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miércoles, 13 de agosto de 2014

Sebastiano Giustiniani, un veneciano en la corte de Enrique VIII


Querido lectores, hoy toca descubrir los secretos de otro famoso embajador: el veneciano Sebastiano Giustiniani (1459-1542), en activo en la corte de Enrique VIII entre los años 1515 y 1519. Tenemos suerte de que perduren en el tiempo sus curiosos relatos y descripciones que no pasan desapercibidos a nadie, y como todo diplomático que se precie, no tenía pelos en la lengua.... 

En esos cuatro años que Sebastiano Giustiniani permaneció en territorio inglés se contabilizan 226 cartas dirigidas a su señor, el Dux de Venecia Leonardo Loredan.



Carpaccio, Vittore: "La llegada de los embajadores ingleses", Año 1498, Gallerie dell'Accademia de Venecia



Hoy transcribimos una misiva fechada en 1519, en la cual hace alusión al propio Enrique VIII, a la reina Catalina de Aragón y al  cardenal Thomas Wolsey:


 Su Majestad tiene veinte y nueve años y es extremadamente guapo; la naturaleza no podría haber hecho más por él.  Es mucho más guapo que cualquier otro soberano de la Cristiandad;  incluso mucho más guapo que el rey de Francia; de piel muy clara, y todo su cuerpo admirablemente proporcionado. Al enterarse de que Francisco I llevaba una barba, él dejó que la suya creciese, y como es de color rojizo, ahora tiene una barba que parece oro. El monarca posee muchas habilidades, es un buen músico, compone bien, es un hábil jinete, diestro en las justas, habla bien francés, latín y español; es muy religioso, oye tres misas al día cuando caza, y a veces cinco en según que días. En la recámara de la reina oye los oficios todos los días, es decir, vísperas y completas. 

Es muy aficionado a la caza. Cuando un caballo se cansa se monta en otro, y antes de que llegué a casa, están ya todos los animales agotados. Le encanta jugar al tenis. Cuando juega, su piel clara brilla a través de una camisa de fina textura. El rey apuesta con los rehenes franceses, ocasionalmente se dice, por la cantidad de seis mil hasta ocho mil ducados en un día. 

 Es afable y cortés, no perjudica a nadie, no codicia los bienes de su prójimo, y está satisfecho con sus propios dominios, habiéndomelo dicho a menudo "Señor embajador, queremos que todos los soberanos estén contentos con sus propios territorios; nosotros estamos satisfechos con nuestras islas." Parece muy deseoso de paz. 

 Es muy rico. Su padre le dejó diez millones en oro, del que se supone que habría gastado la mitad en la contienda contra Francia. al haber tenido tres armadas de a pie: una que cruzó el canal con él, otra que estuvo en la campo de batalla contra Escocia y una tercera permaneció de reserva junto a la reina.

    La reina es la hermana de la madre del rey de España, ahora llamado el Rey de los Romanos. Tiene treinta y cinco años y no es bonita, aunque tiene una muy hermosa tez. Es religiosa y tan virtuosa como las palabras pueden expresar. Yo la he visto, pero pocas veces.

 El cardenal de York es de origen humilde, y tiene dos hermanos, uno de los cuales ejerce un beneficio sin título y el otro lleva las riendas de su fortuna. El cardenal gobierna el rey y todo el reino. Cuando llegué a Inglaterra, solía decirme "Su Majestad va a hacer esto y lo otro". Posteriormente, poco a poco, se olvidó de sí mismo, y comenzó diciendo: "Vamos a hacer esto y lo otro." En el momento presente ha llegado a un punto que dice "Voy a hacer esto y lo otro." Tiene cerca de cuarenta y seis años, muy guapo, ilustrado, sumamente elocuente, muy capaz y  infatigable. 


Más info sobre Embajadores en Los Líos de la Corte:





Bibliografía:

Giustiniani, Sebastiano:  Selection of Despatches Written by the Venetian Ambassador, Sebastian Giustinian, and Addressed to the Signory of Venice, January 12th, 1515, to July 26th, 1519, Rawdon Lubbock Brown, 2013.

http://rbsche.people.wm.edu/H111_doc_dispacci.html

http://www.wikipaintings.org/en/vittore-carpaccio/the-arrival-of-the-english-ambassadors-1498#supersized-artistPaintings-248986

martes, 7 de febrero de 2012

La joven princesa Catalina escribe a su padre...

Catalina de Aragón como María Magdalena. Obra de Michel Sittow. Retrato pintado al final de su adolescencia o principio de la veintena.


Carta de Catalina a su padre el rey Fernando II de Aragón

Contexto Histórico: Corría el año de 1505, y Catalina de Aragón, a sus veinte años, vivía en un estado de caótico abandono, careciendo de recursos para pagar a sus sirvientes, alimentarse y vestirse como correspondía a su rango; el asunto de la dote la traía por la calle de la amargura. Enrique VII dejó claro que si la dote no fuera entregue, no cumpliría con su promesa de casarla con su otro hijo, el príncipe Enrique (futuro Enrique VIII, en la época con catorce años), cuando éste alcanzase la mayoría de edad. Por otro lado, Fernando el Católico, recientemente viudo de Isabel, la reina de Castilla, y posiblemente en vísperas de casarse o incluso ya casado con Germana de Foix, carecía de fondos para pagar la dote, de hecho, al rey de Aragón no parecía importarle su hija pequeña lo más mínimo, "bastante tenía con preocuparse en engendrar un vástago varón que heredara su corona". Echemos entonces un vistazo a las propias palabras de Catalina, en la cuales expone su triste dilema: 


"Tengo deudas en Londres y no las contraje por haber comprado cosas extravagantes, ni tampoco para aliviar a mi gente (supongo que para mantener a  su séquito y sirvientes), quienes realmente necesitan, pero solo para conseguir comida. El rey de Inglaterra dijo que no está obligado a darme nada, y que incluso la comida que me proporciona proviene de su buena voluntad; ya que Vuestra Alteza no ha cumplido con su palabra respecto al dinero de mi dote. Le conté que creía que con el tiempo Su Alteza saldaría la deuda. Él me dijo que eso ya se vería. "

No tengo ni para camisas, y, por tanto, ruego a Vuestra Alteza, por su vida que me atienda. He vendido unas pulseras para comprarme con su importe un traje de terciopelo negro, pues andaba casi desnuda. Desde que vine de España sólo me he podido comprar dos vestidos, sirviéndome hasta ahora de los que traje conmigo; pero ya no me quedaban más que los de brocado. Por este motivo yo suplico a Vuestra Alteza dé órdenes para que se remedie lo dicho, porque de esta manera no podré seguir viviendo."

La humilde servidora de Vuestra Alteza, que le besa las manos, la Princesa de Gales."




Bibliografía:

Fernández Álvarez, Manuel: Juana la Loca, La Cautiva de Tordesillas, Espasa-Calpe, Madrid, 2001.

Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Planeta DeAgostini, Barcelona, 1996.

Tremlett, Giles: Catherine of Aragon, Henry's Spanish Queen, Faber and Faber, 2010.


lunes, 16 de enero de 2012

Carta de Juana de Castilla al Señor de Vere, ¿fue espontánea o manipulada por Felipe el Hermoso?




Contexto histórico de la misiva: La muerte de Isabel la Católica, acaecida el 26 de noviembre de 1504, desató una dura pugna por hacerse con el poder de Castilla. Fernando el Católico y Felipe el Hermoso lucharían con uñas y dientes por la corona y mientras tanto Juana sufriría las desavenencias que se producían entre ellos.  

El fallecimiento de Isabel convertía automáticamente a Juana en su heredera. Felipe el Hermoso ya no era a partir de entonces sólo conde de Flandes y archiduque de Austria,  sería ahora también nombrado rey consorte de Castilla. Sin embargo, en su testamento dejó dispuesto que en caso de que su hija fuera incapaz de gobernar, su esposo, el rey Fernando, ocuparía la regencia de Castilla hasta la mayoría de edad del príncipe Carlos, su hijo. Lo curioso es que, en el testamento, de Felipe no se menciona ni una palabra. 

Su madre, la reina Isabel, murió con una gran angustia en el pecho al conocer la inestabilidad emocional de su hija . Como cualquier madre,  le preocupaba la "supuesta" enajenación mental de Juana y el problema sucesorio que dejaba su propia muerte. No quería que fuera Felipe, su yerno, sino Fernando, su marido, el que gobernara, para que Juana se dejara llevar por los consejos de su padre. Fernando el Católico ocuparía la regencia Castilla como Gobernador del Reino, en nombre de Juana, hasta que su nieto Carlos cumpliera veinte años.

Sobre la autenticidad de la misiva no hay duda, según el historiador Manuel Fernández Álvarez. Pero si existe contradicción respecto a su espontaneidad. Probablemente fue dictada por Felipe el Hermoso, o por alguno de sus consejeros castellanos más íntimos, posiblemente el señor de Belmonte, don Juan Manuel. Está fechada en Bruselas a 3 de mayo de 1505 y va dirigida al señor de Veyre. Todo lo que se expone está cuidadosamente manipulado con mucha astucia. Se reconocen los graves altercados y las desavenencias surgidas en el seno de la vida conyugal de Juana y Felipe, así como se da por hecho que que ello había ocasionado una señal de alarma en Castilla, con una fuerte acusación contra el rey Fernando: quien se habría alegrado de las muestras de locura de su hija, pues tal situación le propiciaba lograr el poder. Juana reclamaba por no  creerla capaz de gobernar, y finalizaba dando a entender que su marido, Felipe el Hermoso, y no otro, era el que debía reinar en Castilla.

En esta carta, la infanta también alude a su enfermedad, provocada por los celos, además de compararse a sí misma con su propia madre, Isabel la Católica. Alega que su progenitora padecía la misma inquietud que ella ahora sufre en manos de su esposo Felipe.  


Bruselas, 3 de mayo de 1505.


Musiur de Vere: Hasta aquí no os he escrito porque ya sabéis de cuán mala voluntad lo hago; mas pues allá me judgan que tengo falta de seso, razón es tornar en algo por mí; como quiera que yo no me debo maravillar que se me levanten falsos testimonios, pues que a Nuestro Señor ge los levantaron; pero por ser la cosa de tal calidad y maliciosamente dicha en tal tiempo, hablad con el Rey y mi señor mi padre, por parte mía, porque  los que esto publican no sólo lo hacen contra mí, también contra Su Alteza, porque no falta quien diga que le place dello a causa de gobernar nuestros Reinos, lo cual yo no creo, siendo Su Alteza rey tan grande y tan católico y yo su hija tan obediente.

Bien sé que quel Rey, mi señor (Felipe el Hermoso), escribió allá  por justificarse quexándose de mí en alguna manera, pero esto no debiera salir dentre padres e hijos, quanto más que si en algo yo usé de pasión y dexé  de tener el estado que convenía a mi dignidad, notorio es que no fue otra causa sino çelos, y no sólo se halla en mí esta pasión, mas la Reina mi señora, a quien dé Dios gloria, que fue tan eçelente y escogida persona en el mundo, fue asimismo çelosa, mas el tiempo saneó a Su Alteza, como plazerá a Dios que hará a mí.

Yo vos ruego y mando que hables allá a todas las personas que vierdes que conviene, porque los que tovieren buena intención se alegren de la verdad y los que mal deseo tienen sepan que sin duda, quando yo me sintiese tal cual ellos querrían, no había yo de quitar al Rey, mi señor mi marido, la gobernación desos Reinos y de todos los del mundo que fuesen míos, ni le dexaría de dar todos los poderes que yo pudiese, así por el amor que le tengo como por lo que conozco de Su Alteza, y porque conformándome con la razón, no podía dar la gobernación a otro de sus hijos y míos y de todas sus suçesiones sin hacer lo que que no debo. Y espero en Dios que muy presto seremos allá, donde me verán con mucho placer mis buenos súditos y servidores.

Dada en Bruselas, a tres días del mes de mayo, año de mill y quinientos y cinco.

Yo, la Reyna.

Por mandado del la Reyna, Pero Ximénez.

Notas aclaratorias: Como se expuso más arriba, se duda de la espontaneidad de esta carta. Habría que comprobar cuidadosamente si es toda autógrafa, o solo la firma. De todas maneras, se intuye que detrás de todo ello está la mano de Felipe el Hermoso, por supuesto, bien instruido por algunos de sus consejeros castellanos, posiblemente don Juan Manuel. La táctica era tantear a la alta nobleza castellana y los miembros del alto clero y predisponerlos a favor del archiduque de Austria. 

 Por lo  tanto, la intención de la correspondencia era desmitificar las muestras de locura de Juana y para ello estaba el señor de Vere ( el destinatario de la misiva) que podía ayudarle en su tarea de convencer a los grandes de Castilla de que Juana no se hallaba tan desequilibrada y que, por supuesto, su anhelada voluntad era que el gobierno del reino recayese en manos de Felipe el Hermoso. 
 
Otro dato importante es que no se oculta el mal de Juana, porque según crónicas de la época era algo evidente, aunque se da como curable (se afirma en la carta que lo mismo sucedió a su madre, aunque supo luego como controlar los celos) , con lo cual desaparecía el motivo de una probable incapacitación para gobernar o para consentir que alguien ejerciera los derechos en su lugar, que sin lugar a dudas sólo podría estar destinado a  Felipe el Hermoso. En definitiva, el cometido de la carta era dar a entender que Juana no estaba tan trastocada como muchos sugerían, lo que en realidad sucedía era que ella prefería delegar el gobierno en manos de su esposo. En suma, a Felipe le interesaba que su esposa fuera la reina, aunque solo por nombre, mientras tanto el gobernaría a la sombra como rey consorte.  

Bibliografía: 

Fernández Álvarez, Manuel: Juana la loca, La Cautiva de Tordesillas, Espasa-Calpe, Madrid, 2001.

Pfandl, Ludwig: Juana la loca: madre del emperador Carlos V, su vida, su tiempo, su culpa, Ediciones Palabra, Madrid, 1999.

sábado, 23 de mayo de 2009

Carta de Catalina de Aragón, Princesa de Gales

Esta carta escrita por Catalina de Aragón, siendo todavía princesa viuda de Gales, iba dirigida a Miguel Pérez de Almazán, secretario de Fernando el Católico. En esta correspondencia, fechada a 18 de Julio de 1507, se aprecia la fortaleza y prudencia de la infanta a la hora de aconsejar a su padre a respecto de las negociaciones que se estaban produciendo en los reinos vecinos.

Se descubre el resorte político de que se valió el rey D. Fernando de Aragón para contrarrestar la nueva concordia que el emperador Maximiliano meditaba llevar á cabo con Enrique VII, rey de Inglaterra, y con la Señoría de Venecia. La carta del secretario Miguel Pérez de Almazán, á quien contesta la Princesa, debió escribirse en los días que el rey de Aragón se disponía á salir de Nápoles. Salido en 4 de Junio, el 26 llegó á Génova. Verificada poco después en Saona su entrevista con Luís XII de Francia, navegó hacia Cataluña, en cuyas playas tocó á 11 de Julio, y el 20 arribó al Grao de Valencia. Previno el rey D. Fernando con su acostumbrada claridad y perspicacia de genio político el consejo de su hija, habiendo hecho en Saona alegres muestras de su propio poder y conciliándose el de Francia por medio del cardenal de Rohán. Apoyado asimismo en el favor de Inglaterra, vió deshacerse como el humo los amagos del Emperador, que en su carta del 12 de Junio prometía á D. Juan Manuel estar en España con su nieto el príncipe D. Carlos para fines de mes. La dominación flamenca, que había de poner en combustión estos reinos con la guerra de las Comunidades y de las Germanías, se atajó por entonces, y en ello quizá no poca parte cupo á Doña Catalina.

A continuación se detalla la carta de Catalina:

Almaçán. La carta, que con melchor me scryvystes, Recevy; y olge en saber todas las nuevas que en ella me decys, en especyal la vrevedad de la partyda del Rey mi señor; y asy ya yo no escryvo a su alteza a napules, syno endereço las cartas a castilla, porque espero en dyos que le allaran alla. Asy mismo uelgo del amor que me decys el Rey my señor tyene con el Rey de ynglaterra mi señor, y que lo entiende mostrar por obra; y syendo en servycio de su alteza, de todo lo que con el yzyere olgare yo, por que aga mas el Rey my señor de lo que le tyene merecydo. Asy os Ruego, quando su alteza escryvyere al Rey, syenpre acordeys a su alteza que le de a entender su poder y estado, y junto con esto mezcle cebo de mucha dulçura, porque asy cunple al servicio de su alteza; y por eso os lo escrivo a vos, como a persona que se que lo myrareys y en quien todo puede caber. QueRía poderme aprovechar de las çyfras para escryvyr, mas no vasta mi cyencya para mas de sacallas. Lo que os Ruego es que en llegando el Rey mi señor a castylla, de donde avra mas que escrevir, de todo muy por entero me agays saber; porque, por tener tan cyertas vuestras nuevas, las huelgo de saber mas de vos que de nadie. Acabo. De mi mano en grawiche a XVIII de julyo.

La princesa de gales.»


Fuente:
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/hist/90253957651281607932457/p0000001.htm#I_0_