

Ridgway, Claire: The Anne Boleyn Collection: The Real Truth About the Tudors, CreateSpace Independent Publishing Platform, Kindle Edition, 2012.

Warnicke, Retha M.: Wicked Women of Tudor England (Queenship and Power), Palgrave Macmillan, Kindle Edition, 2012. 

martes, 21 de octubre de 2014

Catherine Howard, "No other will but his" (Novena Parte)

                                          Bryony Roberts como Catherine Howard  (2010)


26) Un buen comienzo

Como ya hemos comentado en el capítulo 3, según el historiador David Starkey, Catherine poseía mucha iniciativa y cualidades de liderazgo. Starkey menciona el hecho de que la reina fuera rápida en forzar una buena relación con el arzobispo Thomas Cranmer, mostrándole su inteligencia. Fue muy gentil con su predecesora, Anne de Cleves, cuando ésta hizo una visita a la corte y fue amable, cariñosa y bondadosa con ella. Puede que no tuviera la astucia o la inquebrantable fe de las anteriores consortes de Enrique VIII , pero parece ser que fue una chica agradable que logró ser leal a los que se criaron a su lado y fueron sus amigos. Además, Starkey vuelve a resaltar que no fue una mártir aunque tampoco una persona cruel y que varios rasgos de su carácter merecen ser admirados. En vez de considerarla un fracaso como reina, Starkey cree que la joven Howard en realidad tuvo un buen comienzo en su papel de consorte y alega que fue astuta en combinar el carácter sumiso de Jane Seymour con el estilo de Ana Bolena. 

27) Una belleza moderada

Un mes después de sus esponsales, Enrique y Catherine partieron rumbo al habitual viaje de verano. En Ampthill, en septiembre de 1540, Marillac, el embajador francés, vio a la nueva reina por primera vez. La describió como pequeña, delgada y únicamente poseedora de una belleza moderada. Según su relato, ella y sus damas estaban ataviadas a la moda francesa y el rey como ya se ha mencionado en varios artículos de esta saga, la acariciaba en público como jamás lo había hecho con sus anteriores esposas. Por otro lado, contrario a la percepción de Marillac, William Thomas, un cortesano de los de inferior posición en 1540, la consideraba "una dama muy bella". Como es sabido, la belleza es algo subjetivo y a gustos colores. Ya en octubre de 1540, Marillac escribió al reino francés que había pocas novedades: Enrique y su corte iban de caza, y Catherine estaba disfrutando de los banquetes que se celebraban en su honor. Después, Marillac expuso que la joven Howard en su opinión había cautivado completamente al rey y que Anne de Cleves dejó de ser mencionada como si ya estuviese muerta.



Lynne Frederick  como Catherine Howard en la película "Henry VIII and His Six Wives" de 1972.

28) Amor por la moda

En la Chronicle of King Henry VIII of England (Chronica del Rey Enrico Octtavo de Inglaterra), más conocida como The Spanish Chronicle (la Crónica Española) probablemente escrita antes de 1552 por el mercader español residente en Londres Antonio de Guaras, nacido en Tarazona, provincia de Zaragoza, considerada por los historiadores como llena de inexactitudes y con tendencia al sensacionalismo, es a pesar de sus supuestos errores una fuente que nos proporciona un visión interesante sobre el amor de Catherine Howard por la moda y sugiere que su amor por la misma era conocida más allá de los confines de la corte. El autor de la crónica nos cuenta que: "El rey no tuvo ninguna esposa que le hiciera gastar tanto dinero en vestidos y joyas como ella, quien cada día tenía un nuevo capricho". 

Como hemos constatado, a Catherine le encantaba arreglarse con los mejores tejidos y las joyas más deslumbrantes, sin embargo también estaba dispuesta a compartir su amor por la moda con otros. Si nos adentramos en su historia nos damos cuenta que era una chica de buen corazón que quería que sus allegados amasen la moda de la misma manera que ella lo hacía. La joven reina otorgó a sus dos hijastras, Mary de veintiún años y Elizabeth de siete, joyas como prueba de su afecto que incluían un pomo perfumado adornado con oro, rubíes y perlas. Hasta la propia Anne de Cleves, la anterior reina, recibió de parte de la joven una anillo de regalo. Incluso sus damas Lady Carew, Lady Rutland, Lady Surrey y Lady Margaret Douglas fueron obsequiadas con abalorios.


Continuará... 


Bibliografía:

Byrne, Conor: Katherine Howard: A New History, MadeGlobal Publishing, Kindle Edition, 2014.

Ridgway, Claire: The Anne Boleyn Collection: The Real Truth About the Tudors, CreateSpace Independent Publishing Platform, Kindle Edition, 2012.

Warnicke, Retha M.: Wicked Women of Tudor England (Queenship and Power)Palgrave Macmillan, Kindle Edition, 2012. 

jueves, 2 de octubre de 2014

Catherine Howard, "No other will but his" (Octava Parte)


Angela Pleasence y Keith Michell interpretaron  a Catherine Howard y Enrique VIII en la serie de la BBC "Las seis esposas de Enrique VIII" (1970)

24) Una buena esposa


Siempre se ha dado por hecho que durante su reinado la joven Howard fue una adolescente que le encantaba la fiesta y se entregaba a los placeres propios de una niña caprichosa y egoísta. No obstante,  hay muestras que corroboran que puede que no haya sido así, pues en base a evidencias se vislumbra en ella un carácter sensible y cálido hacía sus semejantes. Poco a poco en esta serie de artículos iremos dándolos a conocer. Como reina, Catherine supo como cumplir los tradicionales deberes y obligaciones que correspondían a su posición como soberana, actuando en su deber como mediadora - intercesora, mecenas y esposa. Mientras tanto, en consecuencia de su subida al trono, la influencia de su familia se hacia patente en la corte y los que la apoyaron se vieron recompensados. 

 Según Conor Byrne, autor de la nueva biografía de Catherine, Katherine Howard, A New History, Catherine aparentemente tomó en serio sus obligaciones y se convirtió en una buena esposa para su rey, pero por desgracia, en la etapa final de su reinado, fue víctima de las creencias sociales y culturales de su tiempo que se mostraban hostiles a la sexualidad femenina, además del miedo al poder que pudieran sostener las mujeres, los prejuicios de índole religiosa y el recelo que suscitaba la influencia política ostentada por el clan Howard. 

 Su rol como mecenas fue más que demostrado en el invierno de 1540, cuando Richard Jones dedicó su tratado The Birth of Mankind, a Study of Childbirth "to our most gracious and virtuous Queen Catherine" ( El Nacimiento de la Humanidad, un Estudio sobre el Parto  a nuestra amable y virtuosa reina Catherine). Otras muestras de su carácter se pueden vislumbrar en la primavera de 1541 donde hay evidencias que sugieren un intento de actuar como la típica reina consorte en actos de intervención. Sus acciones nos hacen ver un comportamiento basado en los cánones tradicionales pues seguían los mandamientos de los hombres de la iglesia que dictaban que el deber de una reina consorte era interceder a través del rey a favor de los pobres y oprimidos. 

Una prueba de ello fue cuando la joven Howard se citó con su sastre el 1 de marzo de 1541 y le ordenó que enviase prendas de vestir a Margaret Pole, condesa de Salisbury, que entonces era prisionera en la Torres de Londres por cometer traición contra la corona. La condesa recibió de parte de Catherine un camisón de piel, un manto de estambre, una enagua de piel, un camisón de raso y lino, una toca con su tela a juego, cuatro pares de medias, cuatro pares de zapatos y un par de zapatillas. Desgraciadamente, la noble señora de 68 años de edad fue decapitada en mayo de 1541, pero asimismo se intenta pensar que dichos obsequios regalados por Catherine la hayan reconfortado durante aquel breve periodo de  tiempo previo a su muerte.

 No se sabe a ciencia cierta si fue la misma reina que pidió personalmente a su sastre que mandase esos atuendos a la condesa o si el encargo se hizo bajo las órdenes de otros. Si fue ella misma la que tomó la iniciativa de actuar así es probable que requiriese el permiso directo de Enrique VIII ya que los miembros de la familia de la Pole habían sido arrestados y ejecutados unos años antes por estar involucrados en la Conspiración de Exeter. Tres semanas después, Catherine pidió el perdón para el renombrado poeta de la corte Sir Thomas Wyatt, quien también estaba aprisionado en la Torre. Su absolución se logró  gracias a la petición de la reina. Además, Sir John Wallop, acusado también de traición, fue al mismo tiempo perdonado gracias a la mediación de la nueva soberana. 



Margaret de la Pole, condesa de Salisbury, por artista desconocido, aproximadamente 1535, National Portrait Gallery de Londres.


25) La vida marital

No se sabe con seguridad cuanto tiempo Enrique y Catherine pasaban juntos. En diciembre de 1540, según el embajador francés Marillac, quien por cierto no incluyó a Catherine en los  horarios de los quehaceres diarios del rey, el monarca se levantaba entre las 5:00 y las 6:00 a.m., escuchaba misa a las 07:00 a.m. y después se iba a cabalgar y a cazar hasta el almuerzo de las 10:00 a.m. Hacia sus comidas, con excepción durante las celebraciones especiales, en su cámara privada. Después de comer, supuestamente se dedicaba a sus tareas oficiales. En algún momento de la tarde, es posible que pasase algunos momentos con Catherine, aunque la educación de la joven Howard no la había preparado para mantener acalorados debates religiosos con su rey, tal y como solía hacerlo cuando estaba en compañía de Ana Bolena. La propia Catherine llegó a explicar que el monarca rutinariamente enviaba a Sir Thomas Heneage, gentilhombre del excusado y jefe de la cámara privada, con un mensaje para ella alrededor de las 06:00 p.m.. 

Puesto que los monarcas dormían en su propios aposentos, Enrique no habría pasado noches enteras en compañía de su esposa. La frecuencia con la que el rey y Catherine mantenían relaciones  podría haber dependido en parte a las restricciones impuestas por la iglesia, que prohibía el coito cuando una mujer tenía la menstruación y especialmente en días considerados sagrados: viernes y domingo, que en su mayoría eran días de Santos, y la Cuaresma y el Advenimiento de Cristo.  Aparentemente, no todas las parejas cumplían dichas normas, aunque personas como Enrique VIII que deseaba a toda costa engendrar niños varones puede que las llevase a rajatabla. En la mentalidad de la época estaba arraigado que un embarazo requería intervención divina y no era cuestión echarlo todo a perder por un breve momento de intimidad.




Lynne Frederick y Keith Michell interpretaron a Catherine Howard y Enrique VIII en la película "Henry VIII and His Six Wives" de 1972.


Continuará...


Bibliografía:

Byrne, Conor: Katherine Howard: A New History, MadeGlobal Publishing, Kindle Edition, 2014.

Warnicke, Retha M.: Wicked Women of Tudor England (Queenship and Power), Palgrave Macmillan, Kindle Edition, 2012. 

http://www.bbc.co.uk/arts/yourpaintings/paintings/unknown-woman-formerly-known-as-margaret-pole-countess-of-salis

jueves, 18 de septiembre de 2014

Catherine Howard, "No other will but his" (Séptima Parte)

                                         Bryony Roberts como Catherine Howard  (2010)


21) El rey que quiso ser Dios

Dos días después de la decapitación de Cromwell y de la boda de Enrique y Catherine, fueron ejecutados seis "doctores", de los que tres murieron en la horca y los otros atados a una estaca y quemados vivos. "Producía verdadera extrañeza el ver a los partidarios de los dos bandos opuestos (católicos y luteranos) morir al mismo tiempo, y más aún el oír que ninguno de ellos había sido juzgado ni sabían por qué se les condenaba."  Entre las seis desafortunadas víctimas de aquella ocasión se encontraban el papista Abel, que años antes había ido al calabozo por hablar contra el divorcio de Catalina de Aragón, y el doctor Barnes, al que Enrique había encomendado una misión cerca de los luteranos, pero que había tenido la temeridad de atacar a Gardiner. Después de esas ejecuciones quedaron temporalmente suspendidos los juicios, debido a que el rey quería escapar de la peste que volvía a asolar la capital, y además aquellas muertes "en grupo" había favorecido la tarea de "limpiar la Torre".

Catherine Howard sentía verdadero horror hacía las penas impuestas y con su juvenil intrepidez intentó oponerse a los decretos de muerte extendidos por su esposo. Pero no le sirvió de nada. Y Lutero había declarado, en un folleto dedicado a su amigo Barnes, que era perdida de tiempo esperar que su contemporáneo Enrique VIII cambiase jamás su forma de ser: Das juncker Heintze will Gott sein und thun was in gelüstet ( "El señor Enrique quiere ser Dios y hacer lo que le viene en gana"). 


22) La rosa coronada

 Emblema de Catherine Howard, elegido por ella misma


Las constantes caricias en público que recibía Catherine de parte de Enrique dieron mucho que hablar. Varios observadores llegaron a la conclusión que el rey amaba a su nueva esposa más que a "las otras". El secretario de Crammer, Ralph Morice, escribió: "El afecto del rey estaba tan maravillosamente dedicado a esa dama como nunca se supo que amara así a otra mujer". Era indistinto que eso fuese cierto o no, pero de lo que no cabía duda era que la pasión del monarca estaba en la boca de todos. Además, Enrique le regalaba presentes constantemente. Para una muchacha que había sido criada como miembro de una familia empobrecida ,una pariente pobre de los grandes que la rodeaban (recordemos que Edmund Howard, su padre, no poseía muchas riquezas, aparte de ser el último vástago varón de la familia), tenía el honor ahora de recibir magníficas joyas, cuentas de otro con esmalte negro, esmeraldas engastadas en oro, broches, cruces, bolas olorosas, relojes, todo lo más vistoso y espléndido posible. 

A pesar de tanto lujo y esplendor que la rodeaba, las disputas políticas y religiosas estaban a la orden del día. Entre tantas cosas estaba la obligación de la joven Howard de engendrar un segundo hijo varón; Enrique no quedaría tranquilo hasta tener en sus brazos un duque de York. En la mente del rey era imposible que no le atormentase un famoso acontecimiento del pasado: cuando su hermano mayor Arturo murió súbitamente  probablemente de Sweating Sickness (Sudor Inglés) o Tuberculosis dejando a todos desconsolados. El hecho de tener solo al príncipe Edward provocaba un sentimiento de incertidumbre, debido a que peligraría la continuidad de la dinastía Tudor si de repente el heredero se muriera. El monarca tenía motivos de sobra para temer pues recordemos que la "Conspiración de Exeter" era demasiado reciente. No hacía mucho que Henry Courtenay, marqués de Exeter y primo hermano del rey, había intentado derrocar a los Tudor y hacerse con el  trono a finales de 1538.

23) Un viejo zorro

Enrique a sus cuarenta y nueve años de edad, sus crecientes achaques, sus rachas de inactividad forzosa y su adicción a la comida suculenta le había envejecido prematuramente y estaba gordisímo. Mismo que padeciera obesidad y inflamación de piernas, aprovechaba todas las ocasiones para montar a caballo y cazar y continuaba ataviándose de forma opulenta, aunque sus finanzas reflejan pagos regulares a sus sastres por ensanchar jubones y casacas. Entre los caballeros de la corte se puso de moda fingir gordura para imitar a su rey y para lograrlo llevaban túnicas cortas abombadas y acolchadas que eran casi tan anchas como largas.



El embajador francés, De Marillac, resumió con precisión como era Enrique en aquella etapa de su vida:
"Este príncipe parecer adolecer de tres defectos: el primero es que es tan codicioso que todas las riquezas del mundo no bastarían para satisfacerle. De ahí nace el segundo, desconfianza y miedo. Este rey, a sabiendas de cuántos cambios ha hecho, y de las tragedias y escándalos que ha provocado, bien quisiera estar a buenas con todo el mundo, pero no se fía de nadie, da por hecho que todos se ofenderán y no dejará de mancharse las manos de sangre mientras dude de su pueblo. El tercer vicio es la ligereza y la inconstancia. " El predecesor de De Marillac, Castillon, también se había manifestado respecto al carácter del monarca inglés. Añadía otros dos defectos, la doblez y la perversidad. Escribió lo siguiente: "Es un hombre maravilloso y le rodea gente maravillosa, pero es un viejo zorro."


Continuará...


Bibliografía:

Byrne, Conor: Katherine Howard: A New History, MadeGlobal Publishing, Kindle Edition, 2014.

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.

Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Planeta DeAgostini, Barcelona, 1996.

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004

sábado, 6 de septiembre de 2014

Catherine Howard, " No other will but his" (Sexta Parte)


Lynne Frederick y Keith Michell interpretaron a Catherine Howard y Enrique VIII en la película "Henry VIII and His Six Wives" de 1972.


19) "Graciosísimo Príncipe, ¡Misericordia!

El 29 de junio de 1540 el parlamento aprobó un acta que condenaba a Thomas Cromwell a muerte por traidor y hereje. Además, se le acusó por haberse alardeado de su nuevo status social, que estaba muy por encima de su  "muy bajo y humilde origen". Sir Richard Rich fue uno de los que declararon contra él, y no cabe duda que Thomas Howard, duque de Norfolk, contribuyó en su caída en desgracia.

Se cuenta que el monarca quedó horrorizado al vislumbrar las pruebas que le presentaron. Dicen que ni siquiera dudó un instante que aquello no fuese cierto y no prestó atención a Crammer, que tuvo mucho valor al dirigirse a su rey con estas palabras: "¿ En quién confiará Vuestra Gracia a partir de ahora si no podéis confiar en él? " La astucia de Enrique VIII se dejó trasparecer, pues decidió no ejecutarlo inmediatamente con el propósito de que su ex secretario le proporcionase información valiosa para anular cuanto antes su matrimonio con Anne de Cleves. Cromwell no opuso resistencia y colaboró de buen grado con la causa de su señor, sin embargo no le sirvió para nada. El rey no tuvo compasión por él y no le salvó de una trágico destino. En realidad, Enrique hizo caso omiso de su última carta, que terminaba con una súplica desesperada: "Graciosísimo Príncipe, pido a gritos ¡misericordia, misericordia, misericordia!"

Cromwell fue decapitado el 28 de julio de 1540 en Tower Hill, protestando que moría católico ferviente. El pueblo inglés que no supo comprender su valía, se alegró de su muerte y la popularidad del rey aumentó mucho. Podríamos afirmar que Cromwell fue para Enrique un oportuno chivo expiatorio al que se podía culpar del fracaso de su matrimonio con Anne de Cleves.


                            James Frain dio vida a Thomas Cromwell en la serie Los Tudor (2007-2009)


20) La joya del anciano

El día que murió Cromwell ajusticiado, y sin ningún remordimiento de conciencia, el rey Enrique VIII contrajo matrimonio en secreto con Catherine Howard en el palacio de Oatlands, en una ceremonia que ofició Edmund Bonner; obispo de Londres. En aquel 28 de julio de 1540, Catherine juró ser "bondadosa y retozona en la cama". También juró vivir con su esposo en la enfermedad y en la salud "hasta que la muerte nos separe". La pareja pasó la noche de bodas en una ornamentada "cama de perlas" que Enrique había encargado especialmente a un artesano francés. El matrimonio se dio a conocer al público el 08 de agosto, fecha en la que Catherine fue "mostrada abiertamente" y se rezó por ella como reina en la capilla real de Hampton Court.




"La rosa sin espinas", éste era el tributo que Enrique había mandado grabar en una de las innumerables joyas que le regalaba a Catherine. Por cierto, también fue el mismo rey que eligió el lema de su quinta esposa: "No other will but his" ("Ninguna voluntad fuera de la suya"). La idea que aquella "joya entre las demás mujeres" le pertenecía le regocijaba intensamente. Tener a su lado " una posesión de tan inmenso valor" hacía con que ni en público ni en privado sabía apartar las manos de su adquisición, acariciándola sin parar "más de lo que hizo nunca con las otras".

Como ya hemos mencionado, la colmaba de obsequios, entre ellos figuraban tierras que anteriormente fueron posesiones del malogrado Cromwell. Se llenaba de júbilo presumiendo de una dama que irradiaba belleza y juventud, además de satisfacer todos los caprichos de ella. "El rey no había tenido ninguna esposa que le hiciera gastar tanto dinero en vestidos y joyas como ella, y todos los días ella tenía algún capricho nuevo". Daba la sensación que Enrique despertaba de un gran letargo y hubiese vuelto a nacer; su salud mejoró, y su humor, también. 


Continuará...

Bibliografía:

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.

Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Planeta DeAgostini, Barcelona, 1996.

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.

sábado, 30 de agosto de 2014

Catherine Howard, " No other will but his" (Quinta Parte)






Bryony Roberts como Catherine Howard  (2010)


16) El repentino encarcelamiento de Cromwell


Cromwell, el hombre que había elevado a Anne de Cleves a la posición de reina, que inocentemente creía estar en el pináculo de su carrera, fue detenido sin previa advertencia el 10 de junio de 1540. De repente, al entrar al la cámara del consejo en Westminster, el Capitán de la Guardia lo prendió y Norfolk y Southampton lo despojaron triunfalmente de sus insignias y sello de la Jarretera. El Secretario bramaba que no era ningún traidor a la vez que lo llevaban a empujones a la Torre. El rey estaba tan convencido de la ausencia de ortodoxia por parte de Cromwell que no tuvo reparos en ordenar el arresto del hombre más poderoso de su reino (después de sí mismo), que lo había servido fielmente durante más de diez años. El embajador de Francia, el señor Marillac recibió un mensaje del monarca dando a entender que su secretario había estado a punto de suprimir a "los antiguos predicadores" y promover "nuevas doctrinas" (las luteranas) "incluso por las armas".

Thomas Howard, el duque de Norfolk, había orquestado bien el plan para corroborar en el derrumbe de su "contrincante". En febrero de 1540 había ido en una embajada especial a Francia llegando a un entendimiento amigable con el país vecino. Por lo tanto, había que sopesar lo que convenía a Inglaterra y analizar si era o no viable el acuerdo germano organizado por Cromwell cuya alianza podría ser una maniobra innecesaria e incluso bastante peligrosa para los ingleses. El error del secretario, si se puede llamar así, fue su acercamiento al Luteranismo, el acuerdo pactado con Cleves y por su puesto el fracaso rotundo del matrimonio de Enrique con Anne, la princesa alemana. 



James Frain dio vida a Thomas Cromwell en la serie Los Tudor (2007-2009)


17) "Por su salud, el aire puro y el placer"

La reina Anne no tenía ni idea del destino que le esperaba. Ese verano para ella la vida se había vuelto más agradable: gradualmente iba aprendiendo inglés y los ingleses empezaban a aceptarla. A pesar de que el rey probablemente comenzó a interesarse por Catherine más o menos a finales de 1539, su relación con la joven Howard no se hizo pública hasta comienzos del verano de 1540 cuando el deseo de Enrique por anular su matrimonio con Anne se dio a conocer. El 20 de junio, la reina Anne se quejó al embajador de Cleves, Carl Harst, sobre el supuesto "affair" de su esposo con su dama de honor, aunque él le consoló diciéndole que considerara aquella relación solamente como un "romance pasajero".

El 24 de junio Enrique envió a Anne de Cleves al palacio de Richmond, con el pretexto que era "por su salud, el aire puro y el placer". Al siguiente día, una delegación de consejeros fue a dar la noticia de que se había constatado que su matrimonio no era válido. Anne no se opuso en absoluto y a cambio de ello recibió una generosa compensación económica de 500 libras (equivalente a hoy en día a 150000 libras) al año, el palacio de Richmond, el castillo de Hever (antaño propiedad de los Bolena) y el antiguo manor de Buckingham en Bletchingley, así como el derecho de ostentar el título de hermana del rey, con precedencia sobre todas las damas de Inglaterra después de la reina y las hijas del rey.  Su unión con Enrique VIII fue anulado en asamblea el 9 de julio de 1540, basándose en que se había celebrado sin el consentimiento del monarca y en el supuesto contrato previo de Anne con el hijo del duque de Lorena. 

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Joss Stone interpretó a Anne de Cleves en la serie Los Tudor (2009)



18) Una carta para Catherine

El 12 de julio, Joan Bulmer que había compartido vivencias con Catherine en la mansión de la duquesa Agnes Howard en Lambeth, envió una misiva a su amiga afirmando haberse enterado de su gran destino. En dicha carta Joan le contaba que se sentía desdichada por el fracaso en su matrimonio y a la vez le pedía auxilio. También le solicitó que le diera algún aposento, lo más cerca posible del suyo. Alabando la honestidad de Catherine y prometiéndole amor incondicional , concluye el mensaje esperando que "la reina de Bretaña no olvide a su secretaria". Aparentemente, la joven Bulmer estaba ansiosa por escapar de la turbulenta unión con su esposo y deseaba irse a Londres donde podría reencontrarse con la nueva reina, tal vez para hacerle confidencias de las terribles dificultades que estaba experimentando. Desconocemos si intentó amenazar o chantajear a su amiga, pero no sería de extrañar que aprovechase el auge de Catherine para sacar "beneficios" a su costa. El pasado de Catherine no se podía borrar de un momento a otro.  Fantasmas del pasado como Manox y Dereham seguían vivos y coleando y  una pequeña indiscreción podría echarlo todo a perder. 





Catherine Steadman como Joan Bulmer en la serie Los Tudor (2009-2010)


Continuará...

Bibliografía:

Byrne, Conor: Katherine Howard: A New History, MadeGlobal Publishing, Kindle Edition, 2014.

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.

sábado, 23 de agosto de 2014

Catherine Howard, " No other will but his" (Cuarta Parte)

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12) Cromwell, el nuevo par del reino

El 17 de abril de 1540 Cromwell fue elevado a la condición de par del reino como conde de Essex y nombrado Lord Gran Chambelán de Inglaterra, sin embargo mientras él estaba en Londres tratando con el Parlamento, en Greenwich Thomas Howard, duque de Norfolk, y Stephen Gardiner, obispo de Winchester, probablemente unieron fuerzas para desprestigiar la carrera de Thomas Cromwell. Aprovecharon entonces la oportunidad de estar a solas con el rey para hablarle mal de su secretario. Se decía que Cromwell despertaba recelo entre la alta nobleza debido a que era de origen pobre y humilde, además de ser especialmente odiado por Gardiner y todos los católicos. No le perdonaban el hecho que de haber ordenado la disolución de los monasterios. En el caso del duque de Norfolk, sus reticencias hacía el hombre de confianza del soberano se basaban en el hecho de que le habían concedido un título de conde que hasta hacía muy poco habían ostentado los Bourchier, que descendían de Eduardo III.

13) El último torneo

El Primero de Mayo el rey y la reina Anne de Cleves presenciaron las habituales justas desde la recién inaugurada torre de entrada en Whitehall. Entre los participantes estaba el nuevo favorito de Enrique VIII, Thomas Culpepper, que por cierto en aquella ocasión no tuvo mucha suerte pues fue derribado del caballo.  Se sabe que Culpepper encandilaba a las damas y muchas ellas no podían evitar suspirar por los encantos del "hermoso joven". Entre ellas se encontraba Lady Lisle, que le había mandado sus colores para que los llevase, con un mensaje que decía que "son los primeros que mando a un hombre". El torneo que duró cinco días, y al finalizar, el monarca y su consorte asistieron a un banquete en Durham House; se permitió la entrada del público para que pudiesen ver con sus propios ojos como a los vencedores de las justas les eran otorgados premios en metálico y concesiones de casas del rey. Esa fue la última aparición pública de Anne de Cleves como reina. A propósito, no deja de ser llamativo que fueron esas mismas celebraciones que habían marcado el comienzo del fin para la reina Ana Bolena.


14) Anne y Catherine



Por desgracia, no poseemos ningún dato referente al primer contacto entre la reina Anne de Cleves y su dama Catherine Howard, pero analizando el posterior comportamiento de ambas podríamos concluir que probablemente fuera amigable. No se ha encontrado relatos de celos y rencor como ocurrió por ejemplo entre Ana Bolena y Jane Seymour. Escenas como aquella en la que Ana arrancó del cuello de Jane el collar que Enrique le había regalado, eran inexistentes en el caso de estas dos damas. Catherine obró de la mejor forma posible a la hora de suplantar su "rival", lo hizo sin ningún tipo de hostilidad hacía la mujer que estaba desplazando. Desconocemos si la culpa le pensaba o actuaba sin remordimientos de conciencia. Lo más seguro es que llevase a cabo el cometido que su clan le había asignado, lo hacía en nombre del futuro triunfo y prosperidad de los Howard, bajo las órdenes de su tío el duque de Norfolk. 


15) Pasión contenida

Enrique ni siquiera intentaba ocultar sus sentimientos hacía Catherine. La joven Howard aparecía en público con sus suntuosos vestidos y bellas joyas que le regalaba su real pretendiente. Ella y el rey cenaban juntos en Winchester House, donde el obispo Gardiner ejercía de anfitrión en honor a sus ilustres invitados. Como ya se ha mencionado, el principio del cortejo se habría desarrollado "castamente". Hasta que esa nueva unión no fuera del todo formalizada, sería mejor no avanzar y contener la pasión pues no deberían haber dudas sobre la legitimidad de los futuros hijos que pudiera tener con Catherine. 

Aunque ciertamente Catherine irradiaba belleza, juventud y encanto, la motivación principal del rey era la promesa de una próspera fertilidad, si tenemos en cuenta que la madre de ella, Joyce Culpepper,  había dado a luz a al menos a diez hijos entre sus dos matrimonios, el primero con Ralph Legh y el segundo Edmund Howard. 

Tampoco se debe suponer que Catherine no sintiera nada por su futuro esposo, sólo porque él fuera mayor, más bien mucho mayor que ella, gordo y a veces estuviera enfermo. Como ocurrió con Jane Seymour, las emociones de Catherine se basaban en su cargo de rey  y en el respeto enorme y reverencial que suscitaba. Ambas demostraron poseer un carácter distinto, sin embargo, a las dos les habían adoctrinado desde el nacimiento a reverenciar el gran sol real que brillaba en el centro de la vida de cada cortesano. 





Continuará...


Bibliografía:

Byrne, Conor: Katherine Howard: A New History, MadeGlobal Publishing, Kindle Edition, 2014.

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.

Lindsey, Karen: Divorced, Beheaded, Survived: A Feminist Reinterpretation Of The Wives Of Henry VIII, Da Capo Press, 1996.

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.

sábado, 16 de agosto de 2014

Catherine Howard: "No other will but his" ( Tercera Parte)






Retomamos una serie de artículos sobre la Reina Catherine Howard publicados a finales de 2012. Aquí tenéis los enlaces anteriores para poder seguir está trágica historia:


Catherine Howard, "No other will but his" (Primera Parte)






SEGUIMOS CON LA TERCERA PARTE...


10) Una vivaracha dama

Así como Thomas Culpeper estaba a años luz de ser un príncipe de fábula, Catherine tampoco es que podría considerarse una frágil protagonista de un romance decimonónico. Mas bien se trataba de un idilio en el que confluían el placer por lo prohibido, la lujuria, el poder, la ambición (estos dos últimos Thomas) y la falta de juicio por ambas partes. El historiador Baldwin Smith describe a Catherine como una niña alegre y vivaz que desconocía por completo las consecuencias que acarrearían sus temerarias acciones. David Starkey nos cuenta también que probablemente fuese una chica con cualidades de liderazgo y bastante resuelta. Por otro lado, Antonia Fraser expone que era la clase de muchacha que pierde fácilmente la cabeza por un hombre, en suma, una mujer que acepta sin muchas reticencias las proposiciones masculinas. Incluso se ha llegado a pensar que la reina Catherine tuvo relaciones con Culpepper para darle al rey un hijo varón saludable. No obstante, se descarta totalmente la posibilidad de que tuviera una mente tan calculadora y ambiciosa. Como se observa, la joven Howard era totalmente ingenua, no veían ningún inconveniente en compaginar ambas cosas mientras no la pillasen. Según sus propias palabras, había aprendido "cómo las mujeres podían mezclarse con un hombre y sin embargo no concebir ningún hijo al menos que lo quieran".


11) Un rey perdidamente enamorado

Volviendo al comienzo de su historia con Enrique VIII, a partir de abril de 1540 el rey había comenzado a conceder tierras a Catherine. En mayo, recibió veintitrés regalos de tela de seda acolchada, pagados por el rey. Eso denota una notoria importancia, un privilegio del aprecio y afecto del soberano. No está claro del todo si Enrique hizo a Catherine su amante antes de la boda, sin embargo, de lo que no hay dudas, es que estaba perdidamente enamorado de ella. Aún estando casado con Ana de Cleves, hay testimonios de que el rey atravesaba el Támesis para ir a visitarla, incluso en horarios intempestivos, como podría ser después de la medianoche. Enrique iba a ver a Catherine casi todos los días, pero a la mayoría de la gente pensaba que aquello era un juego de amantes como cualquier otro, a nadie entonces se les pasaba por la cabeza que la joven Howard podría convertirse en una futura reina.




Angela Pleasance interpretó a Catherine Howard en dos episodios de la serie de la BBC "Las seis esposas de Enrique VIII (1970)


Una semana antes de la boda, comenzó a circular el rumor de que Catherine estaba embarazada. En realidad, lo más probable es que la familia de la futura novia no permitiera que se quedara a solas con el rey hasta que él le propusiese matrimonio. Y sabían que si ella se mantenía comedida y casta, las probabilidades de que conquistará la corona eran bastantes altas, sólo había que fijarse en la trayectoria de sus predecesoras. Sin embargo, cuando se confirmó el compromiso, el ambiente seguramente estuvo más "relajado". 
 Enrique estaba embelesado por su futura esposa y por parte de Catherine es improbable que rechazará sus avances. La joven adolescente se vio colmada de valiosas joyas, vestidos y dinero y se sentía exuberante ante tantas atenciones que recibía de parte de su benefactor. 


 En el fondo, la familia Howard sabía que Catherine no era una candidata ideal para reina. Según Antonia Fraser, a pesar de tener "un pasado" no es que la damisela fuera muy promiscua como algunos llegaron a afirmar: muchas jóvenes de aquella época, si se hubiera expuesto su vida privada al detalle, habrían demostrado poseer experiencias semejantes, en especial cuando esperaban casarse con el hombre con el que mantenían relaciones. Por otro lado, es cierto también que no era ninguna inocente. Lo que sucedía es que había un precontrato de por medio con Francis Dereham. El juego era peligroso: la relación de Catherine con Dereham no había sido exactamente secreta sino que "muchos la conocían". Pero bueno, una vez que el rey mostró interés por ella, todo eso fue convenientemente ocultado y olvidado. No se podría esperar otra cosa de los Norfolk, no era viable que el duque señalara la mala elección de su soberano. ¿Quién es capaz de estropear su propio triunfo? Además, Enrique ya estaba engatusado, entonces quien, por lo tanto, tendría el coraje de atentar contra la ira del rey revolviendo el pasado de su "rosa sin espinas"? 


Continuará...

Bibliografía: 

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.


Hart, Kelly: The Mistresses of Henry VIII, The History Press, Gloucestershire, 2009.

Lindsey, Karen: Divorced, Beheaded, Survived: A Feminist Reinterpretation Of The Wives Of Henry VIII, Da Capo Press, 1996.

Ridgway, Claire: The Anne Boleyn Collection: The Real Truth About the Tudors, CreateSpace Independent Publishing Platform, kindle edition, 2012.

Smith, Lacey Baldwin: Catherine Howard: A Tudor Tragedy, Amberley Publishing, Kindle edition, 2011. 

miércoles, 13 de agosto de 2014

Sebastiano Giustiniani, un veneciano en la corte de Enrique VIII


Querido lectores, hoy toca descubrir los secretos de otro famoso embajador: el veneciano Sebastiano Giustiniani (1459-1542), en activo en la corte de Enrique VIII entre los años 1515 y 1519. Tenemos suerte de que perduren en el tiempo sus curiosos relatos y descripciones que no pasan desapercibidos a nadie, y como todo diplomático que se precie, no tenía pelos en la lengua.... 

En esos cuatro años que Sebastiano Giustiniani permaneció en territorio inglés se contabilizan 226 cartas dirigidas a su señor, el Dux de Venecia Leonardo Loredan.



Carpaccio, Vittore: "La llegada de los embajadores ingleses", Año 1498, Gallerie dell'Accademia de Venecia



Hoy transcribimos una misiva fechada en 1519, en la cual hace alusión al propio Enrique VIII, a la reina Catalina de Aragón y al  cardenal Thomas Wolsey:


 Su Majestad tiene veinte y nueve años y es extremadamente guapo; la naturaleza no podría haber hecho más por él.  Es mucho más guapo que cualquier otro soberano de la Cristiandad;  incluso mucho más guapo que el rey de Francia; de piel muy clara, y todo su cuerpo admirablemente proporcionado. Al enterarse de que Francisco I llevaba una barba, él dejó que la suya creciese, y como es de color rojizo, ahora tiene una barba que parece oro. El monarca posee muchas habilidades, es un buen músico, compone bien, es un hábil jinete, diestro en las justas, habla bien francés, latín y español; es muy religioso, oye tres misas al día cuando caza, y a veces cinco en según que días. En la recámara de la reina oye los oficios todos los días, es decir, vísperas y completas. 

Es muy aficionado a la caza. Cuando un caballo se cansa se monta en otro, y antes de que llegué a casa, están ya todos los animales agotados. Le encanta jugar al tenis. Cuando juega, su piel clara brilla a través de una camisa de fina textura. El rey apuesta con los rehenes franceses, ocasionalmente se dice, por la cantidad de seis mil hasta ocho mil ducados en un día. 

 Es afable y cortés, no perjudica a nadie, no codicia los bienes de su prójimo, y está satisfecho con sus propios dominios, habiéndomelo dicho a menudo "Señor embajador, queremos que todos los soberanos estén contentos con sus propios territorios; nosotros estamos satisfechos con nuestras islas." Parece muy deseoso de paz. 

 Es muy rico. Su padre le dejó diez millones en oro, del que se supone que habría gastado la mitad en la contienda contra Francia. al haber tenido tres armadas de a pie: una que cruzó el canal con él, otra que estuvo en la campo de batalla contra Escocia y una tercera permaneció de reserva junto a la reina.

    La reina es la hermana de la madre del rey de España, ahora llamado el Rey de los Romanos. Tiene treinta y cinco años y no es bonita, aunque tiene una muy hermosa tez. Es religiosa y tan virtuosa como las palabras pueden expresar. Yo la he visto, pero pocas veces.

 El cardenal de York es de origen humilde, y tiene dos hermanos, uno de los cuales ejerce un beneficio sin título y el otro lleva las riendas de su fortuna. El cardenal gobierna el rey y todo el reino. Cuando llegué a Inglaterra, solía decirme "Su Majestad va a hacer esto y lo otro". Posteriormente, poco a poco, se olvidó de sí mismo, y comenzó diciendo: "Vamos a hacer esto y lo otro." En el momento presente ha llegado a un punto que dice "Voy a hacer esto y lo otro." Tiene cerca de cuarenta y seis años, muy guapo, ilustrado, sumamente elocuente, muy capaz y  infatigable. 


Más info sobre Embajadores en Los Líos de la Corte:





Bibliografía:

Giustiniani, Sebastiano:  Selection of Despatches Written by the Venetian Ambassador, Sebastian Giustinian, and Addressed to the Signory of Venice, January 12th, 1515, to July 26th, 1519, Rawdon Lubbock Brown, 2013.

http://rbsche.people.wm.edu/H111_doc_dispacci.html

http://www.wikipaintings.org/en/vittore-carpaccio/the-arrival-of-the-english-ambassadors-1498#supersized-artistPaintings-248986

miércoles, 14 de mayo de 2014

Descubriendo a Shakespeare: Richard II y la Rebelión del Conde de Essex


La contienda de legitimidades y el teatro como fuente histórica



El teatro era una forma de entretenimiento que se presentaba ante los súbditos de la Era Tudor como una fuente didáctica cuyo objetivo era ofrecer explicaciones sobre la historia reciente de la nación desde el declive del feudalismo y el fin de la larga lucha civil entre las ramas de rivales de la misma familia, Los Lancaster y Los York, descendientes ambos de Richard III, con el trasfondo de las luchas entre Inglaterra y los países limítrofes, Gales, Escocia e Irlanda, la larga contienda con Francia, culminando con el ascenso de la Dinastía Tudor en 1485. 

Durante el proceso de consolidación de poder emprendido por la Dinastía Tudor, cuyo esplendor comenzó a notarse bajo el reinado de Enrique VIII, el cual unió lo político con lo religioso, el género del drama histórico desempeñó un papel importante como catalizador del proyecto cultural de la creación de una nación. Las obras se encuadraban visiblemente en un contexto político del momento histórico de su producción, cuyos objetivos eran crear y perpetuar mitos funcionales dinásticos, así como de recurrir a determinados sucesos y personajes históricos del pasado y explorar las tensiones y preocupaciones de entonces aplicándolas al momento actual. 

Sin embargo, si por una parte era alentado por la propia realeza, cuyo mecenazgo era esencial para la supervivencia de las compañías, el teatro también era una forma de contribuir a conservar el poder establecido, por otra, podríamos decir que propiciaba la aparición de una elemento subversivo.  La contienda entre legitimidades, basada en el derecho legítimo a heredar el trono en contraposición en la apoyada en las dotes de gobierno que poseía el monarca, causó revuelo y por lo tanto constituyó un importante hilo conductor en las obras históricas de Shakespeare. Como ya mencionamos, existía una intencionalidad didáctica en el teatro para instruir al pueblo en la obediencia al soberano y se tiene como ejemplo la obra de Thomas Heywood An Apology for Actors en la que éste afirmaba que las obras se escribían y representaban para enseñar a sus súbditos obediencia a su rey al mostrarles el prematuro final de los que habían provocado insurrecciones y rebeliones.

No obstante, vislumbramos también la perspectiva contraria, asimismo reinante en la época, que enfatizaba el poder del teatro para desmitificar la autoridad establecida e incluso subvertirla.  Richard II de William Shakespeare (escrita aproximadamente en 1595) nos habla justamente de ello, la deposición del mencionado soberano, un monarca legítimo, por su primo Henry Bolingbroke, hijo del ambicioso John of Gaunt, duque de Lancaster, y su posterior asesinato en su encarcelamiento bajo las órdenes del ya rey Henry IV. Se expone ante el público un Richard II débil y despótico, dominado por sus consejeros, que encarnaba el incuestionable poder de la monarquía, como resultado de un derecho divino. Aquello generó un debate moral al rededor del regicidio y ocupa un lugar muy destacado en los tratados históricos más relevantes del siglo XVI, como The Union of the Two Noble and Illustrious Families of Lancaster and York (1542) de Edward Hall y las Chronicles of England, Scotland and Ireland de Raphael Holindshed (1577) en los que Shakespeare se basó documentalmente. Una de las representación más emblemáticas  de dicha obra ocurrió en la víspera de la rebelión del conde de Essex en 1601. Aunque la conspiración fue aplastada y Essex llevado al cadalso, parece ser que la reina Elizabeth I se sintió personalmente aludida. 



Robert Devereux, Segundo Conde de Essex, c. 1599

La rebelión del conde de Essex

Robert Devereaux, conde de Essex (1566-1601), era un caballero galante con fama de conquistador, pero como maquinador fue un completo desastre. Logró con su encanto cautivar a la propia reina Elizabeth, convirtiéndolo en favorito en 1587, el año que substituyó a Robert Dudley como "Master of the Horse". Sin embargo, la soberana, muy cauta como siempre, nunca permitió que llegará más lejos de la cuenta. El propio Francis Bacon escribió al conde de Essex una carta reveladora aconsejándole: "Sois uno de los hombres cuya naturaleza orgullosa no puede someterse a nadie. Vuestra popularidad es inmensa y el ejército está con vos. Ante ello me pregunto: ¿no resulta peligrosa en exceso tal situación para un soberano? Quiero recordaos esto: Su Majestad es una mujer y, además, desconfiada por naturaleza."

 Se ha llegado a sugerir en varias novelas y películas que Elizabeth estaba enamorada del guapo de Essex aunque no tenemos pruebas definitivas que corroboran lo sucedido. De lo que no hay duda es que la reina disfrutaba mucho de su compañía y de los halagos que recibía de su súbdito.

Los últimos años del largo reinado isabelino estuvieron repletos de intrigas al redor del posible sucesor, por el hecho de que no habían herederos directos al trono. Según la ley, no había dudas que el candidato y único descendiente legítimo era Jacobo VI de Escocia. Aquello le costaría varios quebraderos de cabeza a la soberana.


Retrato de Elizabeth y sus súbditos ( fechado entre 1600 y 1603). Obra de Robert Peake the elder 

Essex empezó a meterse en problemas cuando regresó de la campaña irlandesa en septiembre de 1599 sin el permiso de Elizabeth. Fue interrogado por el consejo durante cinco horas y fue declarado que su vuelta de Irlanda se debió a que había desertado y abandonado sus obligaciones. Fue confinado en York House donde se ha barajado la posibilidad que mantenía una estrecha comunicación con Jacobo VI de Escocia. Lo juzgaron el 5 de junio de 1600 dándole la libertad pero ya no disfrutaba del poder ni de las regalías que estaba acostumbrado. 

Robert Devereux ejerció como mecenas en la representación de Richard II en el Teatro Globe el 7 de febrero de 1601. Lo que parecía un evento cuya única finalidad era entretener a la audiencia, ensalzaba indirectamente un mensaje revolucionario. El público presenció la historia del decadente rey Richard, quien perdió su trono y su vida por hacer caso a sus maquiavélicos consejeros. El paralelismo era obvio, la reina Elizabeth era aquel desafortunado monarca; la facción de Robert Cecil los consejeros de Richard II.  En suma, la obra de Shakespeare se consideró como una simbólica amenaza a la reina. 

Al siguiente día tras la representación,  Essex y sus seguidores emprendieron su plan de capturar a la reina Elizabeth, deshacerse del consejo liderado por Cecil y proclamar a Jacobo VI de Escocia rey de Inglaterra. Avanzaron por las calles de Londres esperando que se uniera el pueblo a su causa. Sin embargo, todo fue en vano, su objetivo que tanto había costado materializarse fracasó estrepitosamente al final del día. La reina no se lo podía creer, estaba enormemente devastada y disgustada por semejante traición. El conde de Essex fue declarado traidor y condenado a muerte. Lo decapitaron en la Torre de Londres el 25 de febrero de 1601. 


Bibliografía:

Concha Muñoz, Ángeles de la; Elices Agudo, Juan Francisco; Zamorano Rueda, Ana Isabel. Literatura inglesa hasta el siglo XVII. Madrid: editorial UNED, 2009.

http://www.britainexpress.com/History/tudor/essex-rebellion.htm 

http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Devereux,_II_conde_de_Essex

http://www.elizabethfiles.com/info/elizabeth-is-suitors/robert-devereux/

http://www.rmg.co.uk/explore/sea-and-ships/in-depth/elizabeth/elizabeth's-final-years/the-rise-and-fall-of-the-earl-of-essex