lunes, 26 de marzo de 2012

Prorrogamos el Concurso "La Trampa Dorada"


Ampliamos la fecha del entrega del escrito, tenéis hasta el 01 de abril para enviarlo ( hasta las 23:00, hora española).  


El ganador se conocerá el 03 de abril.

Saludos y gracias a todos,

Lady Caroline





sábado, 17 de marzo de 2012

Gane una Novela Histórica ambientada en el Período Tudor

¡¡Ya somos casi trescientos seguidores en Facebook!! Agradezco inmensamente vuestro apoyo.

Para celebrarlo, regalaremos una novela histórica ambientada en el período Tudor:

"La Trampa Dorada"
de Philippa Gregory.


SINOPSIS

La trampa dorada. Inglaterra, 1539. Tras la muerte de Jane Seymour, el rey Enrique VIII vuelve a tomar esposa: su cuarta reina. Desde todos los confines ...del reino, las jóvenes de familia noble anhelan ser llamadas a la Corte y eludir así un destino poco prometedor. Pero el rey se fija en Ana de Cléveris, hija del duque de Cléveris, a la que únicamente ha visto retratada en pinturas. Juana Bolena y Catalina Howard, dos mujeres caídas en desgracia, sin fortuna que asegure sus dotes, se cuentan entre las elegidas para servir a la nueva reina. No obstante, lo que parece un cuento de hadas de pronto se revela como una trampa dorada. La historia se repite: Enrique VIII se enamora de una de las damas de compañía de su esposa. Pero Ana de Cléveris es una mujer que ha conocido la tiranía desde la infancia, una mujer que sabe del pasado voluble del rey y que, consciente de que se enfrenta al cadalso, tendrá que jugar bien sus cartas. Tras La otra Bolena, La trampa dorada retoma las vicisitudes de la dinastía Tudor después de la ejecución de Ana Bolena. Una novela intensa, de intriga absorbente y factura impecable que captura la época y el sentir de tres mujeres radicalmente opuestas que, sin embargo, verán sus destinos unirse para intentar sobrevivir en la corte de un tirano.


Además, ¡os obsequiaremos también con este bello espejo de bolsillo con la estampa de Ana Bolena! ¡Elegante y original para regalar a un verdadero Tudor Fan!




Bases del Concurso:

- Ser fan de Los Líos de la Corte en Facebook.

http://www.facebook.com/#!/pages/Los-L%C3%ADos-de-la-Corte/150796061630714

- Deberéis relatar la importancia que creéis que tuvo Ana Bolena en la Historia de Inglaterra. Básicamente, vuestra opinión sobre el legado y la repercusión que supuso su ascenso al trono.

 - Entre 25 y 40 líneas, tamaño 12, fuente Arial.

- El escrito ganador será publicado en el blog.

- Plazo para enviarlo: hasta el 27 de marzo.

-Mandarlo a:

carolbjca@hotmail.com

o vía mensajería del Facebook.

- Concurso válido para España y Latino Ámerica.

- El ganador se dará a conocer el 01 de abril.


¡¡Muchas gracias y suerte a todos!!

jueves, 1 de marzo de 2012

Discurso de Juana de Castilla ante el alzamiento comunero (1520)



Introducción al discurso:



Juana de Castilla y el movimiento Comunero



La Guerra de las Comunidades de Castilla fue el levantamiento armado de los denominados comuneros acaecido en la Corona de Castilla desde el año 1520 hasta 1522 es decir, a comienzos del reinado de Carlos I Las ciudades protagonistas fueron las del interior castellano, situándose a la cabeza de las mismas las de Toledo y Valladolid. 

El levantamiento se produjo en una situación de inestabilidad política en la corona de Castilla que se arrastraba desde la muerte de Isabel la Católica (1504). En octubre de 1517, el rey Carlos I llegó a Asturias proveniente de Flandes, donde se había autoproclamado rey de sus posesiones hispánicas en 1516. A las Cortes de Valladolid de 1518 llegó sin saber hablar apenas castellano y trayendo consigo un gran número de nobles y clérigos flamencos como Corte, lo que produjo recelos entre las élites sociales castellanas, que sintieron que su advenimiento les acarrearía una pérdida de poder y estatus social, por lo tanto demostraban un claro rechazo a la politica de Carlos V.

Por otro lado, el emperador temía perder el poder ya que realmente la reina propietaria era su madre, Juana de Castilla, razón por la cual él había querido entronizarse nada mas morir su abuelo, Fernando el Católico, y se había empeñado en ser reconocido monarca a cualquier precio. La realidad era muy clara: Carlos solamente era rey mientras su madre fuese incapaz de gobernar. 

Juana estaba colocada en un enclave estratégico, Tordesillas, acusada de estar fuera de si, victima de una incipiente locura que la impedía ejercer sus funciones. Pero si Juana recobraba la razón y tomaba partido de los rebeldes podría desatar una guerra civil por el poder entre la nobleza castellana y los partidarios del Carlos. 

El 24 de Septiembre de 1520, Doña Juana mantuvo una larga conversación que quedó registrada por tres escribanos con el Doctor Zúñiga, catedrático de Salamanca, en la que informaron de la muerte de su padre y de "los grandes males" que habrían sobrevenido después (resulta increíble que Juana no supiera de la muerte de su padre, acaecida en 1516, supongo que no lo hicieron para evitarle disgustos). Los comuneros se mostraron exultantes por el interés que podría tener Doña Juana. Dijo que estaba dolida por no haberle notificado de la muerte de su padre. Estaban allí los procuradores de las doce ciudades implicadas en el alzamiento comuneros: Burgos, León, Valladolid, Soria, Segovia, Avila, Salamanca, Toro, Madrid, Toledo, Guadalajara  y Cuenca.

Zúñiga lo proclama desde un principio: Juana era la única soberana, la reina propietaria de Castilla, pero una soberana apartada de sus funciones regias. Trato de hacerle saber que "ella ya era libre". Ya podía ordenar, gobernar su reino, que todos la obedecerían. Ante esa demostración de apoyo incondicional de parte de sus súbditos, Juana tomó la palabra. Lo primero que quiso aclarar fue su ineficacia. Y curiosamente apenas mencionó la muerte de su amado Felipe el Hermoso. En cambio, las referencias fueron constantes a su progenitor, Fernando el Católico. 





24 de Septiembre de 1520 


"Ya, después que Dios quiso llevar para sí a la Reina Católica, mi señora, siempre obedecí y acaté al Rey, mi señor, mi padre, por ser mi padre y marido de la Reina, mi señora; y ya estaba bien descuidada con él, porque no hubiera ninguno que se atreviera a hacer cosas mal hechas. Y después que he sabido cómo Dios le quiso llevar para sí, lo ha sentido mucho, y no lo quisiera haber sabido, y quisiera que fuera vivo, y que allí donde está viviese; porque su vida era más necesaria que la mía. Y pues ya lo había de saber, quisiera haberlo sabido antes, para remediar todo lo que en mí fuere posible.

 Yo tengo mucho amor a todas las gentes y pesaríame mucho de cualquier daño o mal que hayan recibido. Y porque siempre he tenido malas compañías y me han dicho falsedades y mentiras y me han traído en dobladuras, e yo quisiera estar en parte en donde pudiera entender en las cosas que en mí fuesen, pero como el Rey, mi señor, me puso aquí, no sé si a causa de aquella que entró en lugar de la Reina, mi señora, o por otras consideraciones que S.A. sabría, no he podido más. Y cuando yo supe de los extranjeros que entraron y estaban en Castilla, pesóme mucho dello, y pensé que venían a entender en algunas cosas que cumplían a mis hijos, y no fue así. Y maravíllome mucho de vosotros no haber tomado venganza de los que habían fecho mal, pues quienquiera lo pudiera, porque de todos lo bueno me place, y de lo malo me pesa. Si yo no me puse en ello fue porque ni allá ni acá no hiciesen mal a mis hijos, y no puedo creer que son idos. Y mirad si hay algunos dellos, aunque creo que ninguno se atreverá a hacer mal, siendo yo segunda o tercera propietaria y señora, y aun por esto no había de ser tratada así, pues bastaba ser hija de Rey y de Reina. Y mucho me huelgo con vosotros, porque entendáis en remediar las cosas mal hechas, y si no lo hiciéredes, cargue sobre vuestras conciencias. Yo así os las encargo sobrello. Y en lo que en mí fuere, yo entenderé en ello, así como en otros lugares donde fuere. Y si yo no pudiere entender en ello, será porque tengo que hacer algún día en sosegar mi corazón y esforzarme de la muerte del Rey, mi señor; y mientras yo tenga disposición para ello, entenderé en ello. Y porque no vengan aquí todos juntos, nombrad entre vosotros de los que estaís aquí, cuatro de los más sabios para esto que hablen conmigo, para entender en todo lo que conviene, y yo los oiré y hablaré con ellos, y entenderé en ello, cada vez que sea necesario, y haré todo lo que pudiere." 


Notas aclaratorias:

1) Se vislumbra una acusación contra su padre por haberla encerrado en Tordesillas, aunque Juana creía que la conducta de Fernando el Católico derivaba de la mala influencia de su madrastra, Germana de Foix. 


...como el Rey, mi señor, me puso aquí, no sé si a causa de aquella que entró en lugar de la Reina, mi señora...


2) Cabe destacar que si leemos el texto entre líneas, es posible hallar una pequeña alusión a Felipe el Hermoso:


...tengo que hacer algún día en sosegar mi corazón y esforzarme de la muerte del Rey, mi señor...


3) Luego su pesar por no haber actuado, después de la muerte de su padre, como correspondía a una verdadera reina. Lamenta que nadie la hubiera avisado: 


...quisiera haberlo sabido antes, para remediar todo lo que en mí fuere...




4) También reprocha las malas compañias que siempre la rodearon:


...siempre he tenido malas compañías y me han dicho falsedades y mentiras y me han traído en dobladuras...




5) El tema de su hijos es de los mas impactante y revelador. Se ve una madre que se preocupaba por en bienestar de sus retoños, que sufria dia y noche por verse privada de su compañía. Tenia miedo que les hicieran daño, en particular los flamencos, no fuesen a pagarlo aquellas criaturas que estaban a la merced de sus enemigos, en los Países Bajos o en la propia Castilla: 


...Si yo no me puse en ello fue porque ni allá ni acá no hiciesen mal a mis hijos...

¿Estarian amenazando a Juana? Son solo conjeturas, pero no hay que descartar esa posibilidad. 


Bibliografía:


Aram, Bethany: La reina Juana: gobierno, piedad y dinastía, Marcial Pons, 2001.

Fernández Álvarez, Manuel: Juana la loca, La Cautiva de Tordesillas, Espasa-Calpe, Madrid, 2001.

 Zalama, Miguel Á. Juana I. Arte, poder y cultura en torno a una reina que no gobernó. Centro de Estudios Europa Hispánica, 2010. 


martes, 7 de febrero de 2012

La joven princesa Catalina escribe a su padre...

Catalina de Aragón como María Magdalena. Obra de Michel Sittow. Retrato pintado al final de su adolescencia o principio de la veintena.


Carta de Catalina a su padre el rey Fernando II de Aragón

Contexto Histórico: Corría el año de 1505, y Catalina de Aragón, a sus veinte años, vivía en un estado de caótico abandono, careciendo de recursos para pagar a sus sirvientes, alimentarse y vestirse como correspondía a su rango; el asunto de la dote la traía por la calle de la amargura. Enrique VII dejó claro que si la dote no fuera entregue, no cumpliría con su promesa de casarla con su otro hijo, el príncipe Enrique (futuro Enrique VIII, en la época con catorce años), cuando éste alcanzase la mayoría de edad. Por otro lado, Fernando el Católico, recientemente viudo de Isabel, la reina de Castilla, y posiblemente en vísperas de casarse o incluso ya casado con Germana de Foix, carecía de fondos para pagar la dote, de hecho, al rey de Aragón no parecía importarle su hija pequeña lo más mínimo, "bastante tenía con preocuparse en engendrar un vástago varón que heredara su corona". Echemos entonces un vistazo a las propias palabras de Catalina, en la cuales expone su triste dilema: 


"Tengo deudas en Londres y no las contraje por haber comprado cosas extravagantes, ni tampoco para aliviar a mi gente (supongo que para mantener a  su séquito y sirvientes), quienes realmente necesitan, pero solo para conseguir comida. El rey de Inglaterra dijo que no está obligado a darme nada, y que incluso la comida que me proporciona proviene de su buena voluntad; ya que Vuestra Alteza no ha cumplido con su palabra respecto al dinero de mi dote. Le conté que creía que con el tiempo Su Alteza saldaría la deuda. Él me dijo que eso ya se vería. "

No tengo ni para camisas, y, por tanto, ruego a Vuestra Alteza, por su vida que me atienda. He vendido unas pulseras para comprarme con su importe un traje de terciopelo negro, pues andaba casi desnuda. Desde que vine de España sólo me he podido comprar dos vestidos, sirviéndome hasta ahora de los que traje conmigo; pero ya no me quedaban más que los de brocado. Por este motivo yo suplico a Vuestra Alteza dé órdenes para que se remedie lo dicho, porque de esta manera no podré seguir viviendo."

La humilde servidora de Vuestra Alteza, que le besa las manos, la Princesa de Gales."




Bibliografía:

Fernández Álvarez, Manuel: Juana la Loca, La Cautiva de Tordesillas, Espasa-Calpe, Madrid, 2001.

Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Planeta DeAgostini, Barcelona, 1996.

Tremlett, Giles: Catherine of Aragon, Henry's Spanish Queen, Faber and Faber, 2010.


miércoles, 18 de enero de 2012

¿Es posible que Enrique VIII haya conocido a Ana Bolena en 1513?

Es bastante probable. En 1513, a Enrique VIII no se le iba de la cabeza la idea de conquistar Francia. Hacía ya cuatro años que había sido coronado rey de Inglaterra y ya era hora de que afirmara su poder y autoridad en Europa. Desde 1337, cuando Eduardo III había dado a conocer sus pretensiones al trono de Francia, los sucesivos monarcas de Inglaterra se habían nombrado a sí mismos "Reyes de Francia".




Enrique VIII a los dieciocho años


El ejército de la nación vecina estaba a años luz de la mediana tropa de Enrique, pero mismo así estaba decidido a probar su valía en el campo de batalla. Aunque las probabilidades de éxito eran remotas, Enrique no se acobardó. Desde el principio, estaba claro que su proyecto de invadir Francia estaba condenado al fracaso. Desgraciadamente, sería traicionado por sus astutos aliados, el emperador Maximiliano (padre del la archiduquesa Margarita) y por Fernando de Aragón, el rey Católico. La intención de ambos era que el joven Enrique causará problemas en Francia, sin embargo, como era lógico de esperar, no deseaban que el monarca inglés se convirtiera en soberano de dos naciones poderosas. Enrique entonces era todavía un joven inexperto y algo ingenuo, lleno de ímpetu y ganas de guerrear. 



 Mientras tanto, Catalina de Aragón permanecía en Inglaterra actuando como regente del reino. Al mismo tiempo que su esposo luchaba en Francia, ella emprendía una guerra contra Escocia en la cual los ingleses resultaron vencedores. Fue conocida como la Batalla de Flodden. 


Retomando a las peripecias de Enrique en Francia, las tropas habían llegado a Calais en el mes de julio. La primera ciudad que conquistaron los ingleses fue Thérouanne, el 23 de agosto. A continuación su intención era tomar Tournai, aunque debido al mal tiempo fue imposible realizar el asalto. Como era imposible atacar, Enrique aprovechó el tiempo libre para relacionarse con la ilustre corte de los Habsburgo que tanta admiración causaba al monarca inglés. Pasó una  temporada con Maximiliano y otra con su hija la archiduquesa Margarita. Lo mantendrían bastante entretenido, disfrutando de justas, tiro con arco, bailes, música, y como no, la compañía de bellas damas. 


 Enrique acompañó a Maximiliano a Lille donde la regente y su corte los estaban esperando. Se cree que fue allí en Lille, no en Malinas, que Ana Bolena vio a Enrique VIII por primera vez. El rey entonces era una joven apuesto de veintitrés años, alto, atlético, educado y enamorado de la música. Lille (hoy en día esta población pertenece a Francia, sin embargo antes estaba bajo los dominios de los Habsburgo) está a 143 km de Malinas, donde se ubicaba la corte de la regente Margarita. ¿Qué pensaría Ana del joven Enrique? ¿Se quedo deslumbrada con su porte y figura? ¿Quién podría imaginar entonces el devenir de los acontecimientos?




Cornelli, Lucas: Miniatura de Ana Bolena, alrededor de 1600.




Bibliografía:


Ives, Eric: Anne Boleyn, Basil Blackwell, Oxford, 1988.


Hart, Kelly: The Mistresses of Henry VIII, The History Press, 2009.

lunes, 16 de enero de 2012

Carta de Juana de Castilla al Señor de Vere, ¿fue espontánea o manipulada por Felipe el Hermoso?




Contexto histórico de la misiva: La muerte de Isabel la Católica, acaecida el 26 de noviembre de 1504, desató una dura pugna por hacerse con el poder de Castilla. Fernando el Católico y Felipe el Hermoso lucharían con uñas y dientes por la corona y mientras tanto Juana sufriría las desavenencias que se producían entre ellos.  

El fallecimiento de Isabel convertía automáticamente a Juana en su heredera. Felipe el Hermoso ya no era a partir de entonces sólo conde de Flandes y archiduque de Austria,  sería ahora también nombrado rey consorte de Castilla. Sin embargo, en su testamento dejó dispuesto que en caso de que su hija fuera incapaz de gobernar, su esposo, el rey Fernando, ocuparía la regencia de Castilla hasta la mayoría de edad del príncipe Carlos, su hijo. Lo curioso es que, en el testamento, de Felipe no se menciona ni una palabra. 

Su madre, la reina Isabel, murió con una gran angustia en el pecho al conocer la inestabilidad emocional de su hija . Como cualquier madre,  le preocupaba la "supuesta" enajenación mental de Juana y el problema sucesorio que dejaba su propia muerte. No quería que fuera Felipe, su yerno, sino Fernando, su marido, el que gobernara, para que Juana se dejara llevar por los consejos de su padre. Fernando el Católico ocuparía la regencia Castilla como Gobernador del Reino, en nombre de Juana, hasta que su nieto Carlos cumpliera veinte años.

Sobre la autenticidad de la misiva no hay duda, según el historiador Manuel Fernández Álvarez. Pero si existe contradicción respecto a su espontaneidad. Probablemente fue dictada por Felipe el Hermoso, o por alguno de sus consejeros castellanos más íntimos, posiblemente el señor de Belmonte, don Juan Manuel. Está fechada en Bruselas a 3 de mayo de 1505 y va dirigida al señor de Veyre. Todo lo que se expone está cuidadosamente manipulado con mucha astucia. Se reconocen los graves altercados y las desavenencias surgidas en el seno de la vida conyugal de Juana y Felipe, así como se da por hecho que que ello había ocasionado una señal de alarma en Castilla, con una fuerte acusación contra el rey Fernando: quien se habría alegrado de las muestras de locura de su hija, pues tal situación le propiciaba lograr el poder. Juana reclamaba por no  creerla capaz de gobernar, y finalizaba dando a entender que su marido, Felipe el Hermoso, y no otro, era el que debía reinar en Castilla.

En esta carta, la infanta también alude a su enfermedad, provocada por los celos, además de compararse a sí misma con su propia madre, Isabel la Católica. Alega que su progenitora padecía la misma inquietud que ella ahora sufre en manos de su esposo Felipe.  


Bruselas, 3 de mayo de 1505.


Musiur de Vere: Hasta aquí no os he escrito porque ya sabéis de cuán mala voluntad lo hago; mas pues allá me judgan que tengo falta de seso, razón es tornar en algo por mí; como quiera que yo no me debo maravillar que se me levanten falsos testimonios, pues que a Nuestro Señor ge los levantaron; pero por ser la cosa de tal calidad y maliciosamente dicha en tal tiempo, hablad con el Rey y mi señor mi padre, por parte mía, porque  los que esto publican no sólo lo hacen contra mí, también contra Su Alteza, porque no falta quien diga que le place dello a causa de gobernar nuestros Reinos, lo cual yo no creo, siendo Su Alteza rey tan grande y tan católico y yo su hija tan obediente.

Bien sé que quel Rey, mi señor (Felipe el Hermoso), escribió allá  por justificarse quexándose de mí en alguna manera, pero esto no debiera salir dentre padres e hijos, quanto más que si en algo yo usé de pasión y dexé  de tener el estado que convenía a mi dignidad, notorio es que no fue otra causa sino çelos, y no sólo se halla en mí esta pasión, mas la Reina mi señora, a quien dé Dios gloria, que fue tan eçelente y escogida persona en el mundo, fue asimismo çelosa, mas el tiempo saneó a Su Alteza, como plazerá a Dios que hará a mí.

Yo vos ruego y mando que hables allá a todas las personas que vierdes que conviene, porque los que tovieren buena intención se alegren de la verdad y los que mal deseo tienen sepan que sin duda, quando yo me sintiese tal cual ellos querrían, no había yo de quitar al Rey, mi señor mi marido, la gobernación desos Reinos y de todos los del mundo que fuesen míos, ni le dexaría de dar todos los poderes que yo pudiese, así por el amor que le tengo como por lo que conozco de Su Alteza, y porque conformándome con la razón, no podía dar la gobernación a otro de sus hijos y míos y de todas sus suçesiones sin hacer lo que que no debo. Y espero en Dios que muy presto seremos allá, donde me verán con mucho placer mis buenos súditos y servidores.

Dada en Bruselas, a tres días del mes de mayo, año de mill y quinientos y cinco.

Yo, la Reyna.

Por mandado del la Reyna, Pero Ximénez.

Notas aclaratorias: Como se expuso más arriba, se duda de la espontaneidad de esta carta. Habría que comprobar cuidadosamente si es toda autógrafa, o solo la firma. De todas maneras, se intuye que detrás de todo ello está la mano de Felipe el Hermoso, por supuesto, bien instruido por algunos de sus consejeros castellanos, posiblemente don Juan Manuel. La táctica era tantear a la alta nobleza castellana y los miembros del alto clero y predisponerlos a favor del archiduque de Austria. 

 Por lo  tanto, la intención de la correspondencia era desmitificar las muestras de locura de Juana y para ello estaba el señor de Vere ( el destinatario de la misiva) que podía ayudarle en su tarea de convencer a los grandes de Castilla de que Juana no se hallaba tan desequilibrada y que, por supuesto, su anhelada voluntad era que el gobierno del reino recayese en manos de Felipe el Hermoso. 
 
Otro dato importante es que no se oculta el mal de Juana, porque según crónicas de la época era algo evidente, aunque se da como curable (se afirma en la carta que lo mismo sucedió a su madre, aunque supo luego como controlar los celos) , con lo cual desaparecía el motivo de una probable incapacitación para gobernar o para consentir que alguien ejerciera los derechos en su lugar, que sin lugar a dudas sólo podría estar destinado a  Felipe el Hermoso. En definitiva, el cometido de la carta era dar a entender que Juana no estaba tan trastocada como muchos sugerían, lo que en realidad sucedía era que ella prefería delegar el gobierno en manos de su esposo. En suma, a Felipe le interesaba que su esposa fuera la reina, aunque solo por nombre, mientras tanto el gobernaría a la sombra como rey consorte.  

Bibliografía: 

Fernández Álvarez, Manuel: Juana la loca, La Cautiva de Tordesillas, Espasa-Calpe, Madrid, 2001.

Pfandl, Ludwig: Juana la loca: madre del emperador Carlos V, su vida, su tiempo, su culpa, Ediciones Palabra, Madrid, 1999.

lunes, 21 de noviembre de 2011

El enigma de la "B"








Mientras ojeaba mi nuevo ensayo sobre Ana Bolena del profesor G.W. Bernard (Anne Boleyn: Fatal Attractions), que de primeras ya se vislumbra la polémica (cree que las acusaciones de adulterio contra Ana se acercaban bastante a la verdad), tomo nota de un dato que al menos a mí me ha hecho indagar si realmente esa teoría es o no del todo disparatada. Todos conocemos el retrato de Ana Bolena, expuesto en la National Portrait Gallery, en el cual luce su tan característica "B", ¿pero sí en realidad la persona retratada es otra? Suena descabellado, aunque existe una corriente de historiadores del arte que afirma que pudo haber habido algún un error a la hora de identificar los cuadros, y la que siempre pensábamos que era Ana Bolena podría tratarse de Mary Tudor, hermana de Enrique VIII, duquesa de Suffolk y reina de Francia, por su primer matrimonio con Luis XII. Para empezar no sería la primera vez que identifican erroneamente un retrato; ya que el que durante mucho tiempo se creyó que era un cuadro de Jane Grey, luego se descubrió que se trataba de Catalina Parr.

El retrato de la derecha, que se reconoció como Ana Bolena, es una copia realizada a finales del siglo XVI basada en un cuadro original supuestamente pintado entre 1533-36. Por otro lado, la modelo de la izquierda, Mary Tudor, tenía veinte años en 1516 cuando fue realizado. Posaba con su marido Charles Brandon, duque de Suffolk. No hacía mucho habían contraído matrimonio, a escondidas y por amor, luego después que se quedara viuda del viejo Luis XII, rey de Francia. 

 Si os fijáis bien, hay muchos rasgos que coinciden, el color de los ojos, la forma de rostro, el cuello largo, la nariz, la boca...Ahora plantear la siguiente cuestión: ¿y si a la primera modelo le ponemos, por ejemplo, diecisiete años más? Mary era cinco años mayor que Ana ( si damos como correcta la fecha de 1501), tenían en 1533, treinta y siete  (Mary) y treinta y dos años (Ana). 

Se ha sugerido también que el collar de perlas del cual pende una "B" , no vendría a significar "Boleyn": es mucho más probable que se refiriera a "Brandon" Incluso podría arriesgarme a decir que se trata de un retrato póstumo de Mary, si hacemos memoria, constataremos que falleció el 23 de junio de 1533. Quizás su esposo, Charles quisiera ver en su cuello la "B" de Brandon como símbolo inequívoco de que el corazón de Mary pertenecería a él para siempre. 



Retrato de Mary Tudor y Charles Brandon atribuido a Jan Mabuse (apróx. 1516)


Sin embargo, en las cartas de amor que Enrique enviaba a Ana, escribía las iniciales de su amada "AB". Una posible evidencia que Ana adornaba su cuello con la "B", o también como se ve claramente, era el símbolo de la familia "Bolena". Aunque el aspecto de la dama del cuadro tampoco concuerda exactamente con las descripciones que tenemos de sus contemporáneos. En el retrato se aprecia una mujer de pelo y ojos marrones, aunque según el embajador veneciano sus ojos eran "negros y bellos", y se refería a la boca como "ancha". También se decía que su pelo era espeso, brillante y sumamente oscuro. 

En suma, tampoco vamos a tener en cuenta esto como algo conclusivo. Todavía hay mucho que averiguar, esperemos que la National Portrait Gallery próximamente nos revele nuevos datos sobre esta obra.


Bibliografía:

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.  

Bernard, G.W. : Anne Boleyn: Fatal Attractions, Yale University Press, 2011.