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miércoles, 14 de mayo de 2014

Descubriendo a Shakespeare: Richard II y la Rebelión del Conde de Essex


La contienda de legitimidades y el teatro como fuente histórica



El teatro era una forma de entretenimiento que se presentaba ante los súbditos de la Era Tudor como una fuente didáctica cuyo objetivo era ofrecer explicaciones sobre la historia reciente de la nación desde el declive del feudalismo y el fin de la larga lucha civil entre las ramas de rivales de la misma familia, Los Lancaster y Los York, descendientes ambos de Richard III, con el trasfondo de las luchas entre Inglaterra y los países limítrofes, Gales, Escocia e Irlanda, la larga contienda con Francia, culminando con el ascenso de la Dinastía Tudor en 1485. 

Durante el proceso de consolidación de poder emprendido por la Dinastía Tudor, cuyo esplendor comenzó a notarse bajo el reinado de Enrique VIII, el cual unió lo político con lo religioso, el género del drama histórico desempeñó un papel importante como catalizador del proyecto cultural de la creación de una nación. Las obras se encuadraban visiblemente en un contexto político del momento histórico de su producción, cuyos objetivos eran crear y perpetuar mitos funcionales dinásticos, así como de recurrir a determinados sucesos y personajes históricos del pasado y explorar las tensiones y preocupaciones de entonces aplicándolas al momento actual. 

Sin embargo, si por una parte era alentado por la propia realeza, cuyo mecenazgo era esencial para la supervivencia de las compañías, el teatro también era una forma de contribuir a conservar el poder establecido, por otra, podríamos decir que propiciaba la aparición de una elemento subversivo.  La contienda entre legitimidades, basada en el derecho legítimo a heredar el trono en contraposición en la apoyada en las dotes de gobierno que poseía el monarca, causó revuelo y por lo tanto constituyó un importante hilo conductor en las obras históricas de Shakespeare. Como ya mencionamos, existía una intencionalidad didáctica en el teatro para instruir al pueblo en la obediencia al soberano y se tiene como ejemplo la obra de Thomas Heywood An Apology for Actors en la que éste afirmaba que las obras se escribían y representaban para enseñar a sus súbditos obediencia a su rey al mostrarles el prematuro final de los que habían provocado insurrecciones y rebeliones.

No obstante, vislumbramos también la perspectiva contraria, asimismo reinante en la época, que enfatizaba el poder del teatro para desmitificar la autoridad establecida e incluso subvertirla.  Richard II de William Shakespeare (escrita aproximadamente en 1595) nos habla justamente de ello, la deposición del mencionado soberano, un monarca legítimo, por su primo Henry Bolingbroke, hijo del ambicioso John of Gaunt, duque de Lancaster, y su posterior asesinato en su encarcelamiento bajo las órdenes del ya rey Henry IV. Se expone ante el público un Richard II débil y despótico, dominado por sus consejeros, que encarnaba el incuestionable poder de la monarquía, como resultado de un derecho divino. Aquello generó un debate moral al rededor del regicidio y ocupa un lugar muy destacado en los tratados históricos más relevantes del siglo XVI, como The Union of the Two Noble and Illustrious Families of Lancaster and York (1542) de Edward Hall y las Chronicles of England, Scotland and Ireland de Raphael Holindshed (1577) en los que Shakespeare se basó documentalmente. Una de las representación más emblemáticas  de dicha obra ocurrió en la víspera de la rebelión del conde de Essex en 1601. Aunque la conspiración fue aplastada y Essex llevado al cadalso, parece ser que la reina Elizabeth I se sintió personalmente aludida. 



Robert Devereux, Segundo Conde de Essex, c. 1599

La rebelión del conde de Essex

Robert Devereaux, conde de Essex (1566-1601), era un caballero galante con fama de conquistador, pero como maquinador fue un completo desastre. Logró con su encanto cautivar a la propia reina Elizabeth, convirtiéndolo en favorito en 1587, el año que substituyó a Robert Dudley como "Master of the Horse". Sin embargo, la soberana, muy cauta como siempre, nunca permitió que llegará más lejos de la cuenta. El propio Francis Bacon escribió al conde de Essex una carta reveladora aconsejándole: "Sois uno de los hombres cuya naturaleza orgullosa no puede someterse a nadie. Vuestra popularidad es inmensa y el ejército está con vos. Ante ello me pregunto: ¿no resulta peligrosa en exceso tal situación para un soberano? Quiero recordaos esto: Su Majestad es una mujer y, además, desconfiada por naturaleza."

 Se ha llegado a sugerir en varias novelas y películas que Elizabeth estaba enamorada del guapo de Essex aunque no tenemos pruebas definitivas que corroboran lo sucedido. De lo que no hay duda es que la reina disfrutaba mucho de su compañía y de los halagos que recibía de su súbdito.

Los últimos años del largo reinado isabelino estuvieron repletos de intrigas al redor del posible sucesor, por el hecho de que no habían herederos directos al trono. Según la ley, no había dudas que el candidato y único descendiente legítimo era Jacobo VI de Escocia. Aquello le costaría varios quebraderos de cabeza a la soberana.


Retrato de Elizabeth y sus súbditos ( fechado entre 1600 y 1603). Obra de Robert Peake the elder 

Essex empezó a meterse en problemas cuando regresó de la campaña irlandesa en septiembre de 1599 sin el permiso de Elizabeth. Fue interrogado por el consejo durante cinco horas y fue declarado que su vuelta de Irlanda se debió a que había desertado y abandonado sus obligaciones. Fue confinado en York House donde se ha barajado la posibilidad que mantenía una estrecha comunicación con Jacobo VI de Escocia. Lo juzgaron el 5 de junio de 1600 dándole la libertad pero ya no disfrutaba del poder ni de las regalías que estaba acostumbrado. 

Robert Devereux ejerció como mecenas en la representación de Richard II en el Teatro Globe el 7 de febrero de 1601. Lo que parecía un evento cuya única finalidad era entretener a la audiencia, ensalzaba indirectamente un mensaje revolucionario. El público presenció la historia del decadente rey Richard, quien perdió su trono y su vida por hacer caso a sus maquiavélicos consejeros. El paralelismo era obvio, la reina Elizabeth era aquel desafortunado monarca; la facción de Robert Cecil los consejeros de Richard II.  En suma, la obra de Shakespeare se consideró como una simbólica amenaza a la reina. 

Al siguiente día tras la representación,  Essex y sus seguidores emprendieron su plan de capturar a la reina Elizabeth, deshacerse del consejo liderado por Cecil y proclamar a Jacobo VI de Escocia rey de Inglaterra. Avanzaron por las calles de Londres esperando que se uniera el pueblo a su causa. Sin embargo, todo fue en vano, su objetivo que tanto había costado materializarse fracasó estrepitosamente al final del día. La reina no se lo podía creer, estaba enormemente devastada y disgustada por semejante traición. El conde de Essex fue declarado traidor y condenado a muerte. Lo decapitaron en la Torre de Londres el 25 de febrero de 1601. 


Bibliografía:

Concha Muñoz, Ángeles de la; Elices Agudo, Juan Francisco; Zamorano Rueda, Ana Isabel. Literatura inglesa hasta el siglo XVII. Madrid: editorial UNED, 2009.

http://www.britainexpress.com/History/tudor/essex-rebellion.htm 

http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Devereux,_II_conde_de_Essex

http://www.elizabethfiles.com/info/elizabeth-is-suitors/robert-devereux/

http://www.rmg.co.uk/explore/sea-and-ships/in-depth/elizabeth/elizabeth's-final-years/the-rise-and-fall-of-the-earl-of-essex 

jueves, 21 de octubre de 2010

El Nacimiento de la Reina Elizabeth Tudor: 2ª y Última Parte

3.2 Se cancelan las justas y las celebraciones
Los imperialistas se alegraron del desencanto de toda la nación, sin embargo, nadie sintió tanta tristeza como Enrique al ver que sus planes se venían abajo. El embajador Chapuys comentaría: “Dios se ha olvidado por completo de él”, pero Enrique a pesar de su decepción inicial, tenía la esperanza que en breve su esposa le daría hijos varones sanos. En San Pablo se cantó un Te Deum por el feliz desenlace del parto, aunque se cancelaron las justas y diversiones que estaban previstas.


Eustace Chapuys ( c. 1490-1556), embajador del emperador Carlos V en la corte inglesa


Ana Bolena le abrió el corazón a Enrique y le confesó toda la amargura provocada por aquella desilusión, Enrique se apresuró a cogerla entre sus brazos, diciéndole: “Preferiría mendigar de puerta en puerta antes que abandonaros”.



3.3 El esplendido Bautizo

El 10 de septiembre, cuando Elizabeth sólo tenía 3 días de edad, la hija de rey y de Ana Bolena recibió un espléndido bautizo en la iglesia de los frailes Observantes de Greenwich. El templo y la galería que conducían hasta él se adornaron con magníficas colgaduras de paño de Arrás y la pila de plata se instaló en una elevada plataforma con barandilla. La niña iba ataviada con un manto de terciopelo púrpura forrado de armiño, con una larga cola, fue llevada en procesión hasta la iglesia.

Presunta vestimenta usada por la niña Elizabeth durante su ceremonia bautismal

El arzobispo Cranmer fue el padrino, como el cardenal Wolsey había sido de la princesa María. La madrina de bautismo fue la matriarca de la familia Howard, Agnes, duquesa viuda de Norfolk. Pero en la confirmación que siguió de inmediato, Gertude, marquesa de Exeter, leal amiga de la reina Catalina, contra su voluntad fue obligada a ser la madrina y a obsequiar a la princesa bebé con tres cuencos grabados con oro y plata. John Stokesley, obispo de Londres, bautizó a la niña con el nombre de Elizabeth. El rey de armas de la Jarretera exclamó: “¡Qué Dios en Su infinita bondad dé próspera y larga vida a Su Alteza la Princesa de Inglaterra!” Las trompetas tocaron sin cesar.


El arzobispo Thomas Cranmer (1489-1556) fue padrino de Elizabeth durante la ceremonia. Retrato atribuido a Gerlach Flicke (1545)

Bajo la trémula luz de quinientas antorchas Elizabeth fue llevada en procesión de vuelta a la cámara de la reina, donde recibió la bendición de su madre. Enrique VIII no se encontraba presente, como era parte de la tradición, pero ordenó a Norfolk y a Suffolk que dieran las gracias al Lord Mayor y sus cofrades por asistir al bautizo. Para la alegría del pueblo, tan grandioso acontecimiento se dejó notar por la ciudad: se encendieron las hogueras y fuentes de vino emanaban por varios rincones.

3.4 Elizabeth, la heredera legítima

Con el nacimiento de la princesa Elizabeth, María, su única hija superviviente con Catalina de Aragón, fue el 1 de octubre de 1533 oficialmente desposeída de su título y considerada bastarda. A partir de entonces sería conocida como “Lady María”. En noviembre del mismo año, la casa de María bajo la tutela de la condesa de Salisbury fue disuelta y ella trasladada a la casa de su hermanastra pequeña.

Cuadro de María Tudor a la edad de veintiocho años. Obra de Master John (1544)

En aquel momento, Elizabeth era la única hija legítima y heredera de Enrique, lugar que ocuparía hasta que viniera al mundo el deseado príncipe. Pero, mientras tanto, debía ser tratada con todo el respecto que su rango merecía.

4. La princesa y su madre

4.1 La princesa ya tiene casa propia

En diciembre, cuando tenía tres meses de edad, se asignó a la princesa Elizabeth su propia residencia y se la envió a vivir a Hatfield, Hertfordshire. Lady Bryan fue nombrada la institutriz de la niña, cargo que ostento también en la casa de lady María. Lady Margaret Douglas, ex miembro también de la casa de María, fue su primera dama de honor, a la vez que Blanche Parry que estaría a su lado durante cincuenta y siete años, era una de las encargadas de mercerla. El rey y la reina eran padres distantes, aunque lady Bryan tenía la reina informada de los progresos de la pequeña.


Hatfield House, lugar donde la princesa Elizabeth pasó los primeros años de su infancia

4.2 Una afectuosa madre


Escena de la película Ana de los mil días (1969)

Poco se sabe a ciencia cierta sobre la relación de Ana con respecto a su hija. Indudablemente, la reina no se preocupaba en absoluto del bebé en el sentido moderno, ya que se creía esencial para el rango de princesa que tuviera casa propia. Eso no significa que no amara a su hija; una vida poco familiar no excluía necesariamente el cariño materno. Hay anécdotas conmovedoras de un período más difícil de la vida de la reina Ana cuando, por ejemplo , fue vista tendiendo a Elizabeth a Enrique en actitud de súplica. Asimismo ,tenemos constancia de que Ana visitaba con frecuencia la mansión de Elizabeth y le mandaba ostentosas telas para la confección de sus vestidos.

5. ¿Dónde está el heredero?

En definitiva, el ascenso de Ana fue rápido y vertiginoso, doce meses le bastaron para ser engrandecida como Marquesa de Pembroke, después esposa del rey, poco más tarde coronada reina. El nacimiento de Elizabeth había indudablemente debilitado la posición de Ana ante los ojos de la corte inglesa y de las naciones extranjeras. En ella, estaban reflejadas todas las esperanzas de engendrar un heredero varón sano, el próximo gran monarca de la dinastía Tudor, que de repente se vieron truncadas. Una hija no era suficiente para lograr su cometido, aún había mucho que alcanzar.

Si el 7 de septiembre de 1533 hubiera alumbrado el deseado varón, todo hubiera cambiado drásticamente. Incluso la facción de la corte que apoyaba incondicionalmente la reina Catalina y a su hija María reconocería la hegemonía y el poder de Ana Bolena. El emperador Carlos V hubiera asumido que restaurar a su tía y prima en el trono sería una causa perdida, pero con otra niña por medio la causa de Lady María seguía viva.

Por lo tanto, la llegada de Elizabeth reavivó otra vez la inestabilidad de la casa Tudor que todavía seguía sin sucesión. Ana y su vientre eran los únicos que podría traer nuevamente a Inglaterra la paz que tanto deseaban, mientras tanto, Ana debería luchar día tras día contra sus enemigos, la hostilidad de las cortes extranjeras y ,como no, la ira del rey.

Bibliografía:

Denny, Joanna: Anne Boleyn: A new life of England´s tragic Queen, Portrait Books, London, 2005.

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.

Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Editorial Juventud S.A., Barcelona, 1975.

Ives, Eric: Anne Boleyn, Basil Blackwell, Oxford, 1988.

Starkey, David: Elizabeth, Apprenticeship, Vintage, London, 2001.

Warnicke, Retha M.: The rise and fall of Anne Boleyn: family politics at court of Henry VIII, Canto, Cambrige University Press, 1996.

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.


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Es un logro inaudito el blog haber alcanzado los 216 seguidores, ¡estoy realmente abrumada! Les doy las gracias de todo corazón, sois los pilares que soportan mi castillo, sin vosotros nada sería posible. Un abrazo muy fuerte,

Lady Caroline

jueves, 14 de octubre de 2010

El Nacimiento de la Reina Elizabeth Tudor: 1ª Parte

Elizabeth Tudor a los trece años de edad, pintado por Hans Holbein en 1546.

1. El Preludio del Alumbramiento

1.1 Los preparativos y celebraciones programadas

Los preparativos para el nacimiento del primer hijo de Enrique VIII y su segunda reina, Ana Bolena, comenzaron a llevarse a cabo a principios de agosto de 1533, cuando se decidió que la reina daría a luz en el palacio de Greenwich. En aquel mismo emplazamiento, el rey Enrique había nacido cuarenta y dos años antes.

No cabía la menor duda que el hijo de Enrique y Ana sería un varón. Nadie ponía en entredicho dicha afirmación. Los astrólogos los predecían, así como los médicos del rey. El 3 de septiembre, ambos profesionales científicos unieron fuerzas para manifestarse ante el monarca que la reina daría a luz al ansiado heredero.

Dibujo del palacio de Greenwich


Enrique VIII planeaba justas, banquetes y bailes de máscaras para conmemorar el inminente nacimiento de su hijo. El rey aún seguía teniendo dudas a respecto del nombre de su futuro hijo, aún no sabía si le bautizaría como Eduardo o Enrique.

Para recibir al nuevo vástago real, se tomó de la sala del tesoro del monarca "una de las camas más magnificas y esplendorosas que se puedan imaginar”; originalmente procedía de Francia como parte del rescate de un noble capturado en 1515, conocido como duque de Longueville. Ordenó que la instalasen en la alcoba de Ana, junto al camastro con dosel carmesí en el cual alumbraría a su bebe. En el salón de audiencias, se había construido una cama de ceremonia desde la que recibiría a quienes fueran a felicitarla por la buena nueva.

1.2 El confinamento de la reina

1.2.1. El ceremonial

Miniatura incluída en el libro de las horas de Enrique VIII y Ana Bolena procedente de los Países Bajos. ( apróx. 1500) En la escena vemos a Santa Ana junto a la Virgen María que sostiene en brazos al niño Jesús.

Según las tradiciones que imperaban en la realeza, Ana se recluyó en su cámara por anticipado para esperar el nacimiento de su retoño. El ceremonial que antecedía dicho acontecimiento era de suma importancia, aunque hubiera habido un cambio de reina.

La fecha elegida para el confinamiento fue el 26 de agosto, es decir, unas dos semanas antes de que naciera el bebe. En primer lugar, la reina y su sequito fueron en precesión hasta la capilla real para oír misa. A continuación, se dirigieron a su aposentos donde le dieron un cálice de vino con especias ante toda la corte reunida. Su lord chamberlán rogó a todos los presentes que rezaran para que Dios le proporcionara un bueno parto, sin contratiempos. Otra procesión acompañó a Ana Bolena hasta la misma puerta de su cámara. En el umbral, los gentilhombres de la corte se despidieron de ella, dando paso únicamente a las damas.

Parte de las damas de compañía de Ana Bolena eran miembros de su propia familia, entre ellas estaban su hermana María Bolena, sus primas Lady Mary Howard, hija del duque de Norfolk; Mary Shelton, hija de tu tía Anne; y su tía Elizabeth, esposa de James Bolena. También figuraban la sobrina del rey, hija de Margarita de Escocia, Margaret Douglas; Elizabeth, condesa de Worcester, y su sucesora en el lecho real, Jane Seymour, quien anteriormente había atendido a Catalina de Aragón. También solía acompañarla una de sus mejores amigas, Margaret Lee ,nacida Wyatt, hermana del gran poeta Thomas Wyatt.



Lady Mary Shelton, prima de Ana Bolena. Una de las grandes aficciones de esta dama era componer poesía. Dibujo de Hans Holbein


Lady Margaret Lee, hermana del poeta Thomas Wyatt y una de las mejores amigas de Ana Bolena. Retrato atribuido a Hans Holbein (1540)


Cabe señalar que la cantidad de tiempo que dedicaban las reinas a aguardar el alumbramiento era bastante variable, ya que los bebes eran notoriamente poco fiables en su llegada, sin embargo ese no fue un periodo breve poco común. Por ejemplo, Elizabeth York, en 1503, se retiró a sus aposentos solo una semana antes del nacimiento de su hijo.

1.2.2. El mobiliario y la decoración de la cámara

Lord Mountjoy, veterano de los confinamientos de la reina Catalina, aconsejó a Lord Cobham, chambelán de la reina Ana, sobre el procedimiento adecuado. Las últimas reglas se había fijado en el reinado de Enrique VII bajo las instrucciones de su madre, Margaret de Beaufort, aunque el ceremonial era bastante antiguo, se remontaba a los Plantagenets: “Todas las ventanas salvo una debían cubrirse con tapicería de Arras ricamente bordada”. La reina podía pedirle a sus damas que abrieran esa ventana de vez en cuando para que le entrara un poco de luz y aire, aunque esa conducta era generalmente desaconsejada. Además, "Ningún hombre debía entrar en la cámara, sino mujeres". Como alega el historiador David Starkey, la cámara de la reina se asemejaba “a un cruce entre una capilla y una celda acolchada”.

Los tapices también poseía sus restricciones. Curiosamente, los que estaban decorados con personas y animales eran descartados. Tenían miedo que dichas imágenes podrían provocar fantasías o alucinaciones en la mente de la reina dando como resultado un niño deforme.


Tapiz confeccionado entre los años 1495-1505. Perteneció al inventario del rey Jacobo V de Escócia (1512-1542), contemporáneo de Enrique VIII. Un tapiz con estas características era considerado totalmente inapropiado para colocarse en la cámara de la reina.


1.3 El anuncio del nacimiento real

Ana Bolena había dispuesto con antelación que se escribiera una carta anunciando el nacimiento de su hijo para su envío a los condados ingleses y las cortes extranjeras. Según las costumbre de la época, era tradición que se encargarán de hacerlo las reinas. Ese documento, dirigido a su chambelán, lord Cobhan, ya estaba preparado:

“Y a donde ha agradado a la bondad de Dios todopoderoso, con su infinita merced y gracia, enviarnos, en este momento, gran rapidez en el parto y el alumbramiento de un príncipe” […]

Terminaba en estilo semejante: “A Dios todopoderoso, muchas gracias, gloria, alabanza y elogio, y rogad por la buena salud, prosperidad y continua preservación de dicho príncipe” .Estaba sellado con un timbre en nombre de “Ana, la reina”.


Carta anunciando el nacimiento del heredero al trono


2. Nace una bella princesa

2.1 Se alteran las misivas

En la misiva, donde anunciaban la buena nueva, dejaron un pequeño espacio para introducir el nombre del retoño, la fecha y la hora del nacimiento. Sin embargo, el ansiado varón no llegó y en su lugar la reina dio a luz a una preciosa niña a las 15:00 h del día 07 de septiembre de 1533. Madre e hija se encontraban perfectamente. La niña tenía la piel blanca y la larga nariz de su padre y los profundos ojos negros de su madre.

El rey no pudo evitar demonstrar su disgusto, dicha noticia fue para él una gran decepción. Sus ilusiones se desvanecieron al instante al conocer el sexo del bebe. El padre de la criatura propuso entonces que la llamaran Elizabeth en honor a su madre, Elizabeth de York. Por consiguiente, cierta palabra de la misiva tuvo que ser inesperadamente alterada, añadiendo una “s” más en la grafía “prince”, convirtiéndola en “princes” (en inglés del siglo XVI únicamente poseía una “s”) .


Detalle de la grafía "Princes"


Para ilustrar un poco más este artículo, les pongo un video con explicaciones del historiador David Starkey:

http://www.youtube.com/watch?v=YQM0xhsqI6g


Continuará....

(Observaciones: Está pendiente de publicar la última parte de los "Últimos días de Ana Bolena", al finales de este mes podréis leer el desenlace de esta historia.

Bibliografía:


Denny, Joanna: Anne Boleyn: A new life of England´s tragic Queen, Portrait Books, London, 2005.

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.

Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Editorial Juventud S.A., Barcelona, 1975.

Ives, Eric: Anne Boleyn, Basil Blackwell, Oxford, 1988.

Starkey, David: Elizabeth Apprenticeship, Vintage, London, 2001.

Warnicke, Retha M.: The rise and fall of Anne Boleyn: family politics at court of Henry VIII, Canto, Cambrige University Press, 1996.

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.

http://www.bl.uk/catalogues/illuminatedmanuscripts/record.asp?MSID=7991&CollID=19&NStart=9

http://uvicmscu.blogspot.com/2007/10/castle-unveils-medieval-tapestry.html




miércoles, 28 de abril de 2010

Los símbolos y emblemas de Elizabeth I: 2ª y Última Parte

El tamiz es un símbolo que se remonta a la Antigua Roma, donde la Virgen Vestal, Tuccia, supuestamente demostró su pureza llevando agua, sin derramar ni una gota, en un tamiz. Fue usado para glorificar la virginidad de Elizabeth y asociar Inglaterra con el antaño poderoso Imperio Romano.


The Red Sieve Portrait (1579), obra de George Gower


Lunas y perlas
(debido a su parecido con la luna) se utilizaban para representar a Elizabeth como la diosa de la luna, Cynthia (también conocida como Diana), que era una virgen de incuestionable pureza. Sir Walter Raleigh ayudó a promover el culto a Elizabeth como diosa de la luna a través de uno de sus largos poemas que le dedicó a la soberana a finales de la década de 1580 titulado “The Ocean´s Love to Cynthia”, en el que comparaba a Elizabeth con este espléndido satélite.


La reina Elizabeth I luciendo un collar de perlas ( aprox. 1580), artista desconocido


Elizabeth también fue a menudo relacionada con Minerva (o Palas Atenea), que era la virgen-diosa de la guerra y defensora del estado. Aunque estaba preparada para enfrentar una guerra, la reina prefería la paz y personificaba la tranquilidad y la sabiduría. Su mecenazgo en el arte y la artesanía también fue muy alabado, además de ser una gran impulsora del comercio y la industria, incluyendo la construcción naval.


La reina Elizabeth y las tres diosas (Juno, Minerva y Venus, respectivamente). Año 1569


Recientemente, a mediados de marzo de este año, salió a la luz una notícia que dejó atónitos a los historiadores del arte. Durante años, los expertos especularon sobre una misteriosa sombra que cubría uno de los retratos de Elizabeth, una mancha negruzca que finalmente ha resultado ser una serpiente. El anónimo artista que pintó a la "Reina Virgen" dibujó al reptil enroscado en la mano de la monarca, pero lo borró y sustituyó por la más convencional rosa de los Tudor al entender que la serpiente podría asociarse al mal y al pecado original en la tradición cristiana.

La reina Elizabeth agarra en su mano derecha una flor que en realidad es una serpiente oculta. Artista deconocido, aprox. 1580.* La pintura con el trascurso del tiempo ha creado unas manchas azules en el rostro de la soberana.





Según explica al diario The Independent, Tarnya Cooper, conservadora de la National Portrait Gallery, los asesores de Elizabeth I controlaban cuidadosamente su imagen y un desliz de este tipo no hubiese pasado inadvertido. "Quizá la serpiente era un símbolo demasiado delicado o ambiguo, un emblema demasiado peligroso quizás. El hecho de que fue borrada tan rápidamente sugiere que la cuestión era peliaguda para el público", señala Cooper. Se sabe, abunda la experta, que la reina tenía joyas con forma de serpientes, pero la manera "seductora" en que se enrosca en su mano podría haber causado un escándalo en la época, dado que la hija de Ana Bolena nunca se casó, de ahí que se la conociese como la "Reina Virgen".

No obstante, los análisis efectuados con rayos X y tecnología de infrarojos revelaron que se trataba de una serpiente de escamas verdes y azules cuidadosamente pintada. El historiador y experto en los Tudor, David Starkey, aporta más información al recordar que las serpientes tenían varios significados en el Siglo XVI. "Durante el periodo Isabelino, la serpiente tenía un simbolismo dual. Sin duda, representaba a la sabiduría. Hay, al menos, un retrato que muestra a Elizabeth I con imágenes de serpientes verdes en su vestido", añade Starkey.


Bibliografía:

http://www.nmm.ac.uk/explore/sea-and-ships/in-depth/elizabeth/representing-the-queen/symbols-and-emblems-used-in-elizabeth-portraiture


http://www.telegraph.co.uk/culture/art/art-news/7367751/Mysterious-snake-appears-in-painting-of-Queen-Elizabeth-I.html

http://latercera.com/contenido/1453_231304_9.shtml



Próximamente analizaremos la Cruz Tudor....


lunes, 12 de abril de 2010

Los símbolos y emblemas de Elizabeth I: 1ª Parte

Como sabemos, la Era del Renacimiento es conocida por sus diversos simbolismos en las obras de arte. La reina Elizabeth I de Inglaterra era una adepta esos juegos alegóricos, y en la entrada de hoy nos encargaremos de desvelar parte de esos misterios. A continuación, enumeramos algunos de ellos:

El pelicano era uno de los símbolos favoritos de Elizabeth, lo incluía en los retratos para reflejar su amor incondicional por su pueblo. Cuando los alimentos escaseaban, se creía las hembras pelicano daban picotazos en su pecho para alimentar a sus polluelos con su propia sangre y de esas forma los salvaba de una muerte eminente. Desgraciadamente, la madre solía fallecer en ese desesperado proceso. Se buscamos en el centro de su pecho, encontramos ese símbolo en forma de broche. Durante La Edad Media el pelicano venía a representar el sacrificio de Jesucristo, que murió en la Cruz para salvar a toda la humanidad. Por lo tanto, ese potente emblema de auto sacrificio, simboliza a la soberana como "madre" de la nación protestante y su compromiso por velar siempre por sus súbditos.


The Pelican Portrait (1575), obra de Nicholas Hilliard


Detalle del pelicano


El fénix, es un ave mitológica del tamaño de un águila, única en su especie, de plumaje rojo, anaranjado y amarillo incandescente, de fuerte pico y garras. Se trataba de un pájaro fabuloso que se consumía por acción del fuego cada 500 años, y uno nuevo y joven surgía de sus cenizas. Por ello se convirtió en el símbolo de la resurrección, resistencia y vida eterna. En el siguiente cuadro, conocido con “el retrato del fénix”, el ave lo vemos reflejado en el medallón que porta la reina junto a su corpiño. Observamos que el fénix resurge de las cenizas, una clara alusión a su ascenso al poder y longevidad.



The Phoenix Portrait (1575), obra de Nicholas Hilliard


El armiño es un mamífero carnívoro de la familia mustélidos (Mustela Erminea), de piel parda en verano y blanca en invierno, excepto el extremo de la cola, que es negra. Según la leyenda, este animal prefiere morir antes que manchar su vestido inmaculado, por eso se lo considera en arte como símbolo de la pureza. Aparece en varios retratos suyos, donde también se contempla como un símbolo de estatus, ya que vestirse con su piel se limitaba a la realeza y la alta nobleza.



The Ermine Portrait (1585) , también obra de Nicholas Hilliard


Bibliografía:

http://www.liverpoolmuseums.org.uk/walker/collections/13c-16c/er1.aspx

http://www.nmm.ac.uk/explore/sea-and-ships/in-depth/elizabeth/representing-the-queen/portrait-of-elizabeth-i-with-a-pelican-emblem

http://www.nmm.ac.uk/explore/sea-and-ships/in-depth/elizabeth/representing-the-queen/symbols-and-emblems-used-in-elizabeth-portraiture

http://www.tudorhistory.org/elizabeth/gallery.html

http://www.elizabethancostume.net/gallery/qe-phoenix.html


http://es.wikipedia.org/wiki/F%C3%A9nix

http://historiarte.net/iconografia/virtudes.html

sábado, 13 de diciembre de 2008

Elizabeth I de Inglaterra y la poesía



Elizabeth I de Inglaterra(1533-1603) era considerada una verdadera erudita para su tiempo,siempre quería aprender más y más.
Ella habitualmente estudiaba dos o tres horas diarias, y era muy buena leyendo los Clásicos, así como tenía un gran conocimiento de la historia. Sus aptitud para los idiomas significaba que ella podía leer libros en latín o en francés, y especialmente cuando se hizo mayor, le encantaba traducir textos clásicos al inglés. A la vez también adoraba escribir poesía (hoy en día aún se conservan sus escritos).

A continuación este poema escrito alrededor de 1569, vemos a una Elizabeth que analiza la contradicción del amor en sus diversos aspectos, reflexionando sobre las emociones que invadían su corazón. Algunos críticos afirmar que este poema iba dirigido a François, el arrogante Duque de Anjou. Según dicen, tan bella inspiración provenía de las malogradas negociaciones de matrimonio que matuvo con el Duque.

Esto puede tratarse de una mera anecdota para ocultar a quién realmente iba dirigido este poema: A Robert Dudley, primer conde de Leicester, y el gran amor de la "reina virgen".


A la partida de Monsieur

Sufro sin enseñar mi descontento,
Y amo, aunque deba aparentar odio.
No me atrevo a expresar mis sentimientos,
Parezco muda, aunque por dentro hablo.
Soy y no soy, en llamas me congelo,
Pues he dejado de ser yo, no soy más mía.

Este dolor es como mi sombra,
Me sigue al vuelo y vuela si la sigo,
Me acompaña y hace lo que hago,
Y me aflige su pena, que comparto.
No hay manera de alejarla de mi pecho
Hasta que el fin de las cosas la destierre.

Insúflame una pasión más tierna
Pues blanda soy, nieve derretida,
O sé cruel amor, y así sé amable;
Deja que flote o permite que me hunda.
Hazme vivir con un dulce deleite,
O déjame morir para que olvide que he amado.


On monsieur's departure

I grieve and dare not show my discontent,
I love and yet am forced to seem to hate,
I do, yet dare not say I ever meant,
I seem stark mute but inwardly do prate.
I am and not, I freeze and yet am burned,
Since from myself another self I turned.

My care is like my shadow in the sun,
Follows me flying, flies when I pursue it,
Stands and lies by me, doth what I have done.
His too familiar care doth make me rue it.
No means I find to rid him from my breast,
Till by the end of things it be supprest.

Some gentler passion slide into my mind,
For I am soft and made of melting snow;
Or be more cruel, love, and so be kind.
Let me or float or sink, be high or low.
Or let me live with some more sweet content,
Or die and so forget what love ere meant.


Fuentes Bibliográficas:

http://tudorhistory.org/poetry/elizabeth.html

http://www.elizabethi.org/uk/pastimes/

El poema de Elizabeth I de Inglaterra, On Monsieur`s Departure, fue traducido al español por Espejo Gótico.