jueves, 16 de junio de 2011

Dos rivales frente a frente

Ana de Bretaña y Luisa de Saboya respectivamente


El pacto con César Borgia permitió a Luis XII volver a Italia. En su primera campaña, la de 1499, capturó Milan. El ducado italiano no opuso resistencia y en el sexto día el monarca francés y su "leal primo" el duque de Valentinois (así es como lo llamaba el rey) eran bien recibidos por el pueblo milanés con todo tipo de homenajes. Las calles se deleitaban con el esplendoroso desfile en el que se vislumbraba al osado hijo del Papa luciendo el toro Borgia y la flor de lis francesa en su cabalgadura.


Moneda acunada con la imagen de Luis XII de Orleans, rey de Francia y duque de Milán (1500-1512)


El escudo del Papa Alejandro VI enmarcado en la fortaleza del Castillo de Sant Angelo en Roma. Dentro del blasón se puede contemplar la figura de un toro. Foto realizada por Lady Caroline.


La conquista posiblemente hubiera favorecido a Luisa de Saboya, la madre de Francisco, si no fuera por el mariscal de Gié. Ahora que Luis de Orleans era rey, Gié le sugirió cruelmente que mandara a Luisa a Blois, donde podría vigilarla. Convenció de esta necesidad a George d´Amboise, al hermano del cardenal y a otro amigo que había estado a las órdenes de Luis XI. Todos ellos unieron fuerzas para vigilar la duquesa viuda de Angulema. Luis XII, sin dudar, dio su visto bueno. Se trasladó entonces a Luisa y a sus allegados de Chinon a Blois. Ella se fue de allí de muy mala gana, Blois para ella era como una cárcel, con sus numerosos arqueros adornados de plumas y su guardia escocesa. Detestaba permanecer en aquel lugrube castillo y no disimulaba su enojo a nadie.

La boda de Luis XII con Ana de Bretaña iba de viento en popa. La reina, virtuosa por naturaleza, accedió por fin a los ruegos del monarca galo. El rey no se opuso a su fidelidad a Bretaña, aunque el patriotismo de ella estaba en gran conflicto con el suyo. Como duquesa de Bretaña, procedía como si sus acciones no repercutieran en el resto de Francia.

Cuando Luis XII se marchó a Italia, Ana de Bretaña esperaba el primer retoño de su nueva prole. Muy alejada del confort de un palacio estaba Luisa de Saboya, que sufría las penurias de un paraje desolador, donde el olor a tenerías le molestaba. Por encima de todo, deseaba un cobijo más acogedor y para lograrlo no dudó en acudir al encuentro de Ana de Bretaña.

La duquesa viuda de Angulema se hallaba en los fríos bosques de Romorantín. Recibió a la reina muy alegremente. A los pocos días nació Claudia de Francia, el 14 de octubre de 1499, que más adelante se convertiría en esposa de Francisco. Entre ambas podría haber existido más afinidad, pero era evidente que el ascenso de una conllevaba a la ruina de la otra. El hijo de Luisa seguiría siendo una amenaza hasta que Ana de Bretaña consiguiera alumbrar a un varón.



Ana de Bretaña se confiesa de rodillas ante un sacerdote que se inclina hacia ella para escuchar sus pecados en voz baja. Lo llamativo de esta imagen es que no se observa la típica separación de un confesionario. Este manuscrito iluminado hace parte del "Libro de las horas que la reina Ana de Bretaña " encargado para enseñar a su hijo, el delfín Carlos Orlando, hijo de Carlos VIII, (1492-1495) las enseñanzas del catecismo. Fue pintado en Tours por el maestro Jean Poyer, uno de los mejores artistas de Francia de finales del siglo XV.


Luisa quería afirmarse como protectora de su hijo. Sabía que el Mariscal de Gié no aprobaba que una dama fuera cabeza de familia, no sentía por ella la confianza necesaria para delegar en ella la educación del niño Francisco. La madre estaba cada día más convencida de que sí la alejaban de su retoño cuando cumpliera los seis años, no podría más tarde, jugar ningún papel decisivo en su carrera. La duquesa viuda de Angulema era consciente que debía luchar con todas sus fuerzas para imponerse frente al Mariscal. No hay dudas que de sería un combate implacable.


Bibliografía:

Hackett, Francis: Francisco I, rey de Francia, Editorial Planeta de Agostini, Barcelona, 1995.

http://www.themorgan.org/collections/swf/exhibOnline.asp?id=364

miércoles, 13 de abril de 2011

La boda de César Borgia y Carlota de Albret (2ª Parte)

Manuscrito iluminado perteneciente a "Roman de la Rose" de Guillaume de Lorris y Jean de Meun. El amante es invitado a bailar con un grupo de parejas guiados por El Señor Regocijo y la Señora Alegría. Alrededor de 1500.

Carlota y César finalmente contrajeron matrimonio el 10 de mayo de 1499 en el palacio real de Blois. El rito fue sencillo y pocos testigos presenciaron los esponsales (curiosamente el padre de la novia no hizo acto de presencia). Para la anhelada ceremonia, el hijo del Papa había obsequiado un pequeño altar de jasper y plata dorada, que se instaló en los apartamentos de la reina. Después de las bendiciones y de los cantos litúrgicos empezaron los habituales banquetes, bailes, justas y torneos a las orillas del rio Loira.



La reina Ana de Bretaña y su séquito




Patio interior del Castillo de Blois

El antiguo cardenal no solo era un hábil cazador, triunfador de torneos y un buen anfitrión, sino también un afamado amante. A los oídos del papa llegó una versión corroborada por Luis XII y confirmada a su suegro por la propia esposa, quién reveló estar "muy complacida" con su marido. César escribió a su padre, en español, que las lanzas rotas con el rey antes de la cena no eran nada en comparación con las del lecho nupcial, en el que habría realizado "ocho lances" durante la noche del 12 al 13 de mayo. El monarca francés se quedó atónito al conocer los pormenores de la noche de bodas, confesando que él mismo jamás había logrado emular esa marca con su esposa, Ana de Bretaña. Después de la boda se dirigió a la joven pareja, él de veinticuatro años, ella de diecisiete, desde la corte al cercano palacio de Romorantin, que el rey Luis XII puso a su disposición para pasar en él su luna de miel.


Plutarco pronuncia un discurso sobre el matrimonio de Polión y Eurídice, finales del siglo XV, principios del XVI. Traducción del latín por Jean Laudet de 1499 para la boda de Luis XII y Ana de Bretaña. El dios Mercurio dice que el matrimonio debe estar basado en el amor (Venus).

Sin embargo, las hazañas de César en el tálamo no estuvieron exentas de rumores malintencionados. Según cuenta un cronista de la época, alguién empezó a difundir que el duque Valentinois, para potenciar su virilidad, había solicitado a un boticario píldoras afrodisíacas, pero que éste le había proporcionado por equivocación unos laxantes, que durante toda la noche lo mantuvieron apartado de sus obligaciones matrimoniales.

Alejandro VI se enorgullecía de su vástago. Lo más seguro era que la sucesión estuviera garantizada y las dinastía Borgia perdurara para siempre. En Roma, extasiado de alegría por la alianza con Francia y por el feliz desenlace de los acontecimientos, el sumo pontífice ordenó que se encendieran fogatas en diferentes puntos de la ciudad en señal de regocijo, la tarde del jueves 23 de mayo. Asimismo, demostró estar muy complacido tomando de su joyero particular una selección de alhajas y objetos preciosos para que fueran enviados a su joven nuera. El matrimonio de César con Carlota de Albret representó la alianza de los Estados Pontificios con Francia y Venecia contra Milán. Por otro lado, España y Portugal se sintieron ultrajados e indignados con respecto a las maniobras políticas de Alejandro VI.


El papa Alejandro VI (Rodrigo Borgia). Detalle del fresco de la Resurrección, pintado entre 1492-95 por Pinturicchio.


La convivencia de los recién casados duró más bien poco, 4 meses a lo sumo. Durante ese corto período de tiempo permanecieron en las orillas Loira. Se sabe que César gastó grandes sumas de dinero las cuales tuvo que hacer frente su padre: tres envíos con las cantidades de 18.000, 22.000 y 10.000 ducados. Son cifras significativas que supuestamente estaban destinadas a grandes obras de rehabilitación de las propiedades.

El soberano galo estaba ansioso por salir de Francia, cruzar los Alpes y entrar victorioso en Milán. Se requiere entonces la presencia de César en la corte de Romorantin para ir planeando las estrategias de ataque. Pero antes de ponerse en marcha rumbo a la conquista de Milán, nombró a un tal Charles Seytre lugarteniente suyo en Valentinois y Diois, tras lo cual partió en compañía del rey Luis para Lyón, pasando por Issoudun. Desgraciadamente, los esposos fueron obligados a interrumpir su idilio amoroso de una forma inesperada. Antes de irse proporcionó a su esposa Carlota, que lo acompañaba, plenos poderes sobre todas sus posesiones y, en julio de 1499 finalmente se despidió de ella.

Para César fue un verano inolvidable, quien sabe el más feliz de toda su existencia. La historia de amor fue breve pero intensa. Los esposos no volverían a verse jamás. Carlota daría a luz en mayo del año siguiente a una niña, a la que llamarían Louise en homenaje al rey francés. La pobre criatura no llegó nunca a conocer a su padre. El 09 de septiembre de 1499 César llegó a Grenoble de donde partió hacía Milán. Nada más cruzar los muros, escribió a Seytre para que cuidara de su mujer y administrara dignamente sus feudos.



César Borgia

Mientras su esposo permanecía al lado de Luis XII, marchó sola la ya encinta Carlota a su ducado de Valence. El papa Alejandro VI cuando supo que su hijo ya estaba perpetrando territorio italiano le negó vehementemente que regresase a Francia, por si de repente el monarca galo cambiara de parecer y lo convirtiera en un rehén en vez de invitado de honor. A igual que el sumo pontífice, Luis XII tampoco permitió que su sobrina partiera rumbo a Italia para reunirse con su marido.

Carlota de Albret se quedó en su ducado, sin embargo no ocupó nunca el palacio de la ciudad de Valence, que César había hecho preparar convenientemente para convertirlo en una residencia adecuada para su rango. Fue una excelente administradora, siendo muy ahorradora y previsora. Cuando su esposo murió, en 1507, Carlota adoptaría un luto riguroso, y durante su corta vida permanecería en el anonimato, en un ambiente discreto y austero. Falleció el 11 de marzo de 1514, siete años después que su marido, el duque de Valentinois.


Fin


Bibliografía:

Bellonci, María: Lucrecia Borgia, su vida y su tiempo, Editorial Renacimiento, México D.F., 1961.

Catalán Deus, José: El Príncipe del Renacimiento: vida y leyenda de César Borgia, Debate, Barcelona, 2008.

Gervaso, Roberto: Los Borgia: Alejandro VI, el Valentino, Lucrecia, Ediciones Península, Barcelona, 1996.

Schüller-Piroli, Susanne: Los Borgia: Leyenda e historia de una familia, Ed. Luis de Caralt, Barcelona, 1967.

http://www.lessing-photo.com/dispimg.asp?i=15020756+&cr=2&cl=1


http://www.lessing-photo.com/dispimg.asp?i=03080255+&cr=23&cl=1

domingo, 27 de marzo de 2011

La boda de César Borgia y Carlota de Albret (1ª Parte)



El 10 de mayo de 1499 se celebró la boda de César Borgia y Carlota de Albret. Días después, como mencionamos en el capítulo anterior, al duque Valentino le fue otorgado el cordón de la Orden Real de San Miguel, el más alto honor que podía recibir un caballero en Francia. Esta renombrada institución le pedia a cambio una obediencia incondicional al rey Luis XII y no oponerse jamás a ningún otro miembro de la orden.

Alejandro VI todavía no sabía nada de la buena nueva. El sumo pontífice aún estaba desalentado por el rechazo sufrido por su hijo de parte de la otra Carlota, la princesa de Nápoles. Además, dudaba que encontrara otra dama que estuviera dispuesta a entregar su mano a su intrépido hijo. Sin embargo, de repente, recibió una grata sorpresa de parte de un caballero del séquito de César. El hombre de confianza del duque de Valentinois se llamaba Juanito García, que había recorrido en unos pocos días la distancia entre Blois y Roma portando el comunicado sobre los esponsales. Juanito pidió una audiencia con el Papa para entregarle la misiva con el escudo de su hijo, en la que éste le anunciaba su matrimonio con una "princesa de Francia", celebrado también en presencia de los recién casados reyes de Francia, Luis XII y Ana de Bretaña.



Fragmento de la obra "La Disputa de Santa Catalina" de Pinturicchio (1492-94). Aposentos de los Borgia en el Vaticano.



Juanito cumplió su cometido lo más rápido que pudo, se había ido de Blois el 13 de mayo y el 23 ya estaba en Roma. La carta de César, debido a las prisas, era breve y concisa respecto a lo que en ella figuraba. El duque añadía en la misma su afecto de hijo obediente y leal, en el que narraba el feliz desenlace en la noche de bodas en el lecho nupcial. Asimismo, para el deleite de Alejandro VI, el mensajero le contaría al detalle los pormenores de aquella fastuosa ceremonia.

Rodrigo Borgia estaba impaciente por saberlo todo y no dudó en hacerle toda clase de preguntas. Dicen algunos exagerados cronistas de la época que el relato duró nada más y nada menos que siete largas horas. Le explicó que la novia de diecisiete años de edad era la joya de la corte de Francia, además de ser la descendiente de una vieja e ilustre familia, establecida entre el Marsan y el valle del Garona. Su padre, Alan de Albret, era el titular del ducado de Guyenne, uno de los más vastos del país galo, y del condado de Gaure y de Castres. Su hermano, Jean de Albret, era rey de Navarra desde 1494. La madre de Carlota, Françoise de Bretaña, también provenía de una ilustre estirpe ya que era pariente de la mismísima Ana de Bretaña, condesa de Périgord, vizcondesa de Limoges y señora de Avesnes. El duque Alan fue incluso el que propuso la unión, no obstante, a lo largo de las negociaciones, se hizo un poco derogar para sacar provecho de la situación.


El duque de Guyenne permitió que los representantes de ambas partes empezaran a acordar el pacto. Luego, expuso sus tajantes condiciones: su hija renunciaría a todos sus derechos de sucesión en su casa, sin embargo, en el caso de que se quedara viuda, por el contrario heredaría todos los bienes de su esposo. Para colmo la dote era más bien modesta: 30 mil libras tornesas, aparte el importe no se abonaría en el acto; se dividiría en varias prestaciones a lo largo de un período de dieciséis años.


César hizo todo lo que estuvo a su alcance para complacer a la ambiciosa familia de su prometida. Le daría a Carlota veinte mil ducados en joyas y grandes favores a sus parientes. Luis XII también contribuyó en el asunto, entregando al propio César la suma de 100.00 libras como parte de la dote que el padre de la novia no se podía permitir. Además, el rey de Francia tuvo que hacerse cargo a su vez de prometer al rey de Navarra el capelo cardenalicio para Amadeo de Albret, otro de los hermanos de la futura esposa.


Carlota de Albret era una joven por la que se mereciera luchar. Bella, inteligente, dama de honor de la reina Ana, educada en su corte. El destino finalmente uniría al toro de los Borgia con el león de los Albret. Ambos escudos se asemejaban entre sí; los dos poseían los colores amarillo y rojo, una combinación explosiva donde las haya. César estaba exultante de felicidad, era todo lo que él siempre había soñado: una dama virtuosa, discreta y dulce. Había arrebatado su corazón con su encanto juvenil y exquisitos modales.



Fragmento de una de las ímagenes de la Epistola de Ana de Bretaña y Luis XII. Manuscrito iluminado por Bourdichon. Primera década del siglo XVI


El contrato matrimonial fue firmado en presencia de los reyes de Francia y de los más ilustres nobles de la corte el 10 de mayo de 1499 en el castillo de Amboise. Acto seguido se trasladaron todos a Bois donde se celebrarían los esponsales.


Continuará...


Bibliografía

Catalán Deus, José: El Príncipe del Renacimiento: vida y leyenda de César Borgia, Debate, Barcelona, 2008.

http://www.kimiko1.com/research-16th/TudorWomen/1500/AnneBrittanyEpstl1D2.html

martes, 22 de febrero de 2011

El encuentro entre Luis XII y César Borgia y las maquinaciones de Alejandro VI

Jorge D´Amboise, rollizo e ilustre caballero de la iglesia, marchaba tranquilamente sobre su mula junto a César Borgia, hijo de Alejandro VI. El joven italiano de veintitrés años, apuesto y atlético, montado a horcajadas, brillaba en todo su esplendor ataviado con unos calzones de raso rojo bordados con perlas y piedras más o menos preciosas. Iba repleto de joyas; su boina estaba cubierta por grandiosos rubíes, rojos como la llama de la guerra.

Los franceses lo observaban detenidamente. Eran conscientes que aquél derroche de pomposidad desnecesario fue deliberadamente maniobrado para impresionarlos. No obstante, aquello no surtió el efecto deseado, los comentarios de los asistentes al desfile no eran demasiado agradables. No se dejarían doblegar tan fácilmente. Se oían comentarios como: " ¡Treinta hidalgos tan sólo, cuando los arreos eran suficientes para ciento veinte! ¡Mulas vestidas de oro! ¡Dieciocho pajes para un ducado como Valence! Chinon fue por lo tanto hostil a la visita del vástago del Papa.



Fragmento de la obra "Frederick III otorgando una corona de laurel a Enea Silvio Piccolomini",1502-08, Fresco. Piccolomini Library, Duomo, Siena. Atribuido a Pinturicchio.

El rey Luis XII al contemplar de cerca a César se inclinó sobre él y le abrazo. Aunque en realidad lo que verdaderamente abrazaba era la cuestión italiana que el hijo del Papa traia consigo: su apoyo al rey de Francia cuando tuviera que conquistar Milán. César, por su lado, urdía un plan que necesitaba la ayuda de los franceses. Deseaba a Romagna. Ansiaba también una boda con una princesa de Nápoles. Tan pronto estuviera bajo su dominio Romagna y Nápoles, tenía por descontada la rendición de Florencia. Podía contar con Francia para tratar con Milán, Génova y Venecia. César era el caballero que Luis buscaba: peligroso, incansable, suspicaz y provisto de una corazón de hielo.

Ese acuerdo con Francia era fruto de las maquinaciones de Alejandro VI. Éste ensayaba una cambio de estrategia política en la corte vaticana. Seguramente el Papa ya estaba agobiado de los acuerdos pactados con los Reyes Católicos, a los que tanto había favorecido en el pasado, ya que ahora los monarcas españoles no le servían de utilidad para seguir con sus estratagemas. Como sabemos, Luis XII de Francia, era primo y cuñado del anterior rey, Carlos VIII, estaba empeñado en reivindicar sus derechos sobre Milán y Nápoles, y el pontífice se inclinaba más a un tratado del que pudiera obtener alguna ventaja que la amenaza de una nueva invasión francesa en territorio italiano.


El Papa Alejandro VI y su séquito. Detalle de la Madonna dei Raccomandati, obra de Cola da Orte, c. 1500.

Como siempre, Alejandro VI jugaba sus cartas de maravilla y siempre a su provecho, en este caso anulando el matrimonio del rey francés y Juana de Valois, dejando vía libre al monarca para un nuevo enlace con Ana de Bretaña. A cambio, Luis XII debía adoptar políticamente a César Borgia, a quien le fue otorgado el ducado de Valentinois y la Orden de San Miguel, además de ser proclamado francés y nombrado condottiero del reino.

César Borgia propuso que Carlota de Aragón fuera su esposa. La bella joven vivía en la corte francesa y se rumoreaba que estaba enamorada de un bretón. La princesa napolitana declinó el honor: dijo que no le satisfacía que se la llamara "señora Cardenala". No sabemos realmente si el rechazo se debían a las cicatrices de la sífilis que afeaban el rostro de César, o si es que la candidata en cuestión, estaba adiestrada por su padre Federico I, rey de Nápoles, para rechazar la proposición.

En Roma, ansiaban que César desposara cuanto antes a una dama de alta alcurnia. Después del rechazo por parte de la princesa napolitana, se barajaron varias alternativas. Finalmente, hallaron la anhelada joven. Sería Carlota de´Albret, una alabada beldad de diecisiete años. Su hermano era Juan III, rey consorte de Navarra. Le fue prometida una gran dote. El recién nombrado duque de Valentinois se casó inmediatamente con ella.


Posible retrato de Carlota d´Albret. Fragmento de la Madonna dei Raccomandati, obra de Cola da Orte, c. 1500.


La luna de miel fue al parecer rápida e intensa; Luis XII planeaba invadir el Milanesado y ambos tuvieron que partir a primeros de octubre de 1499. Desgraciadamente, el "Valentino" no regresaría más a los brazos de su esposa y tampoco conocería a su única hija legítima, Luisa Borgia, nacida en 1500.


Continuará...



Bibliografía:

Hackett, Francis: Francisco I, rey de Francia, Editorial Planeta de Agostini, Barcelona, 1995.

Dossier "Los Borgia": La Supremacía del duque Valentino. Extraído de la Revista Memoria, la historia de cerca. Número XX, julio y agosto de 2009.

http://www.canino.info/inserti/monografie/i_farnese/curiosita_farnesiane/giulia_vasanello/



jueves, 27 de enero de 2011

El encuentro entre Luis XII y Luisa de Saboya en Chinon y la entrada triunfal de César Borgia


Luisa de Saboya

Hasta que se otorgó el divorcio entre Luis XII y Juana de Valois, Luisa de Saboya podía tener esperanzas de que su hijo Francisco sería el duque de Orleáns. De momento, Luis XII se mostraba amable hacía ella. Mientras continuaban los trámites de la separación del monarca, éste fue de visita al gran castillo de Chinon, donde Luisa estaba instalada con sus vástagos. El nuevo rey estuvo sentado en aquellas habitaciones conversando con la duquesa viuda de Angulema y jugando con los niños. Corría el año 1498, Francisco entonces tenía cuatro añitos y le encantaba corretear con su perro. Margarita, su hermana, tenía seis y ya mostraba interés por la lectura.


Vistas del castillo de Chinon

Luisa, en la plenitud de su juventud, no podía evitar sentirse dichosa por la compañía de tan ilustre invitado. Sin embargo, el rey galo, aunque disfrutaba de su visita a Chinon, no conseguía olvidar ni que fuera por unos minutos todas las maquinaciones de su mente. Deseaba a toda costa tener una nación estable y bien ordenada, que le permitiera alcanzar su herencia en Italia. Su meta era adueñarse de Milán.


Luis XII y su corte

Poética Epístola de Anne de Bretaña y Luis XII. Iluminado por Bourdichon. F. 1v: Ilustración de Epístola 7. Principios del siglo XVI. " El rey galo aparece entronizado en una silla cubierta con una tela bordada con flores de lis. Luis XII está dictando una respuesta a Héctor de Troy. El mensajero está dispuesto a entregar la epístola a Elysium, que figura en el primer plano."


Luisa de Saboya era partidaria en cuanto a todo lo que se refería a la expansión francesa, tanto en Nápoles como en Milán. Sobre las intrigas con Roma no compartía las mismas inquietudes. Ya entonces los Borgia eran conocidos por su excesiva avaricia y por ayudarse únicamente a sí mismos. La verdad es que Luisa estaba a disgusto con respecto a la inminente boda de Luis con Ana de Bretaña. Tal situación podría peligrar la posición de su hijo como delfín. Por ahora debía contentarse como el nombramiento de su hijo como duque de Valois. No todo fueron malas noticias, las rentas de la duquesa de Angulema aumentaron, lo que propició que se extendiera su prestigio.

Los obispos, a raíz del desvergonzado tratado con el Papa, dieron a Luis su divorcio. El rey de Francia podría ahora formar una familia. Tan pronto se le concedió su demanda se anunció la próxima entrada de César Borgia con las bulas en la corte de Francia. César fue entonces a encontrarse con Luis en Chinon.El hijo del Papa era extraordinariamente inteligente. Era consciente que su reputación de perversidad lo había precedido y aquello causaba a los cortesanos una mezcla entre fascinación y desasosiego. Los franceses eran desdeñosos para con su persona y, comprendiéndolo, cínica, aunque atentamente, rehusó recibir la Orden de San Miguel de otras manos que no fuesen las del mismo rey. Era terriblemente orgulloso para con los pequeños cortesanos, y recibía las indirectas, con mirada de acero.


César Borgia

La infamia rodeaba su reputación, se había murmurado que había mantenido un idilio amoroso con su propia hermana, Lucrecia Borgia. Asimismo, la sombra de la sospecha también había recaído sobre él cuando se encontró el cuerpo inerte de su hermano Juan arrojado al Tíber el año anterior. Su entrada en Chinon la planeó de antemano para causar un efecto inolvidable entre los franceses. Era consciente que el rey Luis le estaría observando desde una de las ventanas más altas del castillo, y sabía también que numerosos oficiales y hermosas damas saldrían a la calle para ovacionarle y hacer sus comentarios.


Fragmento perteneciente a la obra "Partida de Eneas Silvio Piccolomini al Concilio," .Fresco de la catedral de Siena, Biblioteca Piccolomini. Atribuida a Pintoricchio con la ayuda de Rafael, 1502-1507.



Fragmento de "Un Amante abordardo a tres Damas". Poemas de Charles de Orléans y otras obras. Flandes, Brujas, c. 1490-1500. Francés, Royal MS 16 F. ii, f.188.


César Borgia aspiraba causar un efecto teatral que se recordara para siempre en la memoria del pueblo francés. A través de su extraordinaria riqueza y magnificiencia pretendía impresionar a todos como ningún otro cortesano había hecho hasta ahora. George D´Amboise, robusto e impasible, cruzó el puente para dar la bienvenida al hijo de Alejandro VI y cabalgar a su lado. Delante de ellos, a lo largo del puente, marchaban acompasadamente los primeros huéspedes de Italia.

Cuatro destacamentos, de bien formadas mulas, que habían sido desembarcados en Marsella. Las dos primeras docenas, con vestiduras rojas blasonadas, cargaban sacos y cajas. Las tres que seguían ostentaban extrañas colgaduras de raso rojo rayando el oro. A estas fastuosas mulas las precedía caballos de guerra relucientes de oro, pajes sobre finos corceles. Seis lacayos, ataviados también de color rojo, conducían caparazonadas mulas, y después los seguían dos mulas nobles, sobre cuyos lomos sostenían esplendidos cofres que contenían objetos misteriosos, quizás bulas papales, o ropa blanca limpia, o el cubilete que servía para el almuerzo de César, o el orinal de plata, o el birrete de cardenal...Cabalgaban luego treinta hidalgos, en traje de gala, con trovadores y clarines, otro conjunto de lacayos, y por último, los dos personajes principales, George D´Amboise y el mismo César Borgia.


Fragmento del "Viaje de los Magos". Obra de Benozzo Gozzoli (1459-61). Palacio de los Médici en Florencia.



Continuará...




Bibliografía:

Hackett, Francis: Francisco I, rey de Francia, Editorial Planeta de Agostini, Barcelona, 1995.

http://www.kimiko1.com/research-16th/TudorMen/1500/LouisXIIEp7.html


http://www.kimiko1.com/research-16th/TudorWomen/1490/Lover3LadiesWomen.html


http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Pintoricchio_005.jpg


http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Gozzoli_magi.jpg

domingo, 16 de enero de 2011

El repudio de Juana de Valois y la alianza con el Papa Borgia

Ana de Bretaña

Ana de Bretaña se sintió indignada que Francia jugara con ella a su antojo. ¿Cómo se atrevían a proponerle un nuevo matrimonio? Le repugnaba pasar de Carlos VIII a Luis XII. Para alcanzar la aprobación de la obstinada soberana de Bretaña, el monarca galo buscó ayuda en uno de sus fieles seguidores, Georges d`Amboise. El incondicional del rey Luis era hombre de la Iglesia y ministro de Estado y uno de los hombres más ilustres del reino. Movería cielo y tierra para cumplir las expectativas de su señor.

Georges d`Amboise, grabado del siglo XIX


Francia necesitaba a toda costa un heredero. Sin él, explotaría una guerra civil y el país acabaría hundido en la miseria. El rey estaba en una situación delicada. Por un lado, no deseaba disgustar a su esposa, Juana de Valois, por otro estaba obligado a cumplir con su deber. Mirándole a los ojos le afirmaba con total vehemencia que "Preferiría morir sin hijos a darte un disgusto" - decía galantemente a su mujer. Demostraba ante todos sentirse apenado y desconcertado, aunque un aire de hipocresía envolvía su conducta. Al mismo tiempo, juraba secretamente desposar a Ana dentro de un año, o tomar las fortalezas que Francia tenía en Bretaña. Agotado e sumido en su dilema, dejó las negociaciones en manos de George y éste último se dirigió a Roma a pedir audiencia con Alejandro VI, el Papa Borgia. El pontífice era en ese momento la persona más apta para solucionar el conflicto.


Luis XII


De lo que Luisa de Saboya se convenció en seguida, fue de que a pesar que su hijo Francisco era el único heredero al trono, el rápido desarrollo de un plan político grandioso la reducía a ella a la mayor insignificancia. Luis XII lo tenía todo bien trazado. Una, necesidad de divorcio. La otra, sus pretensiones sobre el Ducado de Milán. Los Orleáns siempre había codiciado ese territorio por el que alegaban poseer derechos dinásticos. La abuela de Luis XII, Valentina Visconti era hija del primer duque de Milán, Gian Galeazzo Visconti.

Los Borgia podrían ser un arma muy útil para los propósitos del rey de Francia. Rodrigo Borgia y su hijo César, ambos poseedores de ilimitada ambición, no dudarían en solicitarle algo a cambio de sus favores. En realidad, la demanda de divorcio de Luis fue muy propicia para que Alejandro VI consiguiera el apoyo de Francia en su campaña en Italia. En definitiva, fue para librarse de la hija de Luis XI, Juana de Valois, y entrar en posesión de Milán, por lo que Luis XII trató íntimamente con los Borgia.



César Borgia

En 1498, César, bajo las órdenes de su progenitor, iba a abandonar los hábitos. Para el joven Borgia eso significaba un alivio ya que nunca sintió el menor interés por la vida eclesiástica. Cabe destacar que fue la primera persona en la Historia en renunciar al cardenalato. A partir de entonces se dedicaría por completo a las tareas militares que tanto le apasionaban.

Finalmente se llegó a un acuerdo razonable entre Luis XII y Alejandro VI. Al poco tiempo, César Borgia partió hacia la corte francesa, armado de una dispensa para la nueva unión del rey Luis con la duquesa de Bretaña, equipado además con un birrete de cardenal para George D´Amboise, y dispuesto a recibir un ducado de aquella nación y una esposa de acuerdo a su rango y fortuna. El próximo paso sería concertar un pacto militar con el monarca galo y a continuación se invadiría Italia.

La actual reina consorte, Juana de Valois, estaba devastada. Su desconcierto fue memorable. Sería repudiada como un animal abandonado a su suerte. La prueba del divorcio tenía como jueces al hermano de George D´Amboise y otro obispo partidario del rey. Además, muchos cortesanos estaban dispuestos a declarar que aquella boda jamás había sido consumada.


Juana de Valois, primera esposa de Luis XII

Como era lógico de suponer, el testimonio de Juana fue el de una esposa que se considera con derechos, aunque sabe que será incapaz de hacer nada para remediar su cruel destino. Se negó a ser examinada por los médicos. Dejó a su marido que explicara bajo juramento lo que había sido su vida de casados. Desgraciadamente, oyó de los propios labios de su esposo que ella no valía físicamente para el matrimonio. Según el rey, evidencias había, la unión jamás dio ningún fruto.

Sus planes para casarse con Ana de Bretaña habían ido madurando meses y meses, de la misma manera que la dispensa papal había sido puesta en los bolsillos de César Borgia a su salida de Roma. La repudiada reina recibió la noticia derramando lágrimas a raudales. Se retiró a Bourges, seguida por la simpatía del pueblo, y para distraer su mente, solicitó permiso para fundar una orden religiosa.

Continuará...



Bibliografía:

Hackett, Francis: Francisco I, rey de Francia, Editorial Planeta de Agostini, Barcelona, 1995.

http://www.verso.org/projects/early-tudor.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Georges_d%27Amboise

http://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%A9sar_Borgia

viernes, 24 de diciembre de 2010

A Tudor Christmas


Estimados Lectores,


Admito que este año no ha sido tan prolífero con respecto a los artículos publicados. Siento haceros saber que varias obligaciones me han mantenido alejada del blog, más de lo que yo preveía. Espero que el próximo año pueda satisfacer con creces vuestras curiosidades históricas y revelar más a menudo datos interesantes sobre diversos personajes del Universo Renacentista. Siempre habrá un lugar reservado para Ana Bolena, Enrique VIII, Elizabeth I, Luisa de Saboya, Francisco I, Juana de Castilla, Felipe el Hermoso, Cesar y Lucrecia Borgia, Sancha de Aragón, Elizabeth Woodville, Eduardo IV y muchos otros más. Pero sobretodo, sois vosotros, mis lectores, lo que proporcionais alegría a esta corte. ¡Que sería de un palacio sin el bullicio y el exuberante alborozo de los cortesanos! ¡Mil gracias a todos por vuestros comentarios y visitas!



Os deseo de todo corazón una Feliz Navidad en compañía de vuestros seres queridos y un Próspero Año 2011 lleno de felicidad, prosperidad, paz, salud y grandes éxitos.

Un abrazo,


Lady Caroline
Los Líos de la Corte




Para finalizar os pongo un video de la tercera temporada de "The Tudors". Me complace mucho verlo ya que se contempla finalmente toda la familia de Enrique VIII reunida. Por fin, arregló las diferencias con sus hijas, María y Elizabeth gracias a la amabilidad y tacto de Jane Seymour.