sábado, 16 de agosto de 2014

Catherine Howard: "No other will but his" ( Tercera Parte)






Retomamos una serie de artículos sobre la Reina Catherine Howard publicados a finales de 2012. Aquí tenéis los enlaces anteriores para poder seguir está trágica historia:


Catherine Howard, "No other will but his" (Primera Parte)






SEGUIMOS CON LA TERCERA PARTE...


10) Una vivaracha dama

Así como Thomas Culpeper estaba a años luz de ser un príncipe de fábula, Catherine tampoco es que podría considerarse una frágil protagonista de un romance decimonónico. Mas bien se trataba de un idilio en el que confluían el placer por lo prohibido, la lujuria, el poder, la ambición (estos dos últimos Thomas) y la falta de juicio por ambas partes. El historiador Baldwin Smith describe a Catherine como una niña alegre y vivaz que desconocía por completo las consecuencias que acarrearían sus temerarias acciones. David Starkey nos cuenta también que probablemente fuese una chica con cualidades de liderazgo y bastante resuelta. Por otro lado, Antonia Fraser expone que era la clase de muchacha que pierde fácilmente la cabeza por un hombre, en suma, una mujer que acepta sin muchas reticencias las proposiciones masculinas. Incluso se ha llegado a pensar que la reina Catherine tuvo relaciones con Culpepper para darle al rey un hijo varón saludable. No obstante, se descarta totalmente la posibilidad de que tuviera una mente tan calculadora y ambiciosa. Como se observa, la joven Howard era totalmente ingenua, no veían ningún inconveniente en compaginar ambas cosas mientras no la pillasen. Según sus propias palabras, había aprendido "cómo las mujeres podían mezclarse con un hombre y sin embargo no concebir ningún hijo al menos que lo quieran".


11) Un rey perdidamente enamorado

Volviendo al comienzo de su historia con Enrique VIII, a partir de abril de 1540 el rey había comenzado a conceder tierras a Catherine. En mayo, recibió veintitrés regalos de tela de seda acolchada, pagados por el rey. Eso denota una notoria importancia, un privilegio del aprecio y afecto del soberano. No está claro del todo si Enrique hizo a Catherine su amante antes de la boda, sin embargo, de lo que no hay dudas, es que estaba perdidamente enamorado de ella. Aún estando casado con Ana de Cleves, hay testimonios de que el rey atravesaba el Támesis para ir a visitarla, incluso en horarios intempestivos, como podría ser después de la medianoche. Enrique iba a ver a Catherine casi todos los días, pero a la mayoría de la gente pensaba que aquello era un juego de amantes como cualquier otro, a nadie entonces se les pasaba por la cabeza que la joven Howard podría convertirse en una futura reina.




Angela Pleasance interpretó a Catherine Howard en dos episodios de la serie de la BBC "Las seis esposas de Enrique VIII (1970)


Una semana antes de la boda, comenzó a circular el rumor de que Catherine estaba embarazada. En realidad, lo más probable es que la familia de la futura novia no permitiera que se quedara a solas con el rey hasta que él le propusiese matrimonio. Y sabían que si ella se mantenía comedida y casta, las probabilidades de que conquistará la corona eran bastantes altas, sólo había que fijarse en la trayectoria de sus predecesoras. Sin embargo, cuando se confirmó el compromiso, el ambiente seguramente estuvo más "relajado". 
 Enrique estaba embelesado por su futura esposa y por parte de Catherine es improbable que rechazará sus avances. La joven adolescente se vio colmada de valiosas joyas, vestidos y dinero y se sentía exuberante ante tantas atenciones que recibía de parte de su benefactor. 


 En el fondo, la familia Howard sabía que Catherine no era una candidata ideal para reina. Según Antonia Fraser, a pesar de tener "un pasado" no es que la damisela fuera muy promiscua como algunos llegaron a afirmar: muchas jóvenes de aquella época, si se hubiera expuesto su vida privada al detalle, habrían demostrado poseer experiencias semejantes, en especial cuando esperaban casarse con el hombre con el que mantenían relaciones. Por otro lado, es cierto también que no era ninguna inocente. Lo que sucedía es que había un precontrato de por medio con Francis Dereham. El juego era peligroso: la relación de Catherine con Dereham no había sido exactamente secreta sino que "muchos la conocían". Pero bueno, una vez que el rey mostró interés por ella, todo eso fue convenientemente ocultado y olvidado. No se podría esperar otra cosa de los Norfolk, no era viable que el duque señalara la mala elección de su soberano. ¿Quién es capaz de estropear su propio triunfo? Además, Enrique ya estaba engatusado, entonces quien, por lo tanto, tendría el coraje de atentar contra la ira del rey revolviendo el pasado de su "rosa sin espinas"? 


Continuará...

Bibliografía: 

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.


Hart, Kelly: The Mistresses of Henry VIII, The History Press, Gloucestershire, 2009.

Lindsey, Karen: Divorced, Beheaded, Survived: A Feminist Reinterpretation Of The Wives Of Henry VIII, Da Capo Press, 1996.

Ridgway, Claire: The Anne Boleyn Collection: The Real Truth About the Tudors, CreateSpace Independent Publishing Platform, kindle edition, 2012.

Smith, Lacey Baldwin: Catherine Howard: A Tudor Tragedy, Amberley Publishing, Kindle edition, 2011. 

miércoles, 13 de agosto de 2014

Sebastiano Giustiniani, un veneciano en la corte de Enrique VIII


Querido lectores, hoy toca descubrir los secretos de otro famoso embajador: el veneciano Sebastiano Giustiniani (1459-1542), en activo en la corte de Enrique VIII entre los años 1515 y 1519. Tenemos suerte de que perduren en el tiempo sus curiosos relatos y descripciones que no pasan desapercibidos a nadie, y como todo diplomático que se precie, no tenía pelos en la lengua.... 

En esos cuatro años que Sebastiano Giustiniani permaneció en territorio inglés se contabilizan 226 cartas dirigidas a su señor, el Dux de Venecia Leonardo Loredan.



Carpaccio, Vittore: "La llegada de los embajadores ingleses", Año 1498, Gallerie dell'Accademia de Venecia



Hoy transcribimos una misiva fechada en 1519, en la cual hace alusión al propio Enrique VIII, a la reina Catalina de Aragón y al  cardenal Thomas Wolsey:


 Su Majestad tiene veinte y nueve años y es extremadamente guapo; la naturaleza no podría haber hecho más por él.  Es mucho más guapo que cualquier otro soberano de la Cristiandad;  incluso mucho más guapo que el rey de Francia; de piel muy clara, y todo su cuerpo admirablemente proporcionado. Al enterarse de que Francisco I llevaba una barba, él dejó que la suya creciese, y como es de color rojizo, ahora tiene una barba que parece oro. El monarca posee muchas habilidades, es un buen músico, compone bien, es un hábil jinete, diestro en las justas, habla bien francés, latín y español; es muy religioso, oye tres misas al día cuando caza, y a veces cinco en según que días. En la recámara de la reina oye los oficios todos los días, es decir, vísperas y completas. 

Es muy aficionado a la caza. Cuando un caballo se cansa se monta en otro, y antes de que llegué a casa, están ya todos los animales agotados. Le encanta jugar al tenis. Cuando juega, su piel clara brilla a través de una camisa de fina textura. El rey apuesta con los rehenes franceses, ocasionalmente se dice, por la cantidad de seis mil hasta ocho mil ducados en un día. 

 Es afable y cortés, no perjudica a nadie, no codicia los bienes de su prójimo, y está satisfecho con sus propios dominios, habiéndomelo dicho a menudo "Señor embajador, queremos que todos los soberanos estén contentos con sus propios territorios; nosotros estamos satisfechos con nuestras islas." Parece muy deseoso de paz. 

 Es muy rico. Su padre le dejó diez millones en oro, del que se supone que habría gastado la mitad en la contienda contra Francia. al haber tenido tres armadas de a pie: una que cruzó el canal con él, otra que estuvo en la campo de batalla contra Escocia y una tercera permaneció de reserva junto a la reina.

    La reina es la hermana de la madre del rey de España, ahora llamado el Rey de los Romanos. Tiene treinta y cinco años y no es bonita, aunque tiene una muy hermosa tez. Es religiosa y tan virtuosa como las palabras pueden expresar. Yo la he visto, pero pocas veces.

 El cardenal de York es de origen humilde, y tiene dos hermanos, uno de los cuales ejerce un beneficio sin título y el otro lleva las riendas de su fortuna. El cardenal gobierna el rey y todo el reino. Cuando llegué a Inglaterra, solía decirme "Su Majestad va a hacer esto y lo otro". Posteriormente, poco a poco, se olvidó de sí mismo, y comenzó diciendo: "Vamos a hacer esto y lo otro." En el momento presente ha llegado a un punto que dice "Voy a hacer esto y lo otro." Tiene cerca de cuarenta y seis años, muy guapo, ilustrado, sumamente elocuente, muy capaz y  infatigable. 


Más info sobre Embajadores en Los Líos de la Corte:





Bibliografía:

Giustiniani, Sebastiano:  Selection of Despatches Written by the Venetian Ambassador, Sebastian Giustinian, and Addressed to the Signory of Venice, January 12th, 1515, to July 26th, 1519, Rawdon Lubbock Brown, 2013.

http://rbsche.people.wm.edu/H111_doc_dispacci.html

http://www.wikipaintings.org/en/vittore-carpaccio/the-arrival-of-the-english-ambassadors-1498#supersized-artistPaintings-248986

miércoles, 14 de mayo de 2014

Descubriendo a Shakespeare: Richard II y la Rebelión del Conde de Essex


La contienda de legitimidades y el teatro como fuente histórica



El teatro era una forma de entretenimiento que se presentaba ante los súbditos de la Era Tudor como una fuente didáctica cuyo objetivo era ofrecer explicaciones sobre la historia reciente de la nación desde el declive del feudalismo y el fin de la larga lucha civil entre las ramas de rivales de la misma familia, Los Lancaster y Los York, descendientes ambos de Richard III, con el trasfondo de las luchas entre Inglaterra y los países limítrofes, Gales, Escocia e Irlanda, la larga contienda con Francia, culminando con el ascenso de la Dinastía Tudor en 1485. 

Durante el proceso de consolidación de poder emprendido por la Dinastía Tudor, cuyo esplendor comenzó a notarse bajo el reinado de Enrique VIII, el cual unió lo político con lo religioso, el género del drama histórico desempeñó un papel importante como catalizador del proyecto cultural de la creación de una nación. Las obras se encuadraban visiblemente en un contexto político del momento histórico de su producción, cuyos objetivos eran crear y perpetuar mitos funcionales dinásticos, así como de recurrir a determinados sucesos y personajes históricos del pasado y explorar las tensiones y preocupaciones de entonces aplicándolas al momento actual. 

Sin embargo, si por una parte era alentado por la propia realeza, cuyo mecenazgo era esencial para la supervivencia de las compañías, el teatro también era una forma de contribuir a conservar el poder establecido, por otra, podríamos decir que propiciaba la aparición de una elemento subversivo.  La contienda entre legitimidades, basada en el derecho legítimo a heredar el trono en contraposición en la apoyada en las dotes de gobierno que poseía el monarca, causó revuelo y por lo tanto constituyó un importante hilo conductor en las obras históricas de Shakespeare. Como ya mencionamos, existía una intencionalidad didáctica en el teatro para instruir al pueblo en la obediencia al soberano y se tiene como ejemplo la obra de Thomas Heywood An Apology for Actors en la que éste afirmaba que las obras se escribían y representaban para enseñar a sus súbditos obediencia a su rey al mostrarles el prematuro final de los que habían provocado insurrecciones y rebeliones.

No obstante, vislumbramos también la perspectiva contraria, asimismo reinante en la época, que enfatizaba el poder del teatro para desmitificar la autoridad establecida e incluso subvertirla.  Richard II de William Shakespeare (escrita aproximadamente en 1595) nos habla justamente de ello, la deposición del mencionado soberano, un monarca legítimo, por su primo Henry Bolingbroke, hijo del ambicioso John of Gaunt, duque de Lancaster, y su posterior asesinato en su encarcelamiento bajo las órdenes del ya rey Henry IV. Se expone ante el público un Richard II débil y despótico, dominado por sus consejeros, que encarnaba el incuestionable poder de la monarquía, como resultado de un derecho divino. Aquello generó un debate moral al rededor del regicidio y ocupa un lugar muy destacado en los tratados históricos más relevantes del siglo XVI, como The Union of the Two Noble and Illustrious Families of Lancaster and York (1542) de Edward Hall y las Chronicles of England, Scotland and Ireland de Raphael Holindshed (1577) en los que Shakespeare se basó documentalmente. Una de las representación más emblemáticas  de dicha obra ocurrió en la víspera de la rebelión del conde de Essex en 1601. Aunque la conspiración fue aplastada y Essex llevado al cadalso, parece ser que la reina Elizabeth I se sintió personalmente aludida. 



Robert Devereux, Segundo Conde de Essex, c. 1599

La rebelión del conde de Essex

Robert Devereaux, conde de Essex (1566-1601), era un caballero galante con fama de conquistador, pero como maquinador fue un completo desastre. Logró con su encanto cautivar a la propia reina Elizabeth, convirtiéndolo en favorito en 1587, el año que substituyó a Robert Dudley como "Master of the Horse". Sin embargo, la soberana, muy cauta como siempre, nunca permitió que llegará más lejos de la cuenta. El propio Francis Bacon escribió al conde de Essex una carta reveladora aconsejándole: "Sois uno de los hombres cuya naturaleza orgullosa no puede someterse a nadie. Vuestra popularidad es inmensa y el ejército está con vos. Ante ello me pregunto: ¿no resulta peligrosa en exceso tal situación para un soberano? Quiero recordaos esto: Su Majestad es una mujer y, además, desconfiada por naturaleza."

 Se ha llegado a sugerir en varias novelas y películas que Elizabeth estaba enamorada del guapo de Essex aunque no tenemos pruebas definitivas que corroboran lo sucedido. De lo que no hay duda es que la reina disfrutaba mucho de su compañía y de los halagos que recibía de su súbdito.

Los últimos años del largo reinado isabelino estuvieron repletos de intrigas al redor del posible sucesor, por el hecho de que no habían herederos directos al trono. Según la ley, no había dudas que el candidato y único descendiente legítimo era Jacobo VI de Escocia. Aquello le costaría varios quebraderos de cabeza a la soberana.


Retrato de Elizabeth y sus súbditos ( fechado entre 1600 y 1603). Obra de Robert Peake the elder 

Essex empezó a meterse en problemas cuando regresó de la campaña irlandesa en septiembre de 1599 sin el permiso de Elizabeth. Fue interrogado por el consejo durante cinco horas y fue declarado que su vuelta de Irlanda se debió a que había desertado y abandonado sus obligaciones. Fue confinado en York House donde se ha barajado la posibilidad que mantenía una estrecha comunicación con Jacobo VI de Escocia. Lo juzgaron el 5 de junio de 1600 dándole la libertad pero ya no disfrutaba del poder ni de las regalías que estaba acostumbrado. 

Robert Devereux ejerció como mecenas en la representación de Richard II en el Teatro Globe el 7 de febrero de 1601. Lo que parecía un evento cuya única finalidad era entretener a la audiencia, ensalzaba indirectamente un mensaje revolucionario. El público presenció la historia del decadente rey Richard, quien perdió su trono y su vida por hacer caso a sus maquiavélicos consejeros. El paralelismo era obvio, la reina Elizabeth era aquel desafortunado monarca; la facción de Robert Cecil los consejeros de Richard II.  En suma, la obra de Shakespeare se consideró como una simbólica amenaza a la reina. 

Al siguiente día tras la representación,  Essex y sus seguidores emprendieron su plan de capturar a la reina Elizabeth, deshacerse del consejo liderado por Cecil y proclamar a Jacobo VI de Escocia rey de Inglaterra. Avanzaron por las calles de Londres esperando que se uniera el pueblo a su causa. Sin embargo, todo fue en vano, su objetivo que tanto había costado materializarse fracasó estrepitosamente al final del día. La reina no se lo podía creer, estaba enormemente devastada y disgustada por semejante traición. El conde de Essex fue declarado traidor y condenado a muerte. Lo decapitaron en la Torre de Londres el 25 de febrero de 1601. 


Bibliografía:

Concha Muñoz, Ángeles de la; Elices Agudo, Juan Francisco; Zamorano Rueda, Ana Isabel. Literatura inglesa hasta el siglo XVII. Madrid: editorial UNED, 2009.

http://www.britainexpress.com/History/tudor/essex-rebellion.htm 

http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Devereux,_II_conde_de_Essex

http://www.elizabethfiles.com/info/elizabeth-is-suitors/robert-devereux/

http://www.rmg.co.uk/explore/sea-and-ships/in-depth/elizabeth/elizabeth's-final-years/the-rise-and-fall-of-the-earl-of-essex 

domingo, 26 de enero de 2014

Jacobo I, el Rey Lear y la Corte


El " Rey Lear" ( The King Lear) de William Shakespeare  fue escrito en un período de la historia en la cual la homosexualidad, o "sodomía" como solía ser llamada en otros tiempos, era considerada una aberración, un  pecado nefando o pecado contra natura, sin embargo era una era en la cual el soberano que regía los destinos de Inglaterra cada día dejaba más claro ante sus súbditos su latente homosexualidad. Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia (1566-1625) vivía alejado de su esposa, Ana de Dinamarca, y de sus propios hijos, un hombre que en sus cincuenta y ocho años de poder tuvo la mayor colección de favoritos que ningún rey haya tenido nunca en dicha nación.

 Jacobo amó a los hombres jóvenes, sus favoritos, más que a las mujeres, con un amor que iba más allá del amor entre un hombre y una mujer. Nunca vi a ningún marido enamorado coquetear de tal manera con su bella esposa como yo lo he visto hacer al rey Jacobo con sus favoritos, especialmente con el duque de Buckingham . Palabras de John Oglander, cortesano del rey Jacobo en Inglaterra, armado caballero en 1615.


George Villiers, El duque de Buckingham (1592-1628) por Rubens.

Y es que, el mismo monarca no podía ser más explícito, no solo abrazaba y besaba constantemente en público a su favorito, al que llamaba "my sweet Steenie", "my son", e incluso algunas veces "my wife". No hay dudas del amor que sentía el rey por el duque pues queda patente en el discurso que Jacobo hizo ante el pleno de su consejo privado en 1617, en el que él mismo se declara enamorado de su favorito:

"Yo Jacobo, no soy ni dios ni ángel, sino un hombre como otro cualquiera. Por lo tanto ya actúo como un hombre, y confieso que amo a todos aquellos que son queridos por mí más que a cualquier otro hombre. Podéis estar seguros de que yo amo al conde Buckingham más que a ningún otro, y más que a vosotros que estáis ahora aquí reunidos. Deseo hablar en mi propio nombre, y no pensar en ello como un defecto, ya que Jesucristo hizo lo mismo, y por lo tanto no puedo ser culpado. Cristo tuvo su Juan y yo tengo a mi George."

La corte de Jacobo estaba llena de "bufones, madamas, mimos y catamitas" que se veían envueltos en un entorno que daba cabida a todo tipo de placeres. La palabra "mimic" (mimo) se asignaba a los actores y "catamitas" un término contemporáneo para llamar a los homosexuales sugiere una posible conexión entre "El Rey Lear" de Shakespeare y la corte del rey inglés, concretamente debido a que la obra fue presentada ante el monarca en la noche de San Esteban de 1606, una festividad que podría ser el momento propicio para dar rienda suelta al libertinaje. 

Los teatros londinenses, a igual que la corte de Jacobo I, era un foco de la cultura homosexual en la Inglaterra de principios del siglo XVII. Los padres estaban temerosos de ver a sus vástagos envueltos en dicha institución por miedo a que pudieran ser "corrompidos". Dado el hecho que el Rey Lear fue representada en la corte y probablemente fue escrita para la ocasión, es posible que la obra se estableciera como un vínculo de conexión entre los dos entornos: el teatro y la corte.  Si efectivamente fuera el caso, entonces podríamos poner en evidencia varios momentos de la obra con un alto contenido homoerótico, con claras alusiones que no pasan desapercibidas a los oídos de los espectadores. Hay un instante que el Bufón de Lear hace hincapié que no se debe nunca confiar "en el amor de un chico". Asimismo, hay otro escena en la cual Kent le dice a Gloucester que "no puedo compreenderte" ("I cannot conceive you") que revela un doble significado pues " to conceive" en inglés se puede interpretar también como "concebir, engendrar hijos".



En la obra no faltan también alusiones concretas a personajes históricos de la época entre ellos podríamos mencionar los dos hijos del rey Jacobo que ostentaban los títulos que Shakespeare otorga  a los yernos del rey Lear. Henry, el primogénito del rey, era el duque de Cornwall y Charles, el segundo, duque de Albany. A igual que Lear, el monarca tenía un bufón, Archie Amstrong, por quien profesaba una gran estima. Desde los tiempos de Enrique VIII no había habido ningún bufón en la corte y lo más seguro es que el nuevo personaje estaría presente en la representación gesticulando y haciendo bromas de acuerdo con los que se esperaba de él. Como Lear, James I disfrutaba de la caza, anteponiéndola a los asuntos del gobierno, y su atención exacerbada hacía sus favoritos y el bullicio, el lujo y el número de cortesanos de su séquito le habían causado problemas con el Parlamento que consideraban excesivo su despilfarro. Las insinuaciones al recorte del tumultuosa corte del rey no pasarían desapercibidas a los ojos de Shakespeare. 


Bibliografía:

Cabañas Agrela, Miguel: Reyes Sodomitas, Monarcas y Favoritos en las cortes del Renacimiento y Barroco, editorial Egales, versión Kindle, 2012.

Concha Muñoz, Ángeles de la; Elices Agudo, Juan Francisco; Zamorano Rueda, Ana Isabel. Literatura inglesa hasta el siglo XVII. Madrid: editorial UNED, 2009.

Ryan, Michael: Literary Theory, A Practical IntroductionBlackwell Publ, 2007.

sábado, 18 de enero de 2014

La Brujería durante los siglos XV y XVI (l)


Creer en la Brujería en los siglos XV y XVI estaba totalmente arraigado en la mentalidad de aquella sociedad. Poseían la firme convicción de que dichas hechiceras eran súbditas fieles del demonio con el que entablaban pactos estrechísimos. Pero de verdad hubo alguna vez brujas, seres maléficos con poderes terribles? 

La gente de aquellos siglos, cada vez que presenciaban algún acontecimiento anómalo en las cosas de la vida diaria, desde una cosecha que salía mal hasta una misteriosa enfermedad que mataba a todo un rebaño de ovejas, la primera cosa que se les venía a la mente es que dicha desgracia sólo podría ser fruto de una maldición elaborada por dichas mujeres. Así como se creía a pies juntillas que existían tales hechiceras, la figura de Satán las acompañaba a la zaga. Ambos formaban un tremendo embrollo en la mente popular difícil de deshacerse. En suma, la sociedad renacentista, a pesar de todos sus avances en la forma de ver al hombre y a Dios, por increíble que parezca seguía creyendo vehementemente en las brujas y sus poderes malignos.

Un ejemplo cercano lo tenemos en la figura del emperador Carlos V. En su corte se aseguraba que Enrique VIII de Inglaterra había repudiado a Catalina de Aragon por las artes maléficas de Ana Bolena. Estando en Ratisbona el Emperador, en 1532, le llega la noticia de la sospechosa manera de actuar de Ana Bolena, y así lo hace saber a su hermana María de Hungría, entonces gobernadora de los Países Bajos: según lo que había oído, Ana le había dado unas hierbas o brebajes amatorios al monarca inglés.

Es probable que muchas mujeres que las consideraron como hechiceras, creyeron ellas mismas que de verdad lo eran, pues conocían la naturaleza y los secretos que ella entrañaba, como por ejemplo los efectos de ciertas hierbas alucinógenas.



No hay que olvidar que estamos tratando de una concepción del mundo tan antigua como el hombre que todavía perduraba en las sociedades más avanzadas hasta bien entrado el siglo XVIII. Como decía el sabio Voltaire:

...Cuando hay menos supersticiones hay menos fanatismos, y cuando hay menos fanatismos hay menos desgracias.

Ahora es cuando reflexionamos: pero por qué tanta superstición?
El trasfondo es muy simple, lo tenemos en lo más profundo de la mente humana. Todo radica en su inconformismo por conseguir lo que más anhela que está fuera de su alcance a través de los medios normales. Ejemplos tenemos muchísimos como lograr el amor de una persona, recuperar la juventud perdida o hacerse rico de la noche a la mañana. Entonces se acudía a la magia cuando dichos intentos fallaban del todo cuando usaban procederes habituales. Por lo tanto, esa búsqueda desesperada por lograr lo que resultaba inaccesible conllevaba a sumergirse por el terreno de la magia.


La Bula de Inocencio VIII


A finales del siglo XV una bula potifícia dejó en estado de alerta a toda la Cristiandad. El papa Inocencio estaba muy alarmado por la creciente brujería en Europa, especialmente sobre unas prácticas demoníacas que se estaban llevando a cabo en el centro de Alemania. Así que decidió redactar una bula, el 5 de diciembre de 1484, que se llamaría Summis desiderantes affectibus, con la que concedía plenos poderes a la Inquisición para combatir la brujería y demás prácticas religiosas. La bula del vicario de Cristo aparecía como una especie de prólogo del tratado Malleus Maleficarum (El Martillo de las Brujas), escrito en 1486 por dos monjes dominicos, Heinrich Kramer y Jakob Sprenger. El papa tras leer el tratado, les otorgó los títulos de autoridades supremas de la Inquisición.

Las noticias que había recibido el papa eran caóticas y terribles. El texto de la bula así lo pregona:

Recientemente ha venido a nuestro cierto conocimiento - señala -, no sin que hayamos pasado por un gran dolor, que en algunas partes de la alta Alemania..., cierto número de personas del uno y otro sexo, olvidando su propia salud y apartándose de la fe católica, se dan a los demonios íncubos y súcubos.
...y por sus encantos, hechizos, conjuros, sortilegios, crímened y actos infames, destruyen y matan el fruto en el vientre de las mujeres, ganados y otros animales de especies diferentes.
...destruyen las cosechas, las vides, los huertos, los prados y los pastos, los trigos, los, los granos y otras plantas y legumbres de la tierra.
...afligen y atormentan con dolores y males atroces, tanto interiores como exteriores, a estos mismos hombres, mujeres y bestias, rebaños y animales, e impiden que los hombres puedan engendrar y las mujeres concebir.

Volviendo a los autores del Martillo de las Brujas, tanto Kramer como Sprenger estaban más volcados en la copulación con el diablo que en cualquier otro asunto. Sprengel dejó constancia:

Si una mujer no puede conseguir un hombre, lo más seguro es que entregue su cuerpo al demonio.

Sprengel tampoco tuvo reparos en soltar semejante barbaridad:

Prefiero tener un león o un dragón suelto por mi casa, que no a una mujer.


Bibliografía:

Fernández Álvarez, Manuel: Casadas, Monjas, Rameras y Brujas, La olvidada historia de la mujer española en el Renacimiento, Espasa Libros, 2010.

Frattini, Eric: Los Papas y el Sexo, Espasa Libros.



miércoles, 11 de septiembre de 2013

"Los Últimos Días de Ana Bolena" en versión Kindle




Por fin, después de mucho tiempo, decidí llevar a cabo este proyecto, reunir todos mis artículos sobre esta gran reina que inspiró mi espacio cortesano allá en el año 2008. "Los Últimos Días de Ana Bolena" se concibió inicialmente para una serie de 15 entregas publicadas entre mayo de 2010 y noviembre de 2011, fruto de mi investigación basada en ensayos de historiadores de renombre especializados en la época Tudor, entre ellos Eric Ives, Retha Warnicke y Alison Weir.   En  este breve relato de 42 páginas se analizan todos los hechos polémicos que derivaron en su vertiginosa caída, incluyendo testimonios de embajadores y crónicas de la época. 


 A partir de hoy está disponible en versión Kindle en la tienda de Amazon a través de este enlace: 



 Queridos lectores, estoy inmensamente agradecida por los bellos mensajes recibidos que cada día me impulsan más a seguir adelante. Ya sabéis que mi mundo cortesanos sin vuestro apoyo jamás se hubiera materializado. ¡Un fuerte abrazo de Lady Caroline!

Por cierto, desde hoy día 11 hasta el 15 de septiembre podréis descargarlo de forma gratuita.

jueves, 15 de agosto de 2013

La Brujería en los siglos XV y XVI (2)

Aquelarre, 1508, Hans Baldung

En el Martillo de las Brujas, Kraemer y Sprenger no se quedan cortos. Arremeten contra esas endemoniadas mujeres de todas las formas posibles y por haber: entre las hazañas de dichas brujas estaban el modo que ellas ingresaban en el servicio de Satán, las fórmulas de acatamiento al Príncipe de las Tinieblas, el rechazo y la abdicación a la fe cristiana y por supuesto su mayor habilidad, los conjuros. Estos encantamientos surtían efecto gracias a la intervención del demonio.

Además, los dos inquisidores nos presentan casos verídicos que prueban la existencia de esas criaturas poseídas por el demonio y hasta que punto llegaba su maldad. Por ejemplo, se relata de cómo en la aldea de Baldshut, de la diócesis germana de Constanza, una vieja (a la que se le titula de bruja), al no ser invitada a una boda, decide tomar venganza, conjurando a Satán para que el instante de mayor apogeo de la celebración provocara una granizada sobre el baile, estropeando así la fiesta campesina. La pobre señora fue acusada de dicha fechoría y condenada a la hoguera.



A nosotros, habitantes del siglo XXI, nos parece el cúmulo de lo absurdo semejantes creencias, pero la gente de aquellos tiempos jamás lo ponía en duda. Digamos que ellas eran como un chivo expiatorio en el que recaían todos los males de la humanidad. Y aún más si la supuesta bruja tenia un aspecto grotesco ( desdentada, desgreñada, vestida con harapos) y era vieja, fea y deforme. En suma, la imagen que desde que eramos niños no transmitieron en los cuentos de hadas. A que nadie se olvida de la escena de la Madrastra de Blancanieves disfrazada de bruja entregando una manzana envenenada a su dócil hijastra ¿O la vieja bruja del cuento de Hansel y Gretel que cocía a niños en un horno para luego comérselos?

Como percibimos, esa terrible caracterización sigue perdurando en nuestra retina, una estampa que por mucho que nos esforcemos en suavizarla, continuará rondando en la imaginación popular. Sabemos que hoy en día apenas hacen parte del mundo de las historias infantiles, sin embargo, como hemos expuesto, fueron frutos del miedo del pueblo con relación a las desgracias y contratiempos de su propia existencia. Era la solución más fácil, culpar a una pobre mujer vieja de catástrofes naturales e incluso de los propios errores.

Lo cierto es que el ser humano se pone  ansioso al convivir con la duda, necesita una aclaración rápida y concisa. Muchas veces somos incapaces de encontrar lógica en lo que ocurre a nuestro alrededor. Nos preguntamos el por qué de nuestra mala suerte y eso nos indigna.  Para la mente humana  es mucho más fácil relacionar lo feo con lo maligno. Lo feo, lo monstruoso provoca miedo, repele y causa aversión. Se huya de ello, por si resultase contagioso. Algo deforme sólo podría ser fruto de una copula pecaminosa... Dios castigaba a las parejas, dándoles hijos con mal formaciones genéticas, como es el caso de los gemelos siameses. Traer niños así al mundo era por culpa de la impropia conducta sexual de sus padres
.
También se les atribuían la tarea como auxiliadoras de Satán para que este pudiese ocupar los cuerpos muertos, desposeídos de sus almas, y así penetrar en el mundo de los humanos . Luego dichas criaturas maquinaban sus macabros planes, entre otros actuar como íncubos para seducir a jóvenes de las que tener hijos y así engendrar los hijos del demonio.

Bibliografía:

Fernández Álvarez, Manuel: Casadas, Monjas, Rameras y Brujas, La olvidada historia de la mujer española en el Renacimiento, Espasa Libros, 2010.

Frattini, Eric: Los Papas y el Sexo, Espasa Libros.