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sábado, 5 de junio de 2010

Descubriendo a Shakespeare: las curiosas expresiones de King Lear: 1ª Parte



Estos últimos días ando volcada en la lectura de una obra maestra de Shakespeare, "King Lear" y de vez en cuando me encuentro con curiosas expresiones idiomáticas del periodo isabelino y jacobeo que me llaman notablemente la atención. A continuación, nombraré las más relevantes:

Acto I, Escena IV: Kent, antiguo fiel servidor del Rey Lear y desterrado injustamente de la corte por apoyar a Cordelia, se presenta nuevamente ante el monarca ocultado bajo un disfraz. Lear pregunta quién es y cuál es su profesión y Kent le responde de esta manera:

I do profess to be no less than I seem; to serve him truly that will put me in trust; to love him that is honest; to converse with him that is wise and says little; to fear judgments; to fight when I cannot choose; and to eat no fish.

Mi profesión, señor, consiste en ser lo que parezco; en servir fielmente al que pone su confianza en mí; en amar lo que es honesto, en acompañar al que sea cuerdo y hable poco; en temer a la crítica; en combatir, a la falta de otra cosa mejor, y en no comer nunca pescado.

¿No comer nunca pescado? ¿Con qué finalidad hizo Kent esa afirmación?


En tiempos de la reina Elizabeth I, los papistas o católicos eran vistos como enemigos del Estado. El acto de comer pescado se consideraba como una señal inequívoca del papismo ya que obligaba a sus fieles a consumir ese alimento en fechas señaladas como penitencia. Era una especie de afrenta a la recién instaurada Iglesia Anglicana, que como sabemos la presidía la propia reina de Inglaterra. Tal frase proviene de un proverbio de la época: "Es un hombre muy bueno y no come nunca pescado" que se utilizaba para designar a un protestante amigo del gobierno.

En el mismo Acto I escena IV y en el resto de la obra, el bufón se refiera a su amo , el rey Lear , como "nuncle" ( se podría traducir como "tío")



En Inglaterra, el título de "tío" fue considerado en otros tiempos como una expresión de respecto. Hasta el siglo XVIII, muchos campesinos ingleses llamaban a los jueces "mío tío el juez".

Acto II, Escena II: Al final del Acto I, en la Escena V, el rey Lear pide a Kent que vaya a Cornualles a entregar una carta a su hija Reagan. Ya al principio del Acto II, en las puertas del Castillo, Kent se encuentra con Oswald, lacayo de Reagan. Ambos acaban discutiendo y Kent le insulta con una infinidad de improperios:

Oswald: Why dost thou know me for?
Kent: A knave; a rascal; an eater of broken meats; a base, proud, shallow, beggarly, three-suited, worsted-stocking knave [...]


Oswald: ¿Por quién me tomas?
Kent: Por un bribón, un pillo, un tragasobras, un mendigo lleno de bajezas y orgullo , un hombre de tres trajes, un miserable con medias de lana [...]



¿Un hombre de tres trajes?

A lo mejor en la época de Shakespeare, en el que los cortesanos vivían colmados de lujos, un hombre que solo poseía tres trajes era considerado un pobretón. O quién sabe, quiso el poeta transmitir que era un hombre perseguido tres veces por sus deudas al sastre, o incluso quiso aludir a un caballero que adquiría sus ropas de tercera mano.

¿Un miserable con medias de lana?

En el reinado de Elizabeth I, las medias fueron la prenda de mayor lujo. Todos querían llevarlas de seda. Hasta los criados que ganaban cuarenta chelines al año, se consideraban deshonrados si no portaban medias de este género. Vestir medias de lana era una marca de rusticidad y villanía.


Continuará...


Bibliografía:

Greenblatt, Stephen. The Norton Anthology of English Literature Vol. 1 - The Middle Ages through the Restoration and the Eighteenth Century. W. W. Norton & Company Inc., 2006.

Shakespeare, William. El Rey Lear. RBA Coleccionables, Barcelona, 2010.

martes, 23 de marzo de 2010

Las damas de la corte y sus pomos perfumados

Si analizamos la cantidad de perfumes y hierbas aromáticas que se solían comprar para refrescar el aire de los palacios reales de Enrique VIII, podríamos concluir que, por lo general, la higiene personal brillaba por su ausencia. La existencia de un suministro de agua demuestra que la gente se lavaba, sin embargo no se sabe con qué frecuencia ni hasta qué punto. Muchas autoridades recomendaban lavarse a conciencia pero darse un baño podía resultar un operación complicada, toda vez que las bañeras de madera tenía que llenarse de agua, forrarse con sábanas y vaciarse después.

No había desodorantes y sólo las clases pudientes podían permitirse el lujo de adquirir perfumes, que los traían principalmente de Italia y consistían sobre todo en bolitas de ámbar gris, almizcle y algalia. A estas bolitas perfumadas las denominaban "pomos" (en inglés "pomander"), que era también el nombre de las bolas de oro afiligranadas que las contenían.

Desde la Edad Media hasta mediados del siglo XVIII, las damas de la corte acostumbraban llevar los pomos perfumados colgados del cinturón y se los acercaban a la nariz para protegerse de los malos olores y prevenirse contra las enfermedades contagiosas. Otras de sus funciones era hacer con que su ropa desprendiera un aroma agradable cuando caminaban y a la vez servian para purificar un poco el aire. Cabe destacar que la mayoría de las prendas elegantes se confeccionaban con tejidos que no podía lavarse y debían de despedir un olor muy rancio después de llevarlas varias veces, en particular si hacía calor. Menos mal que la ropa interior se lavaba con regularidad, junto con los paños de las capillas, la mantelería y las toallas.


Catalina Parr lleva colgado de su cinturón un pomo perfumado

Los pomos eran fabricados en distintos diseños. De tamaño medían aproximadamente entre 1,5 a 2,5 pulgadas de diametro (1 pulgada equivale a 2,54 cm), además de estar ricamente decorados y elaborados en oro y plata. La figura 303, a la izquierda, nos muestra un ejemplar de principios del siglo XVI. Dentro del pomo se aprecia una bola de perfume.

La figura 304, se remonta a la primera mitad del siglo XVI. Está elaborada en oro, esmalte y piedras preciosas. Se sujetaba por la parte superior y tenía dos tapas perforadas que desprendían dos aromas distintos.





Se menciona que la reina Catalina de Aragón tenía un pomo en 1530, donde aparecían grabadas las iniciales "H y K". De acuerdo con un inventario realizado en 1543, la princesa María Tudor tenía en su posesión largos cinturones de orfebre que sujetaban un pomo perfumado al final. Su hermana, Elizabeth I, también solía portar un pomo perfumado con rosa de damasco, ámbar gris entre otros aromas. Algunos incluso aparecían en la lista de regalos de Año Nuevo de la reina.



Maria I de Inglaterra, obra de Hans Eworth (1554). En la pintura se aprecia el pomo perfumado.
Bibliografía:


Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.

Norris, Herbert: Tudor costume and fashion, Dover Publications Inc., NY, 1997.

http://www.theanneboleynfiles.com/resources/tudor-life/pomanders/

jueves, 31 de diciembre de 2009

Los tocados en forma de cono o hennin

El Hennin era un tocado en forma de cono usado por la damas de la nobleza europea durante el siglo XV. Se estilaban mucho en Borgoña, Francia y en otros países del norte de Europa, entre ellos Hungría y Polonia. Los hennins cónicos empiezan a hacerse populares a mediados de ese siglo, en un principios solo entre las mujeres de la aristocracia, aunque más adelante su uso se propagó por otros sectores de la población, entre ellos la burguesía. Normalmente el hennin medía entre 12 y 18 pulgadas (30-45 cm) de alto, no obstante podría ser considerablemente mayor. La parte superior de estos sombreros cónicos eran de pico, mientras otros tenían una forma truncada con un acabado plano.



Ilustracción del Libro de la Horas de María de Borgoña (1480). En la imagen contemplamos el hennin de pico.




Detalle del cuadro "La esposa del donante", obra de Petrus Christus (aprox. 1450). En él observamos la forma de hennin truncada.



Por lo general, era acompañado de un velo transparente que solía salir de la parte superior del cono y se dejaba caer sobre los hombros o incluso llegaba a tocar el suelo. A veces también era colocado hacía delante donde cubría parte de la frente y del rostro.



Imagen sacado del manuscrito " Confessio Amantis" de John Gower (1470). En él contemplamos como el velo cubre parte del rostro de la mujer.



Esta ilustración proviene del libro "Le Roman de la Rose" de Guillaume de Lorris and Jean de Meung hecho para Luisa de Saboya a finales del siglo XV. Vemos que el velo transparente de la mujer llega hasta el suelo y otro negro le cubre los cabellos.




Esta joven dama porta un ejemplo de hennin cónico sobre una tela de terciopelo negro muy fina. Obra del holandés Hans Memling, extraído del díptico"Alegoría del verdadero amor" (1485-90).


El hennin se llevaba inclinado hacía atrás en un ángulo. Estaba hecho de un material ligero, a menudo cartón o una malla de alambre sobre el cual se había fijado una fina tela, sin embargo no se sabe con precisión los detalles de su elaboración. Se recogían los cabellos y éstos era ocultados en el interior del cono (posiblemente uno de los extremos del velo estaba atado y enrollado al pelo, el resto de la cabellera que quedaba libre era conducido a través del agujero hasta la punta del cono), si bien que algunas imagenes nos muestran que se estilaba el pelo largo suelto detrás del hennin.




Estas doncellas usan el hennin sobre el pelo suelto, aunque en cima de la cabellera se deja ver un velo transparente. De la punta del cono cuelga un largo tul. Imagen sacada de las "Cronicas de Francia" de Froissard ( Isabel de Francia llegando a la ciudad).






Hennin utilizado sin cofia sobre el pelo suelto. Imagen extraída de la obra "Augustine, la ciudad de Dios", manuscrito iluminado por Maestro François.



A simple vista, la primera imagen que nos viene a la cabeza cuando contemplamos estos tocados son los cuentos de hadas de princesas que leíamos en nuestra infancia. Es inevitable transportarse ni que fuera por unos instantes a ese mundo de fantasía y encantamiento que tantos nos hizo soñar. A mi particularmente me siguen fascinando. En breve, habrá una próxima entrega con más variedades sobre los tocados del siglo XV, espero que sea de vuestro agrado.



Bibliografía:


http://en.wikipedia.org/wiki/Hennin

http://cadieux.mediumaevum.com/burgundian-reference.html


http://www.wga.hu/frames-e.html?/html/c/christus/1/index.html

domingo, 22 de marzo de 2009

La moda femenina en la corte de Enrique VIII: Los vestidos

La mayoría de los extranjeros opinaba que las mujeres inglesas vestían mal y sin recato, pero lo que vemos en los retratos induce a pensar que en Inglaterra los escotes no eran más bajos que en otras partes. Aunque es verdad que la moda inglesa iba a la par que el resto de Europa, las damas vestían suntuosamente y llevaban vestidos cuya confección requería como mínimo nueva metros de tela. En 1501 Catalina de Aragón presenta el verdugado (un tipo de saya acampanada) a la corte Inglesa, que añade más rigidez a la moda femenina y será un requisito necesario para todas las prendas de vestir del siglo.


Dos damas de la familia de Tomás Moro (1527-28)



La cola del vestido era larga y formaba una gaza en el extremo para que se viese la enagua o se llevaba sobre el brazo. Los corpiños eran muy ceñidos, tenían escotes amplios y cuadrados con ribetes de ofebrería o joyas y se estrechaban gradualmente hasta rematar en punta por detrás, donde se ataban los cordones. Los corsés con bisagras o "cuerpos" con varillas de metal cubiertos de terciopelo , cuero o seda, se introdujeron hacia 1530. En el decenio de 1540, el escote cuadrado empezó a retroceder ante el cuello alto. Las mujeres embarazadas llevaban corpiños con cordones delanteros que podían aflojarse a medida que transcurrían los meses y crecía la barriga.



En 1530 había aumentado el número de mujeres que usaban el verdugado y las faldas se hicieron más rígidas y más amplias, ahora de llevaban abiertas por delante para que se viese la enagua. Alrededor de la cintura las damas llevaban un ceñidor adornado con joyas del cual colgaba una cadena con un pomo perfumado. Las mangas iban aparte, en los primeros tiempos del reinado se ajustaban mucho la muñeca y su puños se adornaban con pieles y bordados. Con el tiempo se hicieron cada vez más recargadas, con mangas intercambiables debajo, anchas y acuchilladas, con bordes festoneados, y otra manga larga encima, vueltas hacia atrás para que pudiera verse la excelente tela o piel del forro. La mayoría de las mujeres usaban medias negras de estambre tejidas a mano y sujetadas por medio de ligas. La unica prenda interior era el vestido camisero.




La reina Catalina Parr, retrato de 1545 atribuido a Master John

La mayoría de las prendas de etiqueta las hacían sastres profesionales que trabajaban por encargo y utilizaban las telas y los adornos que suministraban los comerciantes de tejidos y complementos, que solían importar sus mercancías del extranjero. Generalmente eran más caras que las mejores prendas de diseño de hoy: el valor de un jubón o un vestido equivalía a los ingresos anuales de un trabajador no especializado.


Las telas más costosas y más buscadas eran las diversas clases de seda, terciopelo, damasco, brocado y raso, y el paño de oro y el de plata, que se tejían con urdimbres de metales preciosos, a veces con una trama de seda de color. Esos tejidos, que procedían principalmente de Venecia y Génova, solían llevar suntuosos estampados de granadas, alcachofas, piñas, capullos de rosa, y coronas que se hacían con tintes brillantes.

Bibliografía:

Weir, Alison: Enrique VIII, el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.

http://www.historyonthenet.com/Tudors/tudor_costume.htm

http://www.pbs.org/wnet/sixwives/times/fashion.html

http://www.nehelenia-designs.com/Ye_Olde_Online_Shoppe/Renaissance/Tudor/tudor.html

viernes, 30 de enero de 2009

La moda en la corte de Enrique VIII: Las joyas

Durante el reinado de Enrique VIII, las joyas de estilo medieval dieron paso a los diseños renacentistas, entre los que destacaba los camafeos y los grabados con motivos clásicos. Los retratos de cabeza aparecían no sólo en camafeos, sino también en medallones en miniatura que se engarzaban en colgantes, broches y anillos. Muchas joyas estaban adornadas con motivos de la naturaleza, y gran número de ellas eran marcadamente simbólicas y con frecuencia daban cuerpo a alusiones visuales o juegos de palabras.


Extraordinario anillo con los retratos de Elizabeth y Ana Bolena (1575)


Miniatura de Enrique VIII (1526) atribuída a Lucas Horenbout

Las joyas eran imprescindibles para definir el status social de una persona, incluso más que la indumentaria. En la corte, ambos sexos hacían gran ostentación de joyería, la mayor parte de la cual era obra de ofebres londinenses o se importaba de Italia, París o Brujas.

Los oficiales del Estado o de la casa llevaban gruesos collares de oro con eslabones en forma de doble, con insignias de rastrillos y rosas de los Tudor y una rosa colgante, como se ve en el retrato de Tomás Moro que pintó Holbein.



Enrique VIII poseía una enorme colección de joyas, mayor que la de cualquier otro rey inglés. Parte de ellas eran heredadas, pero muchas las hicieron por encargo, algunos diseños eran del propio monarca. A Enrique le encantaba enviar agentes al extragero en busca de piezas magníficas y raras. Sus piezas fueron las primeras de Inglaterra en plasmar motivos clásicos. Entre ellas había un colgante en el que aparecía un rostro antiguo , una tabilla con una representación de Hércules y otra de oro antiguo adornada con diez esmeraldas y angelotes blancos.

Los collares de Enrique eran increíblemente espléndidos, con incrustaciones de piedras preciosas de altísimo precio, uno de ellos pesaba más de tres kilos. También era dueño de noventa y nueve anillos de diamantes. Buen numero de joyas suyas fueron robadas, "se perdieron a espaldas del soberano" o "se regalaron voluntariamente".



Enrique VIII atribuído a Hans Eworth (1545)

Parte de la colección de joyas del rey Enrique tenían un significado religioso, tales como los relicarios, insignias para sombrero, crucifijos, corazones, devocionarios y colgantes de "IHS" o "Jesús" como el que llevaba Jane Seymour, pero con la llegada de la Reforma estas cosas pasaron de moda. Curiosamente, el monarca poseía un anillo de oro con una calavera, ejemplo de una costumbre de aquella época que consistía en llevar joyas que recordaban la mortalidad.


Pintura de la reina Jane de Hans Holbein

La joyas personalizadas eran también muy populares en aquellos tiempos. Ana Bolena tenía como mínimo tres colgantes en forma de iniciales: "AB" y "B", que aparecen en varios retratos suyos.



Ana Bolena, pintor desconocido

El rey se aseguró de que sus sucesivas esposas estuvieran bien provistas de joyería. La reina de Inglaterra poseía dos colecciones: sus joyas oficiales, que había heredado de las anteriores consortes y entre las que había algunas piezas muy antiguas e históricas, y sus joyas personales, que valían una fortuna.

Actualmente se conservan pocas joyas de la Casa Tudor. Al cambiar los gustos, las piezas se fundían para hacer otras, por lo que la mayor parte de la información sobre estas piezas procede de retratos y de documentos escritos.

Bibliografía:

Weir, Alison: Enrique VIII, el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.

tudorhistory.org

viernes, 23 de enero de 2009

La moda femenina en la corte de Enrique VIII: Los tocados

En tiempos de los Tudor, la corte y la nobleza eran quienes imponían las tendencias del vestuário. La ropa desempeñaba un papel importante en lo que se refería a proclamar el rango y la riqueza de quien las llevaba, ya que a veces era carísima.Cuanto más suntuosos eran el tejido y los adornos, mayor la posición social. Se llegaron a promulgar leyes que restringían el uso de ciertos tejidos y colores a personas de determinadas categorías. Este primer capítulo lo dedicaremos a los tocados femeninos.

Llevar el pelo suelto sólo les estaba permitido a las muchachas solteras y a las reinas en los actos oficiales. Las mujeres casadas usaban capuchas de "varias clases de terciopelo a modo de gorra". Las capuchas triangulares era una prenda peculiaramente inglesa que fue popular entre 1480 y 1540 aproximadamente. Inspirada por el arco de cinco puntas de la arqutectura gótica tardía, enmarcaba el rostro y ocultaba por completo los cabellos. Las capuchas triangulares se hacían con varias capas de terciopelo forrado con seda y adornado con suntuosos bordados y orfebrería, reforzado con metal o alambre y sujetado con alfileres decorativos. La manera como se confeccionaban esas capuchas hasta hoy es un misterio, y se cree que tenían un significado simbólico. Catalina de Aragón y Jane Seymour fueron adeptas a ese tocado.




En la década de 1520, las damas elegantes empezaron a llevar la capucha francesa, introducida en Inglaterra por Ana Bolena. Era una prenda con forma de media luna que se confeccionaba con materiales parecidos a los de la capucha triangular, y se llevaba en la parte superior de la cabeza, dejando los cabellos al descubierto y formando un moño.Un velo de color negro colgaba sobre la espalda. En 1540 la capucha francesa ya superaba a la triangular en popularidad y seguiría estando de moda durante cincuenta años. Como dato curioso, Jane Seymour prohibió el uso de este tocado durante su reinado, regresando nuevamente a la corte después de su muerte. Aparte de Ana Bolena, otras dos reinas, Catalina Howard y Catalina Parr lucían esa prenda de vestir.





Bibliografía:

Weir, Alison: Enrique VIII, el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.

www.henrytudor.co.uk