lunes, 22 de febrero de 2010

María de Borgoña y Maximiliano I de Habsburgo: novia rica, novio pobre


María, duquesa de Borgoña (retrato de 1479)


María de Borgoña nació en Bruselas el 12 de febrero de 1457. Era la única hija de Carlos, duque de Borgoña, más conocido con el Temerario y de Isabel de Borbón. Según la describía su futuro marido, Maximiliano, era como una princesa salida de un cuento de hadas: era pequeña, blanca como la nieve, con cabellos negros, una nariz chiquitina, una cabeza pequeña, un semblante agradable, a pesar de sus ojos ligeramente cansados y su boca demasiado grande.

María era la única heredera de un vasto y rico domínio, englobando el Ducado y el Condado de Borgoña y la mayoría del territorio de los Países Bajos. Por esta razón, a lo largo de su juventud estuvo siempre rodeada de diversos pretendientes que ansiaban su mano. Cuando todavía era una niña de cinco años, recibió su primera proposición para desposarse con el futuro rey Fernando II de Aragón. Más adelante hubo otros como El duque de Clarence, hermano de Eduardo IV de Inglaterra ; Nicholas I, duque de Lorena; Carlos de Valois, duque de Berry; y Carlos de Angulema, padre del futuro Francisco I. Conclusión, la lista era interminable, le llovían candidados por todos los rincones de Europa.


En 1477, Carlos el Temerario fue derrotado en la Batalla de Nancy, y María a sus diecinueve años pasó a ser la heredera de su vasto imperio. Luis XI de Francia no podría dejar escapar una oportunidad como esta, era el momento ideal para aspirar al Ducado de Borgoña, Franco Condado, Picardía y Artois. Para lograr su objetivo, solicitó a la duquesa borgoñesa que se casara con su débil y frágil hijo Carlos VIII, a pesar de que fuera trece años más joven que María. Pero María tenía voluntad propia. Había escogido un príncipe de la casa Habsburgo. La duquesa, aconsejada por su madrasta Margarita de York, declinó la amable la oferta del monarca francés.


María de Borgoña y Maximiliano I de Habsburgo
Brujas(Bélgica) , vidriera de la Basílica of the Holy Blood (apróx.1490)


Los jovenes ya se había visto en una ocasión, en Tréveris, en 1473. El futuro Maximiliano I, dos años más joven que María, era un príncipe alto, romántico, de espiritú sanguíneo y modales encantadores. Poseía una gran nariz aguileña, delicada educación, y la sangre portuguesa que corría por sus venas daba vida a su rostro. Sin embargo, había sido pobre toda su vida. Lo era tanto que no podía ir en busca de su futura esposa. Para que fuera visitarla a Gante, la duquesa le envió rápidamente dinero para equiparse y presentarse con pompa y esplendor ante su corte. Y así, fue el joven príncipe en su busca. Caballero y galante, Maximiliano se enamoró de María.

Maximiliano besó a su novia por primera vez delante del obispo de Tréveris. Era costumbre, en los enlaces reales entre extranjeros, que la joven escondiera una flor en su pecho, flor que tenía que buscar el novio. Maximiliano buscó en vano la dicha flor, hasta que el obispo suplicó a la princesa que aflojara su corpiño. La encontró entonces Maximiliano y en la mañana siguiente se casaron.

De aquella unión nacieron dos hijos, Felipe el Hermoso (1478) y Margarita de Austria (1480). María iba a dar a luz a un tercer hijo cuando sufrió una terrible caída. Ella adoraba montar a caballo y estaba de cacería con Maximiliano cuando su corcel tropezó, lanzándola al suelo y rompiéndole la columna. Días después María falleció. Esto ocurría en 1482 cuando apenas tenía veinticinco años. Su súbita muerte dejó toda la corte desconcertada y a Maximiliano desconsolado.

Años más tarde, en 1493, Maximiliano contrajo matrimonio por segunda vez con Bianca María Sforza, la hija de Gian Galeazzo Sforza, duque de Milán, pero no tuvieron descendencia.


Bibliografía:

http://en.wikipedia.org/wiki/Mary_of_Burgundy

Hackett, Francis: Francisco I, rey de Francia, Editorial Planeta de Agostini, Barcelona, 1995.

jueves, 11 de febrero de 2010

La rabieta adolescente de Carlos V

Retrato del príncipe Carlos de Habsburgo, futuro emperador y rey de España, cuando contaba con quince años de edad.


El príncipe Carlos de Habsburgo (1500-1558), futuro Rey de España y Emperador del Sacro Imperio, cuando todavía residía en los Países Bajos y la regencia estaba a cargo de su tía Margarita de Austria, fue prometido en matrimonio a una bella princesa inglesa llamada María Tudor (1496-1533), hermana del mismísimo Enrique VIII. El compromiso entre el heredero de Felipe el Hermoso y Juana de Castilla y la hija de Enrique VII e Isabel de York fue sellado en diciembre de 1507, cuando ambos contrayentes tenían siete y once años respectivamente.

Sin embargo, para el desaliento del joven príncipe, las alianzas políticas entre los reinos de Europa cambiaron drásticamente y el pacto fue rapidamente disuelto. En cambio, Enrique VIII, negoció un acuerdo de paz con el país galo, en el cual entregaba la mano de la princesa María al achacoso y viejo rey Luis XII de Francia. La ceremonía de bodas se realizaría en la catedral de Abbeville el 09 de octubre de 1514, cuando María Tudor contaba con dieciocho años de edad y su prometido, viudo de Ana de Bretaña, rondaba los cincuenta y dos años.

La boda de María Tudor y Luis XII


Mientras tanto, en Bruselas, el adolescente Carlos fue llevado al Consejo para oír de los labios de sus mayores que ya no se le permitiría desposarse con la princesa María de Inglaterra. El Consejo que se inclinaba en favor de Francia, no les supuso mucho pesar darle aquella mala notícia.

Carlos no tenía más de catorce años, no obstante contaba también con una parienta, una tía que se encargó de avivar su concepto de la propia importancia. Compareció, pues, ante sus consejeros dominado por la ira y el desconcierto.

- Endendámonos, ¿se me va a dar la esposa que se me prometió?
-Señor - le dijeron -, vos sois muy joven; y como el Rey de Francia, que es el primer Monarca de la Cristiandad, no tiene esposa, es a él a quien corresponde escoger primero.

Cuenta un veneciano que entonces el príncipe, que vio desde la ventana a un hombre que llevaba un halcón, llamó a un consejero amigo y le dijo:

-Sal y tráeme ese halcón.
-Yo conozco a ese pájaro
- le contestó el interpelado - . Se trata de un halcón muy joven, que aun no sabe cazar. No os conviene.
-Os suplico que salgáis a comprármelo.

El consejero titubeó, y Carlos le dijo:

-Venid conmigo.

Bajó a la calle y volvió con el pájaro, y sentándose junto a la ventana comenzó a desplumarle.

-Qué haceís, Señor?
- preguntó el consejero.

Carlos siguió su tarea y al cabo de algún tiempo dijo:

- ¿Me preguntáis que por qué desplumo al halcón? Y yo os contesto que porque es joven y no ha sido entrenado. Porque es joven se le tiene en poca estima y porque es joven también no se ha quejado cuando le desplumé. Lo mismo habéis hecho conmigo. Porque soy joven me desplumasteis a vuestro antojo, y porque soy joven no he sabido quejarme: pero tened en cuenta que en el porvenir seré yo quien os desplume a vosotros.



Detalle con el retrato de Carlos I de España, Adoración de los Reyes Magos, Castel Nuovo (1519)


Bibliografía:


Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Planeta DeAgostini, Barcelona, 1996.

http://en.wikipedia.org/wiki/Mary_Tudor,_Queen_of_France

sábado, 23 de enero de 2010

Descubriendo a Shakespeare: Análisis del Soneto 138



A partir de hoy, publicaremos un serie de entradas dedicadas a diversas obras de William Shakespeare (1564-1616). Intentaremos a través de ellas llegar hasta la esencia de este gran genio universal. Empezaremos por un de sus sonetos más conocidos: el 138.


When my love swears that she is made of truth
I do believe her, though I know she lies,
That she might think me some untutor'd youth,
Unlearned in the world's false subtleties.
Thus vainly thinking that she thinks me young,
Although she knows my days are past the best,
Simply I credit her false-speaking tongue:
On both sides thus is simple truth suppress'd.
But wherefore says she not she is unjust?
And wherefore say not I that I am old?
O, love's best habit is in seeming trust,
And age in love loves not to have years told:
Therefore I lie with her and she with me,
And in our faults by lies we flatter'd be.

Esta es mi traducción:

Cuando mi amor jura que es sincera
Yo francamente le creo, aunque sé que me miente,
Y así piensa que soy como un ingenuo adolescente
que desconoce las falsas sutilezas del mundo.
Po lo tanto creyendo en vano que ella me cree todavía un muchacho,
Si bien ella sabe que mis días pasaron a mejor vida,
Como si fuera un inocentón doy crédito a su engaño:
Cada uno se limita a ocultar la verdad.
¿Pero por qué ella no admite que es infiel?
¿Y por qué yo no admito que soy viejo?
Oh, el mejor disfraz del amor es fingir la verdad,
A los amantes no les complace calcular los años:
Por lo tanto yo miento con ella y ella conmigo,
Y las dulces mentiras que nos contamos uno al otro enmascaran nuestros defectos.


El soneto 138 trata de dos amantes que les separa una considerable diferencia de edad. El autor es el más mayor y la dama la más joven. Durante el transcurso del poema, la amante intenta que su enamorado vuelva a sentirse vivo y apasionado aunque ella sabe que los años no perdonan y el paso del tiempo es un hecho irreversible. Su intención es que él se sienta mejor y feliz creyendo, aunque fuera por unos instantes, que todavía es joven y vigoroso.

El autor es totalmente consciente de la adulación que le prodiga su amada, sin embargo, le encanta oír sus palabras y se deja llevar por sus elogíos aunque sabe que solo hacen que enmascarar la verdad. Todo el tiempo el poeta insiste en creer en algo que en el fondo sabe que es mentira. El protagonista tiene miedo de enfrentarse cara a cara con la triste realidad y correr el riego de perder a su querida amante. Además, a él le interesa seguirle el juego, quiere hacerle creer que es todavía un apuesto caballero. Para conseguir su propósito, finge tragarse todas las mentiras que su amante le cuenta, solo para lograr que ella lo vea joven como sus otros supuestos amantes.

A lo largo del soneto, Shakespeare juega con frecuencia con las palabras. Las dota de distintas connotaciones que se pueden apreciar en varios versos. A continuación se señalan algunos ejemplos:

“I do believe her, though I know she lies"

“Therefore I lie with her and she with me”

El verbo to lie en sí mismo posee un doble significado en inglés que varía en función del contexto. Por un lado significa “mentir” y por otro “yacer”, “tenderse” y “echarse”. En esos dos versos se contempla claramente que hace alusión a las relaciones sexuales que mantiene con su amada. Él sabe que su desempeño no es igual que en su juventud y que su avanzada edad empieza a hacer mella en sus artes amatorias. Es bastante más mayor que su amante, sin embargo, la llama de la pasión aún sigue muy viva en su interior como si fuera todavía un ardiente muchacho. En este verso nos percatamos de algo: vislumbramos una relación basada en el amor carnal.


“When my love swears that she is made of truth”


Las palabras homónimas made/maid también ponen en evidencia un doble sentido. El verbo to make significa “hacer” y maid “doncella”. Al pronunciarse suenan practicamente igual. “Made of truth” vendría a significar algo así como “totalmente sincera”, “incapaz de mentir”, “fiel en el amor” o “maid of truth” que sería una doncella pura y virgen.

“That she might think me some untutored youth”

La palabra “untutored” genera una imagen de ignorancia y estupidez. El término “youth” hace referencia a la falta de malícia, ingenuidad y la pasión de un amor adolescente.

“But wherefore says she not she is unjust?”

“Unjust” en el contexto podría interpretarse como “infiel”.Se observa que el poeta no acaba de estar totalmente convencido de su fidelidad y sospecha que ella busca consuelo en amantes más jóvenes. Está claro que no hay confianza mutua, uno y otro mienten descaradamente y son concientes de ello, por lo tanto, lo hacen para evitar enfrentarse con lo que realmente está ocurriendo, aunque les gusta y les complace ser partícipes de ese juego.

Mucho se ha especulado sobre la identidad de la amante y el poeta, pero tampoco hay datos fechados para establecer conclusiones definitivas. Las candidatas oscilan desde la propia reina Elizabeth I hasta una meretriz de color llamada Lucy Morgan, pasando por una Emilia Lanier ( 1569-1645). Lady Lanier fue conocida por haber sido amante de Henry Carey, primer barón de Hunsdon e hijo de María Bolena. Los más importante de la trayectoria de esta dama es que fue la primera mujer en Inglaterra en publicar un libro de poesías.


Retrato en miniatura de Emilia Lanier, atribuido a Nicholas Hilliard (1593). Emilia fue la primera gran poetisa inglesa y una de las candidatas a ocupar el puesto de "dark lady".


La que relativamente reúne mayor aceptación es una tal Mary Fitton (1578-1647) dama de la reina y amante del conde de Pembroke, hijo de Mary Herbert y sobrino de Philip Sidney. Por ahora, solo la podemos identificar como "dark lady" (la describe como una dama de pelo y ojos negros) que aparece retratada en varios de sus poemas.



Retrato de Mary Fitton (aprox. 1595), supuesta "dark lady" de los sonetos de Shakespeare

Shakespeare en su poesía nos enseña un fuerte rasgo de su personalidad: estaba sumamente preocupado por el paso del tiempo y sus desvastadores efectos, y como podemos observar, este soneto es un auténtico ejemplo de ello. El poeta intenta luchar con todas sus fuerzas contra el tiempo y sus terribles secuelas, no obstante, nunca habrá solución para ese dilema. Las bonitas palabras solo sirven para esconderse en un duro caparazón, pero llegará un día en el cual deberá deshacerse de esa coraza y enfrentarse a la cruda verdad. Mientras tanto, prefiere vivir el engaño donde encuentra un pequeño goce y disfrute.


Bibliografía:


Concha Muñoz, Ángeles de la; Elices Agudo, Juan Francisco; Zamorano Rueda, Ana Isabel. Literatura inglesa hasta el siglo XVII. Madrid: editorial UNED, 2009.

Greenblatt, Stephen. The Norton Anthology of English Literature Vol. 1 - The Middle Ages through the Restoration and the Eighteenth Century. W. W. Norton & Company Inc., 2006.

Onega, Susana. Ed. Estudios literarios ingleses. Renacimiento y Barroco. Madrid: Cátedra, 1986.

lunes, 18 de enero de 2010

Sir Philip Sidney y Penelope Devereaux, " Astrophil And Stella": 2ª Parte

Sir Philip Sidney

El mayor logro literario de Sir Philip Sidney fue “Astrophil and Stella” (“Starlover and Star”), la primera de las grandes obras poéticas del período isabelino. No es posible determinar las fechas de su composición, estipulándose como probable el período entre 1581 y 1583.

Los sonetos de Sidney podrían haber sido un elaborado juego literario donde el poeta reflejaba los conflictos de su mente, la contradicción de los impulsos y los intensos deseos y frustraciones que invadían su alma inquieta. Aunque no pueda calificarse como autobiografía, la intensidad de la expresión y la recurrencia de ciertas preocupaciones alcanzan transmitir un autenticidad y una individualidad que la distinguen de la artificial expresión de sentimientos propios del genero. A lo largo de los 108 sonetos y 11 canciones, donde luce una impecable técnica, se vislumbran alusiones a personajes de su entorno y, además, como acabamos de mencionar, es un posible retrato de su propia existencia.

Muchos historiadores han especulado sobre la ambigua relación entre el poeta y Penelope Devereaux, la que probablemente fue la musa inspiradora de sus versos. Esta dama, nacida en 1562, era hija de Walter Devereux, conde de Essex y de Lettice Knollys (hija de Catherine Carey y William Knollys). Es curioso constatar que era bisnieta de María Bolena, hermana de nuestra estimada Ana Bolena, por lo tanto existía un lejano vínculo familiar con la reina Elizabeth I.

Retrato en miniatura de Penelope Devereaux, obra de Nicholas Hillard (1590)

El padre de Penelope, Essex, murió en septiembre de 1576. Antes de exhalar su último aliento, había enviado una misiva a Philip Sidney desde su lecho de muerte revelándole que su mayor deseo era verle casado con su hija. Se sabe que el secretario del conde también escribió al padre de Sidney donde le expresaba estas mismas pretensiones. A pesar de que hubiera un acuerdo inminente entre las dos familias, de repente todo se vino abajo. Tal vez el segundo matrimonio de la madre de Penelope, Lettice Knollys, con Robert Dudley, conde de Leicester en 1578, provocó la disolución del compromiso. A falta de herederos varones, Dudley había nombrado a Sidney su sucesor, pero ahora que se embarcaba en una nueva unión ansiaba en breve tener descendencia. Puede que viera a Sidney una amenaza para sus planes y lo mejor era mantenerlo lejos de su nueva familia.

Finalmente, el pretendiente elegido para Penelope fue Robert Rich, tercer barón de Rich. Se dice que ella protestó en contra de la unión, ya que no podría soportar desposarse con un hombre tan rudo y autoritario como era su prometido. No obstante, todo fue en vano. En 1581, ella se casó contra su voluntad con Lord Rich y Sidney dos años más tarde con Frances Walsingham.


Frances Walsingham, esposa de Sir Philip Sidney

Volcamos nuevamente nuestra atención a Astrophil and Stella. En los sonetos de Sidney observamos una clara alusión al nombre Rich, y es posible encontrar varios elementos autobiográficos implícitos. Al mismo tiempo, no obstante, el argumento de la secuencia, lleno de pesares por parte de Astrophil que se alternan con el ocasional estímulo por parte de la dama, es bastante convencional y deriva de la tradición Petrarquista.

Sidney se había quejado en múltiples ocasiones la ausencia de una tradición literaria válida a la que recurrir, a diferencia de la situación en otros países, como Italia, cuya literatura conocía perfectamente, que contaba en su tradición literaria con magníficos poetas como Dante y Petrarca. En Inglaterra, podría tomar como referencia a un predecesor suyo, Henry Howard, conde de Surrey, aunque Sidney acabaría emprendiendo su propio camino. Para comenzar, Sidney fue el primero en su país en acoplar los sonetos en una secuencia unificada por una serie de preocupaciones, que exponían como tema central el amor.

Su principal técnica innovadora fue crear una persona poética, la de noble y cortesano enamorado, y reflexionar detenidamente sobre la esencia del sublime sentimiento amoroso. En su poesía, sale a relucir la problemática de la articulación lingüística del sentimiento , por consiguiente, el autor expone en ella su dificultad de exteriorizar con palabras la complejidad de la pasión amorosa. Sidney se descubre, de esa manera, como escritor autoconsciente.




Posible retrato de Sir Philip Sidney


Se contempla tambien la figura de un poeta consciente de su oficio y de su arte, muy preocupado por la retórica, el embellecimiento de su lengua y los más importante: la sinceridad y la profundidad de sus sentimientos que se se desvelan ante el lector de una forma muy íntima. Sus sonetos asimismo son un reflejo del ambiente cortesano de la época que le tocó vivir, donde se plasma la faceta más ritual y colorista de la vida cortesana a la vez que nos comparte el sinvivir de un amor secreto vivido en el agobiante entorno de la nobleza.


En 1585, intentó alistarse a un expedición a Cádiz comandada por Francis Drake, mas fue impedido a tiempo por la reina; que lo mandó llamar a la corte y lo nombro gobernador de Flushing en los Países Bajos, donde pudo desarrollar su lucha protestante. Intervino con éxito contra las tropas españolas cerca de Axel en julio de 1586; más tarde, ese mismo año, se unió a Sir John Norris en la batalla de Zutphen. Durante el sitio, fue alcanzado por una bala en el muslo. Moriría veintidós días después poco antes de cumplir 32 años de edad, víctima de una herida mal curada.

El cuerpo de Sidney regresó a Londres y fue enterrado en la Catedral de San Pablo el 16 de febrero de 1587. Ya en vida, pero especialmente después de su muerte, se había convertido para muchos ingleses, en el epítome del cortesano: noble, mecenas, poeta, soldado, amigo admirado y apreciado, la muerte en pleno combate en la flor de la juventud elevó su figura y lo convirtió en objeto de culto. Sus tres emblemáticas obras: La Arcadía, Defensa de la Poesía y Astrophil And Stella serían publicadas postumamente por su hermana Mary Herbert, condesa de Pembroke, perdurando para siempre en la memoria de los ingleses.



Bibliografía:


Concha Muñoz, Ángeles de la; Elices Agudo, Juan Francisco; Zamorano Rueda, Ana Isabel: Literatura inglesa hasta el siglo XVII, editorial UNED, Madrid, 2009.

Greenblatt, Stephen: The Norton Anthology of English Literature Vol. 1 - The Middle Ages through the Restoration and the Eighteenth Century , W. W. Norton & Company Inc., 2006.


http://es.wikipedia.org/wiki/Philip_Sidney

http://www.luminarium.org/renlit/sidney.htm

http://www.luminarium.org/encyclopedia/peneloperich.htm


domingo, 10 de enero de 2010

Sir Philip Sidney, poeta y cortesano ideal: 1ª Parte



Sir Philip Sidney

Sir Philip Sidney nació el 30 de Noviembre de 1554, en Penshurst, Kent. Era hijo de Sir Henry Sidney y de Mary Dudley, por lo tanto era sobrino de Robert Dudley, Conde Leicester que pasó a los anales de la historia como el favorito de la reina Elizabeth I. Su familia siempre ostentó un lugar privilegiado en los círculos de la corte; su padre fue gobernador de Irlanda y su madre estaba al servicio directo de la reina. Le bautizaron como Philip en homenaje a su padrino, el futuro Felipe II de España que en aquel momento ocupaba el puesto de rey consorte de Inglaterra por su matrimonio con María Tudor.


Después de recibir clases con tutores particulares, Sidney fue admitido en Shrewsbury School a la edad de diez años en 1564. Luego continuo su educación en Christ Church, Oxford, (1568-1571) aunque nos consta que terminara sus estudios. Se sabe que la reina Elizabeth le concedió un permiso para viajar a tierras extranjeras. Recién llegado a Paris, cuando sólo tenía 17 años, le sorpreendió la noche de San Bartolomé en la que, por incitación de la reina Catalina de Médicis, fueron masacrados unos cincuenta mil protestantes.



La noche de San Bartolomé, fresco de Giorgio Vasari. Sala Regia del Vaticano.

Reproducción de un encuentro violento entre hugonotes y católicos en París durante las llamadas guerras de religión en Francia. El cuadro reproduce los violentos sucesos del 24 de agosto de 1572, la matanza de hugonotes (protestantes) en París por parte de los católicos.


Sidney abandonó Francia, aterrado ante ese horrible suceso, y no hay duda que semejante hecho influyó mucho en su arraigada convicción protestante. Durante los dos años siguientes viajó por Europa, residiendo sobretodo en Viena, en Venecia y en Padua, en cuyo universidad estuvo matriculado. Durante su estancia en el extranjero conoció los personajes más eminentes de su época, desde reyes y reinas hasta filósofos, teólogos y poetas.

Regresó a Inglaterra en 1575 dónde disfrutó de una creciente popularidad en el ambiente cortesano. En 1577, fue enviado como embajador a la corte del emperador Rodolfo II y a la del príncipe Guillermo de Orange. Su intención era conseguir aliados para afianzar la creación de una alianza protestante. Sin embargo, la carrera diplomática de Sidney fue rapidamente interrumpida ya la reina Elizabeth no veía con buenos ojos sus ardientes convicciones protestantes. El efusivo entusiasmo protestante de su súbdito podría desfavorecer la política exterior de Inglaterra y traer a la soberana alguno que otro dolor de cabeza.

Otra vez de vuelta a Inglaterra, fue acogido nuevamente en la corte de Elizabeth y todos empezaron a llamarle "La flor de la caballería". Fue un gran mecenas de las artes, alentando activamente a varios autores como Edward Dyer, Fulke Greville, y el más importante de todos, el joven poeta Edmund Spencer, quién le dedicó en su homenaje The Shepheardes Calender.


Sir Edmund Spencer


En 1579, a instancias de Sir Robert Dudley y el partido puritano, que se oponían al proyecto de matrimonio de Elizabeth I con el Duque de Anjou, el heredero católico al trono francés, decidió escribir un memorial a la reina manifestando la inconveniencia de tal unión. A Elizabeth le pareció un acto de mucha osadía por su parte y ordenó que lo desterraran de la corte. Inmediatamente, se retiró durante casi un año a la casa de su querida y erudita hermana, Mary Herbert, Condesa de Pembroke por matrimonio, en Wilton. Allí escribió un largo y elaborado romance épico en prosa que lo dedicó a su hermana titulado la Arcadia. La Arcadia es un romance pastoril. Dicho género fue muy popular en Europa durante estos años.




Mary Herbert (Sidney), Condesa de Pembroke y hermana del poeta. Retrato de Nicolas Hilliard (1590)


Ambos hermanos fueron reconocidos impulsores de las artes de su país. Wilton, la casa de los condes de Pembroke, fue un centro de artistas y escritores y su influencia e incentivo a los nuevos talentos, contribuyó, sin duda, a configurar la dirección que tomaría la literatura en estos años.


Bibliografía:


Concha Muñoz, Ángeles de la; Elices Agudo, Juan Francisco; Zamorano Rueda, Ana Isabel: Literatura inglesa hasta el siglo XVII, editorial UNED, Madrid, 2009.

Greenblatt, Stephen: The Norton Anthology of English Literature Vol. 1 - The Middle Ages through the Restoration and the Eighteenth Century , W. W. Norton & Company Inc., 2006.

http://www.luminarium.org/renlit/sidney.htm

http://www.kalipedia.com/fotos/noche-san-bartolome-fresco.html?x=20070418klplylliu_64.Ies&f=1

jueves, 31 de diciembre de 2009

Los tocados en forma de cono o hennin

El Hennin era un tocado en forma de cono usado por la damas de la nobleza europea durante el siglo XV. Se estilaban mucho en Borgoña, Francia y en otros países del norte de Europa, entre ellos Hungría y Polonia. Los hennins cónicos empiezan a hacerse populares a mediados de ese siglo, en un principios solo entre las mujeres de la aristocracia, aunque más adelante su uso se propagó por otros sectores de la población, entre ellos la burguesía. Normalmente el hennin medía entre 12 y 18 pulgadas (30-45 cm) de alto, no obstante podría ser considerablemente mayor. La parte superior de estos sombreros cónicos eran de pico, mientras otros tenían una forma truncada con un acabado plano.



Ilustracción del Libro de la Horas de María de Borgoña (1480). En la imagen contemplamos el hennin de pico.




Detalle del cuadro "La esposa del donante", obra de Petrus Christus (aprox. 1450). En él observamos la forma de hennin truncada.



Por lo general, era acompañado de un velo transparente que solía salir de la parte superior del cono y se dejaba caer sobre los hombros o incluso llegaba a tocar el suelo. A veces también era colocado hacía delante donde cubría parte de la frente y del rostro.



Imagen sacado del manuscrito " Confessio Amantis" de John Gower (1470). En él contemplamos como el velo cubre parte del rostro de la mujer.



Esta ilustración proviene del libro "Le Roman de la Rose" de Guillaume de Lorris and Jean de Meung hecho para Luisa de Saboya a finales del siglo XV. Vemos que el velo transparente de la mujer llega hasta el suelo y otro negro le cubre los cabellos.




Esta joven dama porta un ejemplo de hennin cónico sobre una tela de terciopelo negro muy fina. Obra del holandés Hans Memling, extraído del díptico"Alegoría del verdadero amor" (1485-90).


El hennin se llevaba inclinado hacía atrás en un ángulo. Estaba hecho de un material ligero, a menudo cartón o una malla de alambre sobre el cual se había fijado una fina tela, sin embargo no se sabe con precisión los detalles de su elaboración. Se recogían los cabellos y éstos era ocultados en el interior del cono (posiblemente uno de los extremos del velo estaba atado y enrollado al pelo, el resto de la cabellera que quedaba libre era conducido a través del agujero hasta la punta del cono), si bien que algunas imagenes nos muestran que se estilaba el pelo largo suelto detrás del hennin.




Estas doncellas usan el hennin sobre el pelo suelto, aunque en cima de la cabellera se deja ver un velo transparente. De la punta del cono cuelga un largo tul. Imagen sacada de las "Cronicas de Francia" de Froissard ( Isabel de Francia llegando a la ciudad).






Hennin utilizado sin cofia sobre el pelo suelto. Imagen extraída de la obra "Augustine, la ciudad de Dios", manuscrito iluminado por Maestro François.



A simple vista, la primera imagen que nos viene a la cabeza cuando contemplamos estos tocados son los cuentos de hadas de princesas que leíamos en nuestra infancia. Es inevitable transportarse ni que fuera por unos instantes a ese mundo de fantasía y encantamiento que tantos nos hizo soñar. A mi particularmente me siguen fascinando. En breve, habrá una próxima entrega con más variedades sobre los tocados del siglo XV, espero que sea de vuestro agrado.



Bibliografía:


http://en.wikipedia.org/wiki/Hennin

http://cadieux.mediumaevum.com/burgundian-reference.html


http://www.wga.hu/frames-e.html?/html/c/christus/1/index.html

miércoles, 23 de diciembre de 2009

¿Cómo celebraban Enrique VIII y sus súbditos la Navidad?



En tiempos de los Tudor las fiestas de Navidad duraban doce días y las celebraciones alcanzaban su punto culminante el 6 de enero o Noche de Reyes, cuando se celebraba la Epifanía. El ayuno de adviento finalizaba la víspera de Navidad; y a partir de entonces se inauguraban doce días de fiestas, banquetes, pompa, disfraces y diversión; todo ello presidido por el Señor del Mal Gobierno o "Maestro de los Alegres Retozos", con su cortejo de heraldos, magos y bufones disfrazados. Enrique VIII también tenía por costumbre nombrar un "obispillo" que sustituía el lugar de su principal capellán. En Windsor, en una ocasión recompensó a un muchacho llamado Nicholas con 10 marcos por interpretar este papel.

La corte estaba siempre a rebosar durante las Navidades. Los palacios reales, a igual que muchos hogares humildes, se adornaban con "acebo, hiedra y laureles y cualquier otra cosa verde propia de la temporada". En el gran salón de audiencias bailaban y cantaban villancicos, "con gran gozo de la reina y los nobles".


Durante las Navidades en la corte se celebraban grandes banquetes. El día de Navidad se servía el plato que era siempre el favorito de las fiestas, carne de jabalí o de cerdo "macerada" y sanzonada con especias, y quizá cisne asado; el primer plato, sin embargo, consistía siempre en una cabeza de jabalí, que se presentaba a los comensales "adornada con laurel y romero". Para el suntuoso banquete de la noche de Reyes se preparaba un pastel especial de frutos secos, harina, miel y especias que contenía un guisante o una alubia; quién lo hallase sería Rey o Reina del Guisante o de la Alubia durante la velada; no obstante, a juzgar por los pagos hechos de antemano, parece que en la corte los afortunados se elegían previamente, por si acaso.

Las navidades también era tambien una época de solemnes observancias religiosas. El día de Navidad, Enrique VIII oía misa en su camarín antes de ir en procesión a la capilla real para asistir a los maitines, donde incluso participaba en el oficio. El coro solía cantar Gloria in excelsis en estas ocasiones y una vez el monarca lo premio con 2 libras ( lo equivalente hoy en día a 600 libras). En la fiesta de la Epifanía se hacían ofrendas de oro, incienso y mirra en nombre de la reina.

El intercambio de regalos no tenía lugar en día de Navidad, sino el día de Año Nuevo. No sólo la soberana y la familia real, sino también todos los cortesanos y sirvientes regalaban algo al rey; cada presente le era entregado por quien lo hacía o por su representante en una ceremonia brillante en el salón de audiencias, donde los regalos - que podía ser de vajilla de oro o de plata, joyas o dinero - se exponían luego en aparadores o mesas de caballete para que todo el mundo los contemplase. Mas tarde los secretarios reales tomaban nota de cada uno de ellos antes de guardarlos. Los señores más poderosos del reino competían unos con otros por ofrecer los obsequios más valiosos o novedosos: el cardenal Wolsey regalaba siempre a su señor una copa de oro que valía 100 libras (30 mil libras actuales) . A su vez, Enrique obsequiaba copas y cuencos con la cifra real grabada, cada uno de ellos de acuerdo con el rango de quien lo recibía, a todas las personas de la corte, incluso a los miembros más humildes de la casa.


Enrique VIII y Cardenal Wolsey


Bibliografía:


Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.


Aprovecho la ocasión para desearos a todos una Feliz Navidad y un excelente año 2010. Muchísimas gracias por acompañarme durante mi andura por la corte renacentista y espero veros muy pronto el próximo año. Ya sabéis que el mejor regalo que me podéis hacer en Navidad son vuestras visitas y comentarios.

besos,

Lady Caroline
LOS LÍOS DE LA CORTE