sábado, 23 de agosto de 2014

Catherine Howard, " No other will but his" (Cuarta Parte)

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12) Cromwell, el nuevo par del reino

El 17 de abril de 1540 Cromwell fue elevado a la condición de par del reino como conde de Essex y nombrado Lord Gran Chambelán de Inglaterra, sin embargo mientras él estaba en Londres tratando con el Parlamento, en Greenwich Thomas Howard, duque de Norfolk, y Stephen Gardiner, obispo de Winchester, probablemente unieron fuerzas para desprestigiar la carrera de Thomas Cromwell. Aprovecharon entonces la oportunidad de estar a solas con el rey para hablarle mal de su secretario. Se decía que Cromwell despertaba recelo entre la alta nobleza debido a que era de origen pobre y humilde, además de ser especialmente odiado por Gardiner y todos los católicos. No le perdonaban el hecho que de haber ordenado la disolución de los monasterios. En el caso del duque de Norfolk, sus reticencias hacía el hombre de confianza del soberano se basaban en el hecho de que le habían concedido un título de conde que hasta hacía muy poco habían ostentado los Bourchier, que descendían de Eduardo III.

13) El último torneo

El Primero de Mayo el rey y la reina Anne de Cleves presenciaron las habituales justas desde la recién inaugurada torre de entrada en Whitehall. Entre los participantes estaba el nuevo favorito de Enrique VIII, Thomas Culpepper, que por cierto en aquella ocasión no tuvo mucha suerte pues fue derribado del caballo.  Se sabe que Culpepper encandilaba a las damas y muchas ellas no podían evitar suspirar por los encantos del "hermoso joven". Entre ellas se encontraba Lady Lisle, que le había mandado sus colores para que los llevase, con un mensaje que decía que "son los primeros que mando a un hombre". El torneo que duró cinco días, y al finalizar, el monarca y su consorte asistieron a un banquete en Durham House; se permitió la entrada del público para que pudiesen ver con sus propios ojos como a los vencedores de las justas les eran otorgados premios en metálico y concesiones de casas del rey. Esa fue la última aparición pública de Anne de Cleves como reina. A propósito, no deja de ser llamativo que fueron esas mismas celebraciones que habían marcado el comienzo del fin para la reina Ana Bolena.


14) Anne y Catherine



Por desgracia, no poseemos ningún dato referente al primer contacto entre la reina Anne de Cleves y su dama Catherine Howard, pero analizando el posterior comportamiento de ambas podríamos concluir que probablemente fuera amigable. No se ha encontrado relatos de celos y rencor como ocurrió por ejemplo entre Ana Bolena y Jane Seymour. Escenas como aquella en la que Ana arrancó del cuello de Jane el collar que Enrique le había regalado, eran inexistentes en el caso de estas dos damas. Catherine obró de la mejor forma posible a la hora de suplantar su "rival", lo hizo sin ningún tipo de hostilidad hacía la mujer que estaba desplazando. Desconocemos si la culpa le pensaba o actuaba sin remordimientos de conciencia. Lo más seguro es que llevase a cabo el cometido que su clan le había asignado, lo hacía en nombre del futuro triunfo y prosperidad de los Howard, bajo las órdenes de su tío el duque de Norfolk. 


15) Pasión contenida

Enrique ni siquiera intentaba ocultar sus sentimientos hacía Catherine. La joven Howard aparecía en público con sus suntuosos vestidos y bellas joyas que le regalaba su real pretendiente. Ella y el rey cenaban juntos en Winchester House, donde el obispo Gardiner ejercía de anfitrión en honor a sus ilustres invitados. Como ya se ha mencionado, el principio del cortejo se habría desarrollado "castamente". Hasta que esa nueva unión no fuera del todo formalizada, sería mejor no avanzar y contener la pasión pues no deberían haber dudas sobre la legitimidad de los futuros hijos que pudiera tener con Catherine. 

Aunque ciertamente Catherine irradiaba belleza, juventud y encanto, la motivación principal del rey era la promesa de una próspera fertilidad, si tenemos en cuenta que la madre de ella, Joyce Culpepper,  había dado a luz a al menos a diez hijos entre sus dos matrimonios, el primero con Ralph Legh y el segundo Edmund Howard. 

Tampoco se debe suponer que Catherine no sintiera nada por su futuro esposo, sólo porque él fuera mayor, más bien mucho mayor que ella, gordo y a veces estuviera enfermo. Como ocurrió con Jane Seymour, las emociones de Catherine se basaban en su cargo de rey  y en el respeto enorme y reverencial que suscitaba. Ambas demostraron poseer un carácter distinto, sin embargo, a las dos les habían adoctrinado desde el nacimiento a reverenciar el gran sol real que brillaba en el centro de la vida de cada cortesano. 





Continuará...


Bibliografía:

Byrne, Conor: Katherine Howard: A New History, MadeGlobal Publishing, Kindle Edition, 2014.

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.

Lindsey, Karen: Divorced, Beheaded, Survived: A Feminist Reinterpretation Of The Wives Of Henry VIII, Da Capo Press, 1996.

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.