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sábado, 21 de noviembre de 2009

Tercera carta de amor de Enrique VIII a Ana Bolena

Cuando el brote de sudores asoló Inglaterra en el verano de 1528, Enrique VIII no podía ocultar su constante inquietud por el bienestar de su estimada dama. El rey perdió a uno de sus grandes amigos, William Compton, y María Bolena a su complaciente marido, William Carey. Sólo en Londres fueron cuarenta mil personas afectadas por la enfermedad. Enrique se sintió alarmado ante la idea que Ana Bolena pudiera haberse contagiado e inmediatamente le escribió para aliviar su angustiosa intranquilidad:

Yo os suplico, amada mía, que no os asustéis ni os dejéis inquietar por nuestra ausencia. Sabéis que dondequiera que yo esté sigo siendo vuestro; pero no tenemos más remedio que someternos, a veces, a las circunstancias, y los que luchan contra el destino se ven siempre alejados del bien que desean, por lo que os ruego que hagáis los posible por hallar consuelo y valor preocupándoos lo menos posible por esta desgracia, pues espero que antes de que pase mucho tiempo podremos "chanter le renvoye".
Sin más por el momento, pues me falta tiempo, si no es para deciros que querría teneros entre mis brazos.

Entonces Enrique recibe la noticia que más temía, su querida Ana había sucumbido al "mal del sudor", aunque de una forma muy leve. Le vuelve a escribir a su enamorada:

De pronto, una noche, llegóme la noticia más terrible que es posible imaginar. Y espero veros muy pronto. Con ello recibiré la satisfacción más grande que podría ofrecerme la vida.

Las plegarias de Enrique serían escuchadas, Ana no tardaría mucho en recuperarse y pronto la pareja volvería a reunirse.




Enrique VIII y Ana Bolena, cuadro de Arthur Hopkins (1848-1930)



Bibliografía:


Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Editorial Juventud S.A., Barcelona, 1975.


martes, 17 de noviembre de 2009

Segunda carta de amor de Enrique VIII a Ana Bolena



Al recibir una de las apasionadas carta del rey, Ana Bolena se decidió a escribirle asegurándole que él, solo él, poseería su corazón en el momento que quedase totalmente libre. Era, a la vez que una carta de amor, una contestación al regio ultimatúm, y con el objetivo de subrayar sus palabras dándoles más expresión, envió también una prenda de su afecto.Toda las dudas que había sufrido quedaban derrotadas por la absoluta certeza de que Ana no pertenecía a Thomas Wyatt ni a ningún otro hombre y que muy pronto llegaría a ser suya. Enrique VIII explotó de júbilo en su respuesta:


"Os doy las gracias de todo corazón por un presente de tan alto valor que ninguna otra cosa podría igualarlo, no sólo por el valioso diamante y la nave en la que se mece la solitaria doncella, sino muy principalmente por el significado que encierra y la humilde sumisión que supone vuestra bondad hacia mí.

“Creo que me sería muy difícil hallar ocasión para merecerlo si no me asistiera en tal empeño vuestra bondad y favor, los que deseo obtener y preservar por todos los medios a mi alcance; tal es mi firme intención y esperanza según el lema aut illic aut nullibi.

Las demostraciones de vuestro afecto son de tal categoría, y los elevados pensamientos de vuestra carta hállanse tan cordialmente expresados, que me obligan a honraros, amaros y serviros sinceramente y para siempre, rogándoos que continuéis firme en el mismo propósito y asegurándoos que, por lo que a mí incumbe, no sólo he de corresponderos debidamente, sino rebasaros en lealtad de corazón, si ello fuera posible.

Igualmente deseo que, si alguna vez con anterioridad a esta fecha os hubiera de algún modo ofendido, me dierais la misma absolución que de mí solicitáis, asegurándoos que, de aquí en adelante, mi corazón sólo a vos estará dedicado. ¡Ojala pudiera también estarlo mi cuerpo todo! Y así será, queriéndolo Dios, a quien he de rogar diariamente con tal objeto, en la esperanza de que mis plegarias serán al fin escuchadas.

Deseando que el tiempo que haya de transcurrir sea escaso, aunque a mí ha de parecerme largo con exceso.

Escrito de mano del secretario que de alma, cuerpo y voluntad es

Vuestro leal y más seguro servidor

H busca A.B. ningún otro Rey.

(H seeks A.B. no other Rex).

A continuación os pongo un video donde podéis apreciar fragmentos de las cartas que Enrique escribió a Ana Bolena. La fecha exacta de cuando fueran redactadas estas correspondencias es desconocida, no obstante los historiadores estiman que fue entre 1527 y 1528. El monarca escribió nada más y nada menos que 17 cartas a su dama.


http://www.youtube.com/watch?v=pq_qK_FXnhQ


Bibliografía:

Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Editorial Juventud S.A., Barcelona, 1975.

lunes, 2 de marzo de 2009

Carta de amor de la Reina Catalina Howard a Thomas Culpeper



Esta es una única carta que se conserva atribuída a Catalina Howard, quinta esposa de Enrique VIII.Fue escrita en la primavera de 1541 a su supuesto amante, Thomas Culpeper, ocho meses después de haber contraído matrimonio con en monarca inglés. La joven Catalina estaba profundamente enamorada de ese distinguido caballero. Lady Jane Bolena (viuda de Jorge Bolena) deseosa de halagar y distraer a su señora, no tuvo reparos en proporcionar a la reina ocasión de entrar en unas relaciones para las que su corazón se hallaba muy dispuesto. La dama de compañía, aprovechando su natural aptitud para el alcahueteo, se dedicó a preparar entrevistas para la enamorada pareja. El ambicioso Culpeper, objeto de aquella regía adoración, no se dejó convencer en un principio; pero al fin triunfó el cariño que él también sentía por Catalina. Las entrevistas celebradas fueron de una intensidad y un nerviosismo extremos .

Después de la caída en desgracia de Catalina, Culpeper fue uno de los hombres acusados de cometer adulterio con la reina. Aquello era considerado traición, y Culpeper fue ejecutado (junto a Francis Dereham, que fue amante de Catalina antes que llegara a la corte). Culpeper trató de salvarse a si mismo diciendo que se había citado con Catalina únicamente porque la joven reina estaba "muriendo de amor por él", y no dejaba que abandonara la relación. Catalina, por su lado, alegó lo contrario, dijo a sus interrogadores que él pedia incesantemente encontrarse con ella, y sentía demasiado miedo para negarse. Sin embargo, la carta expone claramente la versión de los hechos contados por Culpeper.

Catalina no recibió la misma educación que las otras esposas de Enrique VIII, aunque su mera capacidad de leer y escribir era lo suficientemente impresionante para la época. Se transcribe aquí como originalmente escrito, y los errores gramaticales son de la propia Catalina.



Master Culpeper,

Os ruego- le decía- que me enviéis a decir cómo os encontráis.

Me dijeron que estabais enfermo, y jamás he deseado cosa alguna tanto como veros.

Mi corazón muere sólo de pensar que no puede permanecer para siempre en vuestra compañía.

Venid cuando esté aquí Lady Rochford, pues así me será más fácil estar a vuestras órdenes.

Os agradezco que hayáis prometido ayudar a ese pobre, mi criado, ya que, si él se marchare, no me atrevería a enviaros recado con ningún otro.

Os ruego le deis un caballo, pues yo no he podido conseguir uno para él; por lo tanto, mandadme uno para él; y con esto me despido, esperando veros de aquí a poco.

Ojalá estuviera yo ahora con vos, para que vierais el trabajo que me cuesta escribiros.

Vuestra mientras dure la vida,
Catalina


Olvidaba deciros una cosa, y es que habléis a mi criado y le mandéis que se quede aquí, pues dice que hará lo que vos le ordenéis.




Antes de morir en el cadalso el 13 de febrero de 1542, Catalina pronunció unas emotivas palabras:

"¡Hermanos! Os juro por el viaje que ahora mismo he de emprender que yo no he faltado al rey. Ahora bien, es cierto que antes de que el rey se fijase en mí yo amaba a Culpeper, ¡y ojalá hubiese accedido a lo que él me rogaba que hiciera!, pues cuando el rey quiso hacerme suya, Culpeper quería que yo dijese que estaba comprometida a él. Si lo hubiera hecho, no moriría ahora de esta muerte, ni tampoco él habría perecido. Más me hubiese valido tenerle por esposo que se dueña del mundo; pero el ansia de grandeza me cegó, y puesto que la culpa es mía, justo es que también lo sea el sufrimiento. Mi mayor dolor es que Culpeper haya tenido que morir por mi causa."

Bibliografía:
Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Editorial Juventud S.A., Barcelona, 1975.


http://gen.culpepper.com/historical/howard/letter.htm

domingo, 22 de febrero de 2009

Carta de amor de Enrique VIII a Ana Bolena


En primer lugar, me gustaría dar las gracias a Diana de Meridor por haberme enviado esta información tan valiosa sobre Enrique VIII. Esta carta de tono urgente y desesperado, era el ultimátum del soberano a su amada Ana Bolena. En ella se mostraba dispuesto a prescindir de María Bolena y de Catalina de Aragón, a desarraigalas de su corazón con tal de que Ana se le entregara en cuerpo y alma. Enrique había hallado la mujer que deseaba. Estaba hechizado, obsesionado, obcecado. Al fin dió rienda suelta al impulso de su corazón:

Meditando acerca del contenido de vuestras últimas cartas, me veo acosado por mil pensamientos torturadores y sin saber a qué atenerme, ya que en unas frases creo descubrir una satisfacción y en otras todo lo contrario. Yo os ruego encarecidamente me digáis cuáles son vuestras intenciones respecto del amor que existe entre los dos.

Necesito a toda costa una respuesta, ya que llevo un año herido por el dardo de vuestro cariño y sin tener aún la seguridad de si hallaré o dejaré de hallar un lugar en vuestro corazón y afecto.

Esta incertidumbre me ha privado últimamente del placer de llamaros dueña mía, ya que no me profesáis más que un cariño común y corriente; pero si estáis dispuesta a cumplir los deberes de una amante fiel, entregándoos en cuerpo y alma a este leal servidor vuestro, si vuestro rigor no me lo prohíbe, yo os prometo que recibiréis no sólo el nombre de dueña mía, sino que apartaré de mi lado a cuantas hasta ahora han compartido con vos mis pensamientos y mi afecto y me dedicaré a serviros a vos sola.

Rendidamente suplico una contestación para esta mi carta, pues anhelo saber hasta dónde y para qué puedo contar con vos.

Si no os fuera grato contestar por escrito, indicadme algún lugar donde pueda recibir la respuesta de palabra, y yo acudiré con todo mi corazón.

No sigo por temor a cansaros.

Escrito de mano de quien no desea ser sino vuestro,

E. Rex.”


Bibliografía:

Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Editorial Juventud S.A., Barcelona, 1975.

domingo, 15 de febrero de 2009

El lado romántico de Enrique VIII

En mi incansable búsqueda sobre la Dinastía Tudor, encontré una nota de prensa muy adecuada para una noche como hoy. Os extraigo parte del artículo publicado en el Diario El País el dia 13 de febrero:

Famoso por casarse seis veces y tratar a sus esposas con una crueldad sanguinaria, el rey Enrique VIII de Inglaterra también tenía su lado romántico, según una insólita y apasionada carta de amor escrita a su segunda mujer, Ana Bolena. La misiva, celosamente guardada en el Vaticano casi cinco siglos, volverá este abril a Reino Unido y se mostrará por primera vez al público en una exposición de la londinense Biblioteca Británica (British Library) titulada Enrique VIII: Hombre y monarca, que mostrará correspondencia, documentos oficiales clave y libros de la biblioteca personal del rey.

La exposición examinará las profundas transformaciones, personales y políticas, intelectuales y religiosas, que sucedieron bajo el reinado de Enrique VIII. Las motivaciones del soberano que cambió el rumbo de Inglaterra serán analizadas a partir del amplio fondo documental sobre el rey almacenado en la British Library.

En la misiva, escrita en francés -Ana se había educado en la corte de Francia- a comienzos del mes de enero de 1528, el Rey expresa su "intención inalterable" de casarse con la dama y promete "rezar una vez al día" para lograr ese objetivo. "Las demostraciones de tu afecto -señala- son tales y las hermosas palabras de tu carta están escritas con tanta cordialidad, que realmente me obligan a honrarte, amarte y servirte para siempre". "Por consiguiente, te aseguro que mi corazón estará dedicado a ti solamente", afirma el monarca, que escribe la nota con "la mano del secretario que en corazón, cuerpo y voluntad es tu sirviente más leal y confiado".

Con la inocencia de un adolescente perdidamente enamorado, Enrique VIII firma la carta, supuestamente robada en su momento por un espía del Vaticano, con la frase "H pretende a A. B. Ningún otro Rey", junto a las iniciales de su amada encerradas en un corazón. En opinión de David Starkey, historiador y comisario de la exposición, que podrá visitarse desde el 23 de abril hasta el 6 de septiembre, la misiva, "más que cualquier otra cosa", proyecta luz sobre un rincón de "la mente del Rey".



Carta de Enrique VIII en la que el monarca declara su amor a la doncella Ana Bolena, a comienzos del mes de enero de 1528

Para Starkey, "Enrique no es sólo el rey más conocido de Inglaterra, por sus esposas, su silueta y su carácter sanguinario". "Es uno de nuestros soberanos más importantes", pues "creó una iglesia nacional y una política insular y xenófóba que determinó el desarrollo de Inglaterra durante los siguientes 500 años".

El recorrido se completará con tapices, esculturas, armaduras, joyas y esculturas procedentes de otros museos. Entre la lista de objetos expuestos se contará el Salterio de Enrique VIII (libro de oraciones del monarca, que incluye miniaturas del rey representado como David matando a Goliat), un retrato de juventud, de autor desconocido (datada en 1513), el contrato matrimonial con Catalina de Aragón, de 1504, que sellaba la alianza angloespañola, prestado temporalmente por el Archivo General de Simancas.

Bibliografía:

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Enrique/VIII/rey/sanguinario/romantico/elpepucul/20090213elpepucul_3/Tes