viernes, 12 de abril de 2013

Explorando el mito: "El verdadero Richard III" (Introducción)

El rey Ricardo III. Este cuadro titulado "The Broken Sword", fue pintado póstumamente entre 1533-43 bajo el reinado de Enrique VIII.


Ricardo III pasó a los anales de la historia como uno de los más malévolos y despiadados reyes de Inglaterra. Poseía las habilidades y talentos que debía tener un gobernante, sin embargo, según pregona la leyenda, ordenó asesinar a sus propios sobrinos, Eduardo V y a su hermano Ricardo, duque de York. Su imagen, manchada hasta el día de hoy, se construyó en parte por la intensa obra de Shakespeare. Es inevitable que nos venga a la retina la figura de un monarca usurpador, tirano y monstruoso, capaz de cualquier acto de villanía por lograr el poder absoluto. Entonces, ¿ya está? ¿Nos conformamos con esa supuesta verdad? 

Como humanos que somos, sabemos discernir que en este mundo no todo es blanco o negro. Los matices grises son los que dominan nuestros actos, es lo que nos convierten en seres fascinantes y complejos. Para empezar, sólo podemos decir que el auténtico rey Ricardo no fue tan malo ni tan bueno como se le ha descrito. Parte de la imagen que ha llegado hasta nuestros días deriva de "The Tudor Propaganda" que incrementó sus atrocidades y actos despiadados, incluso lo retrataron como un ser deforme hasta los limites de la monstruosidad. Haremos  todo lo posible para intentar acercarnos a  ese verdadero hombre, que bajo un pesado manto negro escondía una gama considerable de claroscuros: desde su fiel amor por su esposa Anne Neville (no se le conoció ninguna amante mientras estuvo casado) hasta considerarlo el responsable por el asesinato de sus sobrinos.





Ricardo III y su consorte, Anne Neville

Poco más de cinco siglos han pasado desde que Ricardo III fue coronado rey de Inglaterra. Únicamente reinó durante dos años, de 1483 a 1485, hasta ser vencido por el futuro Enrique VII en la Batalla de Bosworth. Treinta años de guerras sangrientas, de 1455 a 1485, llegaron a su fin y las heridas de tan terribles contiendas cicatrizaron con el matrimonio de Enrique Tudor con Elizabeth de York. Por fin llegaba la paz, la unión entre las dos rosas, la roja de los Lancaster se fusionaba con la blanca de los York. Pero claro está, no hay rosas sin espinas, nada mejor dicho.

Como todos los que se codean con el poder, la ambición corría por las venas  de Ricardo. ¿Quién en aquellos tiempos no hubiese deseado ser el soberano de Inglaterra? Desde niño presenció las disputas entre primos, incluso entre hermanos: Los York y los Lancaster luchaban a muerte por un reino inmerso en un completo caos, donde las lealtades cambiaban según la marea de los acontecimientos.

Ricardo Plantagenet, el hijo más joven de Richard, III duque de York (1411-1460) y de Cecille Neville (1415-1495), nació el 2 de octubre de 1452 en el castillo de Fotheringhay.


El pequeño Ricardo consiguió sobrevivir a los periplos de la infancia y parece ser que luego pasó sus  primeros años de juventud en compañía de su hermano George, bajo los cuidados de su madre en  Fotheringhay. Después que su hermano mayor Eduardo IV ascendiera al trono en 1461, Ricardo fue  nombrado duque de Gloucester y enviado a que lo educaran como un caballero en el hogar del conde de Warwick en el castillo de Middleham en Yorkshire. Allí, Ricardo convivió con las hijas de Warwick, Isabella y Anne, y también con uno de los pupilos de conde, Francis Lovell, quien sería amigo suyo durante toda la vida. En ese enclave fue donde aprendió el arte de la guerra y las habilidades que se requerían para un noble de su posición, además de algunas nociones sobre leyes.

Ricardo fue esencialmente un niño que le tocó vivir una era violenta y tumultuosa, él mismo era el legado de una devastadora guerra civil. Su infancia y años formativos fueron eclipsados por batallas, traiciones y muertes atroces. Cuando apenas tenía ocho años de edad, su padre y su hermano Edmund murieron en campo de combate.

Durante la década de 1460, Eduardo IV favoreció más bien poco a su hermano pequeño, en realidad el que recibió todos los honores fue el hermano mediano, George, quién había sido nombrado duque de Clarence y llevado a vivir a la corte. Pero realmente quien permaneció incondicional al rey fue Ricardo, mientras George y Warwick se volvían en su contra, convirtiéndose en traidores de la corona.   Por lo tanto, el joven  duque de Gloucester caminó hacía la edad adulta en un inseguro y oscuro mundo, y dos veces sufrió la agonía del exilio.


Continuará...


Bibliografía:

Ashdown-Hill, John: The last days of Richard III and the fate of his DNA, The History Press, 2013.

Hicks, Michael: Richard III, The History Press, 2003.

Weir, Alison: The Princes in the Tower, Pilmico, London, 1992.

sábado, 9 de febrero de 2013

Entre embajadores y criptoanalistas...






Carpaccio, Vittore: "La llegada de los embajadores ingleses", Año 1498, Gallerie dell'Accademia de Venecia


Los testimonios de los diplomáticos resultan ser siempre una fuente de incalculable valor capaces de acercarnos como por arte de magia a una recóndita y alejada época.  Una "primary source" en toda regla que tenemos la suerte de todavía conservar en diversos archivos. Eran ellos los que redactaban las crónicas y que registraban todo lo que sucedía en los escondrijos de los palacios. Además, gracias a su pluma,  cobran vida todos los acontecimientos y festividades de las cortes reales de entonces, aunque, todo sea dicho, también fueron los responsables de propagar rumores y desvelar controvertidas verdades.

Por ejemplo, ser diplomático en la corte de Enrique VIII tenía sus pros y sus contras. Normalmente eran hombres de buena familia y educados a los que no resultaba fácil intimidar. No era costumbre asignarles alojamiento en  la corte salvo que el monarca así lo ordenara, no obstante se alojaban cerca de la residencia real y todos los gastos pertinentes corrían a cuenta de la corona inglesa. Ya veis que el rey no escatimaba gastos para tener contentos a los embajadores...

Otro cantar era la manutención que recibían de parte de sus señores. Se esperaba de un embajador una presencia que reflejase el status de su gobernante, pero por desgracia la mayoría de los monarcas europeos mantenían a sus diplomáticos a raya, escasos de ingresos y para colmo debían subsistir echando mano de sus propio dinero. Para su consuelo, tenían la suerte que Enrique era un tipo generoso que le gustaba agasajar a todos los embajadores en el momento que regresaban a su país. Ninguno se iba de Inglaterra sin una valiosa vajilla en su baúl.

El día día de un diplomático era una tarea ardua. Sus responsabilidades era muy grandes: debían velar por los intereses de su señor, facilitarles información útil y a menudo confidencial con lujo de detalles y la mayoría de la veces transcrita en códigos, e incluso tenían que resolver situaciones difíciles que exigían el máximo tacto. El problema es que a veces iban más allá de lo que les convenía. Como es nombrado en el artículo anterior, casi todos empleaban espías e informantes para averiguar secretos de estado y también lo que escondían los poderosos del reino. Muchas intervenían en los líos cortesanos y unos cuantos se encontraron en situaciones comprometidas. Ya veis que la inmunidad diplomática no siempre surtía efecto.

Tenemos varios ejemplos que hicieron caso omiso a esa supuesta inmunidad. Pero primero debemos  tener en cuenta que se les consideró desde el principio como espías potenciales. A comienzos del siglo XV, Enrique V de Inglaterra, por ejemplo, ordenó encarcelar a todos los embajadores franceses mientras desarrollaba sus planes de invasión con respecto al país galo. Luego ya en la Era Enrique VIII, vemos el ejemplo del cardenal Wolsey que desconfiaba bastante de los diplomáticos. Una de sus medidas fue ordenar a Sebastiano Giustiniani (enviado de Venecia en la corte inglesa entre 1515 y 1519) que le enseñara sus despachos antes de mandarlos a su señor. En 1524 interceptó la correspondencia del enviado imperial, Louis de Flandre, Sieur de Praet, lo puso bajo arresto domiciliario porque no le gustó lo que leyó y luego exigió que se fuera de Inglaterra.




 El arte de la Criptografía


El uso regular de la criptografía comienza en la Edad Media, con los árabes, y en Europa ello no sucede hasta el Renacimiento. Hasta entonces sólo se empleaba de forma esporádica, sin embargo,  En el siglo XV era una industria floreciente. El resurgimiento de las artes, de las ciencias y de la erudición durante el Renacimiento nutrió el desarrollo de la criptografía mientras que el hervidero de maquinaciones políticas proporcionó los alicientes necesarios para la comunicación secreta. 


Desde muy temprano en la historia se urdieron sistemas de cifrado para proteger la información secreta. Los más simples consistían en sustituir letras por cifras. Al intercambiar las letras de la misiva en series de números o símbolos sin ningún sentido aparente, se lograba preservar la valiosa información. Aunque claro, antes de más nada, había que entregar la clave de la cifra para el descodificado a receptor y emisor. Si tenéis la oportunidad de visitar un día el Archivo General de la Simancas, allí podréis apreciar decenas de documentos cifrados elaborados por el embajador de Isabel la Católica en Inglaterra, el doctor Rodrigo González de la Puebla, y más adelante por el cardenal Granvela, con instrucciones y negociaciones sobre la boda del futuro Felipe II con María Tudor, hija de Enrique VIII.



Nombrado secretario de cifras en Venecia en 1506, el veneciano Giovanni Soro es considerado hoy en día como el padre de la criptografía moderna. Se especializó en la tarea de descifrador de códigos, empleando sus conocimientos a la hora de descubrir los mensajes secretos que capturaban de los espías de los estados extranjeros. Además, Soro tenía la habilidad de romper los códigos que utilizaban las naciones vecinas, entre ellos los de Maximiliano I y posteriormente de Carlos V. En 1510, gracias a su enorme destreza, los otros estados se vieron obligados a reforzar su sistema de comunicación a un nivel mayor de sofisticación. Como resultado,la curia papal lo contrató para que descodificara los mensajes que su propio analista de códigos era incapaz de descifrar. Además, el papa Clemente VII a menudo enviaba misivas codificadas a Soro para que testara su grado de impenetrabilidad.


Cabe destacar también el francés Philibert Babou, criptoanalista del rey Francisco I de Francia. Babou había adquirido la reputación de ser increíblemente persistente, trabajando día y noche e insistiendo durante semanas para descifrar un mensaje interceptado. Desgraciadamente para el pobre Babou, mientras tanto el monarca francés aprovechó para vivir una larga aventura amorosa con su esposa...


Bibliografía:

http://en.wikipedia.org/wiki/Giovanni_Soro

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004. 

 Jesús J. Ortega Triguero,Miguel Ángel López Guerrero,Eugenio C. García del Castillo Crespo: Introducción a la Criptografía: Historia y Actualidad, Universidad de Castilla la Mancha, 2006.


Espías y Agentes dobles durante la Edad Media, artículo perteneciente a la Revista Historia National Geographic, número 109, diciembre 2012.

lunes, 31 de diciembre de 2012

La red de espionaje de Carlos V en Inglaterra




A raíz de "The King's Great Matter", es decir, los intentos de Enrique VIII de Inglaterra por anular su matrimonio con Catalina de Aragón y casarse con Ana Bolena, hizo con que el emperador Carlos V se viera forzado a cambiar su táctica diplomática. Cuando Eustace Chapuys (c.1490-1556), saboyano de nacimiento, llegó a Londres en septiembre de 1529 para suceder en el cargo de embajador residente a Don Iñigo de Mendoza, un puesto que había estado ocupado de manera bastante inestable desde la dimisión forzada de Luis de Praet en 1525, encontró a una aislada y vigilada reina Catalina que dificilmente conseguía mantener una entrevista a solas con el enviado de su sobrino. Chapuys prefería que no lo vieran demasiado por la corte, y, cuando acudía alli, era consciente que recaían mil ojos sobre su figura. El embajador era humanista y amigo de Erasmo cuyo entusiasmo por la causa de la reina le llevaría con frecuencia a ir más allá de sus obligaciones como diplomático. A sus cuarenta años, era un experto en derecho canónico y había sido juez eclesiástico de Saboya, hábil y astuto, que nunca temía decir lo que pensaba. No obstante, mismo que conversaba con soltura en francés, español y latín, su dominio del inglés no estaba a la misma altura.


El embajador Eustace Chapuys


El diplomático percibía que su labor en Inglaterra era de suma importancia para su señor. El deseo de Enrique VIII por divorciarse de la tía de Carlos V había movido los cimientos de Europa y había causado un revuelo internacional que preocupaba sobremanera al emperador. Una de sus primeras medidas diplomáticas fue aumentar el número de personas que trabajaban a su servicio. Contrató a muchos antiguos sirvientes de Catalina: ingleses, galeses y españoles, incluyendo el ujier de la reina llamado Juan de Montoya, un español que llevaba más de veinte años prestando servicio en Inglaterra y que se convirtió en uno de los principales secretarios de Chapuys. Reclutó también a jóvenes de Flandes y Borgoña, insistiendo que aprendieran inglés y, aunque él mismo no acudía muy a menudo a la corte, sin embargo los animaban para que fueran, esperando, probablemente, que su media docena de astutos y agradables caballeros se infiltraran en los círculos de los palacios sin levantar demasiadas sospechas.

Además del propio Montoya, tenía a dos secretarios más que hablaban muy bien inglés, incluso les proporcionaba a cada uno una peculiar red de contactos. Asimismo, tenía un "valet de chambre", un taciturno flamenco que iba con él a todas partes con la excusa de que debido a sus problemas con la gota, necesitaba ir siempre acompañado por si le pasaba algo. Eran de agradecer las habilidades lingüísticas de su sirviente pues en más de una ocasión los oídos del valet fueron esenciales para sus planes. Los consejeros conversaban a destajo sin apenas preocuparse por la presencia de Chapuys y de su ayudante, pues daban por hecho que su nivel de inglés era más bien precario. ¡Qué equivocados estaban!

Chapuys dedicaba parte de su tiempo a su red de espionaje. A partir de 1533, habría contratado unos cinco o seis agentes a tiempo completo que a cambio de unas modestas sumas de dinero le informaban sobre cualquier movimiento que se llevaba a cabo en las posadas de Londres (era sumamente interesante estar al tanto de los extranjeros que se paseaban por la ciudad), quién entraba y salía de la residencia de Thomas Cromwell, o incluso donde se encontraba un heraldo mensajero. Para ello era esencial contar con el apoyo de lacayos, doncellas, chicos de establos que estuvieran dispuestos a romper la lealtad a su señor a cambio de unas monedas.

Los diplomáticos de otras naciones de Europa también estaban bajo su vigilancia. Se sabe que uno de los secretarios de Marillac, el embajador de Francia, proporcionó clandestinamente durante dieciocho meses un set de códigos y transcripciones de cartas del enviado francés. Asimimismo, debemos resaltar el papel que jugaban las doncellas.  Había concretamente una, servidora de Ana Bolena, que mantuvo informada la embajada imperial durante más de un año de todo lo que transcurría en el entorno de la segunda esposa de Enrique VIII.

Los despachos de Chapuys, que son una de las principales fuentes de datos sobre el reinado de Enrique VIII, eran sin duda parciales a favor de Catalina: al referirse a Ana Bolena, hablaba siempre de "la Dama" (eso antes de casarse con el rey) o "la Concubina" (ese último título se lo otorgó cuando ya era reina). La mayor parte de los datos acumulados eran triviales y variados, y muchos de ellos, podemos estar seguros, nunca se incluyeron en los informes oficiales. Sin embargo, una cantidad considerable de esas informaciones que encajaban y servían de utilidad para sus propósitos eran catalogados y guardados como "fuente".

El enviado del emperador también entablaba relaciones con la comunidad de comerciantes españoles de Londres, muchos de los cuales residían allí desde hacía un tiempo. Al contrario de sus predecesores, Chapuys era igual de atento con los comerciantes de los Países Bajos. Le hacía a los flamencos pequeños favores y recibía a cambio noticias valiosas sobre los movimientos de dinero, armas, los agentes ingleses que entraban y salían de Amberes, además de ayudar en transmitir su correspondencia y manejar sus ganancias. Ellos mismos veían a Chapuys como uno de los suyos ya que el embajador provenía de un entorno de mercaderes de clase media. Normalmente iban a la embajada imperial a cenar, contar sus penas, pedir consejos y comentar las últimas noticias y cotilleos.

Chapuys raramente asistía a los actos de la corte, pero cenaba a menudo con los ministros del monarca y tenía numerosos contactos influyentes, además de su ya mencionada red de espías en la casa real. Con el tiempo se convirtió en un foco para los nobles partidarios de la reina Catalina y, siguiendo instrucciones de Carlos V, empleó todos sus recursos para formar con ellos una facción eficaz. El rey se sentía molesto a menudo a causa de Chapuys, sin embargo, por increíble que parezca, simpatizaba sinceramente con él, a veces incluso le hacía confidencias y a menudo le proporcionaba información deliberadamente. El clan Bolena lo odiaba y mientras algunos consejeros le consideraban un embustero y un adulador, probablemente él hubiera dicho lo mismo de ellos.


 Jonathan Rhys Meyers como Enrique VIII and Anthony Brophy como Eustace Chapuys en la serie   "The Tudors (segunda temporada, 2008)



Bibliografía: 

Mattingly, Garrett: Renaissance Diplomacy, Penguin Books, 1964.

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004. 

http://es.wikipedia.org/wiki/Eustace_Chapuys

sábado, 22 de diciembre de 2012

¡¡FELIZ NAVIDAD!!





Queridos cortesanos:



Una vez más se acercan estas fechas tan entrañables. Os deseo todo lo mejor para el próximo año y unas Felices Fiestas rodeados de todos vuestros seres queridos. Que jamás os falte de nada: amor, alegría, cariño, bienestar y salud. 



















Un fuerte abrazo,



Lady Caroline

viernes, 21 de diciembre de 2012

"The Lover Compareth his Heart to the Overcharged Gun" de Thomas Wyatt



"The Lover Compareth his Heart to the Overcharged Gun" Thomas Wyatt (1503-1542)


The furious gun in his most raging ire,
When that the bowl is rammed in too,
sore,
And that the flame cannot part from the fire ;
Cracks in sunder, and in the air do roar
The shivered pieces. So doth my desire,
Whose flame increaseth aye from more to more ;
Which to let out, I dare not look, nor speak ;
So inward force my heart doth all to break.



Traducción al español:

El arma furiosa, en su ira más rabiosa,
Cuando la cazoleta se aprieta con demasiado dolor
Y la llama no puede separarse del fuego,
Se hace pedazos en el aire rugen
Los trozos separados. Así es mi deseo,
Cuya llama crece cada vez más,
Y como no me atrevo a mirar ni a hablar para que salga,
Esa fuerza interna hace añicos mi corazón.




En este poema el concepto de yo apasionado como arma tiene connotaciones sexuales volcánicas y furiosas. El arma es un falo; su explosión revela que ha llegado al éxtasis y su energía sexual se asocia con la "ira rabiosa". Pero lo más curioso de estos versos de Wyatt es que la furia del arma se vuelve contra ella misma. "Sobrecargada" (como se refleja en el título del poema), "su llama crece cada vez más" y acaba asemejándose a una "fuerza interna que hace añicos su corazón". 



Bibliografía: 
http://www.luminarium.org/renlit/furiousgun.htm


Gilbert, Sandra M. , Gubar, Susan: La loca del desván: La escritora y la imaginación literaria del siglo XIX. Ediciones Cátedra, Madrid, 1998.

martes, 11 de diciembre de 2012

Catherine Howard, "No other will but his" (Segunda Parte)


Miniatura de Catherine Howard realizada por William Essex en 1850. Pertenece a la colección de la actual reina Elizabeth II. 


7) De camino a la corte

En el otoño de 1539 el rey se comprometió con Ana de Cleves. Una vez más, varias damas serian requeridas para servir a la nueva soberana en la corte. Había una feroz competición por ser una de las afortunadas, pero gracias a la influencia de su tío, el duque de Norfolk, Catherine, juntos con dos de sus primas, fueron elegidas para ocupar los anhelados puestos de damas de compañía. Así que en diciembre de aquel mismo año, Catherine Howard ya se encontraba en la corte, lista para estar a la disposición de la nueva reina de Inglaterra que no tardaría mucho en llegar. 


8) " Una joya entre todas las damas"

Según nos cuenta la autora Karen Lindsey, Enrique VIII antes mismo de la llegada de Ana de Cleves ya se sentía atraído por Catherine. Eso se sabe por una declaración hecha por Agnes Howard, la duquesa viuda de Norfolk: "El monarca se ha quedado prendado de ella desde el primer día que la vio". Lo que se sabe seguro es que en la primavera de 1540 el rey empezó a perseguir a Catherine Howard. Al llegar la pascua, su pasión por ella ya era notoria y el partido católico de la corte, encabezado por Norfolk y Gardiner, no dudaron en sacar ventaja de su buena suerte. El probable que Norfolk haya ordenado a su sobrina que estimulara el afecto del rey. Aunque ella correspondiera a sus avances, debía mantener "ciertas distancias",o sea, nunca permitir que el monarca "lograra el objetivo final".


Los motivos de Norfolk y Gardiner eran al menos políticos y religiosos, pues Ana representaba la alianza protestante y Catherine, por ser del clan Howard, representaba la facción conservadora que apoyaba la doctrina tradicional de la Iglesia de Inglaterra bajo el liderazgo del rey. De hecho, las dos mujeres eran piadosas "a la manera convencional", por lo tanto no demasiado entusiastas. Compartían la básica creencia en Dios y la buena voluntad para cumplir con sus obligaciones religiosas.





Thomas Howard, 3º duque de Norfolk (1539-40). Obra de Hans Holbein


Thomas Howard, alababa la "pureza y honestidad" de su sobrina, a la vez que Stephen Gardiner organizó con mucha frecuencia banquetes y diversiones para el rey y Catherine en el palacio de Winchester, en Southwark. La historiadora Joanna Denny expone en su biografía sobre Catherine que incluso antes de lograr la anulación de su matrimonio con Ana de Cleves, el rey mostraba su amor por ella regalandole joyas y vestidos, además de sentirse rejuvenecido por la belleza, juventud y vivacidad de su nueva conquista. Estaba increíblemente embelesado como nunca se le había visto de otra. El embajador Chapuys la consideraba "imperiosa y testaruda", lo que se debía probablemente a que Enrique la mimaba demasiado. 





Stephen Gardiner, obispo de Winchester


En abril de 1540 Enrique ya tenía claro que deseaba a toda costa librarse de Ana de Cleves y declaraba ante Dios que pensaba que no era su esposa legítima. Informando de los deseos del rey, el parlamento le pidió que examinara las circunstancias de su matrimonio dado que el parlamento dudaba de su validez. 


9) El caballero oscuro

 Thomas Culpepper tenía por entonces unos treinta años; su encanto era una de sus mejores armas. Era la típica clase de hombre que acostumbraba tener éxito en la corte de los Tudor: ambicioso, capaz de usar despiadadamente su cautivador magnetismo para lograr sus propósitos. Estaba lejanamente emparentado con Catherine por su madre Joyce Culpepper (era primos sexto grado). Se había introducido en los palacios siendo paje y, en apenas dos años en los que se esforzó mucho, había  llegado a la envidiada posición en la cámara privada del rey. Culpepper había alcanzado el privilegio de compartir dormitorio con el rey y de cuidar de su pierna ulcerosa. En 1537 ya es notoria la influencia que Culpepper tenía sobre el monarca hasta tal punto para que lady Lisle le enviase un magnífico halcón a cambio de su patronazgo. 

  Culpepper se alejaba bastante del héroe romántico de los cuentos de caballería . Era el típico "bad boy" con su lado negro y su enigmático pasado.  Se sabe por una carta de un comerciante de Londres, dirigida a un amigo suyo que vivía en Alemania, que había violado bruscamente a la esposa de un guardabosques mientras tres o cuatro de sus asistentes más disolutos la sujetaban por orden suya . Además, cuando pasó por allí un desafortunado hombre que intentó defender a la pobre mujer, Culpepper no dudó en darle muerte. Esa sórdida historia terminaba con el perdón del rey a Culpepper, por lo que, desde el punto de vista del monarca, era un mero pecadillo sexual de un joven macho fogoso. Enrique VIII no quería verse privado de la compañía de ese joven "alocado". Culpepper también era sumamente ambicioso: él y su hermano, que también se llamaba Thomas y servía en la casa de Cromwell,  intentaban siempre satisfacer su sed de codicia: buscaban concesiones de tierras monásticas, cargos en la corte y pensiones.



Continuará...


Bibliografía: 

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.

Lindsey, Karen: Divorced, Beheaded, Survived: A Feminist Reinterpretation Of The Wives Of Henry VIII, Da Capo Press, 1996.

Ridgway, Claire: The Anne Boleyn Collection: The Real Truth About the Tudors, CreateSpace Independent Publishing Platform, kindle edition, 2012.

Smith, Lacey Baldwin: Catherine Howard: A Tudor Tragedy, Amberley Publishing, Kindle edition, 2011. 

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004. 

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Catherine Howard, "No other will but his" (Primera Parte)


1. Origen


Hija de Edmund Howard, tercer hijo varón del segundo duque de Norfolk, Thomas Howard, y Joyce Culpepper. Según se cuenta Lord Edmund era débil y bastante perezoso, sin necesidad (segun él lo veía) dado su nacimiento aristocrático, de hacer los esfuerzos que correspondían a los de posición inferior. Luchó en Flodden, pero sin mucho éxito. Fue nombrado caballero en 1515. 



Lord Edmund podría haber sido un triunfador en corte de Enrique VIII, por su status al ser hijo del duque de Norfolk y por haber tenido casi la misma edad que el rey, incluso podría haberse convertido en uno de sus favoritos que lo acompañaba en cacerías y justas, pero por circunstancias que desconocemos no logró caer en gracia al monarca. Daba la sensación que el entorno conspiraba para frustrar sus planes, pasando la mayor parte de su vida en la sombra. Empobrecido y lleno de deudas, se escondía de sus aguaciles. Se sentía escaso de amigos y que el mundo le daba la espalda.


Quizás era demasiado orgulloso y se vanagloriaba de su posición. Educado en el arte de la guerra y poco más, carecía de la astucia e inteligencia necesaria para desenvolverse en la corte. Tuvo algunos golpes de suerte en los que gozó del favor real, acudiendo a la corte en festividades especiales, como las justas en honor al príncipe de Gales, el hijo de Enrique y Catalina, en 1511 (el niño murió 52 días después de su nacimiento). Como dato curioso se creía que padecía piedras en el riñón. En abril de 1531 le ofrecieron el puesto de controlador de Calais. En agosto de 1537 fue elegido alcalde por la asamblea de Calais, pero Enrique no lo permitió. Poco antes de su muerte, en 1539, lo quitaron de su posición como controlador de Calais.

Lord Edmund se casó tres veces. Todas eran viudas. Su primer matrimonio fue con la madre de Catherine, Joyce Culpepper, aprox. 1515 (el primer marido de Joyce se llamaba Ralph Legh); en segundas nupcias desposó a Dorothy Troyes y por último se unió a Margaret Jennings. Catherine tenía tres hermanos mayores, George, Charles y Margaret. Se sabe que el padre de Catherine tenía a su cargo diez hijos, sin embargo desconocemos con exactitud cuales eran del matrimonio de Joyce con Ralph Legh y cuales había engendrado él. Por desgracia, Lord Edmund murió meses antes que su hija Catherine consiguiera el afecto del monarca. 

2) Fecha de nacimiento e infancia: 

Casi nada se sabe sobre la infancia de Catherine Howard, aun los historiadores siguen especulando sobre su fecha de nacimiento y el lugar donde nació. Sinceramente, sabemos muy poco sobre el ambiente en que su infancia transcurrió. La verdad sea dicha, si no se hubiera convertido en reina consorte de Inglaterra, Catherine posiblemente se hubiera unido a la gran legión de hombres y mujeres que vivieron y murieron sin haber dejado huella en la historia, totalmente desapercibidos. Catherine probablemente se quedó huérfana de madre a los nueve años y luego pudo haber pasado el final de su infancia en Oxenheath, por entonces hogar de su tío materno.

Fecha de nacimiento:

Entre 1517-1524. A igual que su prima Ana Bolena, no se sabe la fecha de cuando nació. 

Según el historiador Lacey Baldwin Smith existen varias pistas que pueden ayudarnos a solventar el enigma:

-El testamento de su abuela materna, Isabel Legh. Se la menciona en su testamento que data de 1527, así que definitivamente nació antes de ese año.

-El testamento de John Legh, marido de Isabel y abuelo político de Catherine. Está fechado en 1524 y curiosamente no la menciona. Algunos historiadores ven ese dato como una prueba inequívoca de que ella no nació hasta después de 1524, sin embargo Baldwin Smith argumenta que no nombra a ninguna chica del clan Howard. Una niña no se consideraba importante para figurar en un testamento. 

- Los padres de Catherine se casaron aproximadamente en 1514-15. Como hemos expuesto, tenía 3 hermanos mayores, lo que nos hace suponer que no pudo nacer antes de 1517-1518. 

- Charles de Marillac, embajador francés en la corte de Enrique VIII, informaba que Catherine tenía 18 años cuando se acostó con Francis Dereham y que la confesión de Catherine databa el affair entre 1538-1539. Si ella tenía 18 en 1539 entonces su año de nacimiento sería 1521.

-La Spanish Chronicle nos informa que tenía 15 años cuando conoció al rey. En ese caso, la fecha de nacimiento sería 1524. 

La única información cien por cien segura es que Edmund Howard dijo en 1527 que era padre de diez hijos. En suma, podríamos decir que mantuvo un romance con Henry Manox cuando tenía entre 11 y 15 años y que murió entre los 17 y los 21 años. 

3) Aspecto físico


No se conserva realmente ningún cuadro confirmado de Catherine Howard. 



-Según el historiador David Starkey existe una miniatura de Holbein que podría ser ella. Lo podemos distinguir gracias a las joyas que porta la dama, son las mismas que llevaba Jane Seymour cuando fue retratada. Pertenecían al inventario de la corona.




Retrato en miniatura hecho por Hans Holbein, probablemente Catherine Howard. Alrededor de 1541, siendo ya reina de Enrique VIII.




Joyas de Catherine Howard


 Joyas de Jane Seymour


- Una ventana de la capilla del King’s College en Cambridge. Enrique aparece reflejado como rey Salomón y Catherine de espaldas como reina de Saba. 





- Según Antonia Fraser, Durante mucho tiempo se rotuló de forma equivocada un retrato de Holbein. Lo habían identificado como Catherine Howard, aunque probablemente represente a Elizabeth Seymour, hermana de la reina Jane e hija política de Cromwell. Viste de luto como una viuda antes de casarse con Gregory Cromwell y posee un parecido físico con la reina Jane Seymour, especialmente en el mentón y la nariz.





- Retrato de una joven dama (1540-1560): Cabe la remota posibilidad que fuera Catherine (no hay pruebas), sin embargo lo más seguro es que se trate de Margaret Douglas, sobrina del rey. Por cierto Margaret mantuvo un romance en 1540 con Charles Howard, hermano de Catherine. Por cometer una gran ofensa contra el monarca, Margaret pasó un tiempo recluida en la antigua Abadía de Syon, hasta que la soltaron en 1541 y Charles se refugió en Francia, muriendo soltero.





Un esbozo de Holbein que probablemente se trate de Catherine Howard




Catherine no sólo era pequeña sino diminuta (Como Catalina de Aragón), vamos que era una muchacha realmente bajita. El rey tenía unos treinta años más que ella y unos treinta centímetros más también. Antonia Fraser nos dice que el embajador francés calificaba la belleza de ella sólo como mediana (lo mismo dijo de Ana de Cleves), pero elogiaba su gracia y encontraba muy dulce su expresión. 

A Catherine le gustaba los vestidos de escote bajo que a menudo exponían parte de sus senos y adoraba la moda francesa a igual que su prima Ana Bolena. 


Catalina tenía unos veinte años menos que Ana Bolena, doce menos que Jane Seymour, seis menos que Ana de Cleves. Tenía cuatro o cinco años menos que que Ana y Jane cuando atrajeron al rey. 


4) Educación: 

No era analfabeta como a veces se sugiere. Sabía leer y escribir, bordar, bailar y tocar música de una manera superficial. 




firma de Catherine Howard



Viviendo en la mansión de la duquesa Agnes Howard(née Tilney), duquesa viuda del segundo duque de Norfolk.

La llevaron a la casa de la esposa de su abuelo, en Chesworth, cerca de Horsham y Lamberth. La madre de Catherine ya había muerto (la niña tenía unos 9 años cuando ella se fue de este mundo). Era costumbre en la época que los hijos de la nobleza recibieran educación fuera del hogar familiar. Normalmente los mandaban a casas de nobles de rango superior. 

El inconveniente de Catherine era que la casa de su abuela política carecía de la sofisticación de la corte de Margarita de Austria o de Claudia de Francia o del hogar de los duques de Suffolk. Compartían dormitorio con otras chicas a estilo de lo que hoy es un internado de clase alta. No era un mal entorno, solo algo permisivo. Las niñas hacían lo que todas las chicas habitualmente hacen en un dormitorio: hablar de chicos: flirteos, el cortejo al que eran sometidas, sus galanteos y de los encuentros amorosos. Además, clandestinamente por la  noche una serie de caballeros se infiltraba en el dormitorio de las chicas. Acostumbraban llevar fresas y vino para deleite de sus compañeras. Estas tenían sumo cuidado en no dejar la puerta cerrada con llave. La duquesa aparentemente le daba igual las actividades “extraescolares” de sus pupilas, mientras no fueran pilladas con las manos en la masa. 


La duquesa Agnes(segunda esposa de Thomas Howard, el segundo duque de Norfolk), contemporánea de Margaret Pole, una matriarca de más de 60 años, estuvo presente en todos los acontecimientos importantes de la corte de los últimos 40 años. Su casa daba cabida a más de 100 personas y se asemeja a lo que hoy en día sería un internado de clase alta.






La duquesa Agnes Howard



5) Su romance con Henry Mannox

Se produjo cuando aún vivía en el campo, en la casa Chesworth de la duquesa, cerca de Horsham, en Sussex. Un habitante del pueblo, llamado Mannox fue contratado para enseñar música en 1536. El joven intentó encandilar a la muchacha de quince años entre las lecciones de clavicordio y laúd para lograr su propósito que era llevarla al lecho. No logró tener sexo completo con ella, pero disfrutaron de apasionados momentos íntimos, aunque sin coito.

Mannox siguió a a Catherine a Londres, y a la casa de la duquesa en Lambeth. Claro estaba que un maestro de música no era un partido idóneo para una Howard.


6) Su romance con Francis Dereham


Era un caballero pensionista en la casa de Lambeth de la duquesa. Dicha relación fue mucho más seria. Hay motivos sobrados para suponer que, a diferencia de su relación con Mannox, ésta se consumó plenamente. Como tenían la costumbre de llamarse esposa y marido, cabe sugerir que Catalina y Francis tenían en realidad un precontrato mutuo que se había reforzado por la plena unión sexual. 

La casa de Lambeth era una residencia suburbana magnífica. Existían diversos lugares donde los amantes podrían llevar a cabo sus encuentros sin ser vistos. Según la confesión de Catherine, su relación con Francis duró 3 meses, entre el otoño y el invierno de 1538, cuando ella contaba con diecisiete años.

Tenemos pruebas que confirman la seriedad de la relación: 

-Cuando Dereham fue a intentar hacer fortuna en Irlanda, le pidió a Catherine que le custodiara 100 libras.

- La propia Catherine en su propia confesión fue bastante explícita describiendo como se relacionaba con él. “Francis Dereham, mediante persuasión, me procuró para su depósito depravado y consiguió primero tenderse sobre mi cama con su jubón y sus calzas y después dentro de la cama y finalmente se tendió conmigo desnudo y me uso de tal manera como el hombre hace con su esposa muchas veces pero con qué frecuencia no lo sé.”

-Más personas darían su testimonio de lo que ocurría por las noches en los aposentos de las chicas en Lambeth. Dereham y Waldegrave, un caballero que atendía a la duquesa, hallaron un modo de visitar secretamente de noche a Catherine y a otra muchacha, Joan Bulmer. Ambos se acostaban en las camas de las muchachas durante las horas de la noche hasta el amanecer, en cuanto a lo que sucedía entonces, hay relatos de cómo Catherine y Dereham "solían besarse y unirse por el vientre como si fueran dos gorriones" y "ciertos bufidos y resoplidos" que se oían en la oscuridad y que denotaban sexo para quienes los oían. 


-Se sabe también que se intercambiaban prendas de amor, lo que hace suponer una relación romántica.

Mannox estaba muy celoso que Catherine hubiera volcado sus atenciones a otro caballero, y para vengarse, envió una carta anónima a la duquesa advirtiéndole de los que sucedía. Se la dejo en el banco de la capilla. Agnes descubrió a Catalina abrazando a Dereham y se sintió muy ofendida. Golpeó literalmente a todos los que estaban a la vista, incluida Joan Bulmer. 

Aunque por supuesto Dereham era mejor partido que Mannox, distaba mucho de la noble cuna de los Howard. Catherine al estar alejada de Francis comenzó a perder el interés por él, en especial cuando ella se trasladó más cerca de la corte, a casa de su tío en Norfolk, y todavía más cuando conoció al galante Thomas Culpeper en la cámara privada del rey. 



Continuará...




Bibliografía:

http://www.tudorplace.com.ar/HOWARD1.htm#Charles HOWARD (Sir Knight)1

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.
Lindsey, Karen: Divorced, Beheaded, Survived: A Feminist Reinterpretation Of The Wives Of Henry VIII, Da Capo Press, 1996.

Ridgway, Claire: The Anne Boleyn Collection: The Real Truth About the Tudors, CreateSpace Independent Publishing Platform, kindle edition, 2012.

Smith, Lacey Baldwin: Catherine Howard: A Tudor Tragedy, Amberley Publishing, Kindle edition, 2011.