martes, 24 de marzo de 2009

El romance entre Ana Bolena y Henry Percy: 1ª Parte

Henry Percy y Ana Bolena, escena de la película "Ana de los mil días" (1969)



Una de las primeras conquistas amorosas de Ana Bolena fue Henry Percy, perteneciente a la alta nobleza inglesa. Era el heredero de grandes propiedades de un nombre muy antiguo: su padre era el ilustre señor de las tierras de Norte conocido con Henry, "el Magnífico", conde de Northumberland.

En 1516, cuando el joven Percy tenía alrededor de catorce años, se había hablado de su compromiso con Lady Mary Talbot, la hija del conde de Shrewsbury, pero, al parecer, se habían abandonado las negociaciones.

Como solía ser habitual en la nobleza, el joven lord fue educado en el sur, en la opulenta casa del cardenal Wolsey. Lord Percy tendría por entonces veinte años, y cada vez que visitaba la corte real, se dirigía a la camara de la reina y allí se entretenía con las damas. Era un muchacho muy agradable, de gratos modales, vivaracho y animado en extremo.

Henry Percy pusó los ojos en Ana Bolena cuando ésta regresó de Francia en 1521.Su aventura amorosa tuvo lugar en el escenario de la casa de la reina Catalina de Aragón, donde encontró a la joven dama en su servicio. Lord Percy era uno de los partidos más atractivos de Inglaterra, mientras que Ana no era ninguna heredera.

Según George Cavendish, biógrafo del Cardenal Thomas Wolsey, Henry y Ana estaban profundamente enamorados y "creció tal amor entre ellos que al fin estuvieron asegurados juntos" (es decir, quedaron ligados por una promesa de matrimonio o un precontracto).




Ana Bolena

Henry Percy, Sexto Conde de Northumberland


Pronto el romance llegó a oídos de Enrique VIII, que se opuso a la unión de los dos enamorados. Parece improbable que en esa época estuviera interesado en Ana (1522 era demasiado pronto para ello), y para entonces el objeto de su afecto era su hermana, María Bolena. Tanto el monarca como el cardenal Wolsey eran contrarios a ese matrimonio, ya que estaban auspiciando que la joven Bolena se desposara con James Butler, unión que finalmente no se llevó a cabo.

Cierta noche, cuando Percy volvía con su señor de la Corte, se le avisó que el cardenal deseaba verle y le esperaba en la galería.Percy encontró a Wolsey rodeado de sus seguidores. Se le recibió en medio de un silencio glacial y desconcertante, y al fin el cardenal se volvió hacía él con un gesto de soberbio desdén, diciéndole:

-Me extrañan, y no poco, las pruebas de locura que estáis dando al enredaros con una chiquilla de la Corte llamada Ana Bolena. ¿Ignoráis, acaso, que Dios os ha traído al mundo para cumplir un destino? A la muerte de vuestro noble padre heredaréis uno de los títulos más altos del reino. Fuera, pues, lógico y conveniente en que, antes de dedicaros al amor, hubierais solicitado el consentimiento paterno y buscado la protección del rey, que os hubiera emparejado como corresponde a vuestro rango, con lo que hubierais crecido en conocimiento y noble cortesanía ante los ojos de Su Gracia, la que bien pronto os hubiera colmado de honores. En cambio, ahora...

Wolsey no terminó la frase, lanzando una mirada llena de desprecio sobre el muchacho, que inclinó avergonzado la cabeza.

-Considerad adónde os ha llevado vuestra obstinación - continuo después de una pausa - . No sólo habéis disgustado a vuestro padre, sino que habéis provocado el enojo de vuestro soberano y señor, al tal punto que ni el rey ni el duque se hallan dispuestos a pasar por alto vuestra conducta. Tengo el propósito - siguió con cauculada frialdad el cardenal - de haver venir a vuestro padre para que os obligue a romper las relaciones que habéis contraído y, en el caso de que os neguéis, os desherede.

Con labios trémulos, Percy esperó a que pasara la borrasca; pero Wolsey se mostró implacable.

-Hasta la Majestad del rey - le dijo - piensa quejarse de vuestra conducta y exigir a vuestro padre que obre como acabo de deciros. Su Alteza tiene destinada a Ana Bolena para otra persona, y ha resuelto el asunto con tan prudente acierto, que esa joven no dudará en aceptar y agradecer lo que su soberano le proponga.

La idea de que se pensaba ejercer presión sobre Ana alarmó profundamente al joven.

- Señor - exclamó llorando -, yo ignoraba cuáles eran, en este caso los deseos del rey, y lamento el...el... enojo de Su Alteza. Pensé que, habiendo llegafo a la edad indicada para ello, seríame permitido elegir a una esposa de mi gusto, seguro de que mi padre aprobaría más tarde mi elección. Cierto, señor, que se trata de una joven sencilla, cuyo padre no es más que caballero; pero es de un noble abolengo.

Percy cesó de llorar y, más seguro de sí continuó:

-Tiene sangre de los Norfolk por parte de su madre, y por la de su padre desciende de la familia de los Ormond, al punto que él es uno de los herederos del condado. ¿Por qué, entonces, estos escrúpulos? ¿Por qué esta oposición a que yo case con una joven cuya ascendencia es tan noble como la mía?

Y creyendo ganado el pleito, añadió:

-Os ruego con la mayor humildad me concedáis la gracia de vuestro apoyo y solicitéis de la Majestad del rey, con todo rendimiento, en nombre mío, que dé su aquiesciencia a un asunto que en modo alguno puedo yo abandonar.

El cardenal extendió los brazos llenos de asombro.

¿Habéis oído, señores? - dijo con sorna a sus acompañantes - .¿Os habéis dado cuenta de la conformidad que encierran las palabras de este joven?

Y apuntando a Percy, pronunció, con creciente furia:

-Yo creí que, no bien me hubierais oído hablar de los deseos y enojos del rey, os hubieses sometido, con todas las consecuencias de vuestros actos, a la voluntad de Su Alteza.

-Así lo haría, señor – dijo temblando el muchacho - , si ante los testigos de grande consideración yo no me hubiera comprometido en este asunto, al punto que no sé cómo podría someterme a vuetros mandatos sin perturbar mi conciencia.

Los párpados del cardenal se entreabrieron un instante para considerar la disculpa ofrecida. Luego, con la misma furia que antes, exclamó:

-Y qué? ¿Creéis, acaso, que el rey y yo ignoramos lo que debe hacerse en estos casos? Pues yo os garantizo que no es así. Pero...- añadió, nuevamente indignado – todo esto que decís es prueba de que no estáis dispuesto a someteros.

EL rostro de Percy asumió una expresión implorante.

Os aseguro, señor cardenal – contestó con acentos de desolada súplica - , que, si me lo permitís, estoy dispuesto a rendirme en absoluto a la Majestad del rey y a Vuestra Gracia en este asunto una vez mi conciencia queda descargada del peso de mi promesa.

El cardenal respiró con fuerza. ¡Había logrado domeñar la voluntad del mozo!

Si es así – dijo en tono mesurado - , mandaré venir a vuestro padre, y él y nosotros haremos cuanto sea preciso para evitar las consecuencias de vuestra precipitada locura de modo que Su Gracia juzgue más conveniente. Entre tanto os conmino, y en nombre del rey os ordeno, que os guardéis de buscar una vez siquiera la compañía de esa joven si no queréis incurrir en el profundo enojo de su Majestad.

Y haciendo un signo de cabeza a Percy, que se inclinó profundamente, el cardenal se retiró a su camara.
Cardenal Wolsey, aprox. 1520




Bibliografía:


Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.


Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Editorial Juventud S.A., Barcelona, 1975.

12 comentarios:

Diana de Méridor dijo...

Me encanta esa escena, madame. Es como una escena de una pelicula en si misma.
Me parece uno de los aspectos mas interesantes en la vida de Ana, esa historia de amor con Percy de Northumberland.

Magnifica entrada la de hoy. Todas las suyas lo son, pero esta me ha gustado especialmente.

Y gracias por su felicitacion! La esperamos en nuestro castillo para la fiesta!

Bisous

Lady Caroline dijo...

Gracias a su recomendación he podido deleitarme leyendo este libro de Francis Hacket, es como si me adentrará en la mente de estos fascinantes personajes. La semana que viene pondré la continuación!
Me alegro que le hayas gustado! Pronto estaré en su castillo para felicitarla!

Besos,

Caroline

Isabel Barceló Chico dijo...

Una escena de una tensión increíble. Lo que son los jóvenes y lo que son las formalidades... Leyendo todo esto, ¿quién pensaría que el propio rey iría a enamorarse de esa mujer? Me ha encantado esta historia. Espero con interés la continuación. Besos.

Anónimo dijo...

Oh, me ha gustado mucho... es una linda manera la que ofreces de ampliar nuestra cultura general. Gracias.

Anónimo dijo...

Por cierto, ¿sería mucho pedir que para un próximo posteo hablaras de la moda de esa época que es mi favorita? Ya sabes, la Regencia...

Atenea dijo...

Interesante historia Caroline!!, vaya con la mentalidad de esos tiempos en que el amor y el matrimonio no tenían que estar necesariamente relacionados, todo era conveniencia, que iban a imaginar estos nobles que siglos después se empezaría a predicar la idea de que amor y matrimonio debían ir de la mano :D.

Espero la segunda parte ;).

Un besito

34645645y dijo...

Queria invitarte a que pasaras por mi blog
http://eljardindelastinieblas.blogspot.com/

Saludos

Lady Caroline dijo...

Isabel Romana: Según algunos escritos de esa época, Enrique VIII todavía no sentía un interés amoroso por Ana. Eso ocurría 4 años después de su romance con Henry Percy. Otros discrepan, afirman que el monarca ya estaba enamorado de ella, y por ese motivo quisó alejarla de él. La semana que viene pondré la continuación!

Caballero: Me das un excelente idea. Tendré que investigar a respecto, haré lo posible para no defraudarle!

Minerva: Que tristes historias han tenido que vivir centenares de jovenes en otros tiempos! A veces me paro a pensar: Que hubiera pasado con Ana Bolena, si la hubieran dejado casarse con Henry Percy??

Lyriel: Gracias por tu visita, prometo esta semana acercarme a tu blog.

Besos,

Caroline

Anónimo dijo...

Creo que este si fue el verdadero amor de Ana Bolena, y que el rey fue más el capricho de una muchacha que quería llegar a ser reina. Aunque en eso su padre creo que tb tuvo mucho que ver

Muy buena información, ya espero la segunda parte. Besos

Lady Caroline dijo...

Yo también creo lo mismo, se ella hubiera podido casarse con Lord Percy, no hubiese dudado ningún instante... Al romperse el compromiso, Ana tuvo que seguir adelante y tanto ella como su familia vieron en el encaprichamiento del rey una gran oportunidad. Ana usó sus mejores artimañas de mujer y encandilló al monarca hasta verse convertida reina de Inglaterra.

Besos esta semana se publicará la continuación,

Caroline

José Luis López Recio dijo...

Una gran escena, descrita de un modo inmejorable.
Saludos

Pedro dijo...

Hola,me llamo Pedro y son actor y productor de teatro, soy apasionado lector de este tipo de historias que desde niño captaron mi atención, tuve la oportunida de representar esta obra de nuestro ilustre Fernando Calderon "Ana Bolena" y yo interprete el papel de THomas Cromwell, me gustaria seguir compartiendo estos temas con mas miembros de los grupos, tengo las peliculas relacionadas a a familia tudor y todo lo que tenga que ver con los misterios de las cortes europeas.

SALUDOS