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miércoles, 14 de mayo de 2014

Descubriendo a Shakespeare: Richard II y la Rebelión del Conde de Essex


La contienda de legitimidades y el teatro como fuente histórica



El teatro era una forma de entretenimiento que se presentaba ante los súbditos de la Era Tudor como una fuente didáctica cuyo objetivo era ofrecer explicaciones sobre la historia reciente de la nación desde el declive del feudalismo y el fin de la larga lucha civil entre las ramas de rivales de la misma familia, Los Lancaster y Los York, descendientes ambos de Richard III, con el trasfondo de las luchas entre Inglaterra y los países limítrofes, Gales, Escocia e Irlanda, la larga contienda con Francia, culminando con el ascenso de la Dinastía Tudor en 1485. 

Durante el proceso de consolidación de poder emprendido por la Dinastía Tudor, cuyo esplendor comenzó a notarse bajo el reinado de Enrique VIII, el cual unió lo político con lo religioso, el género del drama histórico desempeñó un papel importante como catalizador del proyecto cultural de la creación de una nación. Las obras se encuadraban visiblemente en un contexto político del momento histórico de su producción, cuyos objetivos eran crear y perpetuar mitos funcionales dinásticos, así como de recurrir a determinados sucesos y personajes históricos del pasado y explorar las tensiones y preocupaciones de entonces aplicándolas al momento actual. 

Sin embargo, si por una parte era alentado por la propia realeza, cuyo mecenazgo era esencial para la supervivencia de las compañías, el teatro también era una forma de contribuir a conservar el poder establecido, por otra, podríamos decir que propiciaba la aparición de una elemento subversivo.  La contienda entre legitimidades, basada en el derecho legítimo a heredar el trono en contraposición en la apoyada en las dotes de gobierno que poseía el monarca, causó revuelo y por lo tanto constituyó un importante hilo conductor en las obras históricas de Shakespeare. Como ya mencionamos, existía una intencionalidad didáctica en el teatro para instruir al pueblo en la obediencia al soberano y se tiene como ejemplo la obra de Thomas Heywood An Apology for Actors en la que éste afirmaba que las obras se escribían y representaban para enseñar a sus súbditos obediencia a su rey al mostrarles el prematuro final de los que habían provocado insurrecciones y rebeliones.

No obstante, vislumbramos también la perspectiva contraria, asimismo reinante en la época, que enfatizaba el poder del teatro para desmitificar la autoridad establecida e incluso subvertirla.  Richard II de William Shakespeare (escrita aproximadamente en 1595) nos habla justamente de ello, la deposición del mencionado soberano, un monarca legítimo, por su primo Henry Bolingbroke, hijo del ambicioso John of Gaunt, duque de Lancaster, y su posterior asesinato en su encarcelamiento bajo las órdenes del ya rey Henry IV. Se expone ante el público un Richard II débil y despótico, dominado por sus consejeros, que encarnaba el incuestionable poder de la monarquía, como resultado de un derecho divino. Aquello generó un debate moral al rededor del regicidio y ocupa un lugar muy destacado en los tratados históricos más relevantes del siglo XVI, como The Union of the Two Noble and Illustrious Families of Lancaster and York (1542) de Edward Hall y las Chronicles of England, Scotland and Ireland de Raphael Holindshed (1577) en los que Shakespeare se basó documentalmente. Una de las representación más emblemáticas  de dicha obra ocurrió en la víspera de la rebelión del conde de Essex en 1601. Aunque la conspiración fue aplastada y Essex llevado al cadalso, parece ser que la reina Elizabeth I se sintió personalmente aludida. 



Robert Devereux, Segundo Conde de Essex, c. 1599

La rebelión del conde de Essex

Robert Devereaux, conde de Essex (1566-1601), era un caballero galante con fama de conquistador, pero como maquinador fue un completo desastre. Logró con su encanto cautivar a la propia reina Elizabeth, convirtiéndolo en favorito en 1587, el año que substituyó a Robert Dudley como "Master of the Horse". Sin embargo, la soberana, muy cauta como siempre, nunca permitió que llegará más lejos de la cuenta. El propio Francis Bacon escribió al conde de Essex una carta reveladora aconsejándole: "Sois uno de los hombres cuya naturaleza orgullosa no puede someterse a nadie. Vuestra popularidad es inmensa y el ejército está con vos. Ante ello me pregunto: ¿no resulta peligrosa en exceso tal situación para un soberano? Quiero recordaos esto: Su Majestad es una mujer y, además, desconfiada por naturaleza."

 Se ha llegado a sugerir en varias novelas y películas que Elizabeth estaba enamorada del guapo de Essex aunque no tenemos pruebas definitivas que corroboran lo sucedido. De lo que no hay duda es que la reina disfrutaba mucho de su compañía y de los halagos que recibía de su súbdito.

Los últimos años del largo reinado isabelino estuvieron repletos de intrigas al redor del posible sucesor, por el hecho de que no habían herederos directos al trono. Según la ley, no había dudas que el candidato y único descendiente legítimo era Jacobo VI de Escocia. Aquello le costaría varios quebraderos de cabeza a la soberana.


Retrato de Elizabeth y sus súbditos ( fechado entre 1600 y 1603). Obra de Robert Peake the elder 

Essex empezó a meterse en problemas cuando regresó de la campaña irlandesa en septiembre de 1599 sin el permiso de Elizabeth. Fue interrogado por el consejo durante cinco horas y fue declarado que su vuelta de Irlanda se debió a que había desertado y abandonado sus obligaciones. Fue confinado en York House donde se ha barajado la posibilidad que mantenía una estrecha comunicación con Jacobo VI de Escocia. Lo juzgaron el 5 de junio de 1600 dándole la libertad pero ya no disfrutaba del poder ni de las regalías que estaba acostumbrado. 

Robert Devereux ejerció como mecenas en la representación de Richard II en el Teatro Globe el 7 de febrero de 1601. Lo que parecía un evento cuya única finalidad era entretener a la audiencia, ensalzaba indirectamente un mensaje revolucionario. El público presenció la historia del decadente rey Richard, quien perdió su trono y su vida por hacer caso a sus maquiavélicos consejeros. El paralelismo era obvio, la reina Elizabeth era aquel desafortunado monarca; la facción de Robert Cecil los consejeros de Richard II.  En suma, la obra de Shakespeare se consideró como una simbólica amenaza a la reina. 

Al siguiente día tras la representación,  Essex y sus seguidores emprendieron su plan de capturar a la reina Elizabeth, deshacerse del consejo liderado por Cecil y proclamar a Jacobo VI de Escocia rey de Inglaterra. Avanzaron por las calles de Londres esperando que se uniera el pueblo a su causa. Sin embargo, todo fue en vano, su objetivo que tanto había costado materializarse fracasó estrepitosamente al final del día. La reina no se lo podía creer, estaba enormemente devastada y disgustada por semejante traición. El conde de Essex fue declarado traidor y condenado a muerte. Lo decapitaron en la Torre de Londres el 25 de febrero de 1601. 


Bibliografía:

Concha Muñoz, Ángeles de la; Elices Agudo, Juan Francisco; Zamorano Rueda, Ana Isabel. Literatura inglesa hasta el siglo XVII. Madrid: editorial UNED, 2009.

http://www.britainexpress.com/History/tudor/essex-rebellion.htm 

http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Devereux,_II_conde_de_Essex

http://www.elizabethfiles.com/info/elizabeth-is-suitors/robert-devereux/

http://www.rmg.co.uk/explore/sea-and-ships/in-depth/elizabeth/elizabeth's-final-years/the-rise-and-fall-of-the-earl-of-essex 

domingo, 26 de enero de 2014

Jacobo I, el Rey Lear y la Corte


El " Rey Lear" ( The King Lear) de William Shakespeare  fue escrito en un período de la historia en la cual la homosexualidad, o "sodomía" como solía ser llamada en otros tiempos, era considerada una aberración, un  pecado nefando o pecado contra natura, sin embargo era una era en la cual el soberano que regía los destinos de Inglaterra cada día dejaba más claro ante sus súbditos su latente homosexualidad. Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia (1566-1625) vivía alejado de su esposa, Ana de Dinamarca, y de sus propios hijos, un hombre que en sus cincuenta y ocho años de poder tuvo la mayor colección de favoritos que ningún rey haya tenido nunca en dicha nación.

 Jacobo amó a los hombres jóvenes, sus favoritos, más que a las mujeres, con un amor que iba más allá del amor entre un hombre y una mujer. Nunca vi a ningún marido enamorado coquetear de tal manera con su bella esposa como yo lo he visto hacer al rey Jacobo con sus favoritos, especialmente con el duque de Buckingham . Palabras de John Oglander, cortesano del rey Jacobo en Inglaterra, armado caballero en 1615.


George Villiers, El duque de Buckingham (1592-1628) por Rubens.

Y es que, el mismo monarca no podía ser más explícito, no solo abrazaba y besaba constantemente en público a su favorito, al que llamaba "my sweet Steenie", "my son", e incluso algunas veces "my wife". No hay dudas del amor que sentía el rey por el duque pues queda patente en el discurso que Jacobo hizo ante el pleno de su consejo privado en 1617, en el que él mismo se declara enamorado de su favorito:

"Yo Jacobo, no soy ni dios ni ángel, sino un hombre como otro cualquiera. Por lo tanto ya actúo como un hombre, y confieso que amo a todos aquellos que son queridos por mí más que a cualquier otro hombre. Podéis estar seguros de que yo amo al conde Buckingham más que a ningún otro, y más que a vosotros que estáis ahora aquí reunidos. Deseo hablar en mi propio nombre, y no pensar en ello como un defecto, ya que Jesucristo hizo lo mismo, y por lo tanto no puedo ser culpado. Cristo tuvo su Juan y yo tengo a mi George."

La corte de Jacobo estaba llena de "bufones, madamas, mimos y catamitas" que se veían envueltos en un entorno que daba cabida a todo tipo de placeres. La palabra "mimic" (mimo) se asignaba a los actores y "catamitas" un término contemporáneo para llamar a los homosexuales sugiere una posible conexión entre "El Rey Lear" de Shakespeare y la corte del rey inglés, concretamente debido a que la obra fue presentada ante el monarca en la noche de San Esteban de 1606, una festividad que podría ser el momento propicio para dar rienda suelta al libertinaje. 

Los teatros londinenses, a igual que la corte de Jacobo I, era un foco de la cultura homosexual en la Inglaterra de principios del siglo XVII. Los padres estaban temerosos de ver a sus vástagos envueltos en dicha institución por miedo a que pudieran ser "corrompidos". Dado el hecho que el Rey Lear fue representada en la corte y probablemente fue escrita para la ocasión, es posible que la obra se estableciera como un vínculo de conexión entre los dos entornos: el teatro y la corte.  Si efectivamente fuera el caso, entonces podríamos poner en evidencia varios momentos de la obra con un alto contenido homoerótico, con claras alusiones que no pasan desapercibidas a los oídos de los espectadores. Hay un instante que el Bufón de Lear hace hincapié que no se debe nunca confiar "en el amor de un chico". Asimismo, hay otro escena en la cual Kent le dice a Gloucester que "no puedo compreenderte" ("I cannot conceive you") que revela un doble significado pues " to conceive" en inglés se puede interpretar también como "concebir, engendrar hijos".



En la obra no faltan también alusiones concretas a personajes históricos de la época entre ellos podríamos mencionar los dos hijos del rey Jacobo que ostentaban los títulos que Shakespeare otorga  a los yernos del rey Lear. Henry, el primogénito del rey, era el duque de Cornwall y Charles, el segundo, duque de Albany. A igual que Lear, el monarca tenía un bufón, Archie Amstrong, por quien profesaba una gran estima. Desde los tiempos de Enrique VIII no había habido ningún bufón en la corte y lo más seguro es que el nuevo personaje estaría presente en la representación gesticulando y haciendo bromas de acuerdo con los que se esperaba de él. Como Lear, James I disfrutaba de la caza, anteponiéndola a los asuntos del gobierno, y su atención exacerbada hacía sus favoritos y el bullicio, el lujo y el número de cortesanos de su séquito le habían causado problemas con el Parlamento que consideraban excesivo su despilfarro. Las insinuaciones al recorte del tumultuosa corte del rey no pasarían desapercibidas a los ojos de Shakespeare. 


Bibliografía:

Cabañas Agrela, Miguel: Reyes Sodomitas, Monarcas y Favoritos en las cortes del Renacimiento y Barroco, editorial Egales, versión Kindle, 2012.

Concha Muñoz, Ángeles de la; Elices Agudo, Juan Francisco; Zamorano Rueda, Ana Isabel. Literatura inglesa hasta el siglo XVII. Madrid: editorial UNED, 2009.

Ryan, Michael: Literary Theory, A Practical IntroductionBlackwell Publ, 2007.

lunes, 31 de diciembre de 2012

La red de espionaje de Carlos V en Inglaterra




A raíz de "The King's Great Matter", es decir, los intentos de Enrique VIII de Inglaterra por anular su matrimonio con Catalina de Aragón y casarse con Ana Bolena, hizo con que el emperador Carlos V se viera forzado a cambiar su táctica diplomática. Cuando Eustace Chapuys (c.1490-1556), saboyano de nacimiento, llegó a Londres en septiembre de 1529 para suceder en el cargo de embajador residente a Don Iñigo de Mendoza, un puesto que había estado ocupado de manera bastante inestable desde la dimisión forzada de Luis de Praet en 1525, encontró a una aislada y vigilada reina Catalina que dificilmente conseguía mantener una entrevista a solas con el enviado de su sobrino. Chapuys prefería que no lo vieran demasiado por la corte, y, cuando acudía alli, era consciente que recaían mil ojos sobre su figura. El embajador era humanista y amigo de Erasmo cuyo entusiasmo por la causa de la reina le llevaría con frecuencia a ir más allá de sus obligaciones como diplomático. A sus cuarenta años, era un experto en derecho canónico y había sido juez eclesiástico de Saboya, hábil y astuto, que nunca temía decir lo que pensaba. No obstante, mismo que conversaba con soltura en francés, español y latín, su dominio del inglés no estaba a la misma altura.


El embajador Eustace Chapuys


El diplomático percibía que su labor en Inglaterra era de suma importancia para su señor. El deseo de Enrique VIII por divorciarse de la tía de Carlos V había movido los cimientos de Europa y había causado un revuelo internacional que preocupaba sobremanera al emperador. Una de sus primeras medidas diplomáticas fue aumentar el número de personas que trabajaban a su servicio. Contrató a muchos antiguos sirvientes de Catalina: ingleses, galeses y españoles, incluyendo el ujier de la reina llamado Juan de Montoya, un español que llevaba más de veinte años prestando servicio en Inglaterra y que se convirtió en uno de los principales secretarios de Chapuys. Reclutó también a jóvenes de Flandes y Borgoña, insistiendo que aprendieran inglés y, aunque él mismo no acudía muy a menudo a la corte, sin embargo los animaban para que fueran, esperando, probablemente, que su media docena de astutos y agradables caballeros se infiltraran en los círculos de los palacios sin levantar demasiadas sospechas.

Además del propio Montoya, tenía a dos secretarios más que hablaban muy bien inglés, incluso les proporcionaba a cada uno una peculiar red de contactos. Asimismo, tenía un "valet de chambre", un taciturno flamenco que iba con él a todas partes con la excusa de que debido a sus problemas con la gota, necesitaba ir siempre acompañado por si le pasaba algo. Eran de agradecer las habilidades lingüísticas de su sirviente pues en más de una ocasión los oídos del valet fueron esenciales para sus planes. Los consejeros conversaban a destajo sin apenas preocuparse por la presencia de Chapuys y de su ayudante, pues daban por hecho que su nivel de inglés era más bien precario. ¡Qué equivocados estaban!

Chapuys dedicaba parte de su tiempo a su red de espionaje. A partir de 1533, habría contratado unos cinco o seis agentes a tiempo completo que a cambio de unas modestas sumas de dinero le informaban sobre cualquier movimiento que se llevaba a cabo en las posadas de Londres (era sumamente interesante estar al tanto de los extranjeros que se paseaban por la ciudad), quién entraba y salía de la residencia de Thomas Cromwell, o incluso donde se encontraba un heraldo mensajero. Para ello era esencial contar con el apoyo de lacayos, doncellas, chicos de establos que estuvieran dispuestos a romper la lealtad a su señor a cambio de unas monedas.

Los diplomáticos de otras naciones de Europa también estaban bajo su vigilancia. Se sabe que uno de los secretarios de Marillac, el embajador de Francia, proporcionó clandestinamente durante dieciocho meses un set de códigos y transcripciones de cartas del enviado francés. Asimimismo, debemos resaltar el papel que jugaban las doncellas.  Había concretamente una, servidora de Ana Bolena, que mantuvo informada la embajada imperial durante más de un año de todo lo que transcurría en el entorno de la segunda esposa de Enrique VIII.

Los despachos de Chapuys, que son una de las principales fuentes de datos sobre el reinado de Enrique VIII, eran sin duda parciales a favor de Catalina: al referirse a Ana Bolena, hablaba siempre de "la Dama" (eso antes de casarse con el rey) o "la Concubina" (ese último título se lo otorgó cuando ya era reina). La mayor parte de los datos acumulados eran triviales y variados, y muchos de ellos, podemos estar seguros, nunca se incluyeron en los informes oficiales. Sin embargo, una cantidad considerable de esas informaciones que encajaban y servían de utilidad para sus propósitos eran catalogados y guardados como "fuente".

El enviado del emperador también entablaba relaciones con la comunidad de comerciantes españoles de Londres, muchos de los cuales residían allí desde hacía un tiempo. Al contrario de sus predecesores, Chapuys era igual de atento con los comerciantes de los Países Bajos. Le hacía a los flamencos pequeños favores y recibía a cambio noticias valiosas sobre los movimientos de dinero, armas, los agentes ingleses que entraban y salían de Amberes, además de ayudar en transmitir su correspondencia y manejar sus ganancias. Ellos mismos veían a Chapuys como uno de los suyos ya que el embajador provenía de un entorno de mercaderes de clase media. Normalmente iban a la embajada imperial a cenar, contar sus penas, pedir consejos y comentar las últimas noticias y cotilleos.

Chapuys raramente asistía a los actos de la corte, pero cenaba a menudo con los ministros del monarca y tenía numerosos contactos influyentes, además de su ya mencionada red de espías en la casa real. Con el tiempo se convirtió en un foco para los nobles partidarios de la reina Catalina y, siguiendo instrucciones de Carlos V, empleó todos sus recursos para formar con ellos una facción eficaz. El rey se sentía molesto a menudo a causa de Chapuys, sin embargo, por increíble que parezca, simpatizaba sinceramente con él, a veces incluso le hacía confidencias y a menudo le proporcionaba información deliberadamente. El clan Bolena lo odiaba y mientras algunos consejeros le consideraban un embustero y un adulador, probablemente él hubiera dicho lo mismo de ellos.


 Jonathan Rhys Meyers como Enrique VIII and Anthony Brophy como Eustace Chapuys en la serie   "The Tudors (segunda temporada, 2008)



Bibliografía: 

Mattingly, Garrett: Renaissance Diplomacy, Penguin Books, 1964.

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004. 

http://es.wikipedia.org/wiki/Eustace_Chapuys

viernes, 8 de julio de 2011

La lengua inglesa en la Era Enrique VIII (1ª Parte)


Carta del rey Enrique VIII dirigida al cardenal Thomas Wolsey (1518)


La subida al trono de Enrique VII e la instauración de la dinastía Tudor da inicio a la Edad Moderna en Inglaterra, sin embargo el comienzo de la modernidad propiamiente dicha será con el reinado de Enrique VIII (1509-1547).

Durante la Baja Edad Media el país había sido lingüísticamente dispersado y triglósico, dividido en múltiples hablas locales. En 1500, seis lenguas se hablaban en las Islas Británicas: inglés, galés, córnico, gaélico escocés, norn y francés normando. La lengua popular se encontraba marginada al latín o el francés normando en los ambitos de la religión, la justicia, la educación y el gobierno.

Las motivaciones sociopolíticas fueron las que propiciaron que una determinada forma de escribir o hablar se considerara superior a las demás. En el caso de Inglaterra, fueron las circunstancias históricas que hicieron de Londres la capital política, económica y cultural del país las que determinaron el sentido de la estandarización lingüística.

A finales del siglo XIV, gracias al prestigio de las obras de Geoffrey Chaucer y John Gower, el habla de la capital comenzó a ser objeto de imitación en todo el país hacia 1430, cuando la Cancillería Real se inclinó por el uso de la lengua vulgar en sus documentos. La posterior instauración de las imprentas inglesas en el área de Westminster-Londres estableció definitivamente a la variedad londinense como modelo nacional.

Tanto la Cancillería Real como las imprentas inglesas se consideraban más relevantes que el sistema educativo. Por interés político o pragmático comercial, una u otra daban prioridad en su producción escrita a la gran mayoría del pueblo que no sabían latín, y que, aún cuando fuese analfabeta en su propio idioma, podían al menos entender aquellos que leían en voz alta los documentos oficiales o los textos impresos. Por lo tanto, eran las dos instituciones con mayor capacidad de influencia a nivel nacional.

No obstante, a finales del siglo XV el carácter estándar de la lengua de Londres no había sido todavía conscientemente asumido por los ingleses. Al mismo tiempo, lo más innovador durante el reinado de Enrique VIII fue la propagación de la actitud unificadora del lenguaje hablado y el reconocimiento rotundo de la existencia de una variedad supradialectal prestigiosa.

Un buen ejemplo de ello son los educadores. Thomas Elyot aconseja en su The Gouernour (1531),dedicado a Enrique VIII, "que se seleccione cuidadosamente a las damas que cuidan de los niños de la nobleza, con el proposito de que, si no hablan buen latín al menos que se expresen en un inglés limpio, educado y perfectamente pronunciado, sin omitir ninguna letra o sílaba". El libro de Elyot se trata de un tratado de filosofía moral que intentaba servir como guía para educar a los destinados a ocupar puestos de alto rango en la corte , y para inculcar los principios morales que les podrían ayudar a desempeñar sus funciones.




Sir Thomas Elyot (1490-1546) fue diplomata, miembro del Parlamento, escritor humanista y amigo de Sir Thomas Moro.

Un caso curioso e ilustrativo de la situación que Elyot hace mención es el de Lady Margaret Bryan (c.1468-c-1551/52) (neé Bourchier), el aya de los hijos de Enrique VIII: María, Elizabeth y Edward. Entre la correspondencia recibida por Cromwell hallamos una misiva escrita en 1536 por Lady Bryan a cuyo cuidado se encontraba la princesa Elizabeth. El texto de la carta está lleno de rasgos vulgares o dialectales: Pronunciar o escribir por aquellas fechas et "it", har "her", ene "any", sych "such", bot "but", myche "much", owen "own", wel "will", lordischep / lordsychep "lordship", joge "judge", etc., era propio de personas poco instruidas y provincianas.


Según Thomas Moro, más de la mitad de los ingleses no sabía leer. Además, el número de los que sabían escribir era probablemente menor, pues en aquella época tales destrezas no iban a la par como hoy en día. El aprendizaje de la escritura, mediante la práctica de uno o más estilos caligráficos, era un paso posterior que no todos daban o daban sólo imperfectamente. Asimismo cabe mencionar que se puede apreciar cierto incremento en el porcentaje de personas alfabetizadas en comparación con el período bajomedieval tardío.

Los grandes nobles tendían a considerar el ejercicio de la escritura como un oficio impropio de su rango, por el que pagaban a secretarios y amanuenses (escribiente, persona que se dedica profesionalmente a escribir a mano, al dictado o copiando). El semianalfabetismo de Edmund de la Pole, conde de Suffolk (1471/72-1513) y frustrado pretendiente al trono de Inglaterra no era probablemente excepcional. A principios del siglo XVI los nobles ingleses pasaban por ser los más incultos de Europa.

Los estudios académicos siguieron volcados hacía el aprendizaje de la lengua latina. Los humanistas la apoyaron considerablemente, además de tratar de equilibrar la formación lingüística mediante ejercicios como el de la doble traducción; que fomentaba el estudio comparado de las lenguas latina (o griega) e inglesa.




El Nuevo Testamento de William Tyndale (1526) se convirtió en la base para posteriores traducciones al inglés. Trabajos con éste propiciaron a que la lengua vernácula se extendiera y consolidara por todo el reino.


Continuará...



Bibliografía:


Onega, Susana. Ed. Estudios literarios ingleses. Renacimiento y Barroco. Madrid: Cátedra, 1986.

Cunliffe, Barry: The Penguin illustrated history of Britain & Ireland: From earliest times to the present day, Penguin, 2004.

http://www.luminarium.org/renlit/henrytowolsey.htm

http://www.bl.uk/onlinegallery/sacredtexts/tyndale_lg.html


http://en.wikipedia.org/wiki/Thomas_Elyot


domingo, 20 de junio de 2010

Las mascaradas en el reinado de Jacobo I de Inglaterra

El género de la mascarada es de origen italiano. Llegó a Inglaterra en el reinado de Enrique VIII y se conservó con escasas variantes hasta el cierre de los teatros, al estallar la Guerra Civil entre el Parlamento y la Corona en 1642. Después de la muerte de la reina Elizabeth en 1603, Jacobo I (1566-1625) y Ana de Dinamarca (1574-1619) ascendieran al trono de Inglaterra e instauraron la mascarada como el entretenimiento cortesano por excelencia, elevando la recién llegada dinastía Estuardo como la personificación de la perfección.



Retrato del rey Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia


¿Qué es una mascarada?

La mascarada fue un espectáculo exclusivamente cortesano en el que destacaban la coreografía, vinculado en torno a una alegoría de la relación entre el soberano y sus súbditos o de un éxito político o algún acontecimiento relevante para la monarquía o alguno de sus miembros. En este tipo de eventos se vislumbraban fastuosos despliegues de efectos especiales y la inclusión de la música, danzas, cantos, buscando un impacto sensorial que prevalecía indudablemente sobre el lenguaje. Se escribian por encargo de la corte con ocasión de algún festejo o una celebración específica y su intención primordial era la de alabar las conquistas y los logros de su monarca.

La celebración empezaba cuando los miembros de la obra entraban al salón del festejo acompañados de músicos y de pajes con antorchas. Como ya hemos mencionado, el espectáculo incluía danzas, cantos, y pasajes poéticos recitados, éstos a cargo ya de actores profesionales. Culminaba con la invitación a los espectadores presentes a unirse al baile, y el espectáculo concluía con un banquete.

Los responsables por esa notable celebración y muchas otras más fueron Ben Jonson, uno de los autores más prolíficos del género, e Inigo Jones. Jonson escribía las obras y Jones diseñaba los decorados, los disfraces y los efectos especiales. Cabe destacar trabajaron juntos más de veinte años en los cuales la rivalidad entre ambos se hacía cada vez más intensa.



Ben Jonson


Asimismo, llama bastante la atención que permitieran a las mujeres participar en esa clase de eventos; en el teatro, por ejemplo, su presencia era inconcebible. De hecho, la reina Ana, esposa de Jacobo I, ejerció una papel fundamental planeando los espectáculos y encarnado a diversos personajes junto algunas de sus damas. Normalmente se representaban una única vez, la mayoría de la veces el día de la Epifanía, es decir, el 06 de enero, Día de Reyes. Sin embargo, eventualmente también solían escenificarse durante alguna boda o celebración especial.


La reina Ana de Dinamarca, esposa del rey Jacobo I de Inglaterra


"The Mask of Blackness"

En la festividad de la Epifanía en 1605 se representó The Masque of Blackness en el palacio de Whitehall. La reina y sus damas aparecían exóticamente disfrazadas de africanas, con los rostros pintados de negro. El tema de la representación no era otro que el anhelo de las princesas africanas de convertir el color negro de su piel por la blancura que sólo podrían lograr en Britannia bajo los benéficos rayos del sol que la envolvía. Esta mascarada reivindicaba la superioridad cultural de los ingleses sobre los pueblos no europeos y celebraba además el poder patriarcal del rey Jacobo, el "Rey Sol" de Britania, quién se le había concedido la potestad de convertir la tez negra de las damas en blanca. Tres años después se representaría una secuela, The Masque of Beauty, en la cual las cortesanas ya se habían liberado del color negro de su piel.


Daughter of Niger, personaje "The Masque of Blackness"



Interior del Banqueting House, Whitehall, obra de Inigo Jones, donde se llevaron a cabo muchas de las Mascaradas.


El propósito de la mascarada tenía como finalidad la presentación del triunfo de una virtud, por oposición al mundo de la realidad, con los cortesanos como actores y representantes de un universo ideal, inexistente, que se proponía como modelo a alcanzar. La ironía residía en el doble juego de la fantasía y realidad. Dos mundos conviven en la mascarada, el virtuoso de lo que se representa y el corrupto entorno de la corte.

Bibliografía:

Concha Muñoz, Ángeles de la; Elices Agudo, Juan Francisco; Zamorano Rueda, Ana Isabel. Literatura inglesa hasta el siglo XVII. Madrid: editorial UNED, 2009.

Greenblatt, Stephen. The Norton Anthology of English Literature Vol. 1 - The Middle Ages through the Restoration and the Eighteenth Century. W. W. Norton & Company Inc., 2006.

jueves, 11 de marzo de 2010

El amor cortés en el reinado de Enrique VIII


El culto a la caballería y al amor cortés, que imperaban en la vida de la corte de aquella época, frequentemente frenaban las pasiones que podían florecer en el ambiente sofocante de la corte. La lectura predilecta de los miembros de la nobleza eran las obras de caballería y los romances, que se habían extendido desde la invención de la imprenta.

El propio Enrique VIII aun siendo un típico príncipe del Renacimiento, estaba comprometido apasionandamente con los principios del código caballeresco medieval, y esperaba que sus cortesanos también lo estuvieran. Las leyendas del rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda le fascinaban, aunque hasta la Reforma no empleó su imaginaria ascendencia artúrica para justificar su definición de Inglaterra como imperio. La visión que Enrique tenía de sí mismo como caballero andante surtió un efecto profundo en su forma de tratar a las damas.

Desde el siglo XII, el arte del amor cortés había sido esencial para la interacción social entre los hombres y las mujeres de alta alcurnia. A un caballero le estaba permitido cortejar a una dama que acostumbraba a ser superior a él desde el punto de vista social y tal vez casada, en teoría inaccesible. En este complejo juego de galanteo, la dama era el ama y el caballero el fiel sirviente, sin embargo no existía ninguna relación física. El caballero llevaba el favor de la dama en el torneo, componía versos en su honor, le ofrecía obsequios infundados de significado simbólico o entablaba conversaciones llenas de ingeniosas insinuaciones.


Los juegos de palabras entre los amantes también eran muy populares en la corte de los Tudor, y cada miembro de la pareja adoptaba cifras compuestas por iniciales. Cuando Enrique VIII escribía apasionadas cartas de amor a Ana Bolena, a menudo remataba su misiva con un cifra, encerrando las iniciales de Ana en un corazón.



Los juegos cortesanos como, por ejemplo, la gallina ciega, el rescate, el volante y decir la buenaventura poseían un código oculto propio en el juego del amor cortés, al tiempo que el amor mismo era un asunto corriente en las diversiones, la poesía y las canciones de la corte; cada año en la víspera de San Valentín, todas las damas del palacio organizaban una rifa con el propósito de escoger pareja para el día siguiente y el elegido tenía que obsequiar a su dama con un regalo. El enamoramiento estaba de moda, no obstante quedaba muy lejos de las realidadades del mercado matrimonial.


Bibliografía:

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.


Si deseáis profundizar más sobre este tema, les recomiendo que visitéis el blog de María Tudor. En este interesantísimo artículo María nos expone detalladamente las claves del amor cortés.

jueves, 4 de marzo de 2010

Catalina de Aragón y su mono

Se cuenta que Catalina de Aragón tenía como animal de compañía un mono. Este bichito, traído desde las colonias españolas en América, era bastante exótico para una corte real de aquella época. Únicamente la nobleza podría permitirse el lujo de incorporarlos a su colección de animales salvajes, de modo que se convirtieron en símbolos de la realeza. Tanto era el aprecio que le profesaba la reina de Inglaterra que decidió retratarse con él.


El mono y el bufón

Este mono se cree que era compañero de juegos de Will Somers, el más famoso bufón de la corte. Will Somers entró a servicio de Enrique VIII en 1525 y fue el más conocido de sus bufones. Delgado y "de ojos hundidos", además de encorvado, se dice este comediante nacido en Shropsdhire llamó la atención de Richard Fermour, mercader de Calais, que lo llevó a Greenwich para presentárselo al rey. El perverso sentido del humor de Somers conquitó inmediatamente al monarca, que le ofreció un puesto en la corte. Entre los dos hombres nació una empatía instantánea y la gente no tardaría en decir que "en toda la corte pocos hombres eran más queridos que este bufón", que durante los siguientes veinte años dominaría al rey con su alegre cháchara y sería su compañero constante en las horas de ocio.

Somers era muy solicitado. Provocaba ataques de risa al monarca y los cortesanos, luego, con su mono sobre el hombro (podemos apreciarlo en el cuadro), andaba con afectación por la estancia mientras ponía los ojos en blanco. El mono hacía trucos y Somers contaba chistes y él mismo reía sin poder dominarse cuando llegaba el final del chiste, o imitaba sin piedad a quienes eran el objetivo de sus bromas. Sin embargo, Somers nunca trato de sacar partido de su amistad con Enrique VIII, tenía por norma permanecer en un segundo plano cuando no actuaba y velaba por su privacidad.

*Ilustración: El bufón Will Somers y el mono (fragmento de cuadro "La familia de Enrique VIII" pintado en 1545). Autor desconocido.

La iconografía del mono en el arte renacentista

Los monos en el arte renacentista normalmente simbolizaban frivolidad y aportaban una cierta alegría al cuadro. Pero los simios también solían representar los instintos sexuales. ¿Pero cómo una reina podría controlarlos? Volquemos nuestro interés en el cuadro a continuación. En este retrato de Catalina de Aragón de 1525, obra de Lucas Horenbout, vislumbramos este sentimiento de opresión a través de la cadena que sujeta al mono. Durante el siglo XVI, se creía que las mujeres poseían menos control sobre su sexualidad y eran más propensas al pecado de la lujúria que los hombres. Esa supuesta falta de dominio les hacían más débiles que ellos , por lo tanto la única manera de domar esos instintos era a través del matrimonio. La cadena representa que la soberana debe ante todo reprimirlos y mantener delante de sus súbditos una imagen pulcra y de total submisión hacía el monarca.


Miniatura de Catalina de Aragón, aprox. 1525-26. Obra de Lucas Horenbout

Posteriormente, se volvió a pintar un retrato de Catalina en 1530/31 muy similiar al de Lucas Horenbout, si bien que en esta obra encontramos algún detalle significativo que se ve alterado. Fijaros, por ejemplo, que Catalina le ofrece una moneda al mono y éste a su vez la rechaza. Finalmente, el animal opta por tocar un crucifijo que la reina tiene junto a su pecho. En este supuesto la interpretación es sencilla: el mono expresa su obediencia a la Iglesia Católica, reconociendo que la cruz es más valiosa que el dinero.

Ahora nos surge otra incógnita: ¿Es posible que el mono represente a Enrique VIII? Según Carlyn Beccia, el artista podría intentar transmitir el siguiente mensaje, " Enrique eres un mono tonto por ir en contra de la Iglesia Católica" o quizás el mono simboliza Ana Bolena y el autor pregona a los cuatro vientos que ella "es una tonta por jugar con la religión. Y por ello te pareces a una mona".


Catalina de Aragón, cuadro de 1530/31. Artista desconocido



Si encontráis algún otro detalle significativo, no dudeís en hacer vuestra aportación.

Bibliografía:

http://blog.raucousroyals.com/2009/02/passionate-love-monkeys_16.html


http://blog.raucousroyals.com/2008/09/royal-monkey-business.html


http://www.historicalportraits.com/InternalMain.asp?ItemID=32

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.

domingo, 16 de agosto de 2009

Bailando con Los Tudor

El baile era un pasatiempo popular en la corte en tiempos de los Tudor, además a la nobleza les encantaba porque favorecía una de las pocas oportunidades de disfrutar del contacto físico en un entorno social. Sin embargo, un español opinó que los ingleses "no tenían gracia" y que sus danzas "consisten sencillamente en saltar y trotar". Saber bailar era, no obstante, una habilidad esencial tanto para los hombres como para las mujeres de buena familia, y Enrique VII se había asegurado de que todos sus hijos se les enseñara bien.


Los tipos de baile que gustaban en los palacios eran muchos y variados. Las "branles" o "grescas" eran danzas en corro de origen campesino que había adoptado la aristocracia y se habían hecho especialmente populares en Inglaterra. La danza "baja" se llamaba así porque los pies se deslizaban lentamente por el suelo, sin apenas levantarse de él. Sir Thomas Elyot habla de "bargenettes y turgions", que, al parecer, eran compases muy animados.


Las más majestuosa de todas las danzas era la pavana, que procedía de Italia, su ritmo lento era especialmente apropiado para las ocasiones ceremoniales en que los bailarines se movían con dificultad por culpa de las pesadas vestiduras y las largas colas de los vestidos. El passamezzo era una versión rápida de la pavana y con frecuencia iba seguido del saltarello, forma primitiva de la alegre y airosa gallarda que se hizo popular en la época de la reina Elizabeth I.

Enrique VIII era un bailarín experto y entusiasta. A los diez años de edad, en la boda de su hermano Arturo, bailó enérgicamente con su hermana Margarita, y los espectadores presenciaron fascinados cómo se despojaba de su capa y retozaba vestido con su jubón y sus calzas. Cuando era joven, el rey "se ejercitaba a diario en la danza", en la cual, según escribió el embajador milanés en 1515, "hace maravillas y salta como un ciervo". También se dijo que "se lucía divinamente" en la pista de baile, comentó con admiración un veneciano.

A Catalina de Aragón también le gustaba la danza, y a menudo bailaba con sus damas en la intimidad de su cámara, pero en sus primeros años como reina con frecuencia estaba embarazada, por lo que la pareja habitual de Enrique era su hermana María, cuyo "porte en la danza es tan agradable como quepa desear".




En este cuadro se ven danzando tres parejas: Enrique VIII con Ana Bolena, Margarita de Escocia con Archibald Douglas y María Tudor con Charles Brandon. Todos van ataviados con un vestuario de estilo italiano.


La gallarda fue el baile favorito de la "Reina Virgen". Como prueba de que era un baile vigoroso, puede recordarse un informe de John Stanhope, cuando la reina promediaba sus cincuenta años:

"La Reina está tan bien como se lo aseguro...sus ejercicios habituales son seis o siete gallardas en un día, además de tocar música y cantar".

Además de usarse como danza completa, los pasos de gallarda se usaron además dentro de otras formas de baile. Por ejemplo , en el manual de danza de Fabritio Caroso (Italia, Siglo XVI), y en el de Cesare Negri, las danzas desarrolladas incluían una sección de "gallarda" .

Un paso especial que se usaba durante la gallarda era denominado "la volta" , un acercamiento cerrado e íntimo con la pareja, con la dama elevada por el aire y ambos rotando 270 grados dentro de un período de seis tiempos. La volta fue considerada muy escandalosa, y muchos maestros de baile consultaban antes de obligar a realizarla.


Robert Dudley bailando con Elizabeth (1580)


Se observa que las danzas del siglo XVI eran menos estilizadas que las de siglos posteriores, y dejaban espacio para la improvisación; gran número de ellas eran muy enérgicas, con muchos correr y mucho saltar, y en algunas -tales como la ronde-los danzarines cantaban. Aunque todas las danzas cortesanas empezaban y terminaban de modo protocolario con una reverencia, los caballeros inclinándose y las damas doblando las rodillas ante el rey y la reina.


A continuación os muestro algunas danzas típicas del Renacimiento:


















Os pongo también un video que os enseña paso a paso como bailarlas:



Bibliografía:

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.

http://en.wikipedia.org/wiki/Galliard

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Los Tudor y la Navidad: "Alimentos y Banquetes"



El pavo se introdujo por primera vez en Gran Bretaña en 1523, siendo Enrique VIII uno de los primeros en comerlo como parte de los festejos de Navidad. La popularidad de este ave creció rápidamente, y pronto, cada año, las grandes manadas de pavos podrían ser vistos caminando hasta Londres desde Norfolk, Cambridgeshire y Suffolk(donde se criaban y cebaban), llegando justo a tiempo para la cena navideña.
Como curiosidad, se convirtió en una tradición quitar la piel del pavo en primer lugar, a continuación cocinarlo, y por último, colocar el asado de nuevo en su piel original junto a una mesa principal de presentación.


La tarta típica de los Tudor para Navidad fue realmente un espectáculo para la vista, pero sería imposible que un vegetariano pudiera disfrutarla.El contenido de este plato consistía en una paloma dentro de una perdiz dentro de un pollo dentro de un ganso en un pavo, que era luego puesto en una masa,rodeado y servido con liebre, pequeñas aves de caza silvestres y aves de corral. ¡¡Cómo acabarían aquellos estomagos...!!


La tarta Tudor


En 1588, Elizabeth I ordenó que todo el mundo debería tener ganso para su cena de Navidad, ya que fue la primera comida que había después de la victoria de la Armada española y se creía que este gesto sería un digno homenaje a los marineros ingleses que lucharon frente a los españoles. Sin embargo, no se sabe cuántos pobres podrían llevar a cabo este fin, ya que el ganso seguía siendo un lujo caro y previlegio de pocos.


Los pasteles de carne picada y frutas (Mince Pies) también formaban parte de los festejos navideños.Se incluían trece ingredientes, que representaban a Cristo y sus apóstoles, por lo general, frutos secos, especias y, por supuesto, un poco de carne picada de cordero,en recuerdo de los pastores.


Mince Pies


Para bajar toda esa comida, existía una bebida llamada Wassail. La palabra "Wassail" se deriva de la anglosajona "Waes-hael ', que significa "tener buena salud ". El cuenco, hecho de madera, contenía un ponche de cerveza caliente mezclado con azúcar, especias y por último manzanas. Esta bebida se solía compartir con amigos y vecinos.Como parte de la ceremonia, una corteza de pan se colocaba en la parte inferior del cueco Wassail y luego como cualquier celebración actual, se hacía un brindis.

Fuentes Bibliográficas:

http://www.localhistories.org/tudorxmas.html

http://www.historylearningsite.co.uk/tudor_christmas.htm

tudorswiki.sho.com/page/The+Tudors+&+Christmas

www.historic-uk.com/HistoryUK/England-History/TudorChristmas.htm

lunes, 27 de octubre de 2008

La vida de las mujeres en la Inglaterra Tudor: 2ª parte "Los esponsales"



Los maridos de las damas de alta cuna eran elegidos por sus padres o otros parientes varones de la familia. Muy pocos hombres y mujeres tenían el previlegio de escoger sus propias parejas.

Los matrimonios eran concertados por razones políticas, para cimentar alianzas, unir riquezas, por tierras, status y para forjar lazos entre las dos familias. La idea de casarse por amor era considerada absurda y extraña.

Las bodas reales eran contratadas en vistas de las ventajas políticas, militares y comerciales. A veces sucedía que la pareja jamás se había visto hasta el mismo día de contraer matrimonio.

Los monarcas concertaban matrimonios con princesas de otras naciones para engrandecer sus poderes. Pero no siempre predominaban los intereses, a veces el amor rompía barreras. En el caso de Eduardo IV casado con Elizabeth Woodville, una plebeya, por amor, el escándalo se propagó por toda Europa. Ya cuando su nieto Enrique VIII contrajo matrimonio con cuatro mujeres que no eran de sangre real, semejante hecho pasó casi desapercibido. Lo que llamó más la atención es que Enrique se casó con la mayor parte de sus esposas por amor, totalmente fuera de las normas. Se podría decir, que de cierta forma había razones políticas en medio de tales uniones. Dentro de la corte existían diversas facciones que intentaban beneficiarse a través de los matrimonios de su monarca.

Normalmente las negociaciones para los matrimonios reales tardaban a menudo muchos años hasta que se finalizaban. Por lo general, comenzaban durante la infancia de uno o ambos contrayentes. El cortejo real consistía en cartas formales con declaraciones de amor, regalos simbólicos, generalmente joyas.

En la mayoria de los casos, debido a la gran distancia que los separaba, era imposible conocerse antes de casarse. Los reyes tenían que basarse en las descripciones de los embajadores y retratos pintados. A veces les causaba alguna que otra desilusión, como es el conocido caso de Ana de Clèves, 4ª esposa de Enrique VIII. Cuando el monarca vió su retrato le encantó, pero al conocerla en persona no fue de su agrado.

No existía una edad legal para los esponsales. El matrimonio entre niños no era algo desconocido. Fue el caso de Ricardo de Shrewsbury, duque de York (hijo de Eduardo IV) que a la corta edad de 4 años se casó con Ana de Mowbray de cinco.La edad habitual era catorce años. Nadie cuestionaba la procreción en tan temprana edad, ya que las expectativas de vida de una mujer en aquellos tiempos era alrededor de treinta años.

Matrimonios reales entre dos países fueron llamados precontratos y los términos y condiciones eran establecidos en un tratado formal. Los precontratos para el resto de la nobleza podrían ser escritos o verbales y ante testigos.La dote solía ser siempre lo más relevante. Podrían ser tierras, dinero, joyas, artículos de uso doméstico, o una combinación de todos ellos.El precontrato contenía una cláusula que anunciaba los términos y derechos de la novia, la cantidad resuelta por su marido o su padre para los gastos de subsistencia en caso de viudez.

La probabilidades de un buen matrimonio para una mujer dependía más de la riqueza y la posición social de su familia que en su belleza o logros (aunque tener digna apariencia y un comportamiento agradable nunca dejaban de ayudar!!).


Fuentes Bibliográficas:

tudors.crispen.org/tudor_women/

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones B (Grupo Zeta), Barcelona, 2007.

martes, 14 de octubre de 2008

La vida de la mujeres en la Inglaterra Tudor,1ª Parte "La Educación"


En la Inglaterra Tudor, como en muchas otras culturas, se consideraba la mujer como un ser inferior al hombre. Tanto hombres como mujeres creían en tal afirmación y según la Iglesia asi lo había ordenado Dios.

Mismo con la llegada de la Reforma no significó ningún cambio en la manera de pensar. El líder protestante John Knox escribió en una ocasión: "Las mujeres en su mayor perfección nacieron para servir y obedecer al hombre", incluso si recordáis era el conocido lema de la tercera esposa de Enrique VIII, Jane Seymour("Obligada a obedecer y servir").

Desde su nacimiento, se les transmitia que su deber como buena hija era obedecer a su padre sobre todas las cosas. Incluso tíos, hermanos mayores y los hombres amigos de la familia podía esperar obediencia instantánea de las niñas.

A la mayoría de las mujeres se les enseñaba el arte de ser una esposa ideal, como por ejemplo: gestionar un hogar, bordar y coser,elaborar remedios caseros, preparar la comida, y sus deberes ante su futuro marido.

En la primera mitad del siglo XVI, la mayor parte de las personas no creían en la educación femenina. Pensaban que enseñarles a leer y a escribir era una perdida de tiempo. Temían que pasaran los días entreteniéndose con cartas de amor.

Como era de esperar, la educación era un previlégio de las damas de alta cuna.Sus padres o cabezas de familia eran los responsables de contratar los tutores, normalmente clérigos, cuya misión principal era transmitirles los dogmas religiosos.
También eran de suma importancia las artes musicales y los idiomas clásicos como el latín y griego, además del español, francés e italiano.

Únicamente cuatro de las seis esposas de Enrique VIII recibieron una educación formal:Catalina de Aragón, Ana Bolena, Ana de Cleves y Catalina Parr. Jane Seymour y Catalina Howard apenas estaban alfabetizadas. Catalina de Aragón se consideraba una dama virtuosa, destancando su perfecto Latín. Ana Bolena se hizo conocida por su talento musical y por su facilidad para comunicarse en francés. Elizabeth I(La reina virgen) recibió una notable educación y según se cuenta, era aficcionada a la lectura.


Fuentes Bibliográficas:

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones B (Grupo Zeta), Barcelona, 2007.

tudors.crispen.org/tudor_women/

www.localhistories.org/women.html

www.historylearningsite.co.uk/women_in_tudor_england.htm

domingo, 20 de abril de 2008

"La vida cotidiana en la época de Los Tudor"

Holaa!! Os pongo un video de como era la vida cotidiana en la época de Los Tudor!! Creéme, en realidad no era tan bonita y glamurosa como pensábamos!!Pobres subditos!! Saludos a todos!!



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