martes, 23 de marzo de 2010

Las damas de la corte y sus pomos perfumados

Si analizamos la cantidad de perfumes y hierbas aromáticas que se solían comprar para refrescar el aire de los palacios reales de Enrique VIII, podríamos concluir que, por lo general, la higiene personal brillaba por su ausencia. La existencia de un suministro de agua demuestra que la gente se lavaba, sin embargo no se sabe con qué frecuencia ni hasta qué punto. Muchas autoridades recomendaban lavarse a conciencia pero darse un baño podía resultar un operación complicada, toda vez que las bañeras de madera tenía que llenarse de agua, forrarse con sábanas y vaciarse después.

No había desodorantes y sólo las clases pudientes podían permitirse el lujo de adquirir perfumes, que los traían principalmente de Italia y consistían sobre todo en bolitas de ámbar gris, almizcle y algalia. A estas bolitas perfumadas las denominaban "pomos" (en inglés "pomander"), que era también el nombre de las bolas de oro afiligranadas que las contenían.

Desde la Edad Media hasta mediados del siglo XVIII, las damas de la corte acostumbraban llevar los pomos perfumados colgados del cinturón y se los acercaban a la nariz para protegerse de los malos olores y prevenirse contra las enfermedades contagiosas. Otras de sus funciones era hacer con que su ropa desprendiera un aroma agradable cuando caminaban y a la vez servian para purificar un poco el aire. Cabe destacar que la mayoría de las prendas elegantes se confeccionaban con tejidos que no podía lavarse y debían de despedir un olor muy rancio después de llevarlas varias veces, en particular si hacía calor. Menos mal que la ropa interior se lavaba con regularidad, junto con los paños de las capillas, la mantelería y las toallas.


Catalina Parr lleva colgado de su cinturón un pomo perfumado

Los pomos eran fabricados en distintos diseños. De tamaño medían aproximadamente entre 1,5 a 2,5 pulgadas de diametro (1 pulgada equivale a 2,54 cm), además de estar ricamente decorados y elaborados en oro y plata. La figura 303, a la izquierda, nos muestra un ejemplar de principios del siglo XVI. Dentro del pomo se aprecia una bola de perfume.

La figura 304, se remonta a la primera mitad del siglo XVI. Está elaborada en oro, esmalte y piedras preciosas. Se sujetaba por la parte superior y tenía dos tapas perforadas que desprendían dos aromas distintos.





Se menciona que la reina Catalina de Aragón tenía un pomo en 1530, donde aparecían grabadas las iniciales "H y K". De acuerdo con un inventario realizado en 1543, la princesa María Tudor tenía en su posesión largos cinturones de orfebre que sujetaban un pomo perfumado al final. Su hermana, Elizabeth I, también solía portar un pomo perfumado con rosa de damasco, ámbar gris entre otros aromas. Algunos incluso aparecían en la lista de regalos de Año Nuevo de la reina.



Maria I de Inglaterra, obra de Hans Eworth (1554). En la pintura se aprecia el pomo perfumado.
Bibliografía:


Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.

Norris, Herbert: Tudor costume and fashion, Dover Publications Inc., NY, 1997.

http://www.theanneboleynfiles.com/resources/tudor-life/pomanders/

jueves, 11 de marzo de 2010

El amor cortés en el reinado de Enrique VIII


El culto a la caballería y al amor cortés, que imperaban en la vida de la corte de aquella época, frequentemente frenaban las pasiones que podían florecer en el ambiente sofocante de la corte. La lectura predilecta de los miembros de la nobleza eran las obras de caballería y los romances, que se habían extendido desde la invención de la imprenta.

El propio Enrique VIII aun siendo un típico príncipe del Renacimiento, estaba comprometido apasionandamente con los principios del código caballeresco medieval, y esperaba que sus cortesanos también lo estuvieran. Las leyendas del rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda le fascinaban, aunque hasta la Reforma no empleó su imaginaria ascendencia artúrica para justificar su definición de Inglaterra como imperio. La visión que Enrique tenía de sí mismo como caballero andante surtió un efecto profundo en su forma de tratar a las damas.

Desde el siglo XII, el arte del amor cortés había sido esencial para la interacción social entre los hombres y las mujeres de alta alcurnia. A un caballero le estaba permitido cortejar a una dama que acostumbraba a ser superior a él desde el punto de vista social y tal vez casada, en teoría inaccesible. En este complejo juego de galanteo, la dama era el ama y el caballero el fiel sirviente, sin embargo no existía ninguna relación física. El caballero llevaba el favor de la dama en el torneo, componía versos en su honor, le ofrecía obsequios infundados de significado simbólico o entablaba conversaciones llenas de ingeniosas insinuaciones.


Los juegos de palabras entre los amantes también eran muy populares en la corte de los Tudor, y cada miembro de la pareja adoptaba cifras compuestas por iniciales. Cuando Enrique VIII escribía apasionadas cartas de amor a Ana Bolena, a menudo remataba su misiva con un cifra, encerrando las iniciales de Ana en un corazón.



Los juegos cortesanos como, por ejemplo, la gallina ciega, el rescate, el volante y decir la buenaventura poseían un código oculto propio en el juego del amor cortés, al tiempo que el amor mismo era un asunto corriente en las diversiones, la poesía y las canciones de la corte; cada año en la víspera de San Valentín, todas las damas del palacio organizaban una rifa con el propósito de escoger pareja para el día siguiente y el elegido tenía que obsequiar a su dama con un regalo. El enamoramiento estaba de moda, no obstante quedaba muy lejos de las realidadades del mercado matrimonial.


Bibliografía:

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.


Si deseáis profundizar más sobre este tema, les recomiendo que visitéis el blog de María Tudor. En este interesantísimo artículo María nos expone detalladamente las claves del amor cortés.

jueves, 4 de marzo de 2010

Catalina de Aragón y su mono

Se cuenta que Catalina de Aragón tenía como animal de compañía un mono. Este bichito, traído desde las colonias españolas en América, era bastante exótico para una corte real de aquella época. Únicamente la nobleza podría permitirse el lujo de incorporarlos a su colección de animales salvajes, de modo que se convirtieron en símbolos de la realeza. Tanto era el aprecio que le profesaba la reina de Inglaterra que decidió retratarse con él.


El mono y el bufón

Este mono se cree que era compañero de juegos de Will Somers, el más famoso bufón de la corte. Will Somers entró a servicio de Enrique VIII en 1525 y fue el más conocido de sus bufones. Delgado y "de ojos hundidos", además de encorvado, se dice este comediante nacido en Shropsdhire llamó la atención de Richard Fermour, mercader de Calais, que lo llevó a Greenwich para presentárselo al rey. El perverso sentido del humor de Somers conquitó inmediatamente al monarca, que le ofreció un puesto en la corte. Entre los dos hombres nació una empatía instantánea y la gente no tardaría en decir que "en toda la corte pocos hombres eran más queridos que este bufón", que durante los siguientes veinte años dominaría al rey con su alegre cháchara y sería su compañero constante en las horas de ocio.

Somers era muy solicitado. Provocaba ataques de risa al monarca y los cortesanos, luego, con su mono sobre el hombro (podemos apreciarlo en el cuadro), andaba con afectación por la estancia mientras ponía los ojos en blanco. El mono hacía trucos y Somers contaba chistes y él mismo reía sin poder dominarse cuando llegaba el final del chiste, o imitaba sin piedad a quienes eran el objetivo de sus bromas. Sin embargo, Somers nunca trato de sacar partido de su amistad con Enrique VIII, tenía por norma permanecer en un segundo plano cuando no actuaba y velaba por su privacidad.

*Ilustración: El bufón Will Somers y el mono (fragmento de cuadro "La familia de Enrique VIII" pintado en 1545). Autor desconocido.

La iconografía del mono en el arte renacentista

Los monos en el arte renacentista normalmente simbolizaban frivolidad y aportaban una cierta alegría al cuadro. Pero los simios también solían representar los instintos sexuales. ¿Pero cómo una reina podría controlarlos? Volquemos nuestro interés en el cuadro a continuación. En este retrato de Catalina de Aragón de 1525, obra de Lucas Horenbout, vislumbramos este sentimiento de opresión a través de la cadena que sujeta al mono. Durante el siglo XVI, se creía que las mujeres poseían menos control sobre su sexualidad y eran más propensas al pecado de la lujúria que los hombres. Esa supuesta falta de dominio les hacían más débiles que ellos , por lo tanto la única manera de domar esos instintos era a través del matrimonio. La cadena representa que la soberana debe ante todo reprimirlos y mantener delante de sus súbditos una imagen pulcra y de total submisión hacía el monarca.


Miniatura de Catalina de Aragón, aprox. 1525-26. Obra de Lucas Horenbout

Posteriormente, se volvió a pintar un retrato de Catalina en 1530/31 muy similiar al de Lucas Horenbout, si bien que en esta obra encontramos algún detalle significativo que se ve alterado. Fijaros, por ejemplo, que Catalina le ofrece una moneda al mono y éste a su vez la rechaza. Finalmente, el animal opta por tocar un crucifijo que la reina tiene junto a su pecho. En este supuesto la interpretación es sencilla: el mono expresa su obediencia a la Iglesia Católica, reconociendo que la cruz es más valiosa que el dinero.

Ahora nos surge otra incógnita: ¿Es posible que el mono represente a Enrique VIII? Según Carlyn Beccia, el artista podría intentar transmitir el siguiente mensaje, " Enrique eres un mono tonto por ir en contra de la Iglesia Católica" o quizás el mono simboliza Ana Bolena y el autor pregona a los cuatro vientos que ella "es una tonta por jugar con la religión. Y por ello te pareces a una mona".


Catalina de Aragón, cuadro de 1530/31. Artista desconocido



Si encontráis algún otro detalle significativo, no dudeís en hacer vuestra aportación.

Bibliografía:

http://blog.raucousroyals.com/2009/02/passionate-love-monkeys_16.html


http://blog.raucousroyals.com/2008/09/royal-monkey-business.html


http://www.historicalportraits.com/InternalMain.asp?ItemID=32

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.

lunes, 22 de febrero de 2010

María de Borgoña y Maximiliano I de Habsburgo: novia rica, novio pobre


María, duquesa de Borgoña (retrato de 1479)


María de Borgoña nació en Bruselas el 12 de febrero de 1457. Era la única hija de Carlos, duque de Borgoña, más conocido con el Temerario y de Isabel de Borbón. Según la describía su futuro marido, Maximiliano, era como una princesa salida de un cuento de hadas: era pequeña, blanca como la nieve, con cabellos negros, una nariz chiquitina, una cabeza pequeña, un semblante agradable, a pesar de sus ojos ligeramente cansados y su boca demasiado grande.

María era la única heredera de un vasto y rico domínio, englobando el Ducado y el Condado de Borgoña y la mayoría del territorio de los Países Bajos. Por esta razón, a lo largo de su juventud estuvo siempre rodeada de diversos pretendientes que ansiaban su mano. Cuando todavía era una niña de cinco años, recibió su primera proposición para desposarse con el futuro rey Fernando II de Aragón. Más adelante hubo otros como El duque de Clarence, hermano de Eduardo IV de Inglaterra ; Nicholas I, duque de Lorena; Carlos de Valois, duque de Berry; y Carlos de Angulema, padre del futuro Francisco I. Conclusión, la lista era interminable, le llovían candidados por todos los rincones de Europa.


En 1477, Carlos el Temerario fue derrotado en la Batalla de Nancy, y María a sus diecinueve años pasó a ser la heredera de su vasto imperio. Luis XI de Francia no podría dejar escapar una oportunidad como esta, era el momento ideal para aspirar al Ducado de Borgoña, Franco Condado, Picardía y Artois. Para lograr su objetivo, solicitó a la duquesa borgoñesa que se casara con su débil y frágil hijo Carlos VIII, a pesar de que fuera trece años más joven que María. Pero María tenía voluntad propia. Había escogido un príncipe de la casa Habsburgo. La duquesa, aconsejada por su madrasta Margarita de York, declinó la amable la oferta del monarca francés.


María de Borgoña y Maximiliano I de Habsburgo
Brujas(Bélgica) , vidriera de la Basílica of the Holy Blood (apróx.1490)


Los jovenes ya se había visto en una ocasión, en Tréveris, en 1473. El futuro Maximiliano I, dos años más joven que María, era un príncipe alto, romántico, de espiritú sanguíneo y modales encantadores. Poseía una gran nariz aguileña, delicada educación, y la sangre portuguesa que corría por sus venas daba vida a su rostro. Sin embargo, había sido pobre toda su vida. Lo era tanto que no podía ir en busca de su futura esposa. Para que fuera visitarla a Gante, la duquesa le envió rápidamente dinero para equiparse y presentarse con pompa y esplendor ante su corte. Y así, fue el joven príncipe en su busca. Caballero y galante, Maximiliano se enamoró de María.

Maximiliano besó a su novia por primera vez delante del obispo de Tréveris. Era costumbre, en los enlaces reales entre extranjeros, que la joven escondiera una flor en su pecho, flor que tenía que buscar el novio. Maximiliano buscó en vano la dicha flor, hasta que el obispo suplicó a la princesa que aflojara su corpiño. La encontró entonces Maximiliano y en la mañana siguiente se casaron.

De aquella unión nacieron dos hijos, Felipe el Hermoso (1478) y Margarita de Austria (1480). María iba a dar a luz a un tercer hijo cuando sufrió una terrible caída. Ella adoraba montar a caballo y estaba de cacería con Maximiliano cuando su corcel tropezó, lanzándola al suelo y rompiéndole la columna. Días después María falleció. Esto ocurría en 1482 cuando apenas tenía veinticinco años. Su súbita muerte dejó toda la corte desconcertada y a Maximiliano desconsolado.

Años más tarde, en 1493, Maximiliano contrajo matrimonio por segunda vez con Bianca María Sforza, la hija de Gian Galeazzo Sforza, duque de Milán, pero no tuvieron descendencia.


Bibliografía:

http://en.wikipedia.org/wiki/Mary_of_Burgundy

Hackett, Francis: Francisco I, rey de Francia, Editorial Planeta de Agostini, Barcelona, 1995.

jueves, 11 de febrero de 2010

La rabieta adolescente de Carlos V

Retrato del príncipe Carlos de Habsburgo, futuro emperador y rey de España, cuando contaba con quince años de edad.


El príncipe Carlos de Habsburgo (1500-1558), futuro Rey de España y Emperador del Sacro Imperio, cuando todavía residía en los Países Bajos y la regencia estaba a cargo de su tía Margarita de Austria, fue prometido en matrimonio a una bella princesa inglesa llamada María Tudor (1496-1533), hermana del mismísimo Enrique VIII. El compromiso entre el heredero de Felipe el Hermoso y Juana de Castilla y la hija de Enrique VII e Isabel de York fue sellado en diciembre de 1507, cuando ambos contrayentes tenían siete y once años respectivamente.

Sin embargo, para el desaliento del joven príncipe, las alianzas políticas entre los reinos de Europa cambiaron drásticamente y el pacto fue rapidamente disuelto. En cambio, Enrique VIII, negoció un acuerdo de paz con el país galo, en el cual entregaba la mano de la princesa María al achacoso y viejo rey Luis XII de Francia. La ceremonía de bodas se realizaría en la catedral de Abbeville el 09 de octubre de 1514, cuando María Tudor contaba con dieciocho años de edad y su prometido, viudo de Ana de Bretaña, rondaba los cincuenta y dos años.

La boda de María Tudor y Luis XII


Mientras tanto, en Bruselas, el adolescente Carlos fue llevado al Consejo para oír de los labios de sus mayores que ya no se le permitiría desposarse con la princesa María de Inglaterra. El Consejo que se inclinaba en favor de Francia, no les supuso mucho pesar darle aquella mala notícia.

Carlos no tenía más de catorce años, no obstante contaba también con una parienta, una tía que se encargó de avivar su concepto de la propia importancia. Compareció, pues, ante sus consejeros dominado por la ira y el desconcierto.

- Endendámonos, ¿se me va a dar la esposa que se me prometió?
-Señor - le dijeron -, vos sois muy joven; y como el Rey de Francia, que es el primer Monarca de la Cristiandad, no tiene esposa, es a él a quien corresponde escoger primero.

Cuenta un veneciano que entonces el príncipe, que vio desde la ventana a un hombre que llevaba un halcón, llamó a un consejero amigo y le dijo:

-Sal y tráeme ese halcón.
-Yo conozco a ese pájaro
- le contestó el interpelado - . Se trata de un halcón muy joven, que aun no sabe cazar. No os conviene.
-Os suplico que salgáis a comprármelo.

El consejero titubeó, y Carlos le dijo:

-Venid conmigo.

Bajó a la calle y volvió con el pájaro, y sentándose junto a la ventana comenzó a desplumarle.

-Qué haceís, Señor?
- preguntó el consejero.

Carlos siguió su tarea y al cabo de algún tiempo dijo:

- ¿Me preguntáis que por qué desplumo al halcón? Y yo os contesto que porque es joven y no ha sido entrenado. Porque es joven se le tiene en poca estima y porque es joven también no se ha quejado cuando le desplumé. Lo mismo habéis hecho conmigo. Porque soy joven me desplumasteis a vuestro antojo, y porque soy joven no he sabido quejarme: pero tened en cuenta que en el porvenir seré yo quien os desplume a vosotros.



Detalle con el retrato de Carlos I de España, Adoración de los Reyes Magos, Castel Nuovo (1519)


Bibliografía:


Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Planeta DeAgostini, Barcelona, 1996.

http://en.wikipedia.org/wiki/Mary_Tudor,_Queen_of_France

sábado, 23 de enero de 2010

Descubriendo a Shakespeare: Análisis del Soneto 138



A partir de hoy, publicaremos un serie de entradas dedicadas a diversas obras de William Shakespeare (1564-1616). Intentaremos a través de ellas llegar hasta la esencia de este gran genio universal. Empezaremos por un de sus sonetos más conocidos: el 138.


When my love swears that she is made of truth
I do believe her, though I know she lies,
That she might think me some untutor'd youth,
Unlearned in the world's false subtleties.
Thus vainly thinking that she thinks me young,
Although she knows my days are past the best,
Simply I credit her false-speaking tongue:
On both sides thus is simple truth suppress'd.
But wherefore says she not she is unjust?
And wherefore say not I that I am old?
O, love's best habit is in seeming trust,
And age in love loves not to have years told:
Therefore I lie with her and she with me,
And in our faults by lies we flatter'd be.

Esta es mi traducción:

Cuando mi amor jura que es sincera
Yo francamente le creo, aunque sé que me miente,
Y así piensa que soy como un ingenuo adolescente
que desconoce las falsas sutilezas del mundo.
Po lo tanto creyendo en vano que ella me cree todavía un muchacho,
Si bien ella sabe que mis días pasaron a mejor vida,
Como si fuera un inocentón doy crédito a su engaño:
Cada uno se limita a ocultar la verdad.
¿Pero por qué ella no admite que es infiel?
¿Y por qué yo no admito que soy viejo?
Oh, el mejor disfraz del amor es fingir la verdad,
A los amantes no les complace calcular los años:
Por lo tanto yo miento con ella y ella conmigo,
Y las dulces mentiras que nos contamos uno al otro enmascaran nuestros defectos.


El soneto 138 trata de dos amantes que les separa una considerable diferencia de edad. El autor es el más mayor y la dama la más joven. Durante el transcurso del poema, la amante intenta que su enamorado vuelva a sentirse vivo y apasionado aunque ella sabe que los años no perdonan y el paso del tiempo es un hecho irreversible. Su intención es que él se sienta mejor y feliz creyendo, aunque fuera por unos instantes, que todavía es joven y vigoroso.

El autor es totalmente consciente de la adulación que le prodiga su amada, sin embargo, le encanta oír sus palabras y se deja llevar por sus elogíos aunque sabe que solo hacen que enmascarar la verdad. Todo el tiempo el poeta insiste en creer en algo que en el fondo sabe que es mentira. El protagonista tiene miedo de enfrentarse cara a cara con la triste realidad y correr el riego de perder a su querida amante. Además, a él le interesa seguirle el juego, quiere hacerle creer que es todavía un apuesto caballero. Para conseguir su propósito, finge tragarse todas las mentiras que su amante le cuenta, solo para lograr que ella lo vea joven como sus otros supuestos amantes.

A lo largo del soneto, Shakespeare juega con frecuencia con las palabras. Las dota de distintas connotaciones que se pueden apreciar en varios versos. A continuación se señalan algunos ejemplos:

“I do believe her, though I know she lies"

“Therefore I lie with her and she with me”

El verbo to lie en sí mismo posee un doble significado en inglés que varía en función del contexto. Por un lado significa “mentir” y por otro “yacer”, “tenderse” y “echarse”. En esos dos versos se contempla claramente que hace alusión a las relaciones sexuales que mantiene con su amada. Él sabe que su desempeño no es igual que en su juventud y que su avanzada edad empieza a hacer mella en sus artes amatorias. Es bastante más mayor que su amante, sin embargo, la llama de la pasión aún sigue muy viva en su interior como si fuera todavía un ardiente muchacho. En este verso nos percatamos de algo: vislumbramos una relación basada en el amor carnal.


“When my love swears that she is made of truth”


Las palabras homónimas made/maid también ponen en evidencia un doble sentido. El verbo to make significa “hacer” y maid “doncella”. Al pronunciarse suenan practicamente igual. “Made of truth” vendría a significar algo así como “totalmente sincera”, “incapaz de mentir”, “fiel en el amor” o “maid of truth” que sería una doncella pura y virgen.

“That she might think me some untutored youth”

La palabra “untutored” genera una imagen de ignorancia y estupidez. El término “youth” hace referencia a la falta de malícia, ingenuidad y la pasión de un amor adolescente.

“But wherefore says she not she is unjust?”

“Unjust” en el contexto podría interpretarse como “infiel”.Se observa que el poeta no acaba de estar totalmente convencido de su fidelidad y sospecha que ella busca consuelo en amantes más jóvenes. Está claro que no hay confianza mutua, uno y otro mienten descaradamente y son concientes de ello, por lo tanto, lo hacen para evitar enfrentarse con lo que realmente está ocurriendo, aunque les gusta y les complace ser partícipes de ese juego.

Mucho se ha especulado sobre la identidad de la amante y el poeta, pero tampoco hay datos fechados para establecer conclusiones definitivas. Las candidatas oscilan desde la propia reina Elizabeth I hasta una meretriz de color llamada Lucy Morgan, pasando por una Emilia Lanier ( 1569-1645). Lady Lanier fue conocida por haber sido amante de Henry Carey, primer barón de Hunsdon e hijo de María Bolena. Los más importante de la trayectoria de esta dama es que fue la primera mujer en Inglaterra en publicar un libro de poesías.


Retrato en miniatura de Emilia Lanier, atribuido a Nicholas Hilliard (1593). Emilia fue la primera gran poetisa inglesa y una de las candidatas a ocupar el puesto de "dark lady".


La que relativamente reúne mayor aceptación es una tal Mary Fitton (1578-1647) dama de la reina y amante del conde de Pembroke, hijo de Mary Herbert y sobrino de Philip Sidney. Por ahora, solo la podemos identificar como "dark lady" (la describe como una dama de pelo y ojos negros) que aparece retratada en varios de sus poemas.



Retrato de Mary Fitton (aprox. 1595), supuesta "dark lady" de los sonetos de Shakespeare

Shakespeare en su poesía nos enseña un fuerte rasgo de su personalidad: estaba sumamente preocupado por el paso del tiempo y sus desvastadores efectos, y como podemos observar, este soneto es un auténtico ejemplo de ello. El poeta intenta luchar con todas sus fuerzas contra el tiempo y sus terribles secuelas, no obstante, nunca habrá solución para ese dilema. Las bonitas palabras solo sirven para esconderse en un duro caparazón, pero llegará un día en el cual deberá deshacerse de esa coraza y enfrentarse a la cruda verdad. Mientras tanto, prefiere vivir el engaño donde encuentra un pequeño goce y disfrute.


Bibliografía:


Concha Muñoz, Ángeles de la; Elices Agudo, Juan Francisco; Zamorano Rueda, Ana Isabel. Literatura inglesa hasta el siglo XVII. Madrid: editorial UNED, 2009.

Greenblatt, Stephen. The Norton Anthology of English Literature Vol. 1 - The Middle Ages through the Restoration and the Eighteenth Century. W. W. Norton & Company Inc., 2006.

Onega, Susana. Ed. Estudios literarios ingleses. Renacimiento y Barroco. Madrid: Cátedra, 1986.

lunes, 18 de enero de 2010

Sir Philip Sidney y Penelope Devereaux, " Astrophil And Stella": 2ª Parte

Sir Philip Sidney

El mayor logro literario de Sir Philip Sidney fue “Astrophil and Stella” (“Starlover and Star”), la primera de las grandes obras poéticas del período isabelino. No es posible determinar las fechas de su composición, estipulándose como probable el período entre 1581 y 1583.

Los sonetos de Sidney podrían haber sido un elaborado juego literario donde el poeta reflejaba los conflictos de su mente, la contradicción de los impulsos y los intensos deseos y frustraciones que invadían su alma inquieta. Aunque no pueda calificarse como autobiografía, la intensidad de la expresión y la recurrencia de ciertas preocupaciones alcanzan transmitir un autenticidad y una individualidad que la distinguen de la artificial expresión de sentimientos propios del genero. A lo largo de los 108 sonetos y 11 canciones, donde luce una impecable técnica, se vislumbran alusiones a personajes de su entorno y, además, como acabamos de mencionar, es un posible retrato de su propia existencia.

Muchos historiadores han especulado sobre la ambigua relación entre el poeta y Penelope Devereaux, la que probablemente fue la musa inspiradora de sus versos. Esta dama, nacida en 1562, era hija de Walter Devereux, conde de Essex y de Lettice Knollys (hija de Catherine Carey y William Knollys). Es curioso constatar que era bisnieta de María Bolena, hermana de nuestra estimada Ana Bolena, por lo tanto existía un lejano vínculo familiar con la reina Elizabeth I.

Retrato en miniatura de Penelope Devereaux, obra de Nicholas Hillard (1590)

El padre de Penelope, Essex, murió en septiembre de 1576. Antes de exhalar su último aliento, había enviado una misiva a Philip Sidney desde su lecho de muerte revelándole que su mayor deseo era verle casado con su hija. Se sabe que el secretario del conde también escribió al padre de Sidney donde le expresaba estas mismas pretensiones. A pesar de que hubiera un acuerdo inminente entre las dos familias, de repente todo se vino abajo. Tal vez el segundo matrimonio de la madre de Penelope, Lettice Knollys, con Robert Dudley, conde de Leicester en 1578, provocó la disolución del compromiso. A falta de herederos varones, Dudley había nombrado a Sidney su sucesor, pero ahora que se embarcaba en una nueva unión ansiaba en breve tener descendencia. Puede que viera a Sidney una amenaza para sus planes y lo mejor era mantenerlo lejos de su nueva familia.

Finalmente, el pretendiente elegido para Penelope fue Robert Rich, tercer barón de Rich. Se dice que ella protestó en contra de la unión, ya que no podría soportar desposarse con un hombre tan rudo y autoritario como era su prometido. No obstante, todo fue en vano. En 1581, ella se casó contra su voluntad con Lord Rich y Sidney dos años más tarde con Frances Walsingham.


Frances Walsingham, esposa de Sir Philip Sidney

Volcamos nuevamente nuestra atención a Astrophil and Stella. En los sonetos de Sidney observamos una clara alusión al nombre Rich, y es posible encontrar varios elementos autobiográficos implícitos. Al mismo tiempo, no obstante, el argumento de la secuencia, lleno de pesares por parte de Astrophil que se alternan con el ocasional estímulo por parte de la dama, es bastante convencional y deriva de la tradición Petrarquista.

Sidney se había quejado en múltiples ocasiones la ausencia de una tradición literaria válida a la que recurrir, a diferencia de la situación en otros países, como Italia, cuya literatura conocía perfectamente, que contaba en su tradición literaria con magníficos poetas como Dante y Petrarca. En Inglaterra, podría tomar como referencia a un predecesor suyo, Henry Howard, conde de Surrey, aunque Sidney acabaría emprendiendo su propio camino. Para comenzar, Sidney fue el primero en su país en acoplar los sonetos en una secuencia unificada por una serie de preocupaciones, que exponían como tema central el amor.

Su principal técnica innovadora fue crear una persona poética, la de noble y cortesano enamorado, y reflexionar detenidamente sobre la esencia del sublime sentimiento amoroso. En su poesía, sale a relucir la problemática de la articulación lingüística del sentimiento , por consiguiente, el autor expone en ella su dificultad de exteriorizar con palabras la complejidad de la pasión amorosa. Sidney se descubre, de esa manera, como escritor autoconsciente.




Posible retrato de Sir Philip Sidney


Se contempla tambien la figura de un poeta consciente de su oficio y de su arte, muy preocupado por la retórica, el embellecimiento de su lengua y los más importante: la sinceridad y la profundidad de sus sentimientos que se se desvelan ante el lector de una forma muy íntima. Sus sonetos asimismo son un reflejo del ambiente cortesano de la época que le tocó vivir, donde se plasma la faceta más ritual y colorista de la vida cortesana a la vez que nos comparte el sinvivir de un amor secreto vivido en el agobiante entorno de la nobleza.


En 1585, intentó alistarse a un expedición a Cádiz comandada por Francis Drake, mas fue impedido a tiempo por la reina; que lo mandó llamar a la corte y lo nombro gobernador de Flushing en los Países Bajos, donde pudo desarrollar su lucha protestante. Intervino con éxito contra las tropas españolas cerca de Axel en julio de 1586; más tarde, ese mismo año, se unió a Sir John Norris en la batalla de Zutphen. Durante el sitio, fue alcanzado por una bala en el muslo. Moriría veintidós días después poco antes de cumplir 32 años de edad, víctima de una herida mal curada.

El cuerpo de Sidney regresó a Londres y fue enterrado en la Catedral de San Pablo el 16 de febrero de 1587. Ya en vida, pero especialmente después de su muerte, se había convertido para muchos ingleses, en el epítome del cortesano: noble, mecenas, poeta, soldado, amigo admirado y apreciado, la muerte en pleno combate en la flor de la juventud elevó su figura y lo convirtió en objeto de culto. Sus tres emblemáticas obras: La Arcadía, Defensa de la Poesía y Astrophil And Stella serían publicadas postumamente por su hermana Mary Herbert, condesa de Pembroke, perdurando para siempre en la memoria de los ingleses.



Bibliografía:


Concha Muñoz, Ángeles de la; Elices Agudo, Juan Francisco; Zamorano Rueda, Ana Isabel: Literatura inglesa hasta el siglo XVII, editorial UNED, Madrid, 2009.

Greenblatt, Stephen: The Norton Anthology of English Literature Vol. 1 - The Middle Ages through the Restoration and the Eighteenth Century , W. W. Norton & Company Inc., 2006.


http://es.wikipedia.org/wiki/Philip_Sidney

http://www.luminarium.org/renlit/sidney.htm

http://www.luminarium.org/encyclopedia/peneloperich.htm