lunes 21 de noviembre de 2011

El enigma de la "B"








Mientras ojeaba mi nuevo ensayo sobre Ana Bolena del profesor G.W. Bernard (Anne Boleyn: Fatal Attractions), que de primeras ya se vislumbra la polémica (cree que las acusaciones de adulterio contra Ana se acercaban bastante a la verdad), tomo nota de un dato que al menos a mí me ha hecho indagar si realmente esa teoría es o no del todo disparatada. Todos conocemos el retrato de Ana Bolena, expuesto en la National Portrait Gallery, en el cual luce su tan característica "B", ¿pero sí en realidad la persona retratada es otra? Suena descabellado, aunque existe una corriente de historiadores del arte que afirma que pudo haber habido algún un error a la hora de identificar los cuadros, y la que siempre pensábamos que era Ana Bolena podría tratarse de Mary Tudor, hermana de Enrique VIII, duquesa de Suffolk y reina de Francia, por su primer matrimonio con Luis XII. Para empezar no sería la primera vez que identifican erroneamente un retrato; ya que el que durante mucho tiempo se creyó que era un cuadro de Jane Grey, luego se descubrió que se trataba de Catalina Parr.

El retrato de la derecha, que se reconoció como Ana Bolena, es una copia realizada a finales del siglo XVI basada en un cuadro original supuestamente pintado entre 1533-36. Por otro lado, la modelo de la izquierda, Mary Tudor, tenía veinte años en 1516 cuando fue realizado. Posaba con su marido Charles Brandon, duque de Suffolk. No hacía mucho habían contraído matrimonio, a escondidas y por amor, luego después que se quedara viuda del viejo Luis XII, rey de Francia. 

 Si os fijáis bien, hay muchos rasgos que coinciden, el color de los ojos, la forma de rostro, el cuello largo, la nariz, la boca...Ahora plantear la siguiente cuestión: ¿y si a la primera modelo le ponemos, por ejemplo, diecisiete años más? Mary era cinco años mayor que Ana ( si damos como correcta la fecha de 1501), tenían en 1533, treinta y siete  (Mary) y treinta y dos años (Ana). 

Se ha sugerido también que el collar de perlas del cual pende una "B" , no vendría a significar "Boleyn": es mucho más probable que se refiriera a "Brandon" Incluso podría arriesgarme a decir que se trata de un retrato póstumo de Mary, si hacemos memoria, constataremos que falleció el 23 de junio de 1533. Quizás su esposo, Charles quisiera ver en su cuello la "B" de Brandon como símbolo inequívoco de que el corazón de Mary pertenecería a él para siempre. 



Retrato de Mary Tudor y Charles Brandon atribuido a Jan Mabuse (apróx. 1516)


Sin embargo, en las cartas de amor que Enrique enviaba a Ana, escribía las iniciales de su amada "AB". Una posible evidencia que Ana adornaba su cuello con la "B", o también como se ve claramente, era el símbolo de la familia "Bolena". Aunque el aspecto de la dama del cuadro tampoco concuerda exactamente con las descripciones que tenemos de sus contemporáneos. En el retrato se aprecia una mujer de pelo y ojos marrones, aunque según el embajador veneciano sus ojos eran "negros y bellos", y se refería a la boca como "ancha". También se decía que su pelo era espeso, brillante y sumamente oscuro. 

En suma, tampoco vamos a tener en cuenta esto como algo conclusivo. Todavía hay mucho que averiguar, esperemos que la National Portrait Gallery próximamente nos revele nuevos datos sobre esta obra.


Bibliografía:

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.  

Bernard, G.W. : Anne Boleyn: Fatal Attractions, Yale University Press, 2011.





miércoles 2 de noviembre de 2011

Los últimos días de Ana Bolena: 15ª Parte (Última)


En el patíbulo

 Ana Bolena al terminar de pronunciar su discurso dio al ejecutor viente libras como de costumbre, cambió su tocado por una pequeña gorra de lino, agradeció a sus damas por su diligencia (dicen que entregó su Biblia a su gran amiga, Margaret Wyatt), les pidió que no la olvidaran y que prestaran ante todo fidelidad al rey.



Después de pedir que rindieran plegarias por su alma, se arrodilló. Mientras tanto una de sus acompañantes le vendó los ojos y con toda su entereza seguía diciendo: "¡Dios mío, tened piedad de mí! ¡Dios mío, tened piedad de mí! ¡Dios mío, tened..."



Así proclamaba dicha súplica varias veces hasta que el crujido de la espada deslizó sobre su fino cuello. Según cuenta la leyenda, para conseguir que Ana pusiera la cabeza en la posición correcta y dejara de mirar instintivamente hacia atrás, el esgrimidor había dicho en voz alta: "Traedme la espada" a alguien que estaba de pie en los escalones próximos. Distraída y creyendo que aún le quedaban algunos segundos de vida, volvió la cabeza. Entonces, el verdugo aprovechó la ocasión y le arremetió un único golpe, rápido y consistente. Se cree que casi no sufrió.

Kingston, escribió luego a Cromwell: "La reina murió valientemente. Dios la tenga en su Gloria".
Al otro lado del río, el reformista escocés Alesius acompañaba al arzobispo Thomas Crammer mientras caminaban por los jardines de Lambeth Palace. Al escuchar el sonoro estruendo del cañón que venía de la Torre, Crammer exclamó: "Ella quien ha sido Reina de Inglaterra en la tierra, hoy se va a convertir en la Reina del cielo". Luego se sentó en un banco y empezó a llorar. 







Acto seguido, una de las damas cubrió la cabeza con una tela blanca y las otras ayudaron con el cuerpo. Ambos fueron llevados veinte metros hasta la capilla de San Pedro ad Vincula, donde su hermano había sido enterrado dos días antes. Desgraciadamente, Enrique VIII no aprobó proporcionar un ataúd apropiado para Ana. Así, su cuerpo y cabeza fueron depositados en un arca alargada y sepultados en una tumba sin marcar en dicha capilla.




El devenir del fatídico acontecimiento

A las 09:00 a.m., la hora de su ejecución, un cañonazo retumbó en el espacio. Muchas mujeres se detuvieron por el camino, escuchando ansiosas el silencio que siguió al estallido. Sabían lo que significaba aquello: "Ana Bolena había sido ejecutada". Es cierto que el pueblo inglés se mostró hostil ante su coronación, la consideraron siempre una intrusa, la vil usurpadora de la bondadosa Catalina. Sin embargo, empezaron a platearse que quizá la culpa no recaía únicamente sobre aquella supuesta dama ambiciosa. El rey, impasible ante la desgracia de su segunda esposa, iba y venía con su barcaza sobre el Támesis para visitar a su nueva amante, Jane Seymour. Aquello hizo desatar habladurías sobre el comportamiento inconstante del monarca. 

Es curioso destacar que los gastos de la casa de Enrique VIII correspondientes al 19 de mayo fueron inferiores a los de cualquier día del aquel año, lo que nos hace suponer que lo pasó encerrado. ¿Qué sentimientos afloraban en Enrique? ¿Remordimiento o liberación?

Cromwell había hecho una jugada maestra, de un solo golpe había eliminado toda una facción, y fueron muchos los afectados por la tragedia. La pequeña Elizabeth, que aún no había cumplido los tres años, se encontraba en Hunsdon cuando mataron a su madre, y allí permaneció bajo el cuidado de Lady Bryan. La gobernanta de Elizabeth al cabo de un tiempo tuvo que suplicar a Cromwell que le proporcionara dinero para comprarle ropa a la pequeña. 

Thomas Bolena, el padre de Ana y conde de Wiltshire, fue despojado en el acto de su lucrativo cargo de Lord del Sello Privado y de todas sus tierras en Irlanda, pero al poco tiempo volvió a gozar del favor real. Aunque nos resulte inverosímil, estuvo presente en el bautizo de Edward VI, en octubre de 1537. Al morir su esposa Elizabeth en abril de 1538, incluso se habló de la posibilidad de que se casara con Lady Margaret Douglas (la dama era sobrina carnal de Enrique VIII, hija de Margarita de Escocia). Cuando Thomas falleció en marzo de 1539, el rey ordenó que se dijeran misas por su alma. Fue enterrado en Hever Church y una magnífica placa de metal indica el lugar de su reposo final.




Tumba de Thomas Bolena

Lady Jane Bolena (neé Parker), la esposa del hermano de Ana, lord Rochford, se retiró de la corte después de la ejecución de su marido. Como la corona había confiscado la propiedades de su esposo, lady Rochford se vio en la necesidad de pedir ayuda económica a Cromwell en una misiva que firmó "una poderosa y desolada viuda". Su paga vitalicia no le fue devuelta hasta después de la muerte de su suegro.

Al poco tiempo de la ejecución de Ana, Cromwell liberó del encierro al poeta Thomas Wyatt y a Richard Page. El rey hubiera nuevamente acogido en su corte a Page, pero éste decidió que era más seguro alejarse de allí. Wyatt, conmocionado con los acontecimientos, volvió al castillo de su padre en Allington, Kent, y allí pasó algún tiempo.

Thomas Howard, el duque de Norfolk y tío de Ana, que había presidido en proceso de su sobrina y dictada la sentencia, conservó su puesto de Lord Tesorero, sin embargo, en aquel momento, lo más plausible sería retirarse a su residencia en Kenninghall hasta que las aguas de apaciguaran. Su ausencia de la corte favoreció a los Seymour a ascender en su poder político, con lo cual dio inicio a una interminable rivalidad entre ellos y los Howard que duraría hasta el final del reinado.

Enrique VIII y Jane Seymour se comprometieron secretamente en Hampton Court, temprano, en la mañana del 20 de mayo, veinticuatro horas después de la ejecución de Ana Bolena, aunque, para no causar una mala imagen, Jane continuó diez días más en Chelsea, salíó el día 30 para dirigirse a Hampton Court y casarse en el Gabinete de la reina.
 


Una Extraordinaria Dama



La personalidad de Ana Bolena aún sígue siendo un enigma, aunque alcanzamos vislumbrar pinceladas de su carácter: era religiosa pero agresiva, calculadora pero emocional, con el ligero toque de una cortesana que a la vez poseía la determinación y la fuerza de un político. Una dama por derecho propio, siguiendo sus propósitos en un mundo liderado por hombres; una mujer que movilizó su educación, su estilo y su presencia pese a las desventajas de su sexo, que fue capaz de tomar por sorpresa a toda una corte y lo más impensable: el corazón de un rey. A partir del nacimiento de Elizabeth, poco a poco el rey empezó a perder el interés por Ana, ya no le fascinaba su forma de ser apasionada y temperamental, e incluso ya no deseaba su opinión en los asuntos de Estado, más bien su intervención era un estorbo. Además, el encaprichamiento de  Enrique VIII por Jane Seymour aceleró todavía más el juicio contra ella. La falta de un hijo varón fue el detonante de su desgracia; pasaba el tiempo y no venía el ansiado niño que diera continuidad a la dinastía. Eso, unido a las artimañas de Cromwell para derrocarla, basadas en ambiguos y falsos testimonios, fueron los causantes de su vertiginosa caída.  

Llegamos al final del relato, si deseáis leer toda la historia desde su comienzo, aquí os dejó el link:


¡Muchas gracias por vuestra paciencia en aguardar cada capítulo!


Bibliografía:

Denny, Joanna: Anne Boleyn: A new life of England´s tragic Queen, Portrait Books, London, 2005.

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.

Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Editorial Juventud S.A., Barcelona, 1975.


Ives, Eric: Anne Boleyn, Basil Blackwell, Oxford, 1988.

Warnicke, Retha M.: The rise and fall of Anne Boleyn: family politics at court of Henry VIII, Canto, Cambrige University Press, 1996.