lunes, 18 de junio de 2012

Alejandro VI, el Papa Faraónico (Parte 2)


La "faronización" del Papado

Según Javier Sierra, autor de La Ruta Prohibida, Alejandro VI estaba convencido de que su estirpe descendía del mismísimo Osiris. Dicho convencimiento se fue arraigando en su mente cuando todavía era cardenal. El responsable por inculcarle tales creencias fue un fraile dominico llamado Giovanni Annio de Viterbo que pasó a los anales de la historia como "el príncipe de los falsarios". 

Annio de Viterbo, maestro del Santo Palacio, persuadió a Rodrigo Borgia de que no era una simple coincidencia que en su escudo de armas apareciese un toro, y que el toro ( o el buey) fuera una de las representaciones clásicas de Osiris. Un dios, que según Viterbo, estuvo en Italia para enseñar a los antiguos pobladores el oficio de la pesca y la agricultura. 

De Viterbo fue un personaje de lo más singular en la Italia renacentista. En los círculos que se movía había cosechado una absurda  fama de erudito. Fue concretamente él quién rescató del olvido unos "sospechosos" textos del sacerdote caldeo Beroso en los que se referían a las aventuras de Osiris en Europa. Según "su punto de vista", Osiris-Apis reinó en Italia, dio nombre a los montes Apeninos e inclusive dejo su marca en topónimos transalpinos como el del pueblo de Osiricella.




El escudo de armas de la familia Borgia


Vamos, que suena todo demasiado surrealista. Para probar sus extravagantes descubrimientos, el señor De Viterbo desenterró piezas arqueológicas, frisos, estelas y columnas con inscripciones jeroglíficas que él mismo había falsificado y sepultado con anterioridad. Lógicamente presumía ante el papa cada vez que hallaba un "tesoro" de ese tipo. Mismo que los rumores de fraude se expandían como la pólvora, Su Santidad no se dejaba llevar por las habladurías. Nadie era capaz de persuadirle de lo contrario. Para Rodrigo Borgia, su maestre de palacio era un sabio. Y claro está, nadie en la corte papal se atrevió a criticarlo en presencia del papa, faltaría más.

Alejandro VI demostró durante sus once años de pontificado ser el papa más atípico, peculiar y herético de la historia de Roma. Mismo sin incluir a sus líos amorosos y a sus célebres hijos, Juan, César y Lucrecia, Alejandro fue el único Vicario de Cristo que estuvo a punto de reconducir el destino de la Iglesia hacia un sendero "pseudoegipcio". Podemos demostrarlo mediante lo que hizo su predecesor, Inocencio VIII, que condenó y persiguió a intelectuales como Giovanni Pico della Mirandola (retrato a la izquierda) por defender la magia de inspiración egipcia y la cábala hebrea. Por el contrario, el papa Borgia, le retiró todas esas acusaciones en junio de 1493; además lo trató como "hijo fiel" de la Iglesia, y se unió encantado a sus estudios heterodoxos. Tanto como Della Mirandola como De Viterbo jugaron un papel esencial en la "faronización" del papado. Nació así el Hermetismo. Pero este término lo abordaremos en el siguiente capítulo.


Bibliografía: 

Sierra, Javier: La ruta prohibida y otros enigmas de la Historia, Ediciones Destino, Barcelona, 2008.

sábado, 26 de mayo de 2012

Alejandro VI, el Papa Faraónico (Parte 1)

En 1492, nada más conquistar el trono pontificio, Alejandro VI le pidió a Pinturicchio un programa pictórico de lo más arriesgado. Nos referimos concretamente a una de las habitaciones en la que vislumbramos unas extrañas escenas inspiradas en la mitología egipcia. Quien entra en la llamada habitación de los Santos de Rodrigo Borgia hallará en sus techos un mundo que sólo es posible de comprender si se estudia detenidamente el contexto de aquel Borgia que alcanzó la tiara papal casi al mismo tiempo que Cristóbal Colón emprendía rumbo a América. 


 En el techo de la habitación, el Papa ordenó pintar una historia pagana de toques clásicos y egipcios: la historia de Io y Júpiter, que continúa después con el mito de Isis y Osiris, y finaliza con la figura destacada de Apis, la divinidad egipcia con forma de buey.


El programa pictórico es bastante llamativo. En uno vemos a Isis, reina de Egipto, enseñando las ciencias y las leyes a Moisés y Hermes Trismegisto. 



Muy cerca de allí, en otro punto del techo, la gran diosa egipcia amontona los miembros descuartizados de su esposo y hermano Osiris.  Y a su lado, el féretro del difunto dios, una pirámide cubierta con un manto adornado, protegido por un buey Apis al que Isis custodia durante una opulenta procesión. 











En aquella época, era fácil que el espectador intuyese la presencia de un buey en la escena. Este animal había sido elegido por la familia Borgia como parte de su escudo heráldico, motivo por el cual el Papa pasó a ser conocido como "el toro español". Con su inclusión en los apartamentos a través de la historia de Apis, el Papa Alejandro estaba intentando asociar genealógicamente a su familia con la historia de aquellos dioses paganos.



El mito del buey Apis.



Escudo del Papa Alejandro VI enmarcado en el Castillo de Sant'Angelo en Roma 



El escudo de los Borgia


Según Josep Marià Carbonell, profesor de la Universidad Pompeu Fabra, para algunos historiadores, en esta imagen que refleja el mito osiriano con la figura del buey, la apoteosis del buey es un intento de comparar al Papa con el Sol y, mutatis mutandis, partiendo de una teología solarista, se concluye que se trata de una identificación del Papa con Jesucristo. «Esto es totalmente erróneo», aclaró Carbonell. «Para entender esta decoración, como tantas otras del momento, hay que tener en cuenta la teología humanista. Alejandro VI, como Papa, quizá se sentía representante de Dios, pero eso queda muy lejos de que pretendiera serlo y así se reflejara".

El padre Miquel Batllori explicó que, de hecho, el buey es símbolo de la familia de los Borgia y proviene del símbolo de Xàtiva, ciudad de los Borgia, aunque originariamente el símbolo era un toro. «Los Borgia cambiaron el toro por un buey, y continua siendo una incógnita el porqué del cambio».


Continuará...

Fuentes: 


Sierra, Javier: La ruta prohibida y otros enigmas de la Historia, Ediciones Destino, Barcelona, 2008.

 http://es.noticias.yahoo.com/blogs/arte-secreto/borgia-el-papa-osiris-apis-094137378.html

http://www.foroxerbar.com/viewtopic.php?t=7123&kb=true

http://forum.tarothistory.com/viewtopic.php?f=11&t=603

http://www.dicat.csic.es/borjaesp.html

miércoles, 16 de mayo de 2012

El Salterio de Ana Bolena

Posible miniatura de Ana Bolena a la edad de veinticinco años, aprox. 1526. Obra de Lucas Horenbout.




La decoración de este Salterio refleja las ambiciones de la futura reina así como sus inquietudes. Fue elaborado entre 1529 y 1532 cuando Ana Bolena era ya tratada con los honores que una soberana se merecía, aunque todavía en nombre lo seguía siendo Catalina. Se caracterizó por un período de triunfo para la joven Ana, pero al mismo tiempo ensombrecido por los intentos frustrados de Enrique VIII por conseguir la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón. 

El texto figura en francés (como Ana había sido educada en Francia, podría leer y escribir en ese idioma con mucha soltura) y denota cierto grado de importancia. En 1528, Ana ya se había declarado a sí misma una simpatizante del Luteranismo, y este Salterio es posiblemente la primera traducción protestante de la Biblia que llegó a la corte de Enrique VIII. 



Salterio en francés de Ana Bolena
Rouen, Francia (1529-1532)
Iluminado por Master of the Ango Hours


Aquí se muestra el Salmo 110.  En la página de la izquierda, observen el monograma ubicado dentro del rombo en forma de diamante (los escudos en forma de rombo en heráldica indican que pertenece a una mujer). En el vemos escrito ER SL que se transcribe como "Henricus Rex - liege souverain" (El rey Enrique, lord soberano). No es accidental que este monograma sea lo primero que aparezca y que ocupe toda una página, pues en este Salmo se refleja la rectitud de la monarquía, lo divino del sacerdocio y la subyugación de los enemigos.



Luego, prestemos atención al león negro rampante que vemos encima del vértice inferior del rombo.  En 1529, el padre de Ana, Thomas Bolena, entonces vizconde de Rochford, se convirtió en conde de Wiltshire y Ormond, y como Retha M. Warnicke afirma en su libro, el hecho de que Sir Thomas fuera elevado a conde, sus vástagos  inmediatamente pasaron a ser apellidados Rochford y adoptaron su emblema que era el león rampante negro. George, el hermano de Ana y primogénito varón, pasaría a heredar el anterior título de su padre.  Además, también vislumbramos en el vértice superior del rombo la inicial A, de Ana Bolena. 

Actualmente podemos hallar el Salterio de Ana en la Biblioteca de Wormsley (Reino Unido), perteneciente a la colección privada de Sir Paul Getty. 


Fuentes:


http://www.themorgan.org/exhibitions/exhibPast00Enlarge.asp?id=108

http://www.anne-boleyn.com/eng/anne-boleyns-badges-and-mottoes/

http://www.flickr.com/photos/anne_boleyn/469944181/

http://www.wormsleycricket.co.uk/pages/thelibrary.html


lunes, 16 de abril de 2012

Los leales sirvientes de la reina Catalina de Aragón














El 23 de marzo de 1534 el Parlamento inglés aprobó una ley ("The Act of Succession") en la que la sucesión recaía en manos de los hijos nacidos del matrimonio entre Enrique VIII y Ana Bolena, a pesar de que el Papa hubiera declarado que la unión del soberano con Catalina era válida.  Por lo tanto dicho decreto situaba a la princesa Elizabeth en aquel momento como heredera al trono, relegando a María Tudor a la simple figura de bastarda real. Según dicha ley, todo súbdito leal a la corona, al ser requerido a ello, debía jurar que reconocía sus disposiciones. Lógicamente, tanto Catalina como María se negaron a prestar juramento y el monarca sabía muy bien que no se debía recurrir a la fuerza, ya que el emperador Carlos V era sobrino de Catalina y si su tía recibía un trato indebido podría contraatacar con serias represalias. Igualmente, cabe destacar la reticencia de Sir Thomas Moro y el obispo Fisher en prestar juramento, y por su desobediencia fueron encarcelados en la Torre. 

Poco después, el 21 de mayo, el rey envió a la casa de Catalina una delegación compuesta por Edward Lee, arzobispo de York, y Cuthbert Tunstall, obispo de Durham. El cometido de los emisarios del monarca era intentar persuadirla para que firmara el Acta de Sucesión, y si se negaba a hacerlo se consideraría traición. Desdeñosamente, ella les dijo que era la reina de Inglaterra: "Por ley el rey no puede tener otra esposa, y dejemos que esto sea su respuesta", proclamó Catalina con frialdad y serenidad. Estaba dispuesta a enfrentarse la cruel pena por traición, que no era otra que la propia muerte, incluso llegó a pedir una ejecución pública. Mismo que Enrique hubiese deseado su fallecimiento, tanto él como sus partidarios sabían que en el momento que se ordenara su condena, podrían ser motivo de  sublevación en todo el reino. 

Lee y Tunstall también volcaron su atención a los sirvientes de Catalina. Uno a uno,  ellos se negaron a aceptar la ley. Dentro del grupo de sivientes, los españoles aún no habían sido entrevistados al final del primer día de visita de los emisarios. Pero antes de tomar cualquier decisión, consultaron a su señora primero. Al día siguiente acordaron que iban a prestar el juramento, aunque lo harían únicamente en su lengua nativa. Lee y Tunstall no pusieron pegas. Sin embargo, los avispados servidores de Catalina sacaron ventaja de la semejanza que existe entre algunos sonidos de la lengua castellana; que por un lado suenan casi igual, por otro se escriben de manera muy distinta. Veamos lo sucedido...En lugar de jurar que Enrique "sea hecho" Jefe Supremo de la Iglesia, ellos por el contrario dijeron "se ha hecho", o sea que daban a entender que el mismo rey se "autoproclamaba" jefe de la Iglesia. Así fue entonces como los españoles burlaron a los ingleses... Como veis, la lealtad de los sirvientes de Catalina fue inquebrantable hasta el final.



Bibliografía:


Lindsey, Karen: Divorced, Beheaded, Survived: A Feminist Reinterpretation Of The Wives Of Henry VIII, Da Capo Press, 1996.


§Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004. 

http://www.luminarium.org/encyclopedia/firstsuccession.htm

http://www.luminarium.org/encyclopedia/catherinearagon.htm

viernes, 6 de abril de 2012

Ganadora del Concurso "La Trampa Dorada"



Estimados Lectores:

En primer lugar, os agradezco inmensamente vuestra participación, ha sido una decisión difícil decantarme por un sólo escrito.  La ganadora del Concurso "La Trampa Dorada" es Rossana Ayabaca (Maraquita Ross, en Facebook) de Quito (Ecuador). ¡Enhorabuena Rossana! Estos son los regalos que recibirás:


- Una Novela Histórica: "La Trampa Dorada" de Philippa Gregory. Editorial Planeta, 2011. Tapa blanda de bolsillo.



- Un espejo de bolsillo con la estampa de Ana Bolena. Producto adquirido en la tienda de la web The Anne Boleyn Files:




A continuación el artículo ganador...


No cabe duda de que Ana Bolena causó revuelo, no solo en la Inglaterra de la Dinastía Tudor, sino también en el mundo y a lo largo de las diferentes etapas que le siguieron a ésta.
Ana Bolena hizo cambios radicales desde las cosas más frívolas hasta los asuntos de estado más importantes que cambiaron a toda una nación.

Aunque los métodos que la llevaron a la Corona de Inglaterra, son cuestionables, esta mujer dio al reino un nuevo aire, se puede decir que Ana debe considerarse como una nueva etapa para un mundo que estaba sumiso, conformista y carente de ideales o nuevas metas; a pesar de ser muy joven, su astucia, aunque mal vista, fue la que dio nuevos temas de debates, le entregó a la gente el regalo más grande que es: cuestionarse, razonar, sacar conclusiones y al final decidir qué camino tomar.

Si empezamos por las cosas vanas, Ana trajo aire fresco, colores, nuevas tendencias en vestuario y decoración. Le inyectó una gran dosis de vida a Inglaterra; a pesar de que la rechazaron, calificándola de prostituta, supo imponer su gusto a tal punto que, su sucesora, sólo encontró en la represión, la única salida para arrancar a Ana Bolena del pueblo y la corte; Jane Seymour, que fue una mujer sin visión ni ambición, debió prohibir a sus cercanos, sirvientes y demás, cambiar su forma de vestir e incluso la decoración de los palacios, porque el sello de Ana se convirtió en una forma de vida.

Y lo más importante, lo que hace a Ana un ícono, fue el cambio religioso y político que ocasionó, al abrir la mente de Enrique a nuevas creencias. En un mundo, donde el Vaticano terminó convirtiéndose en amo, juez y verdugo de la humanidad, Ana abrió un camino nuevo y todo esto gracias a que fue una intelectual que decidió saber más de lo que a una mujer le estaba permitido.

La gran suerte de Ana Bolena fue ser la favorita del Rey, porque de lo contario habría sido juzgada y quemada por la Iglesia; lo cual nos deja una valiosa lección de vida y es que: Si tenemos influencia sobre alguien, debemos usarla para hacer cambios radicales a nuestro alrededor, a pesar de que las razones que ella tuvo no fueron, precisamente, pensando en el bien de los demás... Al contrario, fue una táctica muy bien usada para beneficio personal y familiar.

Pero ya en el trono, Ana fue una reina consciente que trató de devolver a su pueblo lo que le fue hurtado en el nombre de la fe; supo aprovechar su privilegiada posición en favor de quienes lo necesitaban y de quienes habían sido oprimidos de manera cruel, hasta ese momento, por el solo hecho de pensar diferente. Aunque también, por la locura y crueldad de Enrique, se creó un nuevo grupo de oprimidos, víctimas de la obsesión de poder que el soberano tenía. Algo que le puede dar la mala fama a Ana de haber dejado un legado de sangre.

Con los cambios religiosos, vinieron los cambios políticos que tan íntimamente estaban ligados y que por supuesto traen problemas de intereses jerárquicos, de quiénes serían los nuevos favoritos del rey, quiénes tendrían que abandonar la corte y con el humor cambiante de Enrique, vieron en Ana Bolena una gran enemiga por ser la única cercana a él y la única en la cual tenía sus esperanzas depositadas. Por lo tanto, el juicio, sentencia y muerte de Ana Bolena fueron las cartas peor jugadas de quienes cuidaban su lugar en el reino.

Con la muerte de esta mujer valiosísima, consiguieron convertirla en mártir y con ello que cada año, cada siglo Ana Bolena sea recordada y apreciada, incluso más, que la legítima esposa de Enrique, Catalina de Aragón. Su influencia a través de los años, por la naturaleza de su condena, a derivado en que cada nueva generación se apasione con conocer mejor su historia y con esto inevitablemente se llega a las enseñanzas de Lutero, las cuales siguen causando que las personas abran su mente y empiecen a cuestionar todo a su alrededor y es ahí donde Ana nos sigue hablando como lo hizo con Enrique.

Como madre, la más grande herencia que Ana Bolena dejó a Inglaterra, fue Isabel, fiel espíritu de ella misma y con eso sentó las bases del reino más poderoso de Europa y dejó triunfante a la Dinastía Tudor.

Ana Bolena no ha muerto, no ha dejado de influir a la humanidad, solo nos queda esperar que otros cambios vendrán con su legado.


                                                                             Rossana Ayabaca

lunes, 26 de marzo de 2012

Prorrogamos el Concurso "La Trampa Dorada"


Ampliamos la fecha del entrega del escrito, tenéis hasta el 01 de abril para enviarlo ( hasta las 23:00, hora española).  


El ganador se conocerá el 03 de abril.

Saludos y gracias a todos,

Lady Caroline





sábado, 17 de marzo de 2012

Gane una Novela Histórica ambientada en el Período Tudor

¡¡Ya somos casi trescientos seguidores en Facebook!! Agradezco inmensamente vuestro apoyo.

Para celebrarlo, regalaremos una novela histórica ambientada en el período Tudor:

"La Trampa Dorada"
de Philippa Gregory.


SINOPSIS

La trampa dorada. Inglaterra, 1539. Tras la muerte de Jane Seymour, el rey Enrique VIII vuelve a tomar esposa: su cuarta reina. Desde todos los confines ...del reino, las jóvenes de familia noble anhelan ser llamadas a la Corte y eludir así un destino poco prometedor. Pero el rey se fija en Ana de Cléveris, hija del duque de Cléveris, a la que únicamente ha visto retratada en pinturas. Juana Bolena y Catalina Howard, dos mujeres caídas en desgracia, sin fortuna que asegure sus dotes, se cuentan entre las elegidas para servir a la nueva reina. No obstante, lo que parece un cuento de hadas de pronto se revela como una trampa dorada. La historia se repite: Enrique VIII se enamora de una de las damas de compañía de su esposa. Pero Ana de Cléveris es una mujer que ha conocido la tiranía desde la infancia, una mujer que sabe del pasado voluble del rey y que, consciente de que se enfrenta al cadalso, tendrá que jugar bien sus cartas. Tras La otra Bolena, La trampa dorada retoma las vicisitudes de la dinastía Tudor después de la ejecución de Ana Bolena. Una novela intensa, de intriga absorbente y factura impecable que captura la época y el sentir de tres mujeres radicalmente opuestas que, sin embargo, verán sus destinos unirse para intentar sobrevivir en la corte de un tirano.


Además, ¡os obsequiaremos también con este bello espejo de bolsillo con la estampa de Ana Bolena! ¡Elegante y original para regalar a un verdadero Tudor Fan!




Bases del Concurso:

- Ser fan de Los Líos de la Corte en Facebook.

http://www.facebook.com/#!/pages/Los-L%C3%ADos-de-la-Corte/150796061630714

- Deberéis relatar la importancia que creéis que tuvo Ana Bolena en la Historia de Inglaterra. Básicamente, vuestra opinión sobre el legado y la repercusión que supuso su ascenso al trono.

 - Entre 25 y 40 líneas, tamaño 12, fuente Arial.

- El escrito ganador será publicado en el blog.

- Plazo para enviarlo: hasta el 27 de marzo.

-Mandarlo a:

carolbjca@hotmail.com

o vía mensajería del Facebook.

- Concurso válido para España y Latino Ámerica.

- El ganador se dará a conocer el 01 de abril.


¡¡Muchas gracias y suerte a todos!!

jueves, 1 de marzo de 2012

Discurso de Juana de Castilla ante el alzamiento comunero (1520)



Introducción al discurso:



Juana de Castilla y el movimiento Comunero



La Guerra de las Comunidades de Castilla fue el levantamiento armado de los denominados comuneros acaecido en la Corona de Castilla desde el año 1520 hasta 1522 es decir, a comienzos del reinado de Carlos I Las ciudades protagonistas fueron las del interior castellano, situándose a la cabeza de las mismas las de Toledo y Valladolid. 

El levantamiento se produjo en una situación de inestabilidad política en la corona de Castilla que se arrastraba desde la muerte de Isabel la Católica (1504). En octubre de 1517, el rey Carlos I llegó a Asturias proveniente de Flandes, donde se había autoproclamado rey de sus posesiones hispánicas en 1516. A las Cortes de Valladolid de 1518 llegó sin saber hablar apenas castellano y trayendo consigo un gran número de nobles y clérigos flamencos como Corte, lo que produjo recelos entre las élites sociales castellanas, que sintieron que su advenimiento les acarrearía una pérdida de poder y estatus social, por lo tanto demostraban un claro rechazo a la politica de Carlos V.

Por otro lado, el emperador temía perder el poder ya que realmente la reina propietaria era su madre, Juana de Castilla, razón por la cual él había querido entronizarse nada mas morir su abuelo, Fernando el Católico, y se había empeñado en ser reconocido monarca a cualquier precio. La realidad era muy clara: Carlos solamente era rey mientras su madre fuese incapaz de gobernar. 

Juana estaba colocada en un enclave estratégico, Tordesillas, acusada de estar fuera de si, victima de una incipiente locura que la impedía ejercer sus funciones. Pero si Juana recobraba la razón y tomaba partido de los rebeldes podría desatar una guerra civil por el poder entre la nobleza castellana y los partidarios del Carlos. 

El 24 de Septiembre de 1520, Doña Juana mantuvo una larga conversación que quedó registrada por tres escribanos con el Doctor Zúñiga, catedrático de Salamanca, en la que informaron de la muerte de su padre y de "los grandes males" que habrían sobrevenido después (resulta increíble que Juana no supiera de la muerte de su padre, acaecida en 1516, supongo que no lo hicieron para evitarle disgustos). Los comuneros se mostraron exultantes por el interés que podría tener Doña Juana. Dijo que estaba dolida por no haberle notificado de la muerte de su padre. Estaban allí los procuradores de las doce ciudades implicadas en el alzamiento comuneros: Burgos, León, Valladolid, Soria, Segovia, Avila, Salamanca, Toro, Madrid, Toledo, Guadalajara  y Cuenca.

Zúñiga lo proclama desde un principio: Juana era la única soberana, la reina propietaria de Castilla, pero una soberana apartada de sus funciones regias. Trato de hacerle saber que "ella ya era libre". Ya podía ordenar, gobernar su reino, que todos la obedecerían. Ante esa demostración de apoyo incondicional de parte de sus súbditos, Juana tomó la palabra. Lo primero que quiso aclarar fue su ineficacia. Y curiosamente apenas mencionó la muerte de su amado Felipe el Hermoso. En cambio, las referencias fueron constantes a su progenitor, Fernando el Católico. 





24 de Septiembre de 1520 


"Ya, después que Dios quiso llevar para sí a la Reina Católica, mi señora, siempre obedecí y acaté al Rey, mi señor, mi padre, por ser mi padre y marido de la Reina, mi señora; y ya estaba bien descuidada con él, porque no hubiera ninguno que se atreviera a hacer cosas mal hechas. Y después que he sabido cómo Dios le quiso llevar para sí, lo ha sentido mucho, y no lo quisiera haber sabido, y quisiera que fuera vivo, y que allí donde está viviese; porque su vida era más necesaria que la mía. Y pues ya lo había de saber, quisiera haberlo sabido antes, para remediar todo lo que en mí fuere posible.

 Yo tengo mucho amor a todas las gentes y pesaríame mucho de cualquier daño o mal que hayan recibido. Y porque siempre he tenido malas compañías y me han dicho falsedades y mentiras y me han traído en dobladuras, e yo quisiera estar en parte en donde pudiera entender en las cosas que en mí fuesen, pero como el Rey, mi señor, me puso aquí, no sé si a causa de aquella que entró en lugar de la Reina, mi señora, o por otras consideraciones que S.A. sabría, no he podido más. Y cuando yo supe de los extranjeros que entraron y estaban en Castilla, pesóme mucho dello, y pensé que venían a entender en algunas cosas que cumplían a mis hijos, y no fue así. Y maravíllome mucho de vosotros no haber tomado venganza de los que habían fecho mal, pues quienquiera lo pudiera, porque de todos lo bueno me place, y de lo malo me pesa. Si yo no me puse en ello fue porque ni allá ni acá no hiciesen mal a mis hijos, y no puedo creer que son idos. Y mirad si hay algunos dellos, aunque creo que ninguno se atreverá a hacer mal, siendo yo segunda o tercera propietaria y señora, y aun por esto no había de ser tratada así, pues bastaba ser hija de Rey y de Reina. Y mucho me huelgo con vosotros, porque entendáis en remediar las cosas mal hechas, y si no lo hiciéredes, cargue sobre vuestras conciencias. Yo así os las encargo sobrello. Y en lo que en mí fuere, yo entenderé en ello, así como en otros lugares donde fuere. Y si yo no pudiere entender en ello, será porque tengo que hacer algún día en sosegar mi corazón y esforzarme de la muerte del Rey, mi señor; y mientras yo tenga disposición para ello, entenderé en ello. Y porque no vengan aquí todos juntos, nombrad entre vosotros de los que estaís aquí, cuatro de los más sabios para esto que hablen conmigo, para entender en todo lo que conviene, y yo los oiré y hablaré con ellos, y entenderé en ello, cada vez que sea necesario, y haré todo lo que pudiere." 


Notas aclaratorias:

1) Se vislumbra una acusación contra su padre por haberla encerrado en Tordesillas, aunque Juana creía que la conducta de Fernando el Católico derivaba de la mala influencia de su madrastra, Germana de Foix. 


...como el Rey, mi señor, me puso aquí, no sé si a causa de aquella que entró en lugar de la Reina, mi señora...


2) Cabe destacar que si leemos el texto entre líneas, es posible hallar una pequeña alusión a Felipe el Hermoso:


...tengo que hacer algún día en sosegar mi corazón y esforzarme de la muerte del Rey, mi señor...


3) Luego su pesar por no haber actuado, después de la muerte de su padre, como correspondía a una verdadera reina. Lamenta que nadie la hubiera avisado: 


...quisiera haberlo sabido antes, para remediar todo lo que en mí fuere...




4) También reprocha las malas compañias que siempre la rodearon:


...siempre he tenido malas compañías y me han dicho falsedades y mentiras y me han traído en dobladuras...




5) El tema de su hijos es de los mas impactante y revelador. Se ve una madre que se preocupaba por en bienestar de sus retoños, que sufria dia y noche por verse privada de su compañía. Tenia miedo que les hicieran daño, en particular los flamencos, no fuesen a pagarlo aquellas criaturas que estaban a la merced de sus enemigos, en los Países Bajos o en la propia Castilla: 


...Si yo no me puse en ello fue porque ni allá ni acá no hiciesen mal a mis hijos...

¿Estarian amenazando a Juana? Son solo conjeturas, pero no hay que descartar esa posibilidad. 


Bibliografía:


Aram, Bethany: La reina Juana: gobierno, piedad y dinastía, Marcial Pons, 2001.

Fernández Álvarez, Manuel: Juana la loca, La Cautiva de Tordesillas, Espasa-Calpe, Madrid, 2001.

 Zalama, Miguel Á. Juana I. Arte, poder y cultura en torno a una reina que no gobernó. Centro de Estudios Europa Hispánica, 2010. 


martes, 7 de febrero de 2012

La joven princesa Catalina escribe a su padre...

Catalina de Aragón como María Magdalena. Obra de Michel Sittow. Retrato pintado al final de su adolescencia o principio de la veintena.


Carta de Catalina a su padre el rey Fernando II de Aragón

Contexto Histórico: Corría el año de 1505, y Catalina de Aragón, a sus veinte años, vivía en un estado de caótico abandono, careciendo de recursos para pagar a sus sirvientes, alimentarse y vestirse como correspondía a su rango; el asunto de la dote la traía por la calle de la amargura. Enrique VII dejó claro que si la dote no fuera entregue, no cumpliría con su promesa de casarla con su otro hijo, el príncipe Enrique (futuro Enrique VIII, en la época con catorce años), cuando éste alcanzase la mayoría de edad. Por otro lado, Fernando el Católico, recientemente viudo de Isabel, la reina de Castilla, y posiblemente en vísperas de casarse o incluso ya casado con Germana de Foix, carecía de fondos para pagar la dote, de hecho, al rey de Aragón no parecía importarle su hija pequeña lo más mínimo, "bastante tenía con preocuparse en engendrar un vástago varón que heredara su corona". Echemos entonces un vistazo a las propias palabras de Catalina, en la cuales expone su triste dilema: 


"Tengo deudas en Londres y no las contraje por haber comprado cosas extravagantes, ni tampoco para aliviar a mi gente (supongo que para mantener a  su séquito y sirvientes), quienes realmente necesitan, pero solo para conseguir comida. El rey de Inglaterra dijo que no está obligado a darme nada, y que incluso la comida que me proporciona proviene de su buena voluntad; ya que Vuestra Alteza no ha cumplido con su palabra respecto al dinero de mi dote. Le conté que creía que con el tiempo Su Alteza saldaría la deuda. Él me dijo que eso ya se vería. "

No tengo ni para camisas, y, por tanto, ruego a Vuestra Alteza, por su vida que me atienda. He vendido unas pulseras para comprarme con su importe un traje de terciopelo negro, pues andaba casi desnuda. Desde que vine de España sólo me he podido comprar dos vestidos, sirviéndome hasta ahora de los que traje conmigo; pero ya no me quedaban más que los de brocado. Por este motivo yo suplico a Vuestra Alteza dé órdenes para que se remedie lo dicho, porque de esta manera no podré seguir viviendo."

La humilde servidora de Vuestra Alteza, que le besa las manos, la Princesa de Gales."




Bibliografía:

Fernández Álvarez, Manuel: Juana la Loca, La Cautiva de Tordesillas, Espasa-Calpe, Madrid, 2001.

Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Planeta DeAgostini, Barcelona, 1996.

Tremlett, Giles: Catherine of Aragon, Henry's Spanish Queen, Faber and Faber, 2010.


miércoles, 18 de enero de 2012

¿Es posible que Enrique VIII haya conocido a Ana Bolena en 1513?

Es bastante probable. En 1513, a Enrique VIII no se le iba de la cabeza la idea de conquistar Francia. Hacía ya cuatro años que había sido coronado rey de Inglaterra y ya era hora de que afirmara su poder y autoridad en Europa. Desde 1337, cuando Eduardo III había dado a conocer sus pretensiones al trono de Francia, los sucesivos monarcas de Inglaterra se habían nombrado a sí mismos "Reyes de Francia".




Enrique VIII a los dieciocho años


El ejército de la nación vecina estaba a años luz de la mediana tropa de Enrique, pero mismo así estaba decidido a probar su valía en el campo de batalla. Aunque las probabilidades de éxito eran remotas, Enrique no se acobardó. Desde el principio, estaba claro que su proyecto de invadir Francia estaba condenado al fracaso. Desgraciadamente, sería traicionado por sus astutos aliados, el emperador Maximiliano (padre del la archiduquesa Margarita) y por Fernando de Aragón, el rey Católico. La intención de ambos era que el joven Enrique causará problemas en Francia, sin embargo, como era lógico de esperar, no deseaban que el monarca inglés se convirtiera en soberano de dos naciones poderosas. Enrique entonces era todavía un joven inexperto y algo ingenuo, lleno de ímpetu y ganas de guerrear. 



 Mientras tanto, Catalina de Aragón permanecía en Inglaterra actuando como regente del reino. Al mismo tiempo que su esposo luchaba en Francia, ella emprendía una guerra contra Escocia en la cual los ingleses resultaron vencedores. Fue conocida como la Batalla de Flodden. 


Retomando a las peripecias de Enrique en Francia, las tropas habían llegado a Calais en el mes de julio. La primera ciudad que conquistaron los ingleses fue Thérouanne, el 23 de agosto. A continuación su intención era tomar Tournai, aunque debido al mal tiempo fue imposible realizar el asalto. Como era imposible atacar, Enrique aprovechó el tiempo libre para relacionarse con la ilustre corte de los Habsburgo que tanta admiración causaba al monarca inglés. Pasó una  temporada con Maximiliano y otra con su hija la archiduquesa Margarita. Lo mantendrían bastante entretenido, disfrutando de justas, tiro con arco, bailes, música, y como no, la compañía de bellas damas. 


 Enrique acompañó a Maximiliano a Lille donde la regente y su corte los estaban esperando. Se cree que fue allí en Lille, no en Malinas, que Ana Bolena vio a Enrique VIII por primera vez. El rey entonces era una joven apuesto de veintitrés años, alto, atlético, educado y enamorado de la música. Lille (hoy en día esta población pertenece a Francia, sin embargo antes estaba bajo los dominios de los Habsburgo) está a 143 km de Malinas, donde se ubicaba la corte de la regente Margarita. ¿Qué pensaría Ana del joven Enrique? ¿Se quedo deslumbrada con su porte y figura? ¿Quién podría imaginar entonces el devenir de los acontecimientos?




Cornelli, Lucas: Miniatura de Ana Bolena, alrededor de 1600.




Bibliografía:


Ives, Eric: Anne Boleyn, Basil Blackwell, Oxford, 1988.


Hart, Kelly: The Mistresses of Henry VIII, The History Press, 2009.

lunes, 16 de enero de 2012

Carta de Juana de Castilla al Señor de Vere, ¿fue espontánea o manipulada por Felipe el Hermoso?




Contexto histórico de la misiva: La muerte de Isabel la Católica, acaecida el 26 de noviembre de 1504, desató una dura pugna por hacerse con el poder de Castilla. Fernando el Católico y Felipe el Hermoso lucharían con uñas y dientes por la corona y mientras tanto Juana sufriría las desavenencias que se producían entre ellos.  

El fallecimiento de Isabel convertía automáticamente a Juana en su heredera. Felipe el Hermoso ya no era a partir de entonces sólo conde de Flandes y archiduque de Austria,  sería ahora también nombrado rey consorte de Castilla. Sin embargo, en su testamento dejó dispuesto que en caso de que su hija fuera incapaz de gobernar, su esposo, el rey Fernando, ocuparía la regencia de Castilla hasta la mayoría de edad del príncipe Carlos, su hijo. Lo curioso es que, en el testamento, de Felipe no se menciona ni una palabra. 

Su madre, la reina Isabel, murió con una gran angustia en el pecho al conocer la inestabilidad emocional de su hija . Como cualquier madre,  le preocupaba la "supuesta" enajenación mental de Juana y el problema sucesorio que dejaba su propia muerte. No quería que fuera Felipe, su yerno, sino Fernando, su marido, el que gobernara, para que Juana se dejara llevar por los consejos de su padre. Fernando el Católico ocuparía la regencia Castilla como Gobernador del Reino, en nombre de Juana, hasta que su nieto Carlos cumpliera veinte años.

Sobre la autenticidad de la misiva no hay duda, según el historiador Manuel Fernández Álvarez. Pero si existe contradicción respecto a su espontaneidad. Probablemente fue dictada por Felipe el Hermoso, o por alguno de sus consejeros castellanos más íntimos, posiblemente el señor de Belmonte, don Juan Manuel. Está fechada en Bruselas a 3 de mayo de 1505 y va dirigida al señor de Veyre. Todo lo que se expone está cuidadosamente manipulado con mucha astucia. Se reconocen los graves altercados y las desavenencias surgidas en el seno de la vida conyugal de Juana y Felipe, así como se da por hecho que que ello había ocasionado una señal de alarma en Castilla, con una fuerte acusación contra el rey Fernando: quien se habría alegrado de las muestras de locura de su hija, pues tal situación le propiciaba lograr el poder. Juana reclamaba por no  creerla capaz de gobernar, y finalizaba dando a entender que su marido, Felipe el Hermoso, y no otro, era el que debía reinar en Castilla.

En esta carta, la infanta también alude a su enfermedad, provocada por los celos, además de compararse a sí misma con su propia madre, Isabel la Católica. Alega que su progenitora padecía la misma inquietud que ella ahora sufre en manos de su esposo Felipe.  


Bruselas, 3 de mayo de 1505.


Musiur de Vere: Hasta aquí no os he escrito porque ya sabéis de cuán mala voluntad lo hago; mas pues allá me judgan que tengo falta de seso, razón es tornar en algo por mí; como quiera que yo no me debo maravillar que se me levanten falsos testimonios, pues que a Nuestro Señor ge los levantaron; pero por ser la cosa de tal calidad y maliciosamente dicha en tal tiempo, hablad con el Rey y mi señor mi padre, por parte mía, porque  los que esto publican no sólo lo hacen contra mí, también contra Su Alteza, porque no falta quien diga que le place dello a causa de gobernar nuestros Reinos, lo cual yo no creo, siendo Su Alteza rey tan grande y tan católico y yo su hija tan obediente.

Bien sé que quel Rey, mi señor (Felipe el Hermoso), escribió allá  por justificarse quexándose de mí en alguna manera, pero esto no debiera salir dentre padres e hijos, quanto más que si en algo yo usé de pasión y dexé  de tener el estado que convenía a mi dignidad, notorio es que no fue otra causa sino çelos, y no sólo se halla en mí esta pasión, mas la Reina mi señora, a quien dé Dios gloria, que fue tan eçelente y escogida persona en el mundo, fue asimismo çelosa, mas el tiempo saneó a Su Alteza, como plazerá a Dios que hará a mí.

Yo vos ruego y mando que hables allá a todas las personas que vierdes que conviene, porque los que tovieren buena intención se alegren de la verdad y los que mal deseo tienen sepan que sin duda, quando yo me sintiese tal cual ellos querrían, no había yo de quitar al Rey, mi señor mi marido, la gobernación desos Reinos y de todos los del mundo que fuesen míos, ni le dexaría de dar todos los poderes que yo pudiese, así por el amor que le tengo como por lo que conozco de Su Alteza, y porque conformándome con la razón, no podía dar la gobernación a otro de sus hijos y míos y de todas sus suçesiones sin hacer lo que que no debo. Y espero en Dios que muy presto seremos allá, donde me verán con mucho placer mis buenos súditos y servidores.

Dada en Bruselas, a tres días del mes de mayo, año de mill y quinientos y cinco.

Yo, la Reyna.

Por mandado del la Reyna, Pero Ximénez.

Notas aclaratorias: Como se expuso más arriba, se duda de la espontaneidad de esta carta. Habría que comprobar cuidadosamente si es toda autógrafa, o solo la firma. De todas maneras, se intuye que detrás de todo ello está la mano de Felipe el Hermoso, por supuesto, bien instruido por algunos de sus consejeros castellanos, posiblemente don Juan Manuel. La táctica era tantear a la alta nobleza castellana y los miembros del alto clero y predisponerlos a favor del archiduque de Austria. 

 Por lo  tanto, la intención de la correspondencia era desmitificar las muestras de locura de Juana y para ello estaba el señor de Vere ( el destinatario de la misiva) que podía ayudarle en su tarea de convencer a los grandes de Castilla de que Juana no se hallaba tan desequilibrada y que, por supuesto, su anhelada voluntad era que el gobierno del reino recayese en manos de Felipe el Hermoso. 
 
Otro dato importante es que no se oculta el mal de Juana, porque según crónicas de la época era algo evidente, aunque se da como curable (se afirma en la carta que lo mismo sucedió a su madre, aunque supo luego como controlar los celos) , con lo cual desaparecía el motivo de una probable incapacitación para gobernar o para consentir que alguien ejerciera los derechos en su lugar, que sin lugar a dudas sólo podría estar destinado a  Felipe el Hermoso. En definitiva, el cometido de la carta era dar a entender que Juana no estaba tan trastocada como muchos sugerían, lo que en realidad sucedía era que ella prefería delegar el gobierno en manos de su esposo. En suma, a Felipe le interesaba que su esposa fuera la reina, aunque solo por nombre, mientras tanto el gobernaría a la sombra como rey consorte.  

Bibliografía: 

Fernández Álvarez, Manuel: Juana la loca, La Cautiva de Tordesillas, Espasa-Calpe, Madrid, 2001.

Pfandl, Ludwig: Juana la loca: madre del emperador Carlos V, su vida, su tiempo, su culpa, Ediciones Palabra, Madrid, 1999.