viernes, 31 de agosto de 2012

Descubriendo a Shakespeare: "As You Like It": La naturaleza como refugio y la libertad de ser bufón




As You Like it (en español, Cómo Gustéis) es una obra cómica escrita por William Shakespeare, hacia 1599. Fue asimismo incluida en el First Folio (1623) como la octava de dieciocho comedias, siguiendo un orden cronológico.

Es considerada por muchos críticos una de las comedias más maduras y trabajadas de Shakespeare, en la que se convergen elementos clásicos del género. Forma parte de la convención pastoril e se observa un cambio de fortuna e identidades, transformaciones morales, travestismo y disfraces que dan lugar a situaciones muy disparatadas y lo más significativo; el juego entre la realidad y la apariencia donde nada o casi nada es lo que parece y a pocos o ninguno se puede valorar por su ropaje o palabras. El tono de la obra es humorístico, ingenioso y con varios puntos de vista distintos.

Argumento: Oliver y Orlando son dos hermanos, hijos de un caballero fallecido. Oliver, el primogénito, maltrata al menor. Paralelamente, el duque Senior ha sido desterrado por su hermano Frederick, yéndose a vivir al bosque de Arden con algunos cortesanos. Allí viven “como Robin Hood”.

El nuevo duque, Frederick, vive en palacio con su hija Celia y su sobrina Rosalind, la protagonista de la obra, que se ha quedado allí al ser expulsado su padre. Las primas Celia y Rosalind se profesan un gran afecto. Orlando gana en un combate contra todo pronóstico y se enamora de Rosalind.
Frederick destierra también a Rosalind. Celia no quiere abandonarla y huye con ella. Se disfrazan para pasar desapercibidas: Rosalind de hombre (Ganímedes, como el paje y amante de Zeus); y Celia como Aliena, supuesta hermana de Ganímedes. Les acompaña en su huida el bufón de la corte, Touchstone (cuyas intervenciones a lo largo de la trama son absolutamente hilarantes). Frederick cree que han ido en pos de Orlando y ordena buscarlas.

Así, en el bosque de Arden se dan cita tanto el antiguo duque con su corte (en la que destaca Jaques, un hombre melancólico), como Rosalind disfrazada y sus amigos; y Orlando, que ha llegado allí huyendo de su hermano y acompañado de su anciano criado Adan.

La naturaleza como refugio para los cortesanos 

Se contraponen dos entornos; por un lado, al principio de la obra, vislumbramos la corte, regida por un despiadado código masculino con ansias de poder donde domina la ley del más fuerte. Sin embargo, el bosque de Arden simboliza un paraje idílico aparentemente incorrupto, donde el Duque Senior y sus seguidores huyen de los peligros que encierra la corte y buscan refugio en su bucólico ambiente pastoril. En el acto II, escena I de la obra, el duque desterrado profesa un discurso donde refleja un paralelismo entre la vida cortesana y el entorno pastoril de la naturaleza. Lo percibimos a través de palabras como “books” o “sermons” que se ven plasmados en varios elementos naturales del bosque de Arden. Da a entender que no le cuesta desprenderse de todos los objetos de la civilización y que incluso ya no le hacen falta. En su lugar dispone de la sabia naturaleza del entorno que se encargará de proporcionarle todo lo que necesita. Además, el ambiente le hace ver realmente quién es, desprovisto de todo tipo de regalías, donde sobresale la debilidad del hombre frente al poder de la naturaleza.

 La naturaleza figura como aliada del hombre, un lugar salvaguardado de cualquier maldad y corrupción, no obstante, en las últimas palabras del duque Senior se denota cierta agresividad al final de su discurso, cuando sugiere la caza del ciervo; si recordamos ir de cacería era unos de los pasatiempos más apreciados por los nobles. Digamos que estarían irrumpiendo las normas de la naturaleza, matando a un ser indefenso para no morirse de hambre o simplemente como diversión. Por consiguiente, el entorno pastoril es degradado, asimismo lo profesa el melancólico Jaques, que no puede disimular su indignación al presenciar al ciervo herido y acusa al duque y a los demás nobles de apoderarse de un reino que nos les pertenece y que cometen la misma fechoría que ellos han sufrido a manos del duque Frederick. En definitiva, el duque Senior actúa de la misma manera que el duque Frederick, apoderándose de la naturaleza a igual que su hermano usurpó su poder, bienes y posición en la corte. Es un claro ejemplo de oposición y contraste.


La libertad de ser bufón

En este fragmento que presenciaremos a continuación, el melancólico Jaques desea a toda costa poseer el traje del bufón, que le permitiría expresar sin tapujos y con libre albedrío sus opiniones y juicios sobre determinados asuntos que puedan parecerle equivocados o descabellados. Como cortesano que es, se rodea de ciertos límites que le impiden ser totalmente franco en su entorno, su cabeza incluso podría peligrar si expone con demasiado tesón sus pretensiones. Sin embargo el bufón, cómico profesional del ambiente cortesano, tiene plena libertad para decir la verdad sin que nadie le juzgue por ello. Se le consiente todos los excesos verbales, convirtiendo el ingenio y agudeza en su arte. Su condición es impersonal lo que le permite mantenerse alejado de cualquier conflicto, por ello Jaques aspira a ser con él y envidia su posición privilegiada. 


Jaques.            A fool, a fool! I met a fool i’ the forest,                                               12
A motley fool;

[…]

                                          O noble fool!
A worthy fool! Motley’s the only wear.

Duke Senior.   What fool is this?

Jaques.            O worthy fool! One that hath been a courier,
And says, if ladies be but young and fair,                            35
They have the gift to know it: and in his brain,
Which is as dry as the remainder biscuit
After a voyage, he hath strange places cramm’d
With observation, the which he vents
In mangled forms.O that I were a fool!                                40
I am ambitious for a motley coat.

Duke Senior.   Thou shaltº have one.                                                  ºyou shall

Jaques.                                                      It is my only suit;
Provided that you weed your better judgments
Of all opinion that grows rank in them
That I am wise. I must have liberty                                         45
Withal, as large a charter as the wind,

To blow on whom I please; for so fools have;
And they that are most galled with my folly,
They most must laugh. And why, sir, must they so?
The ‘why’ is plain as way to parish church:                         50
He that a fool doth very wisely hit
Doth very foolishly, although he smart,
Not to seem senseless of the bob: if not,
The wise man’s folly is anatomised
Even by the squandering of glances of the fool.                55
Invest me in my motley; give me leave
To speak my mind, and I will through and through
Cleanse the foul body of the infected world,
If they will patiently receive my medicine.
(II. vii. 12-13, 36-59)

Traducción al Español:

Jaques.              ¡Un bufón! Conocí a un bufón en el bosque,
              Un variopinto bufón;
                                                  […]                                                  
                                                         ¡O noble bufón!
             ¡Un respetable bufón! Su traje colorido es su única vestimenta.

Duke Senior. ¿Qué bufón es éste?

Jaques.  ¡O respetable bufón! Uno que había sido un mensajero,
              Y dice, si las damas no son más que jóvenes y hermosas,
              Ellos tienen el don de saberlo: y en su cerebro,
              Que es tan seco como un bizcocho rancio
              Después de un viaje, sitios extraños se introducen en su mente
              Con observación, se desahoga
              De forma incoherente. ¡O que yo sea un tonto!
             Ambiciono una indumentaria llena de colores.

Duke Senior. Tú deberías tener uno.

Jaques:                                              Esto es mi único traje;
                      Siempre que elimine sus mejores sentencias
                      De todas las opiniones que maduran en ellos
                      Que soy prudente. Debo tener libertad
                      Además, para volar a través del viento
                      Llegar hasta quien quiera; como lo hacen los bufones;
                      Y ellos que son los más descarados con mis disparates,
                      La mayoría de ellos debe reírse. Y ¿por qué, señor, deben ser así?
                      El “porque” es claro de la misma forma que una iglesia parroquial:
                      Él como bufón tiene una sabía agudeza
                      De forma muy imprudente, aunque es listo,
                      Sin percibir las reverencias sin sentido: sino,
                      La insensatez del hombre es disecada
                      Incluso por las desaprovechadas miradas del bufón.
                      Confiéreme a mí ese ropaje, deme permiso
                      Para que hable mi mente, y por medio de ella
                      Limpiar el asqueroso cuerpo de un mundo corrompido
                      Si ellos pacientemente recibirán mi medicina.


 Bibliografía:



Concha Muñoz, Ángeles de la; Elices Agudo, Juan Francisco; Zamorano Rueda, Ana Isabel. Literatura inglesa hasta el siglo XVII. Madrid: editorial UNED, 2009.

Greenblatt, Stephen. The Norton Anthology of English Literature Vol. 1 - The Middle Ages through the Restoration and the Eighteenth Century. W. W. Norton & Company Inc., 2006.

sábado, 11 de agosto de 2012

Cecilia Gallerani, la dama del armiño (3ª parte)

Moderna representación de "La Dama del Armiño"


Beatrice versus Cecilia

Ludovico veía a su joven esposa Beatrice como "una criatura fascinante" que colmaba de alegría a los súbditos de su castillo. La solía tratar con su debido respecto y consideración, además de concederle cualquier tipo de capricho que ella requería. Sin embargo, el duque era un espíritu libre que continuaba llevando una doble vida y buscando placer donde le venía en gana. 

Por otro lado Beatrice, a pesar de su juventud, ya se intuía que se transformaría en un mujer fuerte, poseedora de una profunda naturaleza y de un carácter de lo más temperamental que no pondría las cosas fáciles a su esposo.  No era suficiente para ella tener la atención,  el cariño, los halagos y los obsequios de Ludovico; para sentirse realmente completa le urgía también el corazón de su amado, y que por supuesto, no debía compartirlo con nadie más.

  
Castillo de los Sforza en Milán


 Cuando Beatrice descubrió que su marido tenía una amante embarazada y que para colmo vivía  bajo su mismo techo, su mundo se desmoronó. Le parecía una situación insostenible saber que Ludovico visitaba a menudo aquella dama y que la amaba apasionadamente. Puso finalmente a su esposo entre la espada y la pared diciéndole "¡es ella o yo!" El acorralado duque prometió que pondría fin cuanto antes a aquella relación con Cecilia Gallerani y que la casaría con unos de sus cortesanos o la enviaría a un convento.

Se dice que Beatrice d'Este estaba tan celosa de Cecilia que incluso rehusó un precioso manto dorado que le regaló su esposo. Su motivo era que en el pasado la Gallerani había recibido un obsequio muy parecido de parte del duque. No era cuestión que la duquesa se rebajara exhibiendo un atuendo similar al lucido por su rival...



  
 Ludovico Sforza, duque regente de Milán, conocido como "il Moro"


En una carta enviada al embajador de Ferrara, Giacomo Trotti, fechada el 27 de marzo de 1491,  "il Moro" le informó que había decidido no ver nunca más a Madonna Cecilia y que después del alumbramiento del hijo de ambos, su amante  accedía casarse con  Ludovico Carminati de Brambilla, conde de Bergamino de Cremona, uno de los más leales súbditos del duque regente de Milán. 


El 3 de mayo Cecilia Gallerani dio a luz a un hijo que lo llamarían Cesare. Con el motivo del nacimiento, Ludovico regaló a Cecilia unas propiedades en Saronno, aunque la mantuvo junto a su retoño unos meses más, hasta julio, lo que provocó discordias en la corte. Finalmente, presionado por su esposa y suegro, el duque Ercole I de Ferrara, decidió casar a  "la dama del armiño" con el conde de Bergamino, y enviarla junto con su hijo al palacio de Carmagnola, su regalo para el pequeño Cesare.
 

La Belle Ferronnière

Curiosamente, existe un debate si alguna vez Da Vinci retrató a Beatrice; pero podemos deducir que la duquesa no aceptaría dicho honor debido a que el Maestro ya se había encargado de inmortalizar la belleza de la que de verdad ocupaba el corazón de Ludovico. Sin embargo, la National Gallery de Londres nos sorprende alegando que el cuadro de Leonardo conocido como "La Belle Ferronnière" podría tratarse de Beatrice d'Este. Hasta ahora se había creído que la modelo era Lucrezia Crivelli, otra de las amantes que tuvo Ludovico.


 


"La Belle Ferronière", Oleo sobre tabla, alrededor de 1493-94. Museo del Louvre, París.


Bibliografía:

Cartwright, Julia: Beatrice D´Este: Duchess of Milan (1475-1497), New World Book Manufacturing Co. Inc., Hallandale (Florida), 1972.
http://blog.raucousroyals.com/2009/07/raucous-royal-of-month-cecilia.html 
http://patrimonionacional.es/polonia/pdf/Articulo_Dama_del_Armino.pdf

The National Gallery: "Leonardo Da Vinci: Painter at the Court of Milan" (Del 9 de noviembre de 2011 al 5 de febrero de 2012) http://www.nationalgallery.org.uk/whats-on/exhibitions/leonardo-da-vinci-painter-at-the-court-of-milan

viernes, 27 de julio de 2012

Cecilia Gallerani, la dama del armiño (2ª parte)



Una dama muy cultivada

Ludovico Sforza estaba realmente cautivado por la joven Cecilia; compartían aficiones comunes, como la música y la poesía, por la cuales ambos profesaban una gran devoción. Se decía que estaban estrechamente unidos, y  la trataba además con el mismo respecto y cariño que un marido a una esposa. 

Cecilia era alabada por su belleza y por hablar y escribir en Latín con fluencia. Gracias a sus grandes dotes, sobre todo para literatura y la música, fue llamada "Musa" y "Donna docta". La solía comparar con destacadas mujeres de la Antigüedad como Aspasia de Mileto (esposa de Pericles) o Asioteo (alumna de Platón). Con su admirada personalidad, no tardó en participar en las tertulias filosóficas y otras actividades de la humanista corte milanesa. Se sabe que Gallerani presidió el primer Salón de Arte Europeo, donde se reunirían las mentes más talentosas de la época. Escritores que le rodeaban  hacían diversas alusiones a las virtudes y a la sabiduría de "la bella Gallerani".  Figuraba entre las mujeres más cultas del momento, entre ellas Isabella d'Este y Victoria Colonna.

 Mateo Bandello (1490-1560) novelista, cortesano y fraile, nunca se cansaba de ensalzar las cualidades de Cecilia y de describirla como una agradable compañía que había conocido en el propio palacio en Milán y en su futura residencia cercana a Cremona. Bandello  pertenecía a la orden de los dominicos del convento de Santa María delle Grazie en Milán, donde Leonardo Da Vinci plasmó en el refectorio el famoso fresco de "La Última Cena".   Él nos cuenta que el entorno de Gallerani estaba dotado de intelectuales, entre doctores y filósofos, y que disfrutaban  contemplando obras de arte y diseños arquitectónicos de los mejores artistas del momento, así como escuchando bellas melodías de talentosos músicos. 

Hacemos un pequeño inciso sobre Bandello, para quién desconoce la figura de este singular personaje. Escribió diversas novelas, entre las cuales está "Los amantes de Verona", que sirvió de inspiración a William Shakespeare para componer su afamada tragedia "Romeo y Julieta" (1591-95). 

El novelista Mateo Bandello 





Santa María delle Grazie en Milán. Alberga el Museo del Cenacolo Vinciano, donde se exhibe el fresco de "La Última Cena" de Leonardo da Vinci. 


La belleza y el amor: Los retratos femeninos de Leonardo


El amor y la belleza fueron los temas principales en los retratos femeninos de la Italia Renacentista. En las negociaciones de los esponsales, la imagen de la novia era a menudo enviada a su futuro marido para informalo de su aparencia. Sin embargo, también se consideraba prudente idealizar a la modelo ya que se creía que la belleza exterior de una dama era una señal inequívoca de la virtud que albergaba en su interior.


Cuando Leonardo entró al servicio de Ludovico Sforza en 1489, tuvo la gran oportunidad de pintar a Cecilia. La belleza de la amante del duque de Milán sirvió para ilustrar las creencias de Da Vinci: la harmonía y la belleza del mundo natural, si se reflejan en la pintura, inspiran amor al que la contempla. El cuadro del artista florentino causó una gran admiración entre sus contemporáneos. Entre ellos el poeta Bernardo Bellincioni que  compuso este magnífico soneto dedicado a "la dama del armiño": 


¿A quién guardas rencor, a quién envidias, Naturaleza?
¡A Da Vinci, que pintó una de tus estrellas!
Cecilia, tan bella hoy es aquella
Frente a cuyos ojos el sol parece sombra oscura.

Tuyo es el honor, aun cuando su pintura
Nos dé a entender que escucha, y no habla.
Piensa que cuanto más viva y hermosa aparezca
Tanto mayor será tu dicha futura.

Dale las gracias pues a Ludovico, o bien
Al ingenio y la mano de Leonardo,
Que te permiten participar de la posteridad.

Quienes la vean, por más tiempo que haya pasado
Dirán al verla viva: así nos basta
Para entender qué es arte y qué es naturaleza.




Beatrice d'Este y su boda postergada

Cuando Gallerani se convirtió en amante oficial del duque, éste llevaba mucho tiempo casado pro verba con Beatrice d'Este, hija menor de Ercole I d'Este, duque de Ferrara. La ceremonia de los esponsales estaba marcada para el año de 1490, pero Ludovico no mostraba ningún interés en oficializar su matrimonio ya que estaba inmerso en su apasionado idilio con Cecilia. La boda la retrasó una y otra vez para el disgusto y el desconcierto de su futuro suegro. Se conoce que en noviembre de 1490 el embajador ferrarés, Giacomo Trotti, informó a Ercole I de que Ludovico estaba muy ocupado con su amante, quien no sólo era "bella como una flor" sino que además estaba embarazada.


Ludovico Sforza, el Moro




Beatrice d'Este

La boda de Ludovico con Beatrice se celebró finalmente el 16 de enero de 1491 en la capilla del Castillo de Pavia, y poco después, el 3 de mayo de ese mismo año, Cecilia Gallerani dio a luz al hijo de Ludovico, quien recibió el nombre de Cesare. 



Continuará...



Bibliografía:

Cartwright, Julia: Beatrice D´Este: Duchess of Milan (1475-1497), New World Book Manufacturing Co. Inc., Hallandale (Florida), 1972.

http://blog.raucousroyals.com/2009/07/raucous-royal-of-month-cecilia.html


http://www.dailymail.co.uk/news/article-2059167/Leonardo-da-Vincis-The-Lady-Ermine-Decoding-secret-symbols.html

The National Gallery: "Leonardo Da Vinci: Painter at the Court of Milan" (Del 9 de noviembre de 2011 al 5 de febrero de 2012) http://www.nationalgallery.org.uk/whats-on/exhibitions/leonardo-da-vinci-painter-at-the-court-of-milan

http://blogs.milenio.com/node/3427

http://patrimonionacional.es/polonia/pdf/Articulo_Dama_del_Armino.pdf

lunes, 18 de junio de 2012

Alejandro VI, el Papa Faraónico (Parte 2)


La "faronización" del Papado

Según Javier Sierra, autor de La Ruta Prohibida, Alejandro VI estaba convencido de que su estirpe descendía del mismísimo Osiris. Dicho convencimiento se fue arraigando en su mente cuando todavía era cardenal. El responsable por inculcarle tales creencias fue un fraile dominico llamado Giovanni Annio de Viterbo que pasó a los anales de la historia como "el príncipe de los falsarios". 

Annio de Viterbo, maestro del Santo Palacio, persuadió a Rodrigo Borgia de que no era una simple coincidencia que en su escudo de armas apareciese un toro, y que el toro ( o el buey) fuera una de las representaciones clásicas de Osiris. Un dios, que según Viterbo, estuvo en Italia para enseñar a los antiguos pobladores el oficio de la pesca y la agricultura. 

De Viterbo fue un personaje de lo más singular en la Italia renacentista. En los círculos que se movía había cosechado una absurda  fama de erudito. Fue concretamente él quién rescató del olvido unos "sospechosos" textos del sacerdote caldeo Beroso en los que se referían a las aventuras de Osiris en Europa. Según "su punto de vista", Osiris-Apis reinó en Italia, dio nombre a los montes Apeninos e inclusive dejo su marca en topónimos transalpinos como el del pueblo de Osiricella.




El escudo de armas de la familia Borgia


Vamos, que suena todo demasiado surrealista. Para probar sus extravagantes descubrimientos, el señor De Viterbo desenterró piezas arqueológicas, frisos, estelas y columnas con inscripciones jeroglíficas que él mismo había falsificado y sepultado con anterioridad. Lógicamente presumía ante el papa cada vez que hallaba un "tesoro" de ese tipo. Mismo que los rumores de fraude se expandían como la pólvora, Su Santidad no se dejaba llevar por las habladurías. Nadie era capaz de persuadirle de lo contrario. Para Rodrigo Borgia, su maestre de palacio era un sabio. Y claro está, nadie en la corte papal se atrevió a criticarlo en presencia del papa, faltaría más.

Alejandro VI demostró durante sus once años de pontificado ser el papa más atípico, peculiar y herético de la historia de Roma. Mismo sin incluir a sus líos amorosos y a sus célebres hijos, Juan, César y Lucrecia, Alejandro fue el único Vicario de Cristo que estuvo a punto de reconducir el destino de la Iglesia hacia un sendero "pseudoegipcio". Podemos demostrarlo mediante lo que hizo su predecesor, Inocencio VIII, que condenó y persiguió a intelectuales como Giovanni Pico della Mirandola (retrato a la izquierda) por defender la magia de inspiración egipcia y la cábala hebrea. Por el contrario, el papa Borgia, le retiró todas esas acusaciones en junio de 1493; además lo trató como "hijo fiel" de la Iglesia, y se unió encantado a sus estudios heterodoxos. Tanto como Della Mirandola como De Viterbo jugaron un papel esencial en la "faronización" del papado. Nació así el Hermetismo. Pero este término lo abordaremos en el siguiente capítulo.


Bibliografía: 

Sierra, Javier: La ruta prohibida y otros enigmas de la Historia, Ediciones Destino, Barcelona, 2008.

sábado, 26 de mayo de 2012

Alejandro VI, el Papa Faraónico (Parte 1)

En 1492, nada más conquistar el trono pontificio, Alejandro VI le pidió a Pinturicchio un programa pictórico de lo más arriesgado. Nos referimos concretamente a una de las habitaciones en la que vislumbramos unas extrañas escenas inspiradas en la mitología egipcia. Quien entra en la llamada habitación de los Santos de Rodrigo Borgia hallará en sus techos un mundo que sólo es posible de comprender si se estudia detenidamente el contexto de aquel Borgia que alcanzó la tiara papal casi al mismo tiempo que Cristóbal Colón emprendía rumbo a América. 


 En el techo de la habitación, el Papa ordenó pintar una historia pagana de toques clásicos y egipcios: la historia de Io y Júpiter, que continúa después con el mito de Isis y Osiris, y finaliza con la figura destacada de Apis, la divinidad egipcia con forma de buey.


El programa pictórico es bastante llamativo. En uno vemos a Isis, reina de Egipto, enseñando las ciencias y las leyes a Moisés y Hermes Trismegisto. 



Muy cerca de allí, en otro punto del techo, la gran diosa egipcia amontona los miembros descuartizados de su esposo y hermano Osiris.  Y a su lado, el féretro del difunto dios, una pirámide cubierta con un manto adornado, protegido por un buey Apis al que Isis custodia durante una opulenta procesión. 











En aquella época, era fácil que el espectador intuyese la presencia de un buey en la escena. Este animal había sido elegido por la familia Borgia como parte de su escudo heráldico, motivo por el cual el Papa pasó a ser conocido como "el toro español". Con su inclusión en los apartamentos a través de la historia de Apis, el Papa Alejandro estaba intentando asociar genealógicamente a su familia con la historia de aquellos dioses paganos.



El mito del buey Apis.



Escudo del Papa Alejandro VI enmarcado en el Castillo de Sant'Angelo en Roma 



El escudo de los Borgia


Según Josep Marià Carbonell, profesor de la Universidad Pompeu Fabra, para algunos historiadores, en esta imagen que refleja el mito osiriano con la figura del buey, la apoteosis del buey es un intento de comparar al Papa con el Sol y, mutatis mutandis, partiendo de una teología solarista, se concluye que se trata de una identificación del Papa con Jesucristo. «Esto es totalmente erróneo», aclaró Carbonell. «Para entender esta decoración, como tantas otras del momento, hay que tener en cuenta la teología humanista. Alejandro VI, como Papa, quizá se sentía representante de Dios, pero eso queda muy lejos de que pretendiera serlo y así se reflejara".

El padre Miquel Batllori explicó que, de hecho, el buey es símbolo de la familia de los Borgia y proviene del símbolo de Xàtiva, ciudad de los Borgia, aunque originariamente el símbolo era un toro. «Los Borgia cambiaron el toro por un buey, y continua siendo una incógnita el porqué del cambio».


Continuará...

Fuentes: 


Sierra, Javier: La ruta prohibida y otros enigmas de la Historia, Ediciones Destino, Barcelona, 2008.

 http://es.noticias.yahoo.com/blogs/arte-secreto/borgia-el-papa-osiris-apis-094137378.html

http://www.foroxerbar.com/viewtopic.php?t=7123&kb=true

http://forum.tarothistory.com/viewtopic.php?f=11&t=603

http://www.dicat.csic.es/borjaesp.html

miércoles, 16 de mayo de 2012

El Salterio de Ana Bolena

Posible miniatura de Ana Bolena a la edad de veinticinco años, aprox. 1526. Obra de Lucas Horenbout.




La decoración de este Salterio refleja las ambiciones de la futura reina así como sus inquietudes. Fue elaborado entre 1529 y 1532 cuando Ana Bolena era ya tratada con los honores que una soberana se merecía, aunque todavía en nombre lo seguía siendo Catalina. Se caracterizó por un período de triunfo para la joven Ana, pero al mismo tiempo ensombrecido por los intentos frustrados de Enrique VIII por conseguir la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón. 

El texto figura en francés (como Ana había sido educada en Francia, podría leer y escribir en ese idioma con mucha soltura) y denota cierto grado de importancia. En 1528, Ana ya se había declarado a sí misma una simpatizante del Luteranismo, y este Salterio es posiblemente la primera traducción protestante de la Biblia que llegó a la corte de Enrique VIII. 



Salterio en francés de Ana Bolena
Rouen, Francia (1529-1532)
Iluminado por Master of the Ango Hours


Aquí se muestra el Salmo 110.  En la página de la izquierda, observen el monograma ubicado dentro del rombo en forma de diamante (los escudos en forma de rombo en heráldica indican que pertenece a una mujer). En el vemos escrito ER SL que se transcribe como "Henricus Rex - liege souverain" (El rey Enrique, lord soberano). No es accidental que este monograma sea lo primero que aparezca y que ocupe toda una página, pues en este Salmo se refleja la rectitud de la monarquía, lo divino del sacerdocio y la subyugación de los enemigos.



Luego, prestemos atención al león negro rampante que vemos encima del vértice inferior del rombo.  En 1529, el padre de Ana, Thomas Bolena, entonces vizconde de Rochford, se convirtió en conde de Wiltshire y Ormond, y como Retha M. Warnicke afirma en su libro, el hecho de que Sir Thomas fuera elevado a conde, sus vástagos  inmediatamente pasaron a ser apellidados Rochford y adoptaron su emblema que era el león rampante negro. George, el hermano de Ana y primogénito varón, pasaría a heredar el anterior título de su padre.  Además, también vislumbramos en el vértice superior del rombo la inicial A, de Ana Bolena. 

Actualmente podemos hallar el Salterio de Ana en la Biblioteca de Wormsley (Reino Unido), perteneciente a la colección privada de Sir Paul Getty. 


Fuentes:


http://www.themorgan.org/exhibitions/exhibPast00Enlarge.asp?id=108

http://www.anne-boleyn.com/eng/anne-boleyns-badges-and-mottoes/

http://www.flickr.com/photos/anne_boleyn/469944181/

http://www.wormsleycricket.co.uk/pages/thelibrary.html


lunes, 16 de abril de 2012

Los leales sirvientes de la reina Catalina de Aragón














El 23 de marzo de 1534 el Parlamento inglés aprobó una ley ("The Act of Succession") en la que la sucesión recaía en manos de los hijos nacidos del matrimonio entre Enrique VIII y Ana Bolena, a pesar de que el Papa hubiera declarado que la unión del soberano con Catalina era válida.  Por lo tanto dicho decreto situaba a la princesa Elizabeth en aquel momento como heredera al trono, relegando a María Tudor a la simple figura de bastarda real. Según dicha ley, todo súbdito leal a la corona, al ser requerido a ello, debía jurar que reconocía sus disposiciones. Lógicamente, tanto Catalina como María se negaron a prestar juramento y el monarca sabía muy bien que no se debía recurrir a la fuerza, ya que el emperador Carlos V era sobrino de Catalina y si su tía recibía un trato indebido podría contraatacar con serias represalias. Igualmente, cabe destacar la reticencia de Sir Thomas Moro y el obispo Fisher en prestar juramento, y por su desobediencia fueron encarcelados en la Torre. 

Poco después, el 21 de mayo, el rey envió a la casa de Catalina una delegación compuesta por Edward Lee, arzobispo de York, y Cuthbert Tunstall, obispo de Durham. El cometido de los emisarios del monarca era intentar persuadirla para que firmara el Acta de Sucesión, y si se negaba a hacerlo se consideraría traición. Desdeñosamente, ella les dijo que era la reina de Inglaterra: "Por ley el rey no puede tener otra esposa, y dejemos que esto sea su respuesta", proclamó Catalina con frialdad y serenidad. Estaba dispuesta a enfrentarse la cruel pena por traición, que no era otra que la propia muerte, incluso llegó a pedir una ejecución pública. Mismo que Enrique hubiese deseado su fallecimiento, tanto él como sus partidarios sabían que en el momento que se ordenara su condena, podrían ser motivo de  sublevación en todo el reino. 

Lee y Tunstall también volcaron su atención a los sirvientes de Catalina. Uno a uno,  ellos se negaron a aceptar la ley. Dentro del grupo de sivientes, los españoles aún no habían sido entrevistados al final del primer día de visita de los emisarios. Pero antes de tomar cualquier decisión, consultaron a su señora primero. Al día siguiente acordaron que iban a prestar el juramento, aunque lo harían únicamente en su lengua nativa. Lee y Tunstall no pusieron pegas. Sin embargo, los avispados servidores de Catalina sacaron ventaja de la semejanza que existe entre algunos sonidos de la lengua castellana; que por un lado suenan casi igual, por otro se escriben de manera muy distinta. Veamos lo sucedido...En lugar de jurar que Enrique "sea hecho" Jefe Supremo de la Iglesia, ellos por el contrario dijeron "se ha hecho", o sea que daban a entender que el mismo rey se "autoproclamaba" jefe de la Iglesia. Así fue entonces como los españoles burlaron a los ingleses... Como veis, la lealtad de los sirvientes de Catalina fue inquebrantable hasta el final.



Bibliografía:


Lindsey, Karen: Divorced, Beheaded, Survived: A Feminist Reinterpretation Of The Wives Of Henry VIII, Da Capo Press, 1996.


§Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004. 

http://www.luminarium.org/encyclopedia/firstsuccession.htm

http://www.luminarium.org/encyclopedia/catherinearagon.htm