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miércoles, 11 de septiembre de 2013

"Los Últimos Días de Ana Bolena" en versión Kindle




Por fin, después de mucho tiempo, decidí llevar a cabo este proyecto, reunir todos mis artículos sobre esta gran reina que inspiró mi espacio cortesano allá en el año 2008. "Los Últimos Días de Ana Bolena" se concibió inicialmente para una serie de 15 entregas publicadas entre mayo de 2010 y noviembre de 2011, fruto de mi investigación basada en ensayos de historiadores de renombre especializados en la época Tudor, entre ellos Eric Ives, Retha Warnicke y Alison Weir.   En  este breve relato de 42 páginas se analizan todos los hechos polémicos que derivaron en su vertiginosa caída, incluyendo testimonios de embajadores y crónicas de la época. 


 A partir de hoy está disponible en versión Kindle en la tienda de Amazon a través de este enlace: 



 Queridos lectores, estoy inmensamente agradecida por los bellos mensajes recibidos que cada día me impulsan más a seguir adelante. Ya sabéis que mi mundo cortesanos sin vuestro apoyo jamás se hubiera materializado. ¡Un fuerte abrazo de Lady Caroline!

Por cierto, desde hoy día 11 hasta el 15 de septiembre podréis descargarlo de forma gratuita.

sábado, 9 de febrero de 2013

Entre embajadores y criptoanalistas...






Carpaccio, Vittore: "La llegada de los embajadores ingleses", Año 1498, Gallerie dell'Accademia de Venecia


Los testimonios de los diplomáticos resultan ser siempre una fuente de incalculable valor capaces de acercarnos como por arte de magia a una recóndita y alejada época.  Una "primary source" en toda regla que tenemos la suerte de todavía conservar en diversos archivos. Eran ellos los que redactaban las crónicas y que registraban todo lo que sucedía en los escondrijos de los palacios. Además, gracias a su pluma,  cobran vida todos los acontecimientos y festividades de las cortes reales de entonces, aunque, todo sea dicho, también fueron los responsables de propagar rumores y desvelar controvertidas verdades.

Por ejemplo, ser diplomático en la corte de Enrique VIII tenía sus pros y sus contras. Normalmente eran hombres de buena familia y educados a los que no resultaba fácil intimidar. No era costumbre asignarles alojamiento en  la corte salvo que el monarca así lo ordenara, no obstante se alojaban cerca de la residencia real y todos los gastos pertinentes corrían a cuenta de la corona inglesa. Ya veis que el rey no escatimaba gastos para tener contentos a los embajadores...

Otro cantar era la manutención que recibían de parte de sus señores. Se esperaba de un embajador una presencia que reflejase el status de su gobernante, pero por desgracia la mayoría de los monarcas europeos mantenían a sus diplomáticos a raya, escasos de ingresos y para colmo debían subsistir echando mano de sus propio dinero. Para su consuelo, tenían la suerte que Enrique era un tipo generoso que le gustaba agasajar a todos los embajadores en el momento que regresaban a su país. Ninguno se iba de Inglaterra sin una valiosa vajilla en su baúl.

El día día de un diplomático era una tarea ardua. Sus responsabilidades era muy grandes: debían velar por los intereses de su señor, facilitarles información útil y a menudo confidencial con lujo de detalles y la mayoría de la veces transcrita en códigos, e incluso tenían que resolver situaciones difíciles que exigían el máximo tacto. El problema es que a veces iban más allá de lo que les convenía. Como es nombrado en el artículo anterior, casi todos empleaban espías e informantes para averiguar secretos de estado y también lo que escondían los poderosos del reino. Muchas intervenían en los líos cortesanos y unos cuantos se encontraron en situaciones comprometidas. Ya veis que la inmunidad diplomática no siempre surtía efecto.

Tenemos varios ejemplos que hicieron caso omiso a esa supuesta inmunidad. Pero primero debemos  tener en cuenta que se les consideró desde el principio como espías potenciales. A comienzos del siglo XV, Enrique V de Inglaterra, por ejemplo, ordenó encarcelar a todos los embajadores franceses mientras desarrollaba sus planes de invasión con respecto al país galo. Luego ya en la Era Enrique VIII, vemos el ejemplo del cardenal Wolsey que desconfiaba bastante de los diplomáticos. Una de sus medidas fue ordenar a Sebastiano Giustiniani (enviado de Venecia en la corte inglesa entre 1515 y 1519) que le enseñara sus despachos antes de mandarlos a su señor. En 1524 interceptó la correspondencia del enviado imperial, Louis de Flandre, Sieur de Praet, lo puso bajo arresto domiciliario porque no le gustó lo que leyó y luego exigió que se fuera de Inglaterra.




 El arte de la Criptografía


El uso regular de la criptografía comienza en la Edad Media, con los árabes, y en Europa ello no sucede hasta el Renacimiento. Hasta entonces sólo se empleaba de forma esporádica, sin embargo,  En el siglo XV era una industria floreciente. El resurgimiento de las artes, de las ciencias y de la erudición durante el Renacimiento nutrió el desarrollo de la criptografía mientras que el hervidero de maquinaciones políticas proporcionó los alicientes necesarios para la comunicación secreta. 


Desde muy temprano en la historia se urdieron sistemas de cifrado para proteger la información secreta. Los más simples consistían en sustituir letras por cifras. Al intercambiar las letras de la misiva en series de números o símbolos sin ningún sentido aparente, se lograba preservar la valiosa información. Aunque claro, antes de más nada, había que entregar la clave de la cifra para el descodificado a receptor y emisor. Si tenéis la oportunidad de visitar un día el Archivo General de la Simancas, allí podréis apreciar decenas de documentos cifrados elaborados por el embajador de Isabel la Católica en Inglaterra, el doctor Rodrigo González de la Puebla, y más adelante por el cardenal Granvela, con instrucciones y negociaciones sobre la boda del futuro Felipe II con María Tudor, hija de Enrique VIII.



Nombrado secretario de cifras en Venecia en 1506, el veneciano Giovanni Soro es considerado hoy en día como el padre de la criptografía moderna. Se especializó en la tarea de descifrador de códigos, empleando sus conocimientos a la hora de descubrir los mensajes secretos que capturaban de los espías de los estados extranjeros. Además, Soro tenía la habilidad de romper los códigos que utilizaban las naciones vecinas, entre ellos los de Maximiliano I y posteriormente de Carlos V. En 1510, gracias a su enorme destreza, los otros estados se vieron obligados a reforzar su sistema de comunicación a un nivel mayor de sofisticación. Como resultado,la curia papal lo contrató para que descodificara los mensajes que su propio analista de códigos era incapaz de descifrar. Además, el papa Clemente VII a menudo enviaba misivas codificadas a Soro para que testara su grado de impenetrabilidad.


Cabe destacar también el francés Philibert Babou, criptoanalista del rey Francisco I de Francia. Babou había adquirido la reputación de ser increíblemente persistente, trabajando día y noche e insistiendo durante semanas para descifrar un mensaje interceptado. Desgraciadamente para el pobre Babou, mientras tanto el monarca francés aprovechó para vivir una larga aventura amorosa con su esposa...


Bibliografía:

http://en.wikipedia.org/wiki/Giovanni_Soro

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004. 

 Jesús J. Ortega Triguero,Miguel Ángel López Guerrero,Eugenio C. García del Castillo Crespo: Introducción a la Criptografía: Historia y Actualidad, Universidad de Castilla la Mancha, 2006.


Espías y Agentes dobles durante la Edad Media, artículo perteneciente a la Revista Historia National Geographic, número 109, diciembre 2012.

lunes, 31 de diciembre de 2012

La red de espionaje de Carlos V en Inglaterra




A raíz de "The King's Great Matter", es decir, los intentos de Enrique VIII de Inglaterra por anular su matrimonio con Catalina de Aragón y casarse con Ana Bolena, hizo con que el emperador Carlos V se viera forzado a cambiar su táctica diplomática. Cuando Eustace Chapuys (c.1490-1556), saboyano de nacimiento, llegó a Londres en septiembre de 1529 para suceder en el cargo de embajador residente a Don Iñigo de Mendoza, un puesto que había estado ocupado de manera bastante inestable desde la dimisión forzada de Luis de Praet en 1525, encontró a una aislada y vigilada reina Catalina que dificilmente conseguía mantener una entrevista a solas con el enviado de su sobrino. Chapuys prefería que no lo vieran demasiado por la corte, y, cuando acudía alli, era consciente que recaían mil ojos sobre su figura. El embajador era humanista y amigo de Erasmo cuyo entusiasmo por la causa de la reina le llevaría con frecuencia a ir más allá de sus obligaciones como diplomático. A sus cuarenta años, era un experto en derecho canónico y había sido juez eclesiástico de Saboya, hábil y astuto, que nunca temía decir lo que pensaba. No obstante, mismo que conversaba con soltura en francés, español y latín, su dominio del inglés no estaba a la misma altura.


El embajador Eustace Chapuys


El diplomático percibía que su labor en Inglaterra era de suma importancia para su señor. El deseo de Enrique VIII por divorciarse de la tía de Carlos V había movido los cimientos de Europa y había causado un revuelo internacional que preocupaba sobremanera al emperador. Una de sus primeras medidas diplomáticas fue aumentar el número de personas que trabajaban a su servicio. Contrató a muchos antiguos sirvientes de Catalina: ingleses, galeses y españoles, incluyendo el ujier de la reina llamado Juan de Montoya, un español que llevaba más de veinte años prestando servicio en Inglaterra y que se convirtió en uno de los principales secretarios de Chapuys. Reclutó también a jóvenes de Flandes y Borgoña, insistiendo que aprendieran inglés y, aunque él mismo no acudía muy a menudo a la corte, sin embargo los animaban para que fueran, esperando, probablemente, que su media docena de astutos y agradables caballeros se infiltraran en los círculos de los palacios sin levantar demasiadas sospechas.

Además del propio Montoya, tenía a dos secretarios más que hablaban muy bien inglés, incluso les proporcionaba a cada uno una peculiar red de contactos. Asimismo, tenía un "valet de chambre", un taciturno flamenco que iba con él a todas partes con la excusa de que debido a sus problemas con la gota, necesitaba ir siempre acompañado por si le pasaba algo. Eran de agradecer las habilidades lingüísticas de su sirviente pues en más de una ocasión los oídos del valet fueron esenciales para sus planes. Los consejeros conversaban a destajo sin apenas preocuparse por la presencia de Chapuys y de su ayudante, pues daban por hecho que su nivel de inglés era más bien precario. ¡Qué equivocados estaban!

Chapuys dedicaba parte de su tiempo a su red de espionaje. A partir de 1533, habría contratado unos cinco o seis agentes a tiempo completo que a cambio de unas modestas sumas de dinero le informaban sobre cualquier movimiento que se llevaba a cabo en las posadas de Londres (era sumamente interesante estar al tanto de los extranjeros que se paseaban por la ciudad), quién entraba y salía de la residencia de Thomas Cromwell, o incluso donde se encontraba un heraldo mensajero. Para ello era esencial contar con el apoyo de lacayos, doncellas, chicos de establos que estuvieran dispuestos a romper la lealtad a su señor a cambio de unas monedas.

Los diplomáticos de otras naciones de Europa también estaban bajo su vigilancia. Se sabe que uno de los secretarios de Marillac, el embajador de Francia, proporcionó clandestinamente durante dieciocho meses un set de códigos y transcripciones de cartas del enviado francés. Asimimismo, debemos resaltar el papel que jugaban las doncellas.  Había concretamente una, servidora de Ana Bolena, que mantuvo informada la embajada imperial durante más de un año de todo lo que transcurría en el entorno de la segunda esposa de Enrique VIII.

Los despachos de Chapuys, que son una de las principales fuentes de datos sobre el reinado de Enrique VIII, eran sin duda parciales a favor de Catalina: al referirse a Ana Bolena, hablaba siempre de "la Dama" (eso antes de casarse con el rey) o "la Concubina" (ese último título se lo otorgó cuando ya era reina). La mayor parte de los datos acumulados eran triviales y variados, y muchos de ellos, podemos estar seguros, nunca se incluyeron en los informes oficiales. Sin embargo, una cantidad considerable de esas informaciones que encajaban y servían de utilidad para sus propósitos eran catalogados y guardados como "fuente".

El enviado del emperador también entablaba relaciones con la comunidad de comerciantes españoles de Londres, muchos de los cuales residían allí desde hacía un tiempo. Al contrario de sus predecesores, Chapuys era igual de atento con los comerciantes de los Países Bajos. Le hacía a los flamencos pequeños favores y recibía a cambio noticias valiosas sobre los movimientos de dinero, armas, los agentes ingleses que entraban y salían de Amberes, además de ayudar en transmitir su correspondencia y manejar sus ganancias. Ellos mismos veían a Chapuys como uno de los suyos ya que el embajador provenía de un entorno de mercaderes de clase media. Normalmente iban a la embajada imperial a cenar, contar sus penas, pedir consejos y comentar las últimas noticias y cotilleos.

Chapuys raramente asistía a los actos de la corte, pero cenaba a menudo con los ministros del monarca y tenía numerosos contactos influyentes, además de su ya mencionada red de espías en la casa real. Con el tiempo se convirtió en un foco para los nobles partidarios de la reina Catalina y, siguiendo instrucciones de Carlos V, empleó todos sus recursos para formar con ellos una facción eficaz. El rey se sentía molesto a menudo a causa de Chapuys, sin embargo, por increíble que parezca, simpatizaba sinceramente con él, a veces incluso le hacía confidencias y a menudo le proporcionaba información deliberadamente. El clan Bolena lo odiaba y mientras algunos consejeros le consideraban un embustero y un adulador, probablemente él hubiera dicho lo mismo de ellos.


 Jonathan Rhys Meyers como Enrique VIII and Anthony Brophy como Eustace Chapuys en la serie   "The Tudors (segunda temporada, 2008)



Bibliografía: 

Mattingly, Garrett: Renaissance Diplomacy, Penguin Books, 1964.

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004. 

http://es.wikipedia.org/wiki/Eustace_Chapuys

domingo, 4 de noviembre de 2012

Enrique VIII y El Acta de Supremacia (1534) - 2ª Parte





The King is in the room of God in this world. He that resists the king, resists God; he that judges God. He is the minister of God to defend thee… Let´s kings, if they had rather be Christians in deed that so to be called, give themselves altogether to the well-being of their realms after the example of Jesus Christ, remembering that the people are God´s, and not theirs; ye; are Christ´s inheritance, bought with His blood.
The most despised person in his realm (if he is a Christian) is equal with him in the kingdom of God and of Christ. Let the king put off all pride, and become a brother to the poorest of his subjects…


William Tyndale, The Obedience of a Christian Man 


Según nos expone Tyndale, el rey debe hablar directamente con Dios, no tiene por qué obedecer a nadie más. Afirmaba además que el Papa había usurpado la autoridad de Cristo y la palabra del Todopoderoso. El 25 de enero de 1533, Enrique VIII contrajo matrimonio con Ana Bolena cuando todavía estaba casado con Catalina de Aragón. El 23 de mayo del mismo año, Thomas Crammer, que había sido recientemente nombrado arzobispo de Canterbury, declaró nula y sin efecto la unión entre Enrique y Catalina. La hija de los Reyes Católicos volvía a tener su título de antaño, "princesa viuda de Gales".Consequentemente el Sumo Pontífice excomulgó al monarca inglés y en 1534 Enrique VIII anunció el Acta de Supremacía. De ahora en adelante, el soberano de Inglaterra sería conocido como una versión moderna del rey David o del rey Salomón, quienes supieron cuidar y velar por el bienestar de sus súbditos. 




Enrique VIII (en el centro) retratado como el rey Salomón en la vidrieras de la capilla de Kings's College en Cambridge 




El 11 de septiembre de 1533 Ana Bolena dio a luz a una niña, la futura  reina Elizabeth I. Aquello fue una decepción total para el monarca. En 1536, la reina Ana fue arrestada, acusada del alta traición (incluyendo adulterio con varios hombres, entre ellos su propio hermano). Fue ejecutada en Tower Green por la espada de un verdugo la mañana del 19 de mayo de 1536. Lo más probable es que fuera totalmente inocente, una víctima de un rey tirano.  El 30 de mayo, once días después su ejecución, Enrique se casaba con Jane  Seymour. Ella sería la que haría del rey un hombre afortunado. El 12 de octubre 1537 nacía el futuro Eduardo VI. Desgraciadamente, Jane murió de fiebre puerperal sólo doce días después del nacimiento de su hijo. 

[…] kings of this realm, shall have full power and authority from time to time to visit, repress, redress, record, order, correct, restrain, and amend all such errors, heresies, abuses, offenses, contempts and enormities, whatsoever they be […]

Un ejemplo claro de esta afirmación la podemos hallar en la disolución de los monasterios y la confiscación de las propiedades de la Iglesia. En 1535 Enrique VIII ordenó a Cromwell que cerrara todas las abadías, monasterios y conventos de Inglaterra. Encontraron de hecho muchas irregularidades, fraudes y falsas reliquias. Podríamos citar el caso de la sangre sagrada de Hailes que en realidad pertenecía a un pato. Otro dato no muy conocido es que el reino necesitaba dinero para financiar las campañas militares contra Francia y Escocia. Se ha comprobado que el rey gastó buena parte de esa fortuna para invertir en la guerra. En octubre de 1536 hubo una importante rebelión contra la disolución de los monasterios liderada por Robert Aske. La llamaron "La Peregrinación de Gracia".

En suma, Enrique VIII fue un monarca absolutista que pretendía justificar sus acciones basándose en parte en su falso sentimiento de culpa. Cuando alegó que su matrimonio con Catalina de Aragón no era válido porque las sagradas escrituras así lo pregonaban, su verdadera intención era librarse de una esposa vieja que le estorbaba y que no podía darle más hijos. Cada día que pasaba y ese heredero varón no venía, se desesperaba más. Ese vacío lo convirtió en un hombre miserable. En una ocasión se lo demostró al embajador de Carlos V, Eustace Chapuys.  El soberano se exaltó demasiado cuando Chapuys sugirió que Dios no había creído conveniente enviarle hijos varones porque (Dios) había decretado que la sucesión en Inglaterra recayese en una mujer, en esa época la reina era Ana Bolena y la heredera la futura Elizabeth II. Enrique VIII no contuvo su ira y le gritó al embajador diciéndole: 

-¿Acaso no soy hombre como los demás hombres? ¿No lo soy? ¿No lo soy?



Bibliografía:


Bray, Gerald Lewis: Documents of the English Reformation, Library of Ecclesiastical History, Cambridge, 1994.

Denny, Joanna: Anne Boleyn: A new life of England´s tragic Queen, Portrait Books, London, 2005.

Hart, Kelly: The Mistresses of Henry VIII, The History Press, Gloucestershire, 2009.

Ives, Eric: Anne Boleyn, Basil Blackwell, Oxford, 1988.

Warnicke, Retha M.: The rise and fall of Anne Boleyn: family politics at court of Henry VIII, Canto, Cambrige University Press, 1996.



miércoles, 17 de octubre de 2012

Enrique VIII y el Acta de Supremacía (1534) - 1ª Parte





Albeit the king's Majesty justly and rightfully is and ought to be the supreme head of the Church of England, and so is recognized by the clergy of this realm in their convocations, yet nevertheless, for corroboration and confirmation thereof, and for increase of virtue in Christ's religion within this realm of England, and to repress and extirpate all errors, heresies, and other enormities and abuses heretofore used in the same, be it enacted, by authority of this present Parliament, that the king, our sovereign lord, his heirs and successors, kings of this realm, shall be taken, accepted, and reputed the only supreme head in earth of the Church of England, called Anglicans Ecclesia; and shall have and enjoy, annexed and united to the imperial crown of this realm, as well the title and style thereof, as all honors, dignities, preeminences, jurisdictions, privileges, authorities, immunities, profits, and commodities to the said dignity of the supreme head of the same Church belonging and appertaining; and that our said sovereign lord, his heirs and successors, kings of this realm, shall have full power and authority from time to time to visit, repress, redress, record, order, correct, restrain, and amend all such errors, heresies, abuses, offenses, contempts and enormities, whatsoever they be, which by any manner of spiritual authority or jurisdiction ought or may lawfully be reformed, repressed, ordered, redressed, corrected, restrained, or amended, most to the pleasure of Almighty God, the increase of virtue in Christ's religion, and for the conservation of the peace, unity, and tranquility of this realm; any usage, foreign land, foreign authority, prescription, or any other thing or things to the contrary hereof notwithstanding.


El Acta de Supremacía fue una acta dictada por el Parlamento de Inglaterra bajo el reinado de Enrique VIII(1491-1547). En ella se declaraba que el rey era la suprema y única cabeza en la tierra de la Iglesia en Inglaterra, y que la corona británica debería disfrutar de todos los honores, dignidades, preeminencias, jurisdicciones, privilegios, autoridades, inmunidades, beneficios y bienes propios de esa dignidad. Se promulgó después de que el Papa lo excomulgara por divorciarse de Catalina de Aragón en 1533 (1485-1536). Desde entonces, el  Sumo Pontífice de Roma ya no poseía ningún derecho sobre la Iglesia de Inglaterra. La nación solo estaba bajo el mando de la autoridad de su soberano. Ni Papa ni el Emperador tenían ya el poder de interferir en las leyes inglesas. Al monarca se le otorgaba el derecho de nombrar sus propios arzobispos y obispos y perseguir la herejía. Además, se consideraba un crimen rehusarse a reconocer a Enrique Jefe Supremo de la Iglesia u oponerse al acta de sucesión. 

El Acta sostiene los derechos de enseñar la doctrina y reformar la iglesia, aunque no los de predicar, ordenar o administrar los sacramentos y ritos religiosos. Se conoció como potestas ordinis y era desempeñado por el clero. El rey alegaba que estaba defendiendo los derechos que antaño ostentaba el poder laico, que el Papado se había apoderado en el transcurso de los siglos.

Durante varios años Enrique VIII había intentado sin éxito conseguir el divorcio de Catalina de Aragón. La razón era muy simple pero de suma importancia: la ausencia de un heredero varón que lo sucediera. Además, el soberano tenía otro interés oculto en el asunto; se había enamorado de una de la damas de compañía de la reina Catalina, la enigmática Ana Bolena (1501/07-1536). 



A pesar de todos los esfuerzos para concebir un hijo, casi todos los embarazos de Catalina terminaron en abortos, niños nacidos muertos y un niño varón, que vino al mundo en 1511, que por desgracia únicamente sobrevivió 52 días. Por otro lado, la reina dio a luz en 1516 a una niña saludable llamada María, su único retoño que logró alcanzar la edad adulta. Aunque, eso no era suficiente para colmar de dicha los deseos del rey. Una niña no significaba nada para él, necesitaba desesperadamente un heredero que diera continuidad a la dinastía Tudor. En 1526, cuando Catalina tenía cuarenta años y los síntomas de la menopausia le acechaban, estaba claro que Enrique ya no tendría más hijos. 

En 1519, una de sus amantes, Elizabeth Blount, alumbró a un hijo bastardo del soberano, bautizado como Henry Fitzroy. El monarca lo nombró conde de Nottingham, duque de Richmond y Somerset, y le ortorgó también varios títulos importantes que incluían el de Lord Admiral de Inglaterra, cuando éste sólo tenía seis años, en 1525. Pero claro, él era un varón ilegítimo, que por supuesto podría venirle bien como peón para los acuerdos diplomáticos; no obstante no había manera de ser su sucesor en el trono.

Catalina se casó en primeras nupcias con el príncipe Arturo, el hermano mayor de Enrique VIII. La unión, celebrada en 1501, apenas duró unos meses debido a la muerte prematura del novio. La verdadera causa de su fallecimiento no se sabe con seguridad pero podrían haber sido "El sudor inglés" que podría compararse con la galopante Peste Negra. Enrique VII y su consorte, Elizabeth de York se quedaron deshechos.


La joven infanta española, entonces una pobre viuda, había permanecido en Inglaterra casi viviendo en absoluta pobreza, esperando interminablemente por un acuerdo sobre su dote entre su padre, Fernando de Aragón y su suegro Enrique VII. Catalina alegaba que su matrimonio no había sido consumado, en suma, que ella era virgen. El segundo hijo de Enrique VII, el príncipe Enrique, duque de York, fue proclamado como el nuevo heredero al trono, y cuando su padre falleció, anunció su compromiso con la viuda de su hermano. Finalmente, Enrique y Catalina se casaron el 11 de junio de 1509 y su espléndida coronación ocurrió unos días después, el 24 de junio. 




Escudo de la reina Catalina de Aragón, en el que se aprecia la granada, fruto que simboliza la fecundidad.


¿Por qué Dios no había permitido que sus hijos sobrevivieran? Enrique VIII empezó a preguntarse si esa unión era realmente legítima ante los ojos del Todopoderoso. Dios probablemente lo estaba castigando por haberse desposado con la viuda de su hermano Arturo. La fuente que reafirmaba su creencia la había encontrado en la Biblia, concretamente en un pasaje del Levítico 20:21: "Si un hombre se casa con la viuda de su hermano, es un acto impuro, pues habrá deshonrado a su hermano. Ellos no tendrán hijos."   El monarca estaba seguro que no podrían seguir viviendo en pecado, la culpabilidad lo estaba matando. El hecho de ser rey de Inglaterra no lo libraba de esa maldición. En definitiva, la única solución plausible sería separarse de su esposa. No tenía otra alternativa, por el bien de la nación debía conseguir la anulación de su matrimonio.

Irónicamente, unos años antes de pedir el divorcio, Enrique escribió un tratado en el que denunciaba las ideas reformistas de Martín Lutero, llamado "La defensa de los Siete Sacramentos" ( The Assertion of the Seven Sacraments). Enrique comenzó a redactarlo en 1518 mientras leía los ataques a las indulgencias de Lutero en su libro "Las 95 tesis". Enrique VIII mostró un manuscrito al cardenal Thomas Wolsey en junio de ese año, pero el libro se mantuvo en privado durante tres años más, cuando el manuscrito se convirtió en los primeros dos capítulos del Assertio, el resto del libro consistía en material nuevo relacionado al libro De Captivitate Babylonica de Lutero. Se cree que Thomas Moro estuvo involucrado en la composición del libro. Se lo dedicó al Papa León X, que decidió agradecer al monarca inglés concediéndole el distinguido título de "Defensor de la fe" en octubre de 1521. Obviamente, no fue una mera coincidencia que en 1518 el soberano empezara a componer una respuesta a las ideas de Lutero. Si repasamos los hechos detenidamente, percibimos que en el mismo año Catalina de Aragón se había quedado embarazada de la que probablemente fue su última concepción. 

Martín Lutero

Teniendo en cuenta todo esto, el apoyo del soberano a la Iglesia Católica tuvo un objetivo primordial. Enrique estaba intentado demostrar que él no era el culpable por la falta de herederos varones, y sin lugar a dudas, no se trataba de un castigo divino por sus pecados. Por lo tanto, pretendía lograr una posición privilegiada antes los ojos de Dios con el fin de merecer la bendición divina y consecuentemente fuera favorecido con el nacimiento de hijos varones. 

En esa situación desesperada fue cuando Enrique se percató de la presencia en la corte de Lady Ana Bolena. Empezó a sentirse atraído por ella entre 1525 o 1526; y en una de sus famosas cartas dijo que fue "embestido por el dardo del amor". En 1527, Ana finalmente aceptó casarse con el rey.

El siguiente paso era pedir al Papa la anulación de su matrimonio. El cardenal Wolsey dio comienzo a las negociaciones con Clemente VII con la intención de lograr el propósito de su soberano, sin embargo todo fue en vano. El pontífice se negó a darle el divorcio. El emperador Carlos V, la fuerza más poderosa de Europa y a la vez sobrino de Catalina de Aragón, probablemente era el responsable de que el Papa no se lo concediera. El emperador había saqueado Roma en 1527 y había convertido el Papa en casi un prisionero, lo que dejaba a Clemente en una situación sin salida. Si el Sumo Pontífice hubiese decidido ayudar al rey de Inglaterra, las represalias podrían haber sido devastadoras. 

Ana Bolena fue de cierta manera el detonante que dio inicio a la Inglaterra Protestante. No fue únicamente una amante seductora y vivaz por la que Enrique estaba perdidamente enamorado. pero también una fuerte partidaria de la Reforma. Ella acostumbraba a persuadir al rey para que leyera "libros prohibidos" que traían clandestinamente de Francia. Curiosamente, las partes que le despertaban mayor interés las marcaba con sus uñas para llamar la atención del soberano. Uno de esos libros era "La Obediencia de un Hombre Cristiano" (The Obedience of a Christian Man) de William Tyndale, publicado en 1528.



Continuará...



Bibliografía:


Bray, Gerald Lewis: Documents of the English Reformation, Library of Ecclesiastical History, Cambridge, 1994.

Denny, Joanna: Anne Boleyn: A new life of England´s tragic Queen, Portrait Books, London, 2005.

Hart, Kelly: The Mistresses of Henry VIII, The History Press, Gloucestershire, 2009.

Ives, Eric: Anne Boleyn, Basil Blackwell, Oxford, 1988.

Warnicke, Retha M.: The rise and fall of Anne Boleyn: family politics at court of Henry VIII, Canto, Cambrige University Press, 1996.





miércoles, 16 de mayo de 2012

El Salterio de Ana Bolena

Posible miniatura de Ana Bolena a la edad de veinticinco años, aprox. 1526. Obra de Lucas Horenbout.




La decoración de este Salterio refleja las ambiciones de la futura reina así como sus inquietudes. Fue elaborado entre 1529 y 1532 cuando Ana Bolena era ya tratada con los honores que una soberana se merecía, aunque todavía en nombre lo seguía siendo Catalina. Se caracterizó por un período de triunfo para la joven Ana, pero al mismo tiempo ensombrecido por los intentos frustrados de Enrique VIII por conseguir la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón. 

El texto figura en francés (como Ana había sido educada en Francia, podría leer y escribir en ese idioma con mucha soltura) y denota cierto grado de importancia. En 1528, Ana ya se había declarado a sí misma una simpatizante del Luteranismo, y este Salterio es posiblemente la primera traducción protestante de la Biblia que llegó a la corte de Enrique VIII. 



Salterio en francés de Ana Bolena
Rouen, Francia (1529-1532)
Iluminado por Master of the Ango Hours


Aquí se muestra el Salmo 110.  En la página de la izquierda, observen el monograma ubicado dentro del rombo en forma de diamante (los escudos en forma de rombo en heráldica indican que pertenece a una mujer). En el vemos escrito ER SL que se transcribe como "Henricus Rex - liege souverain" (El rey Enrique, lord soberano). No es accidental que este monograma sea lo primero que aparezca y que ocupe toda una página, pues en este Salmo se refleja la rectitud de la monarquía, lo divino del sacerdocio y la subyugación de los enemigos.



Luego, prestemos atención al león negro rampante que vemos encima del vértice inferior del rombo.  En 1529, el padre de Ana, Thomas Bolena, entonces vizconde de Rochford, se convirtió en conde de Wiltshire y Ormond, y como Retha M. Warnicke afirma en su libro, el hecho de que Sir Thomas fuera elevado a conde, sus vástagos  inmediatamente pasaron a ser apellidados Rochford y adoptaron su emblema que era el león rampante negro. George, el hermano de Ana y primogénito varón, pasaría a heredar el anterior título de su padre.  Además, también vislumbramos en el vértice superior del rombo la inicial A, de Ana Bolena. 

Actualmente podemos hallar el Salterio de Ana en la Biblioteca de Wormsley (Reino Unido), perteneciente a la colección privada de Sir Paul Getty. 


Fuentes:


http://www.themorgan.org/exhibitions/exhibPast00Enlarge.asp?id=108

http://www.anne-boleyn.com/eng/anne-boleyns-badges-and-mottoes/

http://www.flickr.com/photos/anne_boleyn/469944181/

http://www.wormsleycricket.co.uk/pages/thelibrary.html


miércoles, 18 de enero de 2012

¿Es posible que Enrique VIII haya conocido a Ana Bolena en 1513?

Es bastante probable. En 1513, a Enrique VIII no se le iba de la cabeza la idea de conquistar Francia. Hacía ya cuatro años que había sido coronado rey de Inglaterra y ya era hora de que afirmara su poder y autoridad en Europa. Desde 1337, cuando Eduardo III había dado a conocer sus pretensiones al trono de Francia, los sucesivos monarcas de Inglaterra se habían nombrado a sí mismos "Reyes de Francia".




Enrique VIII a los dieciocho años


El ejército de la nación vecina estaba a años luz de la mediana tropa de Enrique, pero mismo así estaba decidido a probar su valía en el campo de batalla. Aunque las probabilidades de éxito eran remotas, Enrique no se acobardó. Desde el principio, estaba claro que su proyecto de invadir Francia estaba condenado al fracaso. Desgraciadamente, sería traicionado por sus astutos aliados, el emperador Maximiliano (padre del la archiduquesa Margarita) y por Fernando de Aragón, el rey Católico. La intención de ambos era que el joven Enrique causará problemas en Francia, sin embargo, como era lógico de esperar, no deseaban que el monarca inglés se convirtiera en soberano de dos naciones poderosas. Enrique entonces era todavía un joven inexperto y algo ingenuo, lleno de ímpetu y ganas de guerrear. 



 Mientras tanto, Catalina de Aragón permanecía en Inglaterra actuando como regente del reino. Al mismo tiempo que su esposo luchaba en Francia, ella emprendía una guerra contra Escocia en la cual los ingleses resultaron vencedores. Fue conocida como la Batalla de Flodden. 


Retomando a las peripecias de Enrique en Francia, las tropas habían llegado a Calais en el mes de julio. La primera ciudad que conquistaron los ingleses fue Thérouanne, el 23 de agosto. A continuación su intención era tomar Tournai, aunque debido al mal tiempo fue imposible realizar el asalto. Como era imposible atacar, Enrique aprovechó el tiempo libre para relacionarse con la ilustre corte de los Habsburgo que tanta admiración causaba al monarca inglés. Pasó una  temporada con Maximiliano y otra con su hija la archiduquesa Margarita. Lo mantendrían bastante entretenido, disfrutando de justas, tiro con arco, bailes, música, y como no, la compañía de bellas damas. 


 Enrique acompañó a Maximiliano a Lille donde la regente y su corte los estaban esperando. Se cree que fue allí en Lille, no en Malinas, que Ana Bolena vio a Enrique VIII por primera vez. El rey entonces era una joven apuesto de veintitrés años, alto, atlético, educado y enamorado de la música. Lille (hoy en día esta población pertenece a Francia, sin embargo antes estaba bajo los dominios de los Habsburgo) está a 143 km de Malinas, donde se ubicaba la corte de la regente Margarita. ¿Qué pensaría Ana del joven Enrique? ¿Se quedo deslumbrada con su porte y figura? ¿Quién podría imaginar entonces el devenir de los acontecimientos?




Cornelli, Lucas: Miniatura de Ana Bolena, alrededor de 1600.




Bibliografía:


Ives, Eric: Anne Boleyn, Basil Blackwell, Oxford, 1988.


Hart, Kelly: The Mistresses of Henry VIII, The History Press, 2009.

sábado, 29 de octubre de 2011

El Mural de WhiteHall


La representación más importante del rey Enrique VIII fue pintado en 1537 por Hans Holbein: el mural de Whitehall. Plasmado en una pared del palacio real del mismo nombre, aparece el monarca con su tercera consorte, la reina Jane Seymour, así como los soberanos anteriores, los padres del rey, Enrique VII e Isabel de York. 

 Esta fue la representación icónica de Enrique VIII que dio lugar a casi todos los retratos pintados de él desde entonces, y la imagen con la que aún le identifican. Fue una gran pérdida para el arte y la historia el hecho de que el mural se destruyera en un incendio acaecido en 1698. Se cuenta que una doncella había dejado ropa recién lavada para que se secara frente al fuego, lo que acabó provocando la destrucción casi  completa del palacio. Afortunadamente, el rey Carlos II había encargado al pintor flamenco Van Remigio Leemput para que hiciera una copia de la pintura mural en 1667. La copia Leemput hace ahora parte de la colección de la reina en Hampton Court Palace.

El público que contemplaba ese mural era más bien selecto, ya que se ubicaba en las estancias privadas del rey. Cabe resaltar que la pintura esconde algunos "secretos":

  • Si os fijáis en los esbozos originales de Holbein, Enrique mira hacía un lado; una imagen no tan desafiante y no confronta tanto el espectador como el que se ve en el dibujo definitivo. ¿De quién habría sido la idea de cambiar de posición? Del propio Enrique o del mismo Holbein?





  • Luego también podría haber otro motivo por el cual Enrique transmite tanta seguridad en sí mismo: se cree que el mural se pintó durante el embarazo de Jane Seymour. Como sabéis, meses después le daría su ansiado heredero: el futuro Eduardo VI.





Os he seleccionado este vídeo del Canal de 
para que profundicéis un poco más:


jueves, 21 de octubre de 2010

El Nacimiento de la Reina Elizabeth Tudor: 2ª y Última Parte

3.2 Se cancelan las justas y las celebraciones
Los imperialistas se alegraron del desencanto de toda la nación, sin embargo, nadie sintió tanta tristeza como Enrique al ver que sus planes se venían abajo. El embajador Chapuys comentaría: “Dios se ha olvidado por completo de él”, pero Enrique a pesar de su decepción inicial, tenía la esperanza que en breve su esposa le daría hijos varones sanos. En San Pablo se cantó un Te Deum por el feliz desenlace del parto, aunque se cancelaron las justas y diversiones que estaban previstas.


Eustace Chapuys ( c. 1490-1556), embajador del emperador Carlos V en la corte inglesa


Ana Bolena le abrió el corazón a Enrique y le confesó toda la amargura provocada por aquella desilusión, Enrique se apresuró a cogerla entre sus brazos, diciéndole: “Preferiría mendigar de puerta en puerta antes que abandonaros”.



3.3 El esplendido Bautizo

El 10 de septiembre, cuando Elizabeth sólo tenía 3 días de edad, la hija de rey y de Ana Bolena recibió un espléndido bautizo en la iglesia de los frailes Observantes de Greenwich. El templo y la galería que conducían hasta él se adornaron con magníficas colgaduras de paño de Arrás y la pila de plata se instaló en una elevada plataforma con barandilla. La niña iba ataviada con un manto de terciopelo púrpura forrado de armiño, con una larga cola, fue llevada en procesión hasta la iglesia.

Presunta vestimenta usada por la niña Elizabeth durante su ceremonia bautismal

El arzobispo Cranmer fue el padrino, como el cardenal Wolsey había sido de la princesa María. La madrina de bautismo fue la matriarca de la familia Howard, Agnes, duquesa viuda de Norfolk. Pero en la confirmación que siguió de inmediato, Gertude, marquesa de Exeter, leal amiga de la reina Catalina, contra su voluntad fue obligada a ser la madrina y a obsequiar a la princesa bebé con tres cuencos grabados con oro y plata. John Stokesley, obispo de Londres, bautizó a la niña con el nombre de Elizabeth. El rey de armas de la Jarretera exclamó: “¡Qué Dios en Su infinita bondad dé próspera y larga vida a Su Alteza la Princesa de Inglaterra!” Las trompetas tocaron sin cesar.


El arzobispo Thomas Cranmer (1489-1556) fue padrino de Elizabeth durante la ceremonia. Retrato atribuido a Gerlach Flicke (1545)

Bajo la trémula luz de quinientas antorchas Elizabeth fue llevada en procesión de vuelta a la cámara de la reina, donde recibió la bendición de su madre. Enrique VIII no se encontraba presente, como era parte de la tradición, pero ordenó a Norfolk y a Suffolk que dieran las gracias al Lord Mayor y sus cofrades por asistir al bautizo. Para la alegría del pueblo, tan grandioso acontecimiento se dejó notar por la ciudad: se encendieron las hogueras y fuentes de vino emanaban por varios rincones.

3.4 Elizabeth, la heredera legítima

Con el nacimiento de la princesa Elizabeth, María, su única hija superviviente con Catalina de Aragón, fue el 1 de octubre de 1533 oficialmente desposeída de su título y considerada bastarda. A partir de entonces sería conocida como “Lady María”. En noviembre del mismo año, la casa de María bajo la tutela de la condesa de Salisbury fue disuelta y ella trasladada a la casa de su hermanastra pequeña.

Cuadro de María Tudor a la edad de veintiocho años. Obra de Master John (1544)

En aquel momento, Elizabeth era la única hija legítima y heredera de Enrique, lugar que ocuparía hasta que viniera al mundo el deseado príncipe. Pero, mientras tanto, debía ser tratada con todo el respecto que su rango merecía.

4. La princesa y su madre

4.1 La princesa ya tiene casa propia

En diciembre, cuando tenía tres meses de edad, se asignó a la princesa Elizabeth su propia residencia y se la envió a vivir a Hatfield, Hertfordshire. Lady Bryan fue nombrada la institutriz de la niña, cargo que ostento también en la casa de lady María. Lady Margaret Douglas, ex miembro también de la casa de María, fue su primera dama de honor, a la vez que Blanche Parry que estaría a su lado durante cincuenta y siete años, era una de las encargadas de mercerla. El rey y la reina eran padres distantes, aunque lady Bryan tenía la reina informada de los progresos de la pequeña.


Hatfield House, lugar donde la princesa Elizabeth pasó los primeros años de su infancia

4.2 Una afectuosa madre


Escena de la película Ana de los mil días (1969)

Poco se sabe a ciencia cierta sobre la relación de Ana con respecto a su hija. Indudablemente, la reina no se preocupaba en absoluto del bebé en el sentido moderno, ya que se creía esencial para el rango de princesa que tuviera casa propia. Eso no significa que no amara a su hija; una vida poco familiar no excluía necesariamente el cariño materno. Hay anécdotas conmovedoras de un período más difícil de la vida de la reina Ana cuando, por ejemplo , fue vista tendiendo a Elizabeth a Enrique en actitud de súplica. Asimismo ,tenemos constancia de que Ana visitaba con frecuencia la mansión de Elizabeth y le mandaba ostentosas telas para la confección de sus vestidos.

5. ¿Dónde está el heredero?

En definitiva, el ascenso de Ana fue rápido y vertiginoso, doce meses le bastaron para ser engrandecida como Marquesa de Pembroke, después esposa del rey, poco más tarde coronada reina. El nacimiento de Elizabeth había indudablemente debilitado la posición de Ana ante los ojos de la corte inglesa y de las naciones extranjeras. En ella, estaban reflejadas todas las esperanzas de engendrar un heredero varón sano, el próximo gran monarca de la dinastía Tudor, que de repente se vieron truncadas. Una hija no era suficiente para lograr su cometido, aún había mucho que alcanzar.

Si el 7 de septiembre de 1533 hubiera alumbrado el deseado varón, todo hubiera cambiado drásticamente. Incluso la facción de la corte que apoyaba incondicionalmente la reina Catalina y a su hija María reconocería la hegemonía y el poder de Ana Bolena. El emperador Carlos V hubiera asumido que restaurar a su tía y prima en el trono sería una causa perdida, pero con otra niña por medio la causa de Lady María seguía viva.

Por lo tanto, la llegada de Elizabeth reavivó otra vez la inestabilidad de la casa Tudor que todavía seguía sin sucesión. Ana y su vientre eran los únicos que podría traer nuevamente a Inglaterra la paz que tanto deseaban, mientras tanto, Ana debería luchar día tras día contra sus enemigos, la hostilidad de las cortes extranjeras y ,como no, la ira del rey.

Bibliografía:

Denny, Joanna: Anne Boleyn: A new life of England´s tragic Queen, Portrait Books, London, 2005.

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.

Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Editorial Juventud S.A., Barcelona, 1975.

Ives, Eric: Anne Boleyn, Basil Blackwell, Oxford, 1988.

Starkey, David: Elizabeth, Apprenticeship, Vintage, London, 2001.

Warnicke, Retha M.: The rise and fall of Anne Boleyn: family politics at court of Henry VIII, Canto, Cambrige University Press, 1996.

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.


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Es un logro inaudito el blog haber alcanzado los 216 seguidores, ¡estoy realmente abrumada! Les doy las gracias de todo corazón, sois los pilares que soportan mi castillo, sin vosotros nada sería posible. Un abrazo muy fuerte,

Lady Caroline

jueves, 14 de octubre de 2010

El Nacimiento de la Reina Elizabeth Tudor: 1ª Parte

Elizabeth Tudor a los trece años de edad, pintado por Hans Holbein en 1546.

1. El Preludio del Alumbramiento

1.1 Los preparativos y celebraciones programadas

Los preparativos para el nacimiento del primer hijo de Enrique VIII y su segunda reina, Ana Bolena, comenzaron a llevarse a cabo a principios de agosto de 1533, cuando se decidió que la reina daría a luz en el palacio de Greenwich. En aquel mismo emplazamiento, el rey Enrique había nacido cuarenta y dos años antes.

No cabía la menor duda que el hijo de Enrique y Ana sería un varón. Nadie ponía en entredicho dicha afirmación. Los astrólogos los predecían, así como los médicos del rey. El 3 de septiembre, ambos profesionales científicos unieron fuerzas para manifestarse ante el monarca que la reina daría a luz al ansiado heredero.

Dibujo del palacio de Greenwich


Enrique VIII planeaba justas, banquetes y bailes de máscaras para conmemorar el inminente nacimiento de su hijo. El rey aún seguía teniendo dudas a respecto del nombre de su futuro hijo, aún no sabía si le bautizaría como Eduardo o Enrique.

Para recibir al nuevo vástago real, se tomó de la sala del tesoro del monarca "una de las camas más magnificas y esplendorosas que se puedan imaginar”; originalmente procedía de Francia como parte del rescate de un noble capturado en 1515, conocido como duque de Longueville. Ordenó que la instalasen en la alcoba de Ana, junto al camastro con dosel carmesí en el cual alumbraría a su bebe. En el salón de audiencias, se había construido una cama de ceremonia desde la que recibiría a quienes fueran a felicitarla por la buena nueva.

1.2 El confinamento de la reina

1.2.1. El ceremonial

Miniatura incluída en el libro de las horas de Enrique VIII y Ana Bolena procedente de los Países Bajos. ( apróx. 1500) En la escena vemos a Santa Ana junto a la Virgen María que sostiene en brazos al niño Jesús.

Según las tradiciones que imperaban en la realeza, Ana se recluyó en su cámara por anticipado para esperar el nacimiento de su retoño. El ceremonial que antecedía dicho acontecimiento era de suma importancia, aunque hubiera habido un cambio de reina.

La fecha elegida para el confinamiento fue el 26 de agosto, es decir, unas dos semanas antes de que naciera el bebe. En primer lugar, la reina y su sequito fueron en precesión hasta la capilla real para oír misa. A continuación, se dirigieron a su aposentos donde le dieron un cálice de vino con especias ante toda la corte reunida. Su lord chamberlán rogó a todos los presentes que rezaran para que Dios le proporcionara un bueno parto, sin contratiempos. Otra procesión acompañó a Ana Bolena hasta la misma puerta de su cámara. En el umbral, los gentilhombres de la corte se despidieron de ella, dando paso únicamente a las damas.

Parte de las damas de compañía de Ana Bolena eran miembros de su propia familia, entre ellas estaban su hermana María Bolena, sus primas Lady Mary Howard, hija del duque de Norfolk; Mary Shelton, hija de tu tía Anne; y su tía Elizabeth, esposa de James Bolena. También figuraban la sobrina del rey, hija de Margarita de Escocia, Margaret Douglas; Elizabeth, condesa de Worcester, y su sucesora en el lecho real, Jane Seymour, quien anteriormente había atendido a Catalina de Aragón. También solía acompañarla una de sus mejores amigas, Margaret Lee ,nacida Wyatt, hermana del gran poeta Thomas Wyatt.



Lady Mary Shelton, prima de Ana Bolena. Una de las grandes aficciones de esta dama era componer poesía. Dibujo de Hans Holbein


Lady Margaret Lee, hermana del poeta Thomas Wyatt y una de las mejores amigas de Ana Bolena. Retrato atribuido a Hans Holbein (1540)


Cabe señalar que la cantidad de tiempo que dedicaban las reinas a aguardar el alumbramiento era bastante variable, ya que los bebes eran notoriamente poco fiables en su llegada, sin embargo ese no fue un periodo breve poco común. Por ejemplo, Elizabeth York, en 1503, se retiró a sus aposentos solo una semana antes del nacimiento de su hijo.

1.2.2. El mobiliario y la decoración de la cámara

Lord Mountjoy, veterano de los confinamientos de la reina Catalina, aconsejó a Lord Cobham, chambelán de la reina Ana, sobre el procedimiento adecuado. Las últimas reglas se había fijado en el reinado de Enrique VII bajo las instrucciones de su madre, Margaret de Beaufort, aunque el ceremonial era bastante antiguo, se remontaba a los Plantagenets: “Todas las ventanas salvo una debían cubrirse con tapicería de Arras ricamente bordada”. La reina podía pedirle a sus damas que abrieran esa ventana de vez en cuando para que le entrara un poco de luz y aire, aunque esa conducta era generalmente desaconsejada. Además, "Ningún hombre debía entrar en la cámara, sino mujeres". Como alega el historiador David Starkey, la cámara de la reina se asemejaba “a un cruce entre una capilla y una celda acolchada”.

Los tapices también poseía sus restricciones. Curiosamente, los que estaban decorados con personas y animales eran descartados. Tenían miedo que dichas imágenes podrían provocar fantasías o alucinaciones en la mente de la reina dando como resultado un niño deforme.


Tapiz confeccionado entre los años 1495-1505. Perteneció al inventario del rey Jacobo V de Escócia (1512-1542), contemporáneo de Enrique VIII. Un tapiz con estas características era considerado totalmente inapropiado para colocarse en la cámara de la reina.


1.3 El anuncio del nacimiento real

Ana Bolena había dispuesto con antelación que se escribiera una carta anunciando el nacimiento de su hijo para su envío a los condados ingleses y las cortes extranjeras. Según las costumbre de la época, era tradición que se encargarán de hacerlo las reinas. Ese documento, dirigido a su chambelán, lord Cobhan, ya estaba preparado:

“Y a donde ha agradado a la bondad de Dios todopoderoso, con su infinita merced y gracia, enviarnos, en este momento, gran rapidez en el parto y el alumbramiento de un príncipe” […]

Terminaba en estilo semejante: “A Dios todopoderoso, muchas gracias, gloria, alabanza y elogio, y rogad por la buena salud, prosperidad y continua preservación de dicho príncipe” .Estaba sellado con un timbre en nombre de “Ana, la reina”.


Carta anunciando el nacimiento del heredero al trono


2. Nace una bella princesa

2.1 Se alteran las misivas

En la misiva, donde anunciaban la buena nueva, dejaron un pequeño espacio para introducir el nombre del retoño, la fecha y la hora del nacimiento. Sin embargo, el ansiado varón no llegó y en su lugar la reina dio a luz a una preciosa niña a las 15:00 h del día 07 de septiembre de 1533. Madre e hija se encontraban perfectamente. La niña tenía la piel blanca y la larga nariz de su padre y los profundos ojos negros de su madre.

El rey no pudo evitar demonstrar su disgusto, dicha noticia fue para él una gran decepción. Sus ilusiones se desvanecieron al instante al conocer el sexo del bebe. El padre de la criatura propuso entonces que la llamaran Elizabeth en honor a su madre, Elizabeth de York. Por consiguiente, cierta palabra de la misiva tuvo que ser inesperadamente alterada, añadiendo una “s” más en la grafía “prince”, convirtiéndola en “princes” (en inglés del siglo XVI únicamente poseía una “s”) .


Detalle de la grafía "Princes"


Para ilustrar un poco más este artículo, les pongo un video con explicaciones del historiador David Starkey:

http://www.youtube.com/watch?v=YQM0xhsqI6g


Continuará....

(Observaciones: Está pendiente de publicar la última parte de los "Últimos días de Ana Bolena", al finales de este mes podréis leer el desenlace de esta historia.

Bibliografía:


Denny, Joanna: Anne Boleyn: A new life of England´s tragic Queen, Portrait Books, London, 2005.

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.

Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Editorial Juventud S.A., Barcelona, 1975.

Ives, Eric: Anne Boleyn, Basil Blackwell, Oxford, 1988.

Starkey, David: Elizabeth Apprenticeship, Vintage, London, 2001.

Warnicke, Retha M.: The rise and fall of Anne Boleyn: family politics at court of Henry VIII, Canto, Cambrige University Press, 1996.

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.

http://www.bl.uk/catalogues/illuminatedmanuscripts/record.asp?MSID=7991&CollID=19&NStart=9

http://uvicmscu.blogspot.com/2007/10/castle-unveils-medieval-tapestry.html