jueves, 28 de mayo de 2015

Catherine Howard, "No other will but his" (Parte 12)



Tamzin Merchant como Catherine Howard en la serie The Tudors (2009-2010)

32) El humor del rey "peligra"

A finales de febrero 1541 Enrique VIII sufrió un gran ataque de fiebre. Una de las úlceras seguía abierta, agravando su estado de salud, para "gran alarma" del rey. Marillac, el embajador francés, informaba de que sus cambios de ánimo eran extraordinarios y salvajes.  Se llegó a pensar durante unos días que el soberano podría morirse. El dolor en sí ya era una razón obvia que provocaba esos arrebatos de cólera, pero su humor se percibía aún peor debido al hecho que el monarca estuviera refunfuñando sobre la ejecución de Thomas Cromwell (según él, "el servidor más fiel que tuvo nunca"), ocasionada por sus ministros "con vanos pretextos, con falsas acusaciones". En la mente de rey, según Marillac, surgían pensamientos amenazadores sobre algunos de sus principales hombres durante la enfermedad. Tampoco los súbditos de Enrique VIII eran tratados con menos dureza. "Él tenía que gobernar a un pueblo infeliz", gritaba, a quienes "dentro de poco haría tan pobres que no tendrían ni la osadía ni el poder para oponérsele". El dolor intenso reflejó claramente las dos cualidades menos atractivas del soberano inglés: su autocompasión, todo era culpa del otro, y su obstinación, nadie debía oponérsele en nada en ningún momento. Los cortesanos estaban en un sinvivir, al acecho de lo peor. 


Keith Michell interpretó a Enrique VIII en la serie Henry VIII and his six wives (1972)


Su sufrimiento era tan grande que no quería ni siquiera escuchar música y permanecía cerrado en sus aposentos. La vida en la corte se detuvo y muchos miembros de la casa fueron enviados fuera del palacio a sus domicilios. La corte se asemejaba "más a una familia privada que el séquito de un rey". Además, Enrique estuvo al menos durante diez o doce días de marzo de 1541 sin ver a Catherine. La bella y joven reina no estaba entre quienes lo atendían en su lecho de enfermo por deseo del propio rey. Es comprensible ya que verlo en aquél estado podría ensombrecer el encantamiento del los primeros meses de matrimonio. El monarca no deseaba por nada en el mundo que su nueva esposa lo vislumbrase en un estado lamentable y que sintiese por él pena o incluso asco por su pierna tumefacta que supuraba. No sería de extrañar que en aquél momento la reina comenzara a sentirse frustrada. La corte seguramente estaría aburrida y los días parecerían eternos. 


Catherine no paraba de preguntarse lo que había hecho para disgustar tanto a rey. La respuesta era nada, pero no sirvió de consuelo para su mente. La falta de contacto entre los esposos dio lugar a habladurías en el sentido de que había un distanciamiento entre ellos. Tan deprimido estaba Enrique VIII que pasó toda la Festividad de Carnaval enojado en su tienda de campaña sin bailar y sin compañía, y Catherine por lo tanto estaba obligada a permanecer los pocos últimos días antes de la Cuaresma inmersa en una atmósfera sombría, la cual estaba poco habituada. 





33) Una ilusión

Como después de la tormenta llega la calma, en época de Pascua la pierna de Enrique había mejorado y su depresión comenzaba a disiparse. Tras recuperarse de su enfermedad el rey decidió llevar a su joven esposa consigo a una importante expedición: ese recorrido por el norte que hasta entonces nunca había hecho, ya que el embarazo de Jane Seymour lo había llevado a posponerlo. Cuando regresaron del viaje empezó a circular un rumor de lo más jugoso. Según nos cuenta Marillac en una carta del 10 de abril, "se cree que la reina está embarazada, lo cual sería una gran alegría para este rey, que, al parecer, cree que lo está y piensa, si resulta cierto, hacerla coronar en Pentecostés. Los jóvenes lores y caballeros de esta corte practican diariamente para las justas y los torneos que se celebrarán en tal caso." Se decía además que había bordadoras trabajando en muebles y tapicerías, utilizando copas y ornamentos arrebatados a las iglesias. Cuando el monarca se llevó sus más elaborados tapices, vajilla y trajes consigo al norte, Marillac parecía sugestionado a creer que la razón de tanta pomposidad era la futura coronación de "esta reina", que en general se esperaba que fuera en York, así como la gente de York esperaba "un duque".


Continuará...


Bibliografía: 

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.

Loades, David, Catherine Howard: The Adulterous Wife of Henry VIII, Amberley Publishing, 2012.


Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004

miércoles, 22 de abril de 2015

Catalina de Médici y la trágica premonición (II)


Catalina de Médici


Aquel tercer día de torneos, el 30 de junio de 1559, el rey Enrique II salió del palacio de Les Tournelles ataviado, como siempre, de blanco y negro y luciendo la media luna, el emblema de Diana de Poitiers. Catalina de Médici aún no se había recuperado desde el nacimiento y muerte de sus gemelas en junio de 1556 y el intenso calor de junio le molestaba. Catalina y Diana vislumbraron al monarca entrar en la liza, montado en su magnífico corcel turco llamado, Le Malheur, que para colmo significaba "Desgracia". El caballo era un obsequio del duque de Saboya, quien en unos pocos días se convertiría en cuñado del rey. La reina no pudo evitar sentirse angustiada, era de muy mal augurio que el palafrén haya recibido el apelativo de "Desgracia". Eso no podría traer nada bueno. 

La suerte favorecía a Enrique. Seis lanzas rompió con gran éxito en medio de las aclamaciones del pueblo e incluso de parte Catalina de Médici y Diana de Poitiers. Chorreando sudor y el cabello y la barba alborotados, con el casco y un trozo de lanza en la mano derecha, Enrique ll regresó por sexta vez al borde de la palestra montando a Malheur. El condestable Montmorency y el mariscal de Vieilleville le suplicaron que no combatiera de nuevo para complacer a la soberana que había tenido un mal sueño. El monarca se rió y contestó que todavía quería "romper una lanza" contra Gabriel Montgomery, conde de Lorge y noble capitán de la guardia escocesa, quien con veintinueve años, lo había descabalgado en los días anteriores. Según el rey, “Ese diablo estuvo ayer a punto de derribarme”. 

Volvamos con la premonición de Nostradamus. No deja de ser notoria su visión cuando se refirió a los dos leones. El león era signo astrológico de Francia y de su rey. Por otro lado, Montgomery combatía por el león heráldico de Escocia. Demasiadas coincidencias que comenzaron a atormentar a la reina.






Escudo de Escocia de 1558 a 1559, usado por María de Escocia siendo ya reina de esa nación y también delfina de Francia por su matrimonio con el futuro Francisco II. 


Catalina, que estaba cada vez más nerviosa, envió al rey un mensaje a través del duque de Nemours. Le rogaba que no cabalgase más "por el amor que le tenía". Y ante las súplicas de la reina, éste le transmitió una ambigua respuesta que pasaría a la posteridad:“Nuestro señor está decidido a combatir. Os manda decir que no combatirá precisamente, sino por el amor a vuestra majestad." 


Enrique II de Francia, de François Clouet


Gabriel de Montgomery era un hombre alto y robusto. Tan alto y robusto como el rey, su amo, su armadura reluciente de grandes hombreras y su yelmo cuadrado desprovisto de abertura y moldeado en una sola pieza le daban un aspecto aterrador. Montaba un caballo negro cuyo pesado arnés no parecía frenar su ímpetu. 


Gabriel de Montgomery, conde de Lorge (1530-1574)

El caballerizo mayor advirtió a Enrique II de algo sumamente importante: no llevaba la visera bien cerrada. En aquella ocasión, haciendo oídos sordos a los ruegos de su esposa y de sus sirvientes, incitó a su corcel y cargó contra Montgomery. Su embestida fue espléndida, sin embargo concluyó sin que ningún contendiente pudiera derribar al otro. Contrariado por este segundo empate y, contra las leyes de la caballería, sin apenas pararse, el monarca francés retó a su valiente capitán, once años menor que él, "a romper con él una nueva lanza." Montgomery, que sintió una punzada al respirar, intentó negarse, pero su rey, riéndose y lleno de júbilo, le ordenó que continuara. 


Continuará...


Bibliografía:

Kent, Princesa Michael: Diana de Poitiers y Catalina Medicis, rivales por el amor de un rey del Renacimiento, La Esfera de los Libros, Madrid, 2005.

González Quevedo, Oscar, O Poder da Mente Humana: A Face oculta da Mente, Volumen 5, Ediçoes Loyola, Sao Paulo, Brasil, 1968.

http://hugomantilla.org/yahoo_site_admin/assets/docs/La_muerte_de_Enrique_II_de_Francia.1890708.pdf

jueves, 9 de abril de 2015

Catalina de Médici y la trágica premonición (I)

Enrique II de Francia y su reina consorte, Catalina de Médici, François Clouet, 1559

A raíz del tratado de Chateau-Cambresis (fijado el 2 de abril de 1559), que puso punto final a la guerra entre España y Francia, se organizaron casi a la vez dos bodas en París y grandes festejos por todo lo alto.

Como fruto de esa alianza se concertaron dos matrimonios:

-Manuel Filiberto, duque de Saboya, con Margarita, duquesa de Berry, hermana de Enrique II.


-Felipe II de España con Isabel de Valois, hija de Enrique II y Catalina de Médici. La paz consolidó la hegemonía española.


El enlace por poderes, en nombre del rey de España con Isabel de Valois tuvo lugar en Nôtre Dame el 22 de junio de 1559 en presencia de toda la corte francesa. Las celebraciones incluyeron banquetes, bailes y  bailes de máscaras, que se celebraron en los tres palacios parisinos: Les Tournelles, residencia de Enrique II, el Louvre y el Palais de la Cité. 

El compromiso oficial de Margarita de Valois, hermana de Enrique II, con el duque de Saboya, se produjo el 28 de junio. El matrimonio quedó fijado para el 2 de julio. Por lo tanto, durante los nueve días que separaban las dos bodas, se celebrarían, durante cinco días, justas y torneos. Era la diversión predilecta del rey Enrique, quien mostraba una habilidad excepcional sobre la liza. Aquellos días su intención era participar en las justas y divertirse. 


Margarita de Valois, futura duquesa de Saboya y hermana de Enrique II de Francia 

El recinto de los torneos preparado en la rue Saint-Antoine jamás había tenido un aspecto tan deslumbrante, con los escudos reales de Francia, España y Saboya colgado de los maderos de las gradas. En los extremos de la calle se erigieron arcos triunfales adornados con los símbolos de la paz y de la guerra. En ambos costados, se prepararon gradas para acoger a los espectadores. 

A pesar de todo, la reina Catalina de Médici se encontraba inquieta aquellos días de júbilo. La primera jornada de torneos, esposa del monarca francés sorprendió a su esposo pidiéndole audiencia a primera hora. El día se avecinaba soleado y grandioso y Enrique estaba inquieto y entusiasmado ante la perspectiva de sobresalir por encima de los demás ante Diana de Poitiers y ante un público numeroso compuesto de muchos visitantes extranjeros ilustres. Catalina dijo a su marido que había tenido un sueño. En él, había visto el rostro de Enrique cubierto de sangre. La soberana siempre había sido propensa a creer a todo tipo de supersticiones. Aquellos días su pánico se agrandó cuando su propio astrólogo, Cosmo Ruggieri, le advirtió del que el rey moriría en un duelo. 




Megan Follows y Alan Van Sprang como Catalina de Médici y Enrique II en la serie Reign, 2014. 



Afligida, la reina había mandado llamar al gran Nostradamus, quien había confirmado la premonición y predicho la muerte de Enrique II en sus Centurias. Esa controvertida Cuarteta de la Centuria I, 35, publicada en 1555, pregonaba lo siguiente:


"El león joven vencerá al viejo
En un campo de batalla o en un duelo singular;
Perforará sus ojos a través de una jaula dorada
Dos heridas en una, y tendrá una muerte cruel."

"Le lyon jeune le vieux surmontera
en champ bellique par singullier duelle,
dans cage d'or les yeux lui crévera.
Deux clases: une. Puis mourir, mort cruelle."





Años antes, Simeoni, uno de los astrólogos italianos de Catalina, le había notificado de que no debía permitir que Enrique compitiera jamás en un recinto de torneos. De hacerlo, el monarca francés acabaría muerto sobre la arena, con los ojos perforados. 
Otro astrólogo más, Luca Guarico,  en su "ante eventum" de 1552 había vaticinado que Enrique de Valois debía evitar todo combate en campo cerrado, especialmente a los cuarenta y un años porque en esta época parece estar amenazado de recibir una grave herida en la cabeza. Y curiosamente, el rey se acercaba mucho a esa edad pues acababa de cumplir cuarenta años...El celebre Guarico incluso envió una carta a Enrique para repetir todos los detalles de su presagio, pero al final no pudo disuadirlo. El rey se mostró incrédulo y creyó que aquello era inverosímil.


El miedo de Catalina era sincero. Su marido la intentó calmar diciéndole que no se trataba más que de un torneo, de una justa, no de un duelo. Al fin y al cabo, en las justas, el objetivo desmontar al contrincante, no herirlo. Aparte, ¿cuantas veces el rey había participado en torneos?, ¿acaso alguna vez le había pasado algo? Enrique no creía en las premoniciones, para él casi nunca acertaban. A pesar de todo, su esposa no se dio por vencida y cada mañana le rogaba que no participase en los combates. Enrique respondía con una sonrisa. Les dijo a Catalina y a Diana de Poitiers que tenía planeado competir en un recinto cerrado para instruir a los caballeros jóvenes a combatir con valor.




Continuará...

Bibliografía:

Kent, Princesa Michael: Diana de Poitiers y Catalina Medicis, rivales por el amor de un rey del Renacimiento, La Esfera de los Libros, Madrid, 2005.

González Quevedo, Oscar, O Poder da Mente Humana: A Face oculta da Mente, Volumen 5, Ediçoes Loyola, Sao Paulo, Brasil, 1968.

http://hugomantilla.org/yahoo_site_admin/assets/docs/La_muerte_de_Enrique_II_de_Francia.1890708.pdf

http://es.wikipedia.org/wiki/Paz_de_Cateau-Cambr%C3%A9sis

http://www.esoterismo10.es/nostradamus-muerte-de-enrique-ii/

http://en.wikipedia.org/wiki/Luca_Gaurico

domingo, 21 de diciembre de 2014

"Los Últimos Días de Ana Bolena", ¡Gratis del 22 al 24 de Diciembre!


Queridos cortesanos,


En medio de estas entrañables fiestas, en las que no faltan reuniones familiares y reencuentros con los amigos, también es una época para ponernos en día con la lectura y relajarnos de la tensiones de todo el año. Estos días si navegáis por la tienda de Amazon tenéis disponible para descargar gratis del 22 al 24 de diciembre "Los Últimos Días de Ana Bolena" . Les recuerdo igualmente que en breve volveré a la carga con una nueva casa real y un concurso especial para todos vosotros ¡¡Estad atentos!! 



¡Mis "ilustres invitados reales" les desean Felices Fiestas y un Excelente 2015! 


Un fuerte abrazo de Lady Caroline


jueves, 13 de noviembre de 2014

Catherine Howard, "No other will but his" (Parte 11)

Lynne Frederick  como Catherine Howard en la película "Henry VIII and His Six Wives" de 1972.


30) Disputa con María Tudor

En el invierno de 1540-41, en una misiva escrita por el embajador imperial Chapuys a María, reina de Hungría y regente de los Países Bajos, se hacía mención de una disputa relativa a los sirvientes de María Tudor. Cuando la hija de Catalina de Aragón se enteró que la corona estaba intentando quitarle a dos de sus doncellas, María debió de preguntar a Chapuys para que averiguase el porqué de aquella decisión. El diplomático escuchó que la nueva reina estaba ofendida debido a que María la había tratado con menos respeto que sus predecesoras y por ello se había iniciado el proceso de destitución de sus dos doncellas. Si Chapuys tenía razón sobre la implicación de Catherine Howard en aquel conflicto continua siendo un misterio pues el embajador acostumbraba citar rumores no demostrados como hechos.



Sarah Bolger como María Tudor en la serie The Tudors (Showtime, escena cuarta temporada, 2010)


Sin embargo, en dos de sus cartas enviadas también a la regente de los Países Bajos, fechadas en enero de 1541, supuestamente contradicen la información proporcionada en la correspondencia de diciembre. En enero, Chapuys reveló que María aún no había visitado a Catherine, aunque sí le había enviado a su madrastra un regalo de Año Nuevo que la había complacido enormemente. Aparentemente la ofensa de María podría únicamente haberse debido a la falta de atención de ella hacía la nueva consorte de su padre, pero mas bien era que sin una orden de comparecencia real no se le estaba autorizado acudir a la corte. En febrero, Chapuys relató que la hija de Catalina de Aragón se encontraba bien a pesar de la pena que le había causado la muerte de una de sus doncellas, la cual era una de las dos que Enrique VIII había ordenado despedir. Se desconoce si dicha sirvienta era una de las dos que el embajador mencionó en su misiva de diciembre, si bien que no culpó a Catherine Howard por el incidente. 


31)  El Patrimonio de la joven Howard

El patrimonio de la reina Catherine no se acordó hasta el 12 de enero de 1541. Ella obtendría las posesiones de Jane Seymour así como las tierras de nobles caídos en desgracia pertenecientes a Henry Courtenay, primer marqués de Exeter; Lords Essex y Hungerford; y Margaret, condesa de Salisbury. Además, el hogar real de Catherine, mencionado al detalle en el capítulo anterior, le costaba al monarca alrededor de 4600 libras anuales. 

Asimismo, poseía también una barcaza real con veintiséis remeros y pleno acceso a las joyas reales. Como obsequio de Año Nuevo, Enrique VIII le confirió entre otras gemas, un collar compuesto de dieciséis diamantes y sesenta rubíes bordeado con perlas. También le regaló una cadena que contenía nada más nada menos que doscientas perlas. Dichas joyas pertenecían a la corona y se devolverían a los cofres reales cuando se quedase viuda. 

Según el historiador del XIX, Henry William Herbert, durante la primera mitad de 1541 la pareja real llevó una vida casi privada, en medio de pacífico retiro del campo y los verdes jardines que rodeaban Hampton Court y el Castillo de Windsor, una atmósfera, como se percibe, de lo más agradable. El rey estimaba cada día más a su bella y joven esposa, poseedora de una incuestionable aura de pureza y lealtad, nadie por lo tanto podría cuestionar que dicha dama no era merecedora de su amor. 


Bibliografía:

Herbert, Henry William: Memoirs of Henry the Eight of England with the Fortunes, Fates and Caracters of his Six Wives, 1856. 

Warnicke, Retha M.Wicked Women of Tudor England (Queenship and Power)Palgrave Macmillan, Kindle Edition, 2012. 

domingo, 9 de noviembre de 2014

Catherine Howard, "No other will but his" (Décima Parte)




29) Su hogar real

Enrique VIII benefició a varios parientes de Catherine Howard. En octubre de 1540, Sir Richard Rich informó a su cuñado, Arundell, que el rey había concedido a Charles, el hermano de Catherine, 100 libras anuales; a George, también hermano de la nueva reina, 100 marcos; y a su media hermana, Lady Baynton  y sus sobrinos otros 100 marcos. Si el padre de Catherine, Lord Edmund, hubiese sobrevivido para contemplar el triunfo de su hija, probablemente podría haber recaudado muchos fondos para solventar sus deudas. Su cuñado, Sir Edward Baynton, también le fue entregue el solar de Semleigh, mientras que varias de las mujeres de su familia ocuparon puestos importantes a servicio de la reina.

El hogar real de Catherine era encabezado por el conde de Rutland como Gran Lord Chambelán, Sir Thomas Dennys como Secretario, y Sir John Dudley como Maestro de Caballería. Dentro de grupo de las damas ilustres del reino figuraban su prima Mary Howard, duquesa de Richmond, su media hermana Isabel Baynton que se convertiría en jefa de la cámara privada junto a su prima (por matrimonio) Lady Jane Rochford, mientras que Margaret Arundell, una de las tías de Catherine, y Lady Dennys, la prima de la reina, ejercieron como sus damas. Otras damas importantes de la nobleza que estaban a su servicio eran  Lady Margaret Douglas, Lady Frances Brandon y la condesa de Rutland. La joven reina también decidió promover varias muchachas que había conocido en la infancia mientras vivía en el hogar de la duquesa viuda de Norfolk, entre ellas Katherine Tylney y Margaret Morton que ocuparon los puesto de camareras de sus aposentos. 

El motivo por el cual Catherine había decidido nombrar a mujeres que conocían su controvertido pasado en Lamberth es bastante obvio. Probablemente la nueva reina creyó conveniente favorecer a los que la acompañaron durante aquellos turbulentos años de entre 1536 y 1539 en caso de que algunos de ellos llegasen a "hablar demasiado". Por si acaso y para evitar cualquier mal entendido era mejor tenerlos cerca y vigilar su comportamiento. 


 Con relación a Joan Bulmer, de la cual hemos hablado en el Capítulo V, aparentemente se cree que Catherine se rehusó a aceptarla entre sus damas. Muchos historiadores han supuesto que la reina accedió a la súplicas de su amiga y le otorgó un puesto en su séquito, sin embargo no aparece en la lista de los miembros de su corte. Únicamente se nombran a cuatro camareras de la cámara privada: Katherine Tylney, Margaret Morton y las señoras Friswith y Loffkyn. Por lo tanto, Bulmer supuestamente nunca estuvo al servicio de Catherine Howard, ni como camarera ni ocupando cualquier otra posición. 

La joven Howard ascendió al trono básicamente sin la experiencia de como era vivir en la corte. Enrique VIII había decidido desposarla solo algunos meses después de su primer encuentro. Como ya se ha mencionado, Catherine Howard había servido a Anne de Cleves desde el invierno de 1539-40 y en el momento de su enlace con el rey, en julio de 1540, la nueva reina tenía en su historial apenas siete u ocho meses de vida cortesana. Rodeada de sabias y educadas damas, de las cuales la mayoría tenía varios años más que ella, se entiende que quizás Catherine se sintiera algo desubicada en su rol como reina de Inglaterra. Debemos resaltar que aunque no fuese altamente cultivada, Catherine sabía leer y escribir como se muestra en su carta a Thomas Culpeper. Puede que le gustase más verse rodeada de bellos vestidos y valiosas joyas, pero no era estúpida y su nivel de educación podría compararse al que poseía Jane Seymour.

Continuará...

Bibliografía: 

Byrne, Conor: Katherine Howard: A New History, MadeGlobal Publishing, Kindle Edition, 2014.

Ridgway, Claire: The Anne Boleyn Collection: The Real Truth About the Tudors, CreateSpace Independent Publishing Platform, Kindle Edition, 2012.

Warnicke, Retha M.: Wicked Women of Tudor England (Queenship and Power), Palgrave Macmillan, Kindle Edition, 2012. 

martes, 21 de octubre de 2014

Catherine Howard, "No other will but his" (Novena Parte)

                                          Bryony Roberts como Catherine Howard  (2010)


26) Un buen comienzo

Como ya hemos comentado en el capítulo 3, según el historiador David Starkey, Catherine poseía mucha iniciativa y cualidades de liderazgo. Starkey menciona el hecho de que la reina fuera rápida en forzar una buena relación con el arzobispo Thomas Cranmer, mostrándole su inteligencia. Fue muy gentil con su predecesora, Anne de Cleves, cuando ésta hizo una visita a la corte y fue amable, cariñosa y bondadosa con ella. Puede que no tuviera la astucia o la inquebrantable fe de las anteriores consortes de Enrique VIII , pero parece ser que fue una chica agradable que logró ser leal a los que se criaron a su lado y fueron sus amigos. Además, Starkey vuelve a resaltar que no fue una mártir aunque tampoco una persona cruel y que varios rasgos de su carácter merecen ser admirados. En vez de considerarla un fracaso como reina, Starkey cree que la joven Howard en realidad tuvo un buen comienzo en su papel de consorte y alega que fue astuta en combinar el carácter sumiso de Jane Seymour con el estilo de Ana Bolena. 

27) Una belleza moderada

Un mes después de sus esponsales, Enrique y Catherine partieron rumbo al habitual viaje de verano. En Ampthill, en septiembre de 1540, Marillac, el embajador francés, vio a la nueva reina por primera vez. La describió como pequeña, delgada y únicamente poseedora de una belleza moderada. Según su relato, ella y sus damas estaban ataviadas a la moda francesa y el rey como ya se ha mencionado en varios artículos de esta saga, la acariciaba en público como jamás lo había hecho con sus anteriores esposas. Por otro lado, contrario a la percepción de Marillac, William Thomas, un cortesano de los de inferior posición en 1540, la consideraba "una dama muy bella". Como es sabido, la belleza es algo subjetivo y a gustos colores. Ya en octubre de 1540, Marillac escribió al reino francés que había pocas novedades: Enrique y su corte iban de caza, y Catherine estaba disfrutando de los banquetes que se celebraban en su honor. Después, Marillac expuso que la joven Howard en su opinión había cautivado completamente al rey y que Anne de Cleves dejó de ser mencionada como si ya estuviese muerta.



Lynne Frederick  como Catherine Howard en la película "Henry VIII and His Six Wives" de 1972.

28) Amor por la moda

En la Chronicle of King Henry VIII of England (Chronica del Rey Enrico Octtavo de Inglaterra), más conocida como The Spanish Chronicle (la Crónica Española) probablemente escrita antes de 1552 por el mercader español residente en Londres Antonio de Guaras, nacido en Tarazona, provincia de Zaragoza, considerada por los historiadores como llena de inexactitudes y con tendencia al sensacionalismo, es a pesar de sus supuestos errores una fuente que nos proporciona un visión interesante sobre el amor de Catherine Howard por la moda y sugiere que su amor por la misma era conocida más allá de los confines de la corte. El autor de la crónica nos cuenta que: "El rey no tuvo ninguna esposa que le hiciera gastar tanto dinero en vestidos y joyas como ella, quien cada día tenía un nuevo capricho". 

Como hemos constatado, a Catherine le encantaba arreglarse con los mejores tejidos y las joyas más deslumbrantes, sin embargo también estaba dispuesta a compartir su amor por la moda con otros. Si nos adentramos en su historia nos damos cuenta que era una chica de buen corazón que quería que sus allegados amasen la moda de la misma manera que ella lo hacía. La joven reina otorgó a sus dos hijastras, Mary de veintiún años y Elizabeth de siete, joyas como prueba de su afecto que incluían un pomo perfumado adornado con oro, rubíes y perlas. Hasta la propia Anne de Cleves, la anterior reina, recibió de parte de la joven una anillo de regalo. Incluso sus damas Lady Carew, Lady Rutland, Lady Surrey y Lady Margaret Douglas fueron obsequiadas con abalorios.


Continuará... 


Bibliografía:

Byrne, Conor: Katherine Howard: A New History, MadeGlobal Publishing, Kindle Edition, 2014.

Ridgway, Claire: The Anne Boleyn Collection: The Real Truth About the Tudors, CreateSpace Independent Publishing Platform, Kindle Edition, 2012.

Warnicke, Retha M.: Wicked Women of Tudor England (Queenship and Power)Palgrave Macmillan, Kindle Edition, 2012. 

jueves, 2 de octubre de 2014

Catherine Howard, "No other will but his" (Octava Parte)


Angela Pleasence y Keith Michell interpretaron  a Catherine Howard y Enrique VIII en la serie de la BBC "Las seis esposas de Enrique VIII" (1970)

24) Una buena esposa


Siempre se ha dado por hecho que durante su reinado la joven Howard fue una adolescente que le encantaba la fiesta y se entregaba a los placeres propios de una niña caprichosa y egoísta. No obstante,  hay muestras que corroboran que puede que no haya sido así, pues en base a evidencias se vislumbra en ella un carácter sensible y cálido hacía sus semejantes. Poco a poco en esta serie de artículos iremos dándolos a conocer. Como reina, Catherine supo como cumplir los tradicionales deberes y obligaciones que correspondían a su posición como soberana, actuando en su deber como mediadora - intercesora, mecenas y esposa. Mientras tanto, en consecuencia de su subida al trono, la influencia de su familia se hacia patente en la corte y los que la apoyaron se vieron recompensados. 

 Según Conor Byrne, autor de la nueva biografía de Catherine, Katherine Howard, A New History, Catherine aparentemente tomó en serio sus obligaciones y se convirtió en una buena esposa para su rey, pero por desgracia, en la etapa final de su reinado, fue víctima de las creencias sociales y culturales de su tiempo que se mostraban hostiles a la sexualidad femenina, además del miedo al poder que pudieran sostener las mujeres, los prejuicios de índole religiosa y el recelo que suscitaba la influencia política ostentada por el clan Howard. 

 Su rol como mecenas fue más que demostrado en el invierno de 1540, cuando Richard Jones dedicó su tratado The Birth of Mankind, a Study of Childbirth "to our most gracious and virtuous Queen Catherine" ( El Nacimiento de la Humanidad, un Estudio sobre el Parto  a nuestra amable y virtuosa reina Catherine). Otras muestras de su carácter se pueden vislumbrar en la primavera de 1541 donde hay evidencias que sugieren un intento de actuar como la típica reina consorte en actos de intervención. Sus acciones nos hacen ver un comportamiento basado en los cánones tradicionales pues seguían los mandamientos de los hombres de la iglesia que dictaban que el deber de una reina consorte era interceder a través del rey a favor de los pobres y oprimidos. 

Una prueba de ello fue cuando la joven Howard se citó con su sastre el 1 de marzo de 1541 y le ordenó que enviase prendas de vestir a Margaret Pole, condesa de Salisbury, que entonces era prisionera en la Torres de Londres por cometer traición contra la corona. La condesa recibió de parte de Catherine un camisón de piel, un manto de estambre, una enagua de piel, un camisón de raso y lino, una toca con su tela a juego, cuatro pares de medias, cuatro pares de zapatos y un par de zapatillas. Desgraciadamente, la noble señora de 68 años de edad fue decapitada en mayo de 1541, pero asimismo se intenta pensar que dichos obsequios regalados por Catherine la hayan reconfortado durante aquel breve periodo de  tiempo previo a su muerte.

 No se sabe a ciencia cierta si fue la misma reina que pidió personalmente a su sastre que mandase esos atuendos a la condesa o si el encargo se hizo bajo las órdenes de otros. Si fue ella misma la que tomó la iniciativa de actuar así es probable que requiriese el permiso directo de Enrique VIII ya que los miembros de la familia de la Pole habían sido arrestados y ejecutados unos años antes por estar involucrados en la Conspiración de Exeter. Tres semanas después, Catherine pidió el perdón para el renombrado poeta de la corte Sir Thomas Wyatt, quien también estaba aprisionado en la Torre. Su absolución se logró  gracias a la petición de la reina. Además, Sir John Wallop, acusado también de traición, fue al mismo tiempo perdonado gracias a la mediación de la nueva soberana. 



Margaret de la Pole, condesa de Salisbury, por artista desconocido, aproximadamente 1535, National Portrait Gallery de Londres.


25) La vida marital

No se sabe con seguridad cuanto tiempo Enrique y Catherine pasaban juntos. En diciembre de 1540, según el embajador francés Marillac, quien por cierto no incluyó a Catherine en los  horarios de los quehaceres diarios del rey, el monarca se levantaba entre las 5:00 y las 6:00 a.m., escuchaba misa a las 07:00 a.m. y después se iba a cabalgar y a cazar hasta el almuerzo de las 10:00 a.m. Hacia sus comidas, con excepción durante las celebraciones especiales, en su cámara privada. Después de comer, supuestamente se dedicaba a sus tareas oficiales. En algún momento de la tarde, es posible que pasase algunos momentos con Catherine, aunque la educación de la joven Howard no la había preparado para mantener acalorados debates religiosos con su rey, tal y como solía hacerlo cuando estaba en compañía de Ana Bolena. La propia Catherine llegó a explicar que el monarca rutinariamente enviaba a Sir Thomas Heneage, gentilhombre del excusado y jefe de la cámara privada, con un mensaje para ella alrededor de las 06:00 p.m.. 

Puesto que los monarcas dormían en su propios aposentos, Enrique no habría pasado noches enteras en compañía de su esposa. La frecuencia con la que el rey y Catherine mantenían relaciones  podría haber dependido en parte a las restricciones impuestas por la iglesia, que prohibía el coito cuando una mujer tenía la menstruación y especialmente en días considerados sagrados: viernes y domingo, que en su mayoría eran días de Santos, y la Cuaresma y el Advenimiento de Cristo.  Aparentemente, no todas las parejas cumplían dichas normas, aunque personas como Enrique VIII que deseaba a toda costa engendrar niños varones puede que las llevase a rajatabla. En la mentalidad de la época estaba arraigado que un embarazo requería intervención divina y no era cuestión echarlo todo a perder por un breve momento de intimidad.




Lynne Frederick y Keith Michell interpretaron a Catherine Howard y Enrique VIII en la película "Henry VIII and His Six Wives" de 1972.


Continuará...


Bibliografía:

Byrne, Conor: Katherine Howard: A New History, MadeGlobal Publishing, Kindle Edition, 2014.

Warnicke, Retha M.: Wicked Women of Tudor England (Queenship and Power), Palgrave Macmillan, Kindle Edition, 2012. 

http://www.bbc.co.uk/arts/yourpaintings/paintings/unknown-woman-formerly-known-as-margaret-pole-countess-of-salis

jueves, 18 de septiembre de 2014

Catherine Howard, "No other will but his" (Séptima Parte)

                                         Bryony Roberts como Catherine Howard  (2010)


21) El rey que quiso ser Dios

Dos días después de la decapitación de Cromwell y de la boda de Enrique y Catherine, fueron ejecutados seis "doctores", de los que tres murieron en la horca y los otros atados a una estaca y quemados vivos. "Producía verdadera extrañeza el ver a los partidarios de los dos bandos opuestos (católicos y luteranos) morir al mismo tiempo, y más aún el oír que ninguno de ellos había sido juzgado ni sabían por qué se les condenaba."  Entre las seis desafortunadas víctimas de aquella ocasión se encontraban el papista Abel, que años antes había ido al calabozo por hablar contra el divorcio de Catalina de Aragón, y el doctor Barnes, al que Enrique había encomendado una misión cerca de los luteranos, pero que había tenido la temeridad de atacar a Gardiner. Después de esas ejecuciones quedaron temporalmente suspendidos los juicios, debido a que el rey quería escapar de la peste que volvía a asolar la capital, y además aquellas muertes "en grupo" había favorecido la tarea de "limpiar la Torre".

Catherine Howard sentía verdadero horror hacía las penas impuestas y con su juvenil intrepidez intentó oponerse a los decretos de muerte extendidos por su esposo. Pero no le sirvió de nada. Y Lutero había declarado, en un folleto dedicado a su amigo Barnes, que era perdida de tiempo esperar que su contemporáneo Enrique VIII cambiase jamás su forma de ser: Das juncker Heintze will Gott sein und thun was in gelüstet ( "El señor Enrique quiere ser Dios y hacer lo que le viene en gana"). 


22) La rosa coronada

 Emblema de Catherine Howard, elegido por ella misma


Las constantes caricias en público que recibía Catherine de parte de Enrique dieron mucho que hablar. Varios observadores llegaron a la conclusión que el rey amaba a su nueva esposa más que a "las otras". El secretario de Crammer, Ralph Morice, escribió: "El afecto del rey estaba tan maravillosamente dedicado a esa dama como nunca se supo que amara así a otra mujer". Era indistinto que eso fuese cierto o no, pero de lo que no cabía duda era que la pasión del monarca estaba en la boca de todos. Además, Enrique le regalaba presentes constantemente. Para una muchacha que había sido criada como miembro de una familia empobrecida ,una pariente pobre de los grandes que la rodeaban (recordemos que Edmund Howard, su padre, no poseía muchas riquezas, aparte de ser el último vástago varón de la familia), tenía el honor ahora de recibir magníficas joyas, cuentas de otro con esmalte negro, esmeraldas engastadas en oro, broches, cruces, bolas olorosas, relojes, todo lo más vistoso y espléndido posible. 

A pesar de tanto lujo y esplendor que la rodeaba, las disputas políticas y religiosas estaban a la orden del día. Entre tantas cosas estaba la obligación de la joven Howard de engendrar un segundo hijo varón; Enrique no quedaría tranquilo hasta tener en sus brazos un duque de York. En la mente del rey era imposible que no le atormentase un famoso acontecimiento del pasado: cuando su hermano mayor Arturo murió súbitamente  probablemente de Sweating Sickness (Sudor Inglés) o Tuberculosis dejando a todos desconsolados. El hecho de tener solo al príncipe Edward provocaba un sentimiento de incertidumbre, debido a que peligraría la continuidad de la dinastía Tudor si de repente el heredero se muriera. El monarca tenía motivos de sobra para temer pues recordemos que la "Conspiración de Exeter" era demasiado reciente. No hacía mucho que Henry Courtenay, marqués de Exeter y primo hermano del rey, había intentado derrocar a los Tudor y hacerse con el  trono a finales de 1538.

23) Un viejo zorro

Enrique a sus cuarenta y nueve años de edad, sus crecientes achaques, sus rachas de inactividad forzosa y su adicción a la comida suculenta le había envejecido prematuramente y estaba gordisímo. Mismo que padeciera obesidad y inflamación de piernas, aprovechaba todas las ocasiones para montar a caballo y cazar y continuaba ataviándose de forma opulenta, aunque sus finanzas reflejan pagos regulares a sus sastres por ensanchar jubones y casacas. Entre los caballeros de la corte se puso de moda fingir gordura para imitar a su rey y para lograrlo llevaban túnicas cortas abombadas y acolchadas que eran casi tan anchas como largas.



El embajador francés, De Marillac, resumió con precisión como era Enrique en aquella etapa de su vida:
"Este príncipe parecer adolecer de tres defectos: el primero es que es tan codicioso que todas las riquezas del mundo no bastarían para satisfacerle. De ahí nace el segundo, desconfianza y miedo. Este rey, a sabiendas de cuántos cambios ha hecho, y de las tragedias y escándalos que ha provocado, bien quisiera estar a buenas con todo el mundo, pero no se fía de nadie, da por hecho que todos se ofenderán y no dejará de mancharse las manos de sangre mientras dude de su pueblo. El tercer vicio es la ligereza y la inconstancia. " El predecesor de De Marillac, Castillon, también se había manifestado respecto al carácter del monarca inglés. Añadía otros dos defectos, la doblez y la perversidad. Escribió lo siguiente: "Es un hombre maravilloso y le rodea gente maravillosa, pero es un viejo zorro."


Continuará...


Bibliografía:

Byrne, Conor: Katherine Howard: A New History, MadeGlobal Publishing, Kindle Edition, 2014.

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.

Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Planeta DeAgostini, Barcelona, 1996.

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004

sábado, 6 de septiembre de 2014

Catherine Howard, " No other will but his" (Sexta Parte)


Lynne Frederick y Keith Michell interpretaron a Catherine Howard y Enrique VIII en la película "Henry VIII and His Six Wives" de 1972.


19) "Graciosísimo Príncipe, ¡Misericordia!

El 29 de junio de 1540 el parlamento aprobó un acta que condenaba a Thomas Cromwell a muerte por traidor y hereje. Además, se le acusó por haberse alardeado de su nuevo status social, que estaba muy por encima de su  "muy bajo y humilde origen". Sir Richard Rich fue uno de los que declararon contra él, y no cabe duda que Thomas Howard, duque de Norfolk, contribuyó en su caída en desgracia.

Se cuenta que el monarca quedó horrorizado al vislumbrar las pruebas que le presentaron. Dicen que ni siquiera dudó un instante que aquello no fuese cierto y no prestó atención a Crammer, que tuvo mucho valor al dirigirse a su rey con estas palabras: "¿ En quién confiará Vuestra Gracia a partir de ahora si no podéis confiar en él? " La astucia de Enrique VIII se dejó trasparecer, pues decidió no ejecutarlo inmediatamente con el propósito de que su ex secretario le proporcionase información valiosa para anular cuanto antes su matrimonio con Anne de Cleves. Cromwell no opuso resistencia y colaboró de buen grado con la causa de su señor, sin embargo no le sirvió para nada. El rey no tuvo compasión por él y no le salvó de una trágico destino. En realidad, Enrique hizo caso omiso de su última carta, que terminaba con una súplica desesperada: "Graciosísimo Príncipe, pido a gritos ¡misericordia, misericordia, misericordia!"

Cromwell fue decapitado el 28 de julio de 1540 en Tower Hill, protestando que moría católico ferviente. El pueblo inglés que no supo comprender su valía, se alegró de su muerte y la popularidad del rey aumentó mucho. Podríamos afirmar que Cromwell fue para Enrique un oportuno chivo expiatorio al que se podía culpar del fracaso de su matrimonio con Anne de Cleves.


                            James Frain dio vida a Thomas Cromwell en la serie Los Tudor (2007-2009)


20) La joya del anciano

El día que murió Cromwell ajusticiado, y sin ningún remordimiento de conciencia, el rey Enrique VIII contrajo matrimonio en secreto con Catherine Howard en el palacio de Oatlands, en una ceremonia que ofició Edmund Bonner; obispo de Londres. En aquel 28 de julio de 1540, Catherine juró ser "bondadosa y retozona en la cama". También juró vivir con su esposo en la enfermedad y en la salud "hasta que la muerte nos separe". La pareja pasó la noche de bodas en una ornamentada "cama de perlas" que Enrique había encargado especialmente a un artesano francés. El matrimonio se dio a conocer al público el 08 de agosto, fecha en la que Catherine fue "mostrada abiertamente" y se rezó por ella como reina en la capilla real de Hampton Court.




"La rosa sin espinas", éste era el tributo que Enrique había mandado grabar en una de las innumerables joyas que le regalaba a Catherine. Por cierto, también fue el mismo rey que eligió el lema de su quinta esposa: "No other will but his" ("Ninguna voluntad fuera de la suya"). La idea que aquella "joya entre las demás mujeres" le pertenecía le regocijaba intensamente. Tener a su lado " una posesión de tan inmenso valor" hacía con que ni en público ni en privado sabía apartar las manos de su adquisición, acariciándola sin parar "más de lo que hizo nunca con las otras".

Como ya hemos mencionado, la colmaba de obsequios, entre ellos figuraban tierras que anteriormente fueron posesiones del malogrado Cromwell. Se llenaba de júbilo presumiendo de una dama que irradiaba belleza y juventud, además de satisfacer todos los caprichos de ella. "El rey no había tenido ninguna esposa que le hiciera gastar tanto dinero en vestidos y joyas como ella, y todos los días ella tenía algún capricho nuevo". Daba la sensación que Enrique despertaba de un gran letargo y hubiese vuelto a nacer; su salud mejoró, y su humor, también. 


Continuará...

Bibliografía:

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.

Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Planeta DeAgostini, Barcelona, 1996.

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.

sábado, 30 de agosto de 2014

Catherine Howard, " No other will but his" (Quinta Parte)






Bryony Roberts como Catherine Howard  (2010)


16) El repentino encarcelamiento de Cromwell


Cromwell, el hombre que había elevado a Anne de Cleves a la posición de reina, que inocentemente creía estar en el pináculo de su carrera, fue detenido sin previa advertencia el 10 de junio de 1540. De repente, al entrar al la cámara del consejo en Westminster, el Capitán de la Guardia lo prendió y Norfolk y Southampton lo despojaron triunfalmente de sus insignias y sello de la Jarretera. El Secretario bramaba que no era ningún traidor a la vez que lo llevaban a empujones a la Torre. El rey estaba tan convencido de la ausencia de ortodoxia por parte de Cromwell que no tuvo reparos en ordenar el arresto del hombre más poderoso de su reino (después de sí mismo), que lo había servido fielmente durante más de diez años. El embajador de Francia, el señor Marillac recibió un mensaje del monarca dando a entender que su secretario había estado a punto de suprimir a "los antiguos predicadores" y promover "nuevas doctrinas" (las luteranas) "incluso por las armas".

Thomas Howard, el duque de Norfolk, había orquestado bien el plan para corroborar en el derrumbe de su "contrincante". En febrero de 1540 había ido en una embajada especial a Francia llegando a un entendimiento amigable con el país vecino. Por lo tanto, había que sopesar lo que convenía a Inglaterra y analizar si era o no viable el acuerdo germano organizado por Cromwell cuya alianza podría ser una maniobra innecesaria e incluso bastante peligrosa para los ingleses. El error del secretario, si se puede llamar así, fue su acercamiento al Luteranismo, el acuerdo pactado con Cleves y por su puesto el fracaso rotundo del matrimonio de Enrique con Anne, la princesa alemana. 



James Frain dio vida a Thomas Cromwell en la serie Los Tudor (2007-2009)


17) "Por su salud, el aire puro y el placer"

La reina Anne no tenía ni idea del destino que le esperaba. Ese verano para ella la vida se había vuelto más agradable: gradualmente iba aprendiendo inglés y los ingleses empezaban a aceptarla. A pesar de que el rey probablemente comenzó a interesarse por Catherine más o menos a finales de 1539, su relación con la joven Howard no se hizo pública hasta comienzos del verano de 1540 cuando el deseo de Enrique por anular su matrimonio con Anne se dio a conocer. El 20 de junio, la reina Anne se quejó al embajador de Cleves, Carl Harst, sobre el supuesto "affair" de su esposo con su dama de honor, aunque él le consoló diciéndole que considerara aquella relación solamente como un "romance pasajero".

El 24 de junio Enrique envió a Anne de Cleves al palacio de Richmond, con el pretexto que era "por su salud, el aire puro y el placer". Al siguiente día, una delegación de consejeros fue a dar la noticia de que se había constatado que su matrimonio no era válido. Anne no se opuso en absoluto y a cambio de ello recibió una generosa compensación económica de 500 libras (equivalente a hoy en día a 150000 libras) al año, el palacio de Richmond, el castillo de Hever (antaño propiedad de los Bolena) y el antiguo manor de Buckingham en Bletchingley, así como el derecho de ostentar el título de hermana del rey, con precedencia sobre todas las damas de Inglaterra después de la reina y las hijas del rey.  Su unión con Enrique VIII fue anulado en asamblea el 9 de julio de 1540, basándose en que se había celebrado sin el consentimiento del monarca y en el supuesto contrato previo de Anne con el hijo del duque de Lorena. 

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Joss Stone interpretó a Anne de Cleves en la serie Los Tudor (2009)



18) Una carta para Catherine

El 12 de julio, Joan Bulmer que había compartido vivencias con Catherine en la mansión de la duquesa Agnes Howard en Lambeth, envió una misiva a su amiga afirmando haberse enterado de su gran destino. En dicha carta Joan le contaba que se sentía desdichada por el fracaso en su matrimonio y a la vez le pedía auxilio. También le solicitó que le diera algún aposento, lo más cerca posible del suyo. Alabando la honestidad de Catherine y prometiéndole amor incondicional , concluye el mensaje esperando que "la reina de Bretaña no olvide a su secretaria". Aparentemente, la joven Bulmer estaba ansiosa por escapar de la turbulenta unión con su esposo y deseaba irse a Londres donde podría reencontrarse con la nueva reina, tal vez para hacerle confidencias de las terribles dificultades que estaba experimentando. Desconocemos si intentó amenazar o chantajear a su amiga, pero no sería de extrañar que aprovechase el auge de Catherine para sacar "beneficios" a su costa. El pasado de Catherine no se podía borrar de un momento a otro.  Fantasmas del pasado como Manox y Dereham seguían vivos y coleando y  una pequeña indiscreción podría echarlo todo a perder. 





Catherine Steadman como Joan Bulmer en la serie Los Tudor (2009-2010)


Continuará...

Bibliografía:

Byrne, Conor: Katherine Howard: A New History, MadeGlobal Publishing, Kindle Edition, 2014.

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.