viernes 30 de julio de 2010

¿Es posible que la dama del retrato sea María Tudor?

Hace poco días empezó a surgir en la red un debate sobre quién es la enigmática dama de este bello retrato. Gracias a los excelentes blogs Mary Tudor: Renaissance Queen y Confessions of a Ci-Devant pude tener acceso a este curiosa información. Se sabe que en 1520 fue vendido a Jules S. Bache en Nueva York con el título de English Princess, con la probabilidad que de que fuera María Tudor. Este cuadro fechado en 1535, obra de un pintor holandés desconocido, actualmente está siendo examinado por el Metropolitan Museum of Art, NY, que por ahora lo han catalogado como Portrait of a Young Woman, mientras investigan si efectivamente se trata o no de la primogénita de Enrique VIII.

Si tenemos en cuenta que los expertos no se equivocan con la fecha, en el año de 1535 la joven Lady María a sus diecinueve años no gozaba del favor real. Es casi imposible que el rey Enrique encargara un retrato de su hija, siendo que en esa época la había declarado bastarda. Su madre, Catalina de Aragón, vivía entonces arrinconada en el Castillo de Kimbolton mientras que su hija permanecía al lado de su hermanastra Elizabeth, sirviéndola como su dama de compañía. Existe un esbozo de Holbein realizado en 1536 que se supone que es María, algo más creíble ya que en aquel año volvía a reconciliarse con su padre gracias a la buena voluntad de la nueva reina, Jane Seymour. Para lograr nuevamente un acercamiento con el monarca tuvo que abjurar de su amada Iglesia Católica y reconocer finalmente a su padre como Jefe Supremo de la Iglesia Anglicana. Sin embargo, sabemos que fue una maniobra para salvar su pellejo porque en el fondo María jamás dejó de creer vehementemente en sus antiguas convicciones religiosas.


Sketch de María Tudor. Obra de Hans Holbein (aprox. 1536)

Entonces, ¿cuál sería la identidad de la misteriosa dama? Hay varias conjeturas a respecto. Entre las favoritas a ocupar el puesto de English Princess figuran sus primas Lady Margaret Douglas, hija de Margaret Tudor, reina madre de Escocia y su segundo marido Archibald Douglas; o las hermanas Frances y Eleonor Brandon, hijas de María Tudor, reina de Francia y Charles Brandon.

No obstante, percibo un aura de tristeza y resentimiento que rodea el rostro del retrato. Plasma perfectamente el sufrimiento que tuvo padecer María durante los primeros años de 1530. Eso le suma algunos puntos a favor de que sea la hija de Catalina Aragón. Por otro lado, no hay que dejar de mencionar que la dama en cuestión aparenta con seguridad menos de 19 años. Por ello, me decantaré por Frances y Eleonor Brandon que tenía respectivamente, 1 y 3 años menos que su prima en la época que se pintó el cuadro.




Lady Frances Brandon, Marquesa de Dorset y Duquesa de Suffolk, más conocida por haber sido madre de Lady Jane Grey.

No es la primera vez que surge una controversia de esta índole, recordemos varios retratos que erróneamente fueron identificados como Ana Bolena y Catalina Howard. Véase el caso de ésta última en una entrada anterior. En los próximos días os mantendré informados a respecto de este tema, y en cuanto se sepa quien en realidad es la dama en cuestión publicaré el veredicto en la zona de comentarios.

Para saber más:

http://garethrussellcidevant.blogspot.com/2010/07/new-investigation-into-portrait-of.html

http://mary-tudor.blogspot.com/2010/07/research-into-possible-portrait-of-mary.html

lunes 19 de julio de 2010

Sir Thomas Wyatt: "I Find no Peace"


Thomas Wyatt y Henry Howard fueron los dos poetas más prominentes la Era Enrique VIII. Lo más relevante de la poesía de estos autores es su carácter exclusivamente cortesano que buscaba la inspiración en la tradición culta de los latinos, sobre todo de Horacio, Virgilio y Ovidio, y de la italiana, destacando Dante y Petrarca. Un dato curioso es que estos poetas no pretendían ser originales; su admiración por la retórica clásica y por la renacentista italiana les llevó a imitarlas sin reparos. Lo que más deseaban era aprender de ellas, adaptarlas a su propia lengua y ser capaces de elevar a la poesía inglesa al mismo peldaño que sus fuentes de inspiración. Cabe destacar que no tenían intenciones de publicar su obra. No se consideraban profesionales, para ellos su arte formaba parte de su profesión como cortesanos.

En la obra de Wyatt se ve claramente reflejada las andanzas de un hombre que vivió en una de las cortes más controvertidas y polémicas del siglo XVI. Para un noble caballero, tan importante como el valor, la habilidad diplomática y de estratega y el dominio de las artes marciales, lo eran las dotes artísticas expresadas a través de la poesía, la danza, la composición musical y la habilidad para tocar instrumentos como el harpa o el laúd. La intriga amorosa era una parte esencial de la vida de un gentilhombre y las composiciones poéticas así lo evidenciaban. Estos manuscritos solían circular por la corte, levantando o insinuando pasiones entre la nobleza, incitando a la competición, sugiriendo rivalidades o lamentando el desamor o la traición.

El amor, como de costumbre, era un tema de interés general que representaba claramente el estado anímico del poeta; se intercalaban momentos de euforia amorosa con las más profunda melancolía. A la vez se reflejaban implícitamente otras inquietudes como la ambición de poder, la tensión de las relaciones sexuales o las frustraciones personales y políticas y también como un medio para desahogar su orgullo herido.



Hoy, nos dedicaremos a analizar otro de sus versos más famosos "I find no Peace". Este poema es un perfecto modelo de soneto petraquista; concretamente es una traducción muy fiel al soneto de mismo nombre "Pace non trovo" de Petrarca, maestro y fuente de inspiración de Wyatt.

I Find no Peace:

I find no peace, and all my war is done.
I fear and hope. I burn and freeze like ice.
I fly above the wind, yet can I not arise;
And nought I have, and all the world I season.
That loseth nor locketh holdeth me in prison
And holdeth me not--yet can I scape no wise--
Nor letteth me live nor die at my device,
And yet of death it giveth me occasion.
Without eyen I see, and without tongue I plain.
I desire to perish, and yet I ask health.
I love another, and thus I hate myself.
I feed me in sorrow and laugh in all my pain;
Likewise displeaseth me both life and death,
And my delight is causer of this strife.


Traducción:

No Encuentro Paz

Mi guerra ha terminado y paz no encuentro.
Temo y espero, ardo y me congelo como el hielo.
Vuelo sobre el viento aunque alzarme no consigo.
Y nada tengo y todo el mundo abrazo.
Quien ni me deja ir ni me encierra, me aprisiona,
y no me retiene y sin embargo no puedo huír de ningún modo.
Ni vivir ni morir a mi antojo me permite
y sin embargo procúrame ocasión de muerte.
Sin ojos veo y sin lengua me lamento.
Perecer deseo y sin embargo salud pido.
A otro ser amo y por ello me aborrezco.
De penas me alimento y en pleno dolor me río.
Por igual me disgustan ambas, muerte y vida,
y mi deleite es la razón de esta contienda.


A primera vista lo que más llama la atención es la enorme diversidad y la expresión de sentimientos opuestos por medio de oxímoros. Esta figura retórica tiene como misión armonizar dos conceptos opuestos en una sola expresión, formando así un tercer concepto. Dado que el sentido literal de un oxímoron es ‘absurdo’ (por ejemplo, "I burn and freeze like ice"), se fuerza al lector a buscar un sentido metafórico. Asimismo, los paralelismos, comparaciones, antítesis e hipérboles igualmente se reflejan en el poema.

A lo largo de soneto, notamos que a Wyatt le invade un sentimiento de desasosiego y desesperación, plasmando además un conflicto interior entre la pasión que lo domina y la conciencia que tal pasión entraña. La temática es similar a otros sonetos de su época, donde están presentes el amor no correspondido, la lejanía y el desdén de la amada.



“I find no peace and all my war is done"

"War is done", vendría a significar que el empeño por conquistar a la dama no dio los frutos deseados, sin embargo, este poema se vislumbra como un desesperado último intento para comunicarse con su musa y profesar la ardiente pasión que le consume por dentro.

I fear and hope, I burn and freeze like ice…”

En este segundo verso, pensamiento y emociones se contraponen. Él siente miedo de ser rechazado por ella, ese pensamiento hace con que "se congele". No obstante, al mismo tiempo espera con fervor ganar su corazón, por ello "arde" de deseo por ella.

"I love another, and thus I hate myself"
"I feed me in sorrow and laugh in all my pain"

Únicamente en el verso número doce el poeta finalmente confiesa su amor sin rodeos. Él se odia a si mismo solo de pensar que podría ser rechazado y no ser digno de su amor. Se autocompadece y se alimenta de sus propias penas. No deja de ser muy sarcástico y cínico cuando dice regocijarse de su dolor.

Pero, ¿podría considerarse una obra autobiográfica? No podemos afirmarlo con total seguridad, aunque sus versos manifiestan indirectamente sentimientos personales relacionados con acontecimientos históricamente reconocibles. Por tanto, los poemas constituyen una elaborada metáfora de situaciones que marcaron su época. Sin ir más lejos, otro de los poemas de Wyatt, "Whoso List to Hunt" se vislumbra claramente que el poeta se aparta de su amada por temor a un rival más fuerte y advierte a otros del inútil propósito. Wyatt ve como su presa (Ana Bolena) se aleja cada vez más de él, siendo muy difícil lograr atraparla ya que solo posee un único dueño (Caesar, es decir Enrique VIII). Si quieren saber más sobre la relación de Thomas Wyatt con Ana Bolena, pinchen aquí.

Todos sabemos lo arriesgado que era sobrevivir en la corte de Enrique VIII, donde diversas facciones de la nobleza intentaban derribarse entre ellas. Eso creaba un ambiente tenso y asfixiante. Un rumor intencionado o la amenaza de delación de enemigos o rivales podrían destruirte en cuestión de segundos. Otro oxímoron del soneto "Without eyes I see, without tongue I plain" adquiere una connotación distinta al de Petrarca ya que señalan las torturas y mutilaciones a las que la autoridad real de Enrique VIII podía someter a los traidores y adúlteros.

De hecho, como es sabido, Wyatt fue encarcelado junto a otros nobles por supuestamente haber mantenido relaciones con Ana Bolena. Consiguió ser liberado de la cárcel gracias a la ayuda de su amigo Thomas Cromwell, aunque tuvo que padecer la desgracia de divisar la ejecución de la reina Ana y otros cortesanos desde la ventana de su celda en la Torre de Londres. Existen escritos que son una prueba verídica de estos trágicos acontecimientos como "Circa regna tonat" y “these bloody days have broken my heart", que los analizaremos en futuras entradas.


Bibliografía:

Concha Muñoz, Ángeles de la; Elices Agudo, Juan Francisco; Zamorano Rueda, Ana Isabel. Literatura inglesa hasta el siglo XVII. Madrid: editorial UNED, 2009.

Greenblatt, Stephen. The Norton Anthology of English Literature Vol. 1 - The Middle Ages through the Restoration and the Eighteenth Century. W. W. Norton & Company Inc., 2006.

http://es.wikipedia.org/wiki/Ox%C3%ADmoron

http://freehelpstoenglishliterature.blogspot.com/2007/10/i-find-no-peace.html

http://encyclopedia.jrank.org/articles/pages/3894/Wyatt-Thomas-The-Elder-1503-1542.html


viernes 2 de julio de 2010

Los últimos días de Ana Bolena: 6ª Parte



¿Posible embarazo?


A pesar de la hostilidad que rodeaba Ana y el plan maquiavélico de Cromwell, es improbable que en esas fechas el rey supiera que su esposa era objeto de una investigación. Según la historiadora Alison Weir, Enrique tenía motivos de sobra para sentirse complacido con Ana, debido a que había muchas señales de que la reina volvía a estar embarazada. Se dice que había concebido pronto después de nacer Elizabeth y es probable que se reconciliara con el monarca tras haber padecido un aborto en el pasado mes de enero.

Existen algunos indicios a favor de esa hipótesis. Aquel mes de abril de 1536, Enrique hizo una referencia indirecta al embarazo de su esposa en una conversación mantenida con el embajador Chapuys. Hubo un momento que el soberano se exaltó demasiado cuando Chapuys sugirió que Dios no había creído conveniente enviarle hijos varones porque (Dios) había decretado que la sucesión en Inglaterra recayese en una mujer.

-¿Acaso no soy hombre como los demás hombres? ¿No lo so
y? ¿No lo soy? - gritó Enrique VIII -."Vos no conocéis todos mis secretos".




Asimismo, el 25 de abril, en una misiva que mandó a Richard Pate, su embajador en Roma, con duplicados para Gardiner y Wallop en Francia, Enrique les informó de "la probabilidad y la aparencia de que Dios nos enviará herederos varones", sobrentendiendo que Ana volvía a esperar un hijo. Si efectivamente se hubiera producido un embarazo a finales de febrero, el rey hubiese podido hacer esa declaración con certeza, y vemos claramente que deseaba mucho hacerla.

La concepción de un retoño real

Antaño, normalmente la concepción de un hijo de los reyes no se proclamaba de manera oficial, no obstante, la urgencia que suscitaba el problema de la sucesión conllevó a la inesperada divulgación de lo sucedido. Además, Enrique VIII quería demostrar su hombría ante sus súbditos, como él mismo declaró, "soy un hombre como los demás hombres" y que nada le impedía engendrar un hijo varón sano. Por Ana Bolena se había enfrentado a todos, sin importar las consecuencias, separándose de una esposa complaciente y bondadosa como era Catalina de Aragón, todo por conseguir el ansiado heredero que tanto le obsesionaba.

Pero sobretodo, lo más duro era admitir que su lucha había sido en vano, que todo su esfuerzo por casarse con Ana no había dado el fruto más deseado. Por lo tanto, sería el hazmerreír de toda Europa y su virilidad se pondría en entredicho. Aunque para nuestra desgracia, la mayoría de las veces, la culpa siempre recaía sobre la mujer. En definitiva, es poco probable que se atreviera en afirmar algo así sino hubiese habido la esperanza cierta de tener un heredero.

La noticia de que Ana aún era capaz de dar a luz a un varón, lo cual aseguraría indiscutiblemente su posición, debió de alarmar mucho a Cromwell e impulsarle a provocar su caída mientras tuviera oportunidad de hacerlo. Cromwell tenía en cuenta cualquier habladuría o rumor que pudiera incriminar a Ana, por tanto no descartaba ninguna prueba ni que pareciera lo más nimia, a la larga podría tener mucha relevancia a la hora de derrocar a su enemiga.




A finales de abril él y los demás conspiradores seguían hablando de la posibilidad de que se anulara el matrimonio real. Sin embargo, la posición de la reina entonces todavía era fuerte. Había que actuar con fuera cuanto antes. El 24 de abril, instigado por Cromwell, el rey Enrique firmó un documento crucial en el que nombraba al lord canciller Audley, a algunos jueces y a varios nobles, entre otros el tío de Ana Bolena, Norfolk, y el padre, para que investigaran ciertas actividades sin especificar que podían implicar traición.


Un tal músico llamado Mark Smeaton

El día 29 de abril una conversación que Ana había mantenido con el músico Mark Smeaton llegó al conocimiento de Cromwell. Smeaton no era noble para merecer un trato considerado, sino un joven de origen humilde, su único sustento era su talento musical y su habilidad para la danza. Es posible que fuera flamenco, su apellido pudo haber sido originalmente "Smet" o "Smedt", además de ser un hombre muy apuesto. Su presencia en la corte se hace notar a partir de 1529, debido a la inclusión de su nombre en las cuentas reales donde se muestran pagos por sus camisas, medias, zapatos y gorras.



Smeaton era consciente de su baja posición y de la suerte que tenía por gozar de un puesto tan privilegiado. Nunca perteneció al círculo íntimo de la reina, en el cual incluía sus damas de compañías y gentilhombres de noble cuna. Un cierto día, Ana se lo encontró en actitud abatida en la "ventana redonda" de sus aposentos.

-Maese Smeaton, ¿por qué estáis tan triste? - preguntó.
-No importa - repuso el músico, desanimado.
Ana le respondió con altivez:
-No podéis esperar que os hable como hablaría a un noble, porque sois una persona inferior.
-No, no, con una mirada tengo suficiente - le aseguró Smeaton - , y que os vaya bien.

Esa conversación sería crucial para el juicio de Ana.



El día 30 de abril, Cromwell, para intentar sonsacarle información, decidió invitarle a comer. El joven de unos veinticuatro años, era de carácter amable y sentimental, al que debió parecerle un gran honor el ser invitado por el secretario a comer en su casa de Stepney. Smeaton para nada se imaginaba el cruel destino que se le avecinaba; tan pronto como hubo llegado se le introdujo en una sala, en la que había una mesa, al extremo de la cual hallábase sentado Cromwell; y no bien se hubo sentado Smeaton frente a él, dos hombres entraron silenciosamente, colocándose detrás de la silla de Smeaton. El músico se percataba que algo no iba bien, aquel comportamiento eran más bien bastante sospechoso.




Enseguida empezo el interrogatorio. Smeaton temeroso ante lo que podría ocurrir, no ocultaba su mirada de miedo. Varios preguntas sin sentido inundaban su cabeza: ¿Cuánto había pagado por esa sortija que llevaba? ¿Quién se la había dado? ¿ Cuánto costó esa ropeta? ¿Dónde la compró? ¿Qué otra cosa había adquirido? ¿Cuándo? ¿Cuánto? ¿Qué dijo ella? ¡Vamos! ¿No quería contestar?

Cromwell miró sutilmente a los hombres que estaban detrás de Smeaton. Una cuerda colocada en torno a las sienes húmedas de éste y un palo que aprieta la cuerda. ¿Qué más? Otra señal y nueva vuelta al palo.


Más preguntas. Unas gotas de sudor en los labios temblorosos de Smeaton. ¡ A ver, a contestar! ¿Pero ella se había entregado a él? ¿Sí? ¿Sí? ¿Cuántas veces? Debía ser unas...¿Cuántas? Sí. Sí. ¿Lo diría todo? Bueno, pues a confesarlo detalladamente. A ver, los nombres. ¿Quién más? Eso es mentira. Y así un buen rato...

Oficialmente nunca se supo con seguridad si Smeaton había sido sometido a tortura; aunque se cuenta que una persona de la casa de Cromwell contó lo sucedido, temblando, a un mercader español, que decidió incluir el relato en una crónica. A partir de ahora es cuando verdaderamente los truenos empezarán a retumbar alrededor del trono.

Continuará...

Bibliografía:

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.

Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Editorial Juventud S.A., Barcelona, 1975.

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.