domingo, 28 de agosto de 2011

Los archiduques de Austria atraviesan Francia (3ª parte)

Juana I de Castilla

Estancia en Blois: La acogida de Luis XII


Felipe el Hermoso se encontraba plácidamente a gusto en París, agasajado por sus gentes como si fuera el mismísimo soberano de Francia. Aquello era un honor grandioso y lo habitual en esos casos es que el envanecimiento alcanzara su cuota más alta. Sin embargo, debía desprenderse de ese estado de ensimismamiento y dejar de aplazar lo inevitable; reunirse con el rey galo.

Alojado en su castillo de Blois, junto al Loira, Luis XII esperaba la llegada de su vasallo, Felipe y de su esposa Juana. El vasallaje propiamente dicho provenía de unos de los títulos que ostentaba el hijo de Maximiliano, el condado de Flandes. El ducado de Borgoña ya había sido apoderado por Francia después del desastre de la batalla de Nancy en 1477, cuando falleció Carlos el Temerario. En aquel entonces, el interés real del soberano francés residía en Flandes, aunque no parecía que se buscara la anexión, sí quería dejar patente que el condado era feudatario suyo.




Castillo de Blois, ubicado en el Valle del Loira



Estatua ecuestre de Luis XII enmarcada en el Castillo de Blois

Felipe el Hermoso no se opuso al papel al que estaba destinado y lo escenificó a la perfección cuando irrumpió en la sala del palacio donde estaban los monarcas. Por tres veces se inclinó Felipe ante el rey antes de que él se levantara de su trono. Era evidente que no se trataba de iguales, señor y vasallo se saludaban como correspondía a su respectivo rango. Y no fue el archiduque el único al proceder de aquella manera. Juana prestó lo mismos homenajes que su esposo: bajó de su montura y, acompañada de algunas damas, fue a presentarse ante la reina Ana de Bretaña, haciéndole tres reverencias.


Colijn de Coter, La Virgen mediadora con Juana I. Hacía 1500. Óleo sobre tabla, 111 x 74 cm. París, Museo Nacional del Louvre.

Hay una anécdota que expone que Juana rechazó unas monedas que le ofreció la reina Ana para hacer una ofrenda en misa, mientras que Felipe sí tomó las que le dio Luis XII, entendiendo que aceptarlas era símbolo de vasallaje. Hasta en una situación de tal importancia queda manifiesta la obstinación de la infanta española. No obstante, se cree que el comportamiento reacio de Juana quizá fuera porque estaba cansada de la situación o por otras razones que no atinamos a comprender, o probablemente fue una actitud premeditada de mostrarse que estaba en igualdad de condiciones por ser hija y heredera de los Reyes Católicos.

En Blois se zanjaron importantes cuestiones políticas, como la ratificación del Tratado de Trento culminado entre Maximiliano y Luis XII el 13 de octubre de 1501, pero también hubo tiempo para las espléndidas fiestas. Recibidos por la gran nobleza de Francia, cuyos miembros salieron en función de su rango al encuentro de la comitiva de los príncipes a diferente distancia, al atardecer del 7 de diciembre llegaron a la villa. A las puertas del palacio cuatrocientos pajes del monarca llevaban antorchas para iluminar la entrada, donde se vislumbraban cien soldados suizos. Los soldados estaban colocados a lo largo de dos grandes salas, en una de la cuales se encontraba el rey. Cuando Felipe y Juana hicieron su llegada a Blois, el palacio no debía ser un edificio muy llamativo, los cronistas no narraron nada al respecto, y es que tal como lo conocemos hoy en día es fruto de significativas reformas que comenzaron aquellos años.


Gérard David, Las Bodas de Caná. Hacía 1500-1510. Óleo sobre tabla, 100 x 128 cm. Museo Nacional del Louvre. Pintura flamenca.

Luis XII quería maravillar a la difícilmente impresionable corte de Borgoña en cuestiones de opulencia y ostentación. Las estancias que ocuparon los archiduques estaban adornadas con paños de oro y seda, la cama tenía un cielo de oro y cortinas de damasco blanco, había alfombras por dondequiera que pisara. Había también tapices y caras telas por doquier, decoración en nada diferente al uso borgoñón o español. Todo era valido con el fin de manisfestar la riqueza y el poderío del personaje en cuestión.


Continuará...



Bibliografía:

Zalama, Miguel Á. Juana I. Arte, poder y cultura en torno a una reina que no gobernó. Centro de Estudios Europa Hispánica, 2010.

http://www.insecula.com/oeuvre/photo_ME0000059162.html


http://www.kimiko1.com/research-16th/TudorWomen/1500/1500MarriageCanaDavid.html


3 comentarios:

Negrevernis dijo...

Dicen que la actitud Juana hacia la reina francesa fue un momento de lucidez que aún la hija de los Católicos tenía, y que se vio muy bien en la corte española: Felipe era vasallo del rey francés como señor de Flandes que era, pero su esposa Juana consideró impropio de una infanta castellana y reina de Castilla como era ya. Por eso rechazó las monedas que le tendía la francesa, despreciando el acto de vasallaje al que, sin embargo, sí se sometió su marido...

Un saludo.

lady grey dijo...

Una muestra de poder, entre reyes era algo común. Ya notaba tu ausencia Lady Caroline, me hacía falta leer tus entradas.
Besos y abrazos...

Lady Caroline dijo...

Negrevernis: En aquel instante, el hecho que Juana de Castilla rechazara las monedas que le había ofrecido Ana de Bretaña demonstró que ella no estaba en la misma igualdad de condiciones que su esposo Felipe, conde de Flandes. Querría hacer ver que ella era hija de los Reyes Católicos y heredera al trono de Castilla y Aragón, y como tal no se rebajaría antes los reyes de Francia. Saludos

Lady Grey: Gracias :) Ya tenía yo ganas de volver por estos lares. Besos