
La alianza con Emperador
El emperador estaba dispuesto a aceptar de una vez " la continuación del último matrimonio" del rey Enrique con Ana Bolena a cambio que la hija de su tía Catalina, María, fuera declarada legítima. Cromwell estaba convencido de que, dada la amenaza de excomunión, una alianza con el imperio era imprescindible para el bienestar de Inglaterra, e incluso la facción de los Bolena prefería dejar a un lado un posible acuerdo con Francia y pactar con Carlos V.


Cromwell versus Ana
A finales de marzo Chapuys había oído decir que Cromwell había reñido con la reina, probablemente por haber accedio a desocupar sus aposentos para que los Seymour se instalasen en ellos. Eso fue la gota que colmó el vaso. Ésa era la señal oficial que Cromwell se había unido a ellos para librarse de Ana Bolena. Además, esa decisión favorecía inmensamente al rey. Se dice que podría acceder a esas habitaciones "por ciertas galerías sin ser visto". Cromwell afirmaría más adelante que " ése fue el exacto momento en que se dio cuenta de que la presencia de Ana como reina amenazaba la seguridad del reino, y la suya propia como secretario".

Cromwell no ocultó a Chapuys el enfrentamiento con Ana el 1 de abril y le aseguró que la reina le odiaba y quería mandarle al cadalso. Preguntó al embajador qué pensaría Carlos V si el rey volvía a casarse. Chapuys insistió que "el mundo nunca reconocería a Ana como esposa verdadera de Enrique pero que tal vez aceptaría a otra dama".
Chapuys esquiva el beso
Enrique estaba decidido a que el emperador reconociera a Ana como reina y, habiendo concedido a Chapuys una audiencia el lunes de Pascua, 18 de abril, el rey urdió un plan para que el embajador, que hasta entonces había negado a Ana la cortesía de besarle la mano, tuviera todas las oportunidades de prestarles sus respectos.
En medio de los rumores que si el monarca se casaría con Jane Seymour o con una princesa francesa, Chapuys fue invitado durante la semana de Pascua al palacio de Greenwich, el 18 de abril de 1536. Lord Rochford, hermano de Ana, le recibió efusivamente en la entrada. Acto seguido, Cromwell le entregó un mensaje del rey en el que le invitaba a visitar a Ana y besarle la mejilla, lo cual era un alto honor que se confería sólo a quienes gozaban en gran medida del favor de los reyes. Chapuys hizo lo posible para esquivarse de la invitación, sin embargo permitió que George Bolena le acompañara a la capilla real para oír misa. Se podría considerar un hecho bastante relevante ya que habitualmente los diplomáticos no asistían misa junto a la familia real.

Cuando el rey y la reina se levantaron de sus asientos para donar sus ofrendas, Ana atisbó al embajador de pie detrás de la puerta y se volvió, "solo para hacerme una reverencia". Chapuys le contestó con el mismo gesto. Ana tenía la esperanza de hablar con Chapuys durante la comida que presidiría en sus aposentos, pero después de salir de la capilla con el rey quedó muy sorprendida al advertir que el embajador no se encontraba entre los que aguardaban ante su puerta.
-¿Por qué no entra, igual que los demás embajadores? - preguntó Ana.
- Hay buenas razones para ello - respondió Enrique, que en realidad había decidido hablar él mismo con Chapuys durante la audiencia.

Después de cenar con Ana, el rey se dirigió al salón de audiencias, donde Chapuys había comido con Rochford, y mantuvo una conversación con el embajador aprovechando la privacidad que ofrecía el hueco de una ventana. Mientras duró la entrevista, el monarca manifestó mucha hostilidad ante la alianza propuesta e insistió en que el emperador pidiera disculpas por la forma en que se había comportado con él y reconociese a Ana como reina, sorprendentemente que lo hiciera por escrito.
El Secretario indignado
Cromwell quedó consternado al escuchar las palabras del rey porque sabía que el emperador jamás aceptaría semejantes condiciones tan humillantes. El Secretario se percató de que detrás de la actitud de Enrique estaba la influencia de Ana. Al finalizar la audiencia intentó persuadir al monarca de lo contrario, diciéndole que su trato con el embajador no había sido de lo más acertado y con esa forma de actuar lo echaría todo a perder. Fue inútil. Enrique se mostró tan enfadado y propenso a poner obstáculos que Cromwell decidió que lo más conveniente sería retirarse de la corte y fingir que estaba enfermo.

Mientras Ana ostentara el poder, la alianza con España sería un hecho insostenible. Cromwell consideraba ese acuerdo algo imprescindible para la seguridad del reino y para su propio pellejo. Ana era a partir de ese instante su más temida enemiga y la mayor amenaza para su carrera, incluso para su vida.
Continuará...
Bibliografía:
Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.
Warnicke, Retha M.: The rise and fall of Anne Boleyn: family politics at court of Henry VIII, Canto, Cambrige University Press, 1996.
















