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sábado, 25 de julio de 2009

El compromiso matrimonial entre Doña Juana de Castilla y Enrique VII de Inglaterra


Juana de Castilla


Enrique VII al conocer la viudedad de Doña Juana de Trastámara demonstró gran interés en convertirla en su segunda consorte. El monarca inglés tuvo la oportunidad de conocerla durante su breve visita a la Isla Británica, en 1506, cuando la armada flamenca que la llevaba, junto con Felipe el Hermoso, arribó, obligada por las tormentas, a las playas inglesas. Podemos asegurar que la belleza de la archiduquesa de Austria no pasó desapercibida a los ojos del viejo rey. Para entonces, era de conocimiento de todos que Juana tenía tendencia a profundos cuadros depresivos, de que daría muestra en la misma Corte de Londres. Enrique VII se sentía atraído ante la idea que fuera una joven ardiente, que llevaba la pasión a límites extremos y que el amor fuera su respirar de cada día.

No obstante, había algo todavía más fascinante en su figura: Juana engendraba con suma facilidad niños sanos y robustos, de los que por ahora había cinco por el mundo. Tal condición era enormemente valorada en cualquier reino, por norma general, los gobernantes eran constantemente perturbados por la cuestión de la sucesión. Por aquellas fechas, el soberano había perdido a su primogénito, el príncipe Arturo. Aunque Juana ya daba signos de inestabilidad emocional, eso en realidad no afligía mucho a Enrique VII. Mantener un enfrentamiento intelectual con su esposa no era lo que más le importaba. El deber fundamental de una reina consorte era proveer de hijos a Inglaterra y consolidar la recientemente fundada dinastía Tudor.


Enrique VII, a sus cincuenta años, era calvo, jadeante, sin dientes y con mal aliento. Sin embargo, desde la muerte de Elizabeth de York, en 1503, el soberano no sacaba de su cabeza la idea de desposarse nuevamente. A la muerte de Arturo, había prentendido su nuera, Catalina de Aragón. Después dirigió también miradas a Juana de Nápoles, incluso a la madre del futuro Francisco I, Luisa de Saboya. Más adelante tuvo en mente a Margarita de Angulema, la hija de la última.




Enrique VII

Finalmente creyó que Juana de Castilla era la que más le convenía. Pero como todavía el cadáver de Felipe el Hermoso era un obstáculo para la futura pareja, el monarca inglés, por si acaso, prefirió jugar a dos bandas. Por un lado pretendía a Juana y por otro monstraba interés por Margarita de Austria. Para definitivamente formalizar el compromiso con la infanta española, nadie mejor que utilizar a su nuera, Catalina de Aragón, como pieza de ajedrez. La joven princesa viuda de Gales desamparada por su padre y vivendo en un estado de caótico abandono, en los últimos tiempos carecía de recursos para pagar a sus sirvientes y para alimentarse y vestirse como correspondía a su rango. El asunto de la dote de su matrimonio con Arturo le traía por la calle de la amargura.

Catalina de Aragón



Catalina presentía que la boda de su hermana con su suegro podría ser su liberación, si Juana se convertía en reina de Inglaterra. Y así se lo suplicó a su padre. La única persona capaz de persuadir a la tozuda reina de Castilla de 27 años era sin duda su progenitor.


Vi lo que el rey de Inglaterra vos fabló - contestaría Fernando a su hija, el 15 de marzo de 1507 - sobre lo de su casamiento con la reina de Castilla, mi fija, vuestra hermana, y plúgume sobre todo lo que sobre ello de su parte me escrebistes.



Aquella negociación no desagradaba al Rey Católico:


Respondedle a ello de mi parte que yo no sé aún si la dicha de la Reina, mi fija, está en voluntad de casarse, y que si ella se ha de casar, que yo folgaré más que se case con dicho Rey, mi hermano...


Lo primero sería conseguir que Juana accediese a que se diera sepultura a su marido, Felipe el Hermoso. De verdad que Fernando lo intentó pero todo fue en vano. Juana era de convicciones fijas, su respuesta se repetía un y otra vez: "No tan deprisa". Es lógico de esperar que no consiguió ver un atisbo de encanto en su achacoso prometido. Todo ello fue contemplado por ella durante su breve visita a la corte inglesa. Enrique VII no era precisamente un "Adonis" capaz de hacer olvidar a su amado Felipe.


De todas formas, una tisis galopante puso fin al compromiso. Enrique VII falleció el 21 de abril de 1509. Dos meses antes, Fernando el Católico, convencido ya que el proyecto de casar a su hija era imposible, decidió que Doña Juana fuera encerrada definitivamente en Tordesillas. Si hubiera accedido a esta proposición a tiempo, tal vez se hubiera librado de un angustioso y eterno encierro.



Bibliografía:


Fernández Álvarez, Manuel: Juana la Loca, La Cautiva de Tordesillas, Espasa-Calpe, Madrid, 2001.

Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Planeta DeAgostini, Barcelona, 1996.

sábado, 2 de mayo de 2009

Juana I de Castilla, "Loca de Amor": Quinta Parte


Doña Juana la Loca (1877), de Francisco Pradilla y Ortiz. Museo del Prado (Madrid).


A partir de ahora nos deparamos con la leyenda de Doña Juana, la reina que transtornada por la muerte de su marido, no consienten en que lo entierren, y obliga a transportar su cadáver de pueblo en pueblo, cabalgando por las noches del gélido invierno castellano.

La reina Juana no se separará ni un momento del féretro, y este traslado se prolongará durante ocho fríos meses por los campos de la meseta. Acompañan al ataúd gran número de personas entre las que hay religiosos, nobles, damas de compañía, soldados y sirvientes diversos que, cual procesión sirve ésta para que las murmuraciones sobre la locura de la reina aumenten cada día entre los habitantes de los pueblos que atraviesan. Aquellas largas jornadas nocturnas tan exhaustivas eran un expectáculo de lo más macabro.Dicen que la infanta española se negaba a pernoctar en coventos y no permitía que ninguna dama contemplara el cadáver de su esposo. Sus celos no se detenían ni ante la barrera de la muerte.

Finalmente en Torquemada (Palencia), y forzada por el avanzado estado de su gestación, Juana no pudo más. Y allí daría a luz, el 14 de enero de 1507, a una niña a la que le pondrían el nombre de Catalina, recordando así a su queridísima hermana pequeña. Catalina contraería años después matrimonio con Juan III de Portugal.


Díptico con los seis hijos de Juana I de Castilla. Compuesto en los Países Bajos hacía 1509. Museo de Santa Cruz de Toledo.

A fines de abril, pasada la cuarentena de su parto, Juana pone otra vez en marcha el fúnebre cortejo, pasando al cercano lugar de Hornillos. Sus consejeros le piden que vayan a lugares importantes, como podría ser Palencia. La reina se niega: afirma que ella es una mujer de un solo amor y su castidad le obligaba a buscar pueblos apartados y pequeños.

Pronto Fernando el Católico iría a su encuentro, Juana se translada de Hornillos a Tórtoles para recibirlo. El 29 de agosto de 1507 padre e hija se encontraron en Tórtoles y se abrazaron. De los dos el más emocionado parecía su progenitor. "No pudo contener las lágrimas", nos dice un testigo, mientras Juana mantuvo su impasibilidad habitual , indiferente a las buenas y malas notícias. Y en la largo entrevista que tuvieron, Fernando abordó el tema que más le interesaba: ¿Donde debía instalarse la Corte? Como reina que era, solo ella podía tomar esa decisión. Ahora es cuando observamos una maniobra de su padre, indirectamente invitaba que su hija dejara este dilema en sus manos: que fuera él quién decidiera, porque los hijos debían acatar las órdenes de los padres.

En principio, Fernando pensó en Santa María del Campo, lugar próximo a Burgos, permitiendo que la reina continuara transladándose con su tétrico cortejo. ¿Pero a quién se le ocurría a elegir Burgos? Precisamento donde un año antes Juana había visto morir a Felipe el Hermoso. Nadie consiguió que transpasara la ciudad de Arcos, donde permaneceria alli más de un año, cada vez más abandonada y desasistida, con un notorio empeoramiento de su estado. Su aspecto físico iba de mal en peor, ya no quería atender su cuerpo, como si fuera la cárcel que la encerraba en el mundo y que la apartaba de su marido: dormía en el suelo, no se cambiaba de ropa y no se lavaba.

Velando por la seguridad de Juana, Fernando el Católico decidió llevar a su hija au un lugar más seguro, donde estuviera más cómoda y respaldada. Tordesillas reunía tales condiciones. Estaba además más cercana a Valladolid, donde con mucha frecuencia habían instalado su Corte los Reyes Católicos.De ese modo, a mediados de febrero de 1509, y siempre acompañada del carro fúnebre de su difunto marido, Juana entraba en Tordesillas.

Bibliografía:

Fernández Álvarez, Manuel: Juana la Loca, La Cautiva de Tordesillas, Espasa-Calpe, Madrid, 2001.

http://es.wikipedia.org/wiki/Juana_I_de_Castilla

lunes, 13 de abril de 2009

Juana I de Castilla "Loca de amor": 4ª Parte



La coronación de Felipe el Hermoso como monarca de Castilla ocurrió el 07 de septiembre de 1506. Días de triunfo, de brillo cortesano, de celebración de la victoria sobre Fernando el católico. El nuevo Rey eran un joven de veintiocho años, tenía a su merced a la reina Juana y a su favor lo más ilustre la nobleza y del clero castellanos. Parecía que todo iba bien encauzado, se presagiaba un largo reinado y un futuro próspero para Castilla.

Inesperadamente todos aquellos gloriosos planes se vinieron abajo.En los primeros días del mes de septiembre de 1506 don Felipe jugaba un partido de pelota con sus más allegados en Burgos. Después de practicar deporte, bebió agua helada, por lo que al día siguiente se sintió con fiebre. Y ante esa trágica notícia, ante esa enfermedad inesperada, Juana nuevamente se monstró como una mujer de carácter, capaz de afrontar lo irremediable:" Mientras estuvo enfermo(Felipe), la Reina no se separó de su lado. Presa de profundo dolor, no derramó jamás ni una sóla lágrima."

La constancia de Juana era admirable.A pesar de su inestabilidad emocional, mientras su marido estuvo enfermo su comportamiento no pudo ser más ejemplar. Según un cronista flamenco, testigo de aquellas dolorosas jornadas, describe así a la joven de veintiséis años: "Apenas si mostró - nos dice - semblante de duelo en la hora de su muerte, ni tampoco lo hizo durante su enfermedad; pero estaba continuamente a su lado, dándole de beber y de comer ella misma, a pesar de estar embarazada, y ni de día ni de noche le abandonaba. Y con la pena y el trabajo que se tomaba al hacer eso, los que había alrededor temían que a ella y a su fruto no les pasase algo malo".

Felipe nunca se curó y el día 25 de septiembre de 1506 fallecía, especulándose que pudo haber sido envenenado, lo que no se pudo probar. Los rumores sobre la locura de Juana no hacían más que aumentar. Sólo habían transcurrido dieciocho días desde la entrada del joven monarca en Burgos.Jamás había tenido lugar un reinado tan breve. Pero cuando al fin pierde a su esposo, no existía más un objetivo por el que luchar, entra ya definitivamente en un estado depresivo agudo, al que sin duda era propicia por su naturaleza. Y ya nada le importará, ni la familia, ni siquiera los hijos, salvo aquel bebe que llevaba en las entrañas, ni los problemas de Estado, ni su mismo cuerpo.

El archiduque de Austria sería enterrado en un principio en la Cartuja de Miraflores. Y Juana estaba de acuerdo con la decisión. Pero de repente, recordando el deseo de Felipe de ser enterrado en Granada, ordenó que fuera desenterrado y sacado de la Cartuja. Todo ello en pleno invierno. En ese momento Juana no dudó en trasladar el cuerpo de su esposo, desde Burgos hasta Granada(excepto su corazón que deseaba que se mandase a Bruselas, como así se hizo).

Ahora es cuando nos deparamos con su famosa leyenda.Pese a que sus ministros intentaron hacerle cambiar de opinión, Juana quería seguir adelante con su promesa, sin importar las adversidades.



La Demencia de Doña Juana (1867), de Lorenzo Vallés. Museo del Prado (Madrid).

Bibliografía:

Fernández Álvarez, Manuel: Juana la Loca, La Cautiva de Tordesillas, Espasa-Calpe, Madrid, 2001.

http://es.wikipedia.org/wiki/Juana_I_de_Castilla

http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/personajes/5671.htm

sábado, 7 de marzo de 2009

Juana I de Castilla, "Loca de Amor":Tercera Parte

Familia del Emperador Maximiliano I por Bernhard Strigel (1460 - 1528)
Fila de atrás: Maximiliano I, Felipe I, Juana de Castilla
Fila de enfrente: Fernando, Carlos, Eleonor



De pronto, llegarían malas notícias procedentes de España, que cambiarian por completo el destino de Juana. El 26 de noviembre de 1504 fallecia la reina Isabel. Ese hecho convertía automáticamente a Juana en Reina de Castilla. Felipe el Hermoso ya no era sólo conde de Flandes y archiduque de Autria, a partir de entonces sería considerado Rey Consorte de Castilla. Pero la incapacidad de la nueva soberana española para gobernar, daba más protagonismo a Felipe,de hecho, se podía decir que era el auténtico monarca de los reinos castellanos.

Su madre, la reina Isabel, murió con una gran angustia en el pecho, de ver como aquel mal se estaba apoderando de su hija. Le preocupaba el problema sucesorio que dejaba su muerte. No quería que fuera Felipe, su yerno, sino Fernando, su marido, el que gobernara, para que Juana se dejara llevar por los consejos de su padre. Fernando el Católico ocuparía la Regencia Castilla como Gobernador del Reino, en nombre de Juana, hasta que su nieto Carlos cumpliera veinte años.



El testamento de Isabel la Católica, Eduardo Rosales, 1864, Museo del Prado.



Pero el marido de Juana, el archiduque Felipe no estaba por la labor de renunciar al poder y en la concordia de Salamanca (1505) se acordó el gobierno conjunto de Felipe, Fernando el Católico y la propia Juana. Todo aquello se reflejaría en la vida de nuestra insólita pareja. En aquella época, encontramos un nuevo acercamiento entre Juana y Felipe, ya no son meros rumores, hay pruebas que comprueban tales especulaciones. Sólo hay que observar que a los nueve meses la nueva reina de Castilla daba a luz a una niña, el 15 de septiembre de 1505, y a la que se pondría el nombre de María. Pero pasados esos días de arrebatos de pasión, debido a las "buenas nuevas políticas", el archiduque volvió a sus andadas, dejando de cumplir con sus deberes conyugales, tan desesperadamente solicitados por la "terrible" Juana.

Debido a las crisis de la archiduquesa, Felipe llegó a encerrarla en su cuarto, de forma que empezó a conocer lo que era una verdadera prisión. Juana como protesta, se recusaba a comer, declarando una huelga de hambre. Sin embargo, su lucha no terminaba así, utilizaba otras armas, como las súplicas, gritos, bastonazos contra la puerta y cartas encendidas de amor a su marido. En ocasiones lograba su objetivo, consiguiendo que Felipe volviese al lecho conyugal. Pero aquella situación no podía prolongarse demasiado. En realidad, Felipe fue distanciándose cada día más, atendiendo a los problemas de Estado, distrayéndose con la caza o aventurándose en nuevas relaciones amorosas. Juana, observando lo que le rodeaba, se hundía en una profunda depresión, se encerraba en un cuarto oscuro sin querer ver a nadie, totalmente abatida.


El 07 de Enero de 1506, la flota flamenca, com los nuevos Reyes de Castilla, embarcó rumbo a España. Dejaron atrás cuatro de sus hijos: Leonor, Carlos, Isabel y María. El otro infante, Fernando, esperaba a sus padres en tierras castellanas. Después de una travesía marítima complicada y arriesgada, permaneciendo en Inglaterra durante tres largos meses, llegaron finalmente el 26 de abril a La Coruña. La llegada de los reyes provocó el definitivo enfrentamiento entre Felipe (apoyado por la nobleza castellana) y Fernando, siendo una de las causas la pretendida locura de Juana esgrimida por el Hermoso para hacerse con la regencia. Fernando abandonó Castilla y dejó libre el camino a su yerno.Felipe fue proclamado entonces Rey de Castilla en las Cortes de Valladolid con el nombre de Felipe I.


Bibliografía:

Fernández Álvarez, Manuel: Juana la Loca, La Cautiva de Tordesillas, Espasa-Calpe, Madrid, 2001.

http://es.wikipedia.org/wiki/Juana_I_de_Castilla

jueves, 26 de febrero de 2009

Juana I de Castilla, "Loca de amor": Segunda Parte



Felipe de Habsburgo y Juana de Trastámara aprox. 1498. Museo d´Art Ancien, Bruselas

Cabrán dudas sobre la inestabilidad mental de Juana no las hay sobre su forteleza física, muy por encima de la media en su tiempo, en cuanto a las esperanzas de vida y frente a los fuertes riesgos que amenazaban entonces a la mujer, a la hora del parto. Su primer alumbramiento fue muy feliz, el segundo fue verdaderamente asombroso. El 24 de febrero de 1500, Juana se hallaba en una fiesta palaciega en el Castillo de Gante, de repente la archiduquesa se encontró de pronto acosada por los dolores propios de una parturienta y apenas le dió tiempo a retirarse de la fiesta, dando a luz sin mayores esfuerzos a su segundo hijo: el futuro emperador Carlos V y I de España. Se cuenta que el niño nació en los lavabos del palacio y que ella mismo le cortó el cordón umbilical. Al año siguiente, el 18 de julio de 1501, en Bruselas, nació su tercera hija, llamada Isabel en honor a su abuela materna, Isabel la Católica.

Muertos sus hermanos Juan (1497) e Isabel (1498), así como el hijo de ésta, el infante portugués Miguel (1500), Juana se convirtió en heredera de Castilla y Aragón, siendo jurada junto a su esposo por las cortes en Toledo el 22 de mayo de 1502. En este momento Juana aporta a su matrimonio algo mucho más sustancioso que una simple suma de escudos de oro. Ahora es la heredera de los reinos de España y está en condiciones de convertir a su marido en uno de los más poderosos hombres de su tiempo. Después de tan ilustre nombramiento, la conducta de Felipe el Hermoso hacía ella fue menos hostil, al menos durante algún tiempo.

Cuando en 1503 su marido, Felipe, se marchó a Flandes a resolver unos asuntos, parece ser que se agravó su estado mental. Por primera vez en su matrimonio, Juana se vió apartada por un plazo largo de su esposo.Decidió entonces partir a Castilla junto a sus padres, especialmente por petición de su madre, preocupada por su estado de salud, pues estaba encinta por cuarta vez. En Bruselas se quedaron sus tres hijos mayores. El 10 de marzo de 1503, en la ciudad de Alcalá de Henares, cerca a Madrid, dio a luz un hijo, al que se llamó Fernando en honor a su abuelo materno, Fernando el Católico.



Juana de Castilla, aprox. 1500

A partir del nacimiento de Fernando clamó por su regreso a los Países Bajos, en busca de Felipe, y sin duda, pensando también en los tres hijos que allí había dejado: Leonor, Carlos y Isabel. Y ante las largas de sus padres, que trataban de mantenerla a su lado en España, entró en una de sus fases más depresivas. Juana tuvo varios arrebatos de rebeldía que disgustaron profundamente a Isabel, la Católica. Sólo parecía importarle su marido.

Finalmente la archiduquesa consiguió lo que tanto deseaba, regresar junto a su amado. En la primavera de 1504, Juana embarca otra vez en Laredo, para ir al encuentro de Felipe y de sus tres hijos, dejando con los abuelos maternos al otro hijo, a Fernando.Al volver a la Corte Borgoñona, Juana tendría que enfrentarse nuevamente a las infidelidades de su esposo. Tal hecho la arrojaría otra vez a la inestabilidad emocional debido a sus enfermizos celos.

Quién pago los platos rotos de aquellas desavenencias conyugales fue la dama favorecida por Felipe el Hermoso, porque Juana de Castilla, perdido el control de sus actos, la atacó violentamente. Hubo insultos, hubo golpes e incluso una agresión tijera en mano, con el resultado de la cara desfigurada. A su vez, Juana sería maltratada por su marido, furioso ante la conducta de su esposa.

Bibliografía:

Fernández Álvarez, Manuel: Juana la Loca, La Cautiva de Tordesillas, Espasa-Calpe, Madrid, 2001.

http://www.cervantesvirtual.com/historia/monarquia/juana.shtml

http://es.wikipedia.org/wiki/Juana_I_de_Castilla

viernes, 13 de febrero de 2009

Juana I de Castilla, "Loca de amor": Primera Parte


Retrato de Juana de Castilla, hecho por Juan de Flandes hacia 1497

Juana I de Castilla, conocida como Juana la Loca ,fue la tercera hija de Fernando II el Católico y de Isabel I la Católica. Nació el 6 de noviembre de 1479 en la antigua capital visigoda de Toledo y fue bautizada con el nombre del santo patrón de su familia, al igual que su hermano mayor, Juan.

Desde pequeña fue muy inteligente, recibió una esmerada educación propia de una infanta e improbable heredera de Castilla basada en la obediencia más que en el gobierno, a diferencia de la exposición pública y las enseñanzas del gobierno requeridos en la instrucción de un príncipe. En el estricto e itinerante ambiente de la Corte Castellana de su época, Juana fue alumna aventajada en comportamiento religioso, urbanidad, buenas maneras y manejo propios de la corte, sin desestimar artes como la danza y la música, entrenamiento como jinete y el conocimiento de lenguas romances propias de la península Ibérica además del francés y latín.

Pronto se manifestó en Juana una vena mística que ella pretendió encauzar haciéndose monja. Pero sus padres tenían otro objetivo para la atractiva Infanta y cuando cumplió 16 años fue concertada su boda con el archiduque Felipe de Austria, hijo de Maximiliano I y María de Borgoña, conocido por el sobrenombre de El Hermoso. El enlace entraba dentro de la política exterior de los Reyes Católicos, que tenía como fin cercar al enemigo reino de Francia. Para ello también casaron a su heredero, el príncipe Juan, con la hermana de Felipe, Margarita de Austria.

Para reunirse con su futuro conyugue, la infanta de Castilla y Aragón embarcó en Laredo(Cantabria) en agosto de 1496 rumbo a unas desconocidas tierras flamencas. Allí habían ido a despedirla su madre, la reina Isabel, y sus hermanos, el príncipe don Juan y las infantas María y Catalina. Tuvo que dejar atrás su apreciada familia, el entorno de su pueblo castellano y la luz de los cielos de España. Durante el trayecto tuvieron alguno que otro contratiempo, que la obligaron a tomar refugio en Portland, Inglaterra, el 31 de agosto. Permanecerian tres días en suelo inglés, donde fue atendida por toda la nobleza de la Isla.

El 02 de septiembre retoman nuevamente el viaje, y finalmente el 08 de septiembre de 1496, la flota alcanza al fin, las costas neerlandesas. Al llegar a aquellas tierras desconocidas, la futura archiduquesa de Austria, duquesa de Borgoña y Brabante y condesa de Flandes, recibe su primera desilusión: su pretendiente no estaba allí para esperarla ansioso y para darle la bienvenida. Juana tardó aproximadamente más de un mes en conocer a su futuro marido. El ambiente de la corte con el que se encontró Juana era radicalmente opuesto al que ella vivió en su Castilla natal. Por un lado, la sobria, religiosa y familiar corte castellana contrastaba con la festiva, desinhibida e individualista corte borgoñona-flamenca. Al fin en Lierre, cuando corría ya el 12 de octubre, se produce el encuentro tan esperado.

¿Como eran físicamente los contrayentes?

Juana tenía unos grandes ojos rasgados, con algo de mistério, dicen que era la hija más bella de los Reyes Católicos. Tenía además un gran parecido físico a su abuela paterna, doña Juana Enríquez, por lo que, embromándola, Isabel llamaba a su hija "mi suegra".

Felipe el Hermoso en sus retratos se presenta como un joven ricamente ataviado, con una larga melena que le cae sobre los hombros, conforme la moda juvenil de la época, un joven de mirada inquisitva y labios sensuales, sólo tenía un año más que su futura esposa, por tanto, las posibilidades que la relación funcionara eran muchas.


Felipe el Hermoso

Entonces ocurrió lo inesperado, una atracción y un ardor incontenible entre los dos. A primera vista se encendió la pasión de los dos jóvenes con tal fogosidad, que no esperaron al casamiento fijado para los dos días después, sino que mandaron traer el primer sacerdote que se encontrara para que les diese la bendición y poder consumar el matrimonio aquella misma tarde.

Pronto quedo Juana embarazada, el 15 de noviembre de 1498, nació una niña a la que se puso el nombre de Leonor.Según la opinión mas extendida, este embarazo fue el detonante para el cambio de actitud experimentado por Felipe, que vuelve a sus devaneos amorosos con las damas de la corte, de ahí los enfrentamientos con su mujer que no aceptaba la infidelidad.Juana se dejaba dominar por los celos y no podría evitar sentirse insegura y abandonada, hasta tal punto que se convirtió en algo enfermizo.

La archiduquesa que tenía tendencia a la melancolía, se agarró de una forma obsesiva en la figura de su marido, de esa forma intentaba olvidarse de todas sus angústia y soledad. Víctima de los celos, la conducta de Juana era cada vez más extraña, se abandonaba en el cuidado de su cuerpo, rehuía del trato de las gentes, incluso descuidaba sus deberes religiosos.


Bibliografía:

Fernández Álvarez, Manuel: Juana la Loca, La Cautiva de Tordesillas, Espasa Calpe, Madrid, 2001.

http://es.wikipedia.org/wiki/Juana_I_de_Castilla

http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/personajes/5671.htm