viernes 10 de septiembre de 2010

Los últimos días de Ana Bolena: 8ª Parte


Mark Smeaton es conducido a
la Torre

La noche del 30 de abril de 1536, le advirtieron a Ana Bolena sobre el paradero del músico Mark Smeaton. Para su consternación, había sido detenido bajo sospecha de traición a la corona. Asimismo, fue informada, a las 11 de la noche de que la visita que tenía programada a Calais inexplicablemente había sido aplazada una semana.


Smeaton fue conducido a la Torre la mañana del 1 de mayo. En aquel funesto emplazamiento, posiblemente martirizado por despiadados verdugos, confesó que había cometido adulterio con la reina en tres ocasiones durante la primavera de 1535. Cabe destacar que fue el único de los hombres acusados que admitió su culpa.


El plan maquinado contra Ana era muy retorcido, incluyeron a Smeaton entre los supuestos amantes de la reina con el propósito de revelar cuán bajo había caído la soberana para satisfacer su lujuria y, de esta manera, contribuir a que el pueblo se pusiera más contra ella. Es cierto que algunos hechos indudablemente pudieron perjudicar todavía más su complicada situación. Ella misma insistió más adelante que Smeaton había estado en sus aposentos sólo dos veces: el 29 de abril, y en Winchester en 1535, cuando tocó el virginal para ella. Eso bastó para que fuera considerada una prueba de traición.


Las festividades del 01 de mayo


Ahora la acción se situa en el palacio de Greenwich, donde como era habitual se celebraba la tradicional festividad del 01 de mayo. Entre los presentes figuraban los nobles más ilustres de la corte presididos por el rey y la reina. Iba a empezar la justa entre George Bolena y sir Henry Norris, cuidador de la Bolsa Privada y prometido de la enamorada anterior del monarca, Madge Shelton, cuando, inesperadamente, Enrique VIII recibió un mensaje. Ana Bolena y los demás espectadores, presenciaron con asombro como el rey abandonaba el lugar sin dar satisfacciones a nadie con seis acompañantes, entre ellos Henry Norris, que como es sabido, era uno de sus hombres de confianza.

La misiva que acababa de llegar a sus manos probablemente estaba escrita por Thomas Cromwell en la cual afirmaba que Smeaton había confesado y que Norris era sospechoso. El rey permitió que las justas continuaran sin él y se marchó sin dirigir la palabra a su esposa. Tal y como se había ido de casa desde Windsor sin decirle adiós a la reina Catalina de Aragón, ahora salió de Greenwich sin despedirse de la reina Ana. Nunca más volvió a verla. Los Bolena presentían que les avecinaba un futuro incierto.





Thomas Cromwell corría un grande riesgo incriminando a Sir Henry Norris, ya que si finalmente resultaban falsas sus acusaciones, podrían acarrearle fuertes represalias por parte del rey. Enrique VIII tenía mucha estima hacía Norris, era uno de sus amigos y colaboradores más íntimos, sin embargo, a pesar de la amistad que les unía, el monarca decidió creer a Cromwell, lo cual nos hace suponer que las pruebas contra Norris eran bastante convincentes.

Norris recibió la orden de acompañar a su señor a York Place, y durante el viaje le acusó personalmente de haber cometido adulterio con la reina ya en octubre de 1533, hecho que Norris negó con todas sus fuerzas, y prometió a su señor que lucharía con cualquier caballero que se atreviera a profesar injurías contra el honor de la reina. Mismo suplicando al rey su inocencia, fue detenido y encaminado a la Torre al amanecer del día siguiente.

Ana Bolena y su hermano son arrestados

Lo que todavía resultaba más soprendente, fue el arresto de Lord Rochford, el día 02 de mayo. Si caía en desgracia el hermano de la reina, ¿quién podría ya estar a salvo?




La reina no se había enterado de nada de lo que estaba sucediendo. En mañana del día 02 de mayo asistía apaciblemente a un partido de tenis, cuando fue avisada que su tío Norfolk había llegado, acompañado de Cromwell, Lord Audley, Lord Fitzwilliam y otros miembros de la Cámara Privada.



La reina fue arrestada y acusada de los más horribles crímenes, no solo de adulterio sino también de incesto (la pena para ese cargo podía ser la hoguera) y, la más terrible, de conspiración para asesinar al rey. La acusación más abominable, desde luego fue la de incesto y estaba calculada para provocar una enorme repugnancia e indignación pública, especialmente porque, a finales de 1535, cuando había tenido la supuesta aventura con su hermano, George Bolena, estaba embarazada.


La declaración de Jane Bolena, fue el detonante que impulsó aquella grave acusación de "familiaridad indebida" entre su esposo y la hermana de éste, aunque Rochford recibió un mensaje por medio de Carew y Bryan que decía que su esposa pensaba interceder ante el rey por él. No fue nada más que una mera ilusión, no hay constancia que lady Rochford obrara de esa manera. En aquel tiempo se creía que la esposa de George había actuado impulsada por la "envidia y los celos" que le inspiraba la estrecha relación entre Rochford y Ana. Por lo tanto, dejaba entrever que el hijo que Ana esperaba en vientre no era de Enrique.

La reina en la Torre




Después Ana fue encaminada a la Torre. Tardaron en llegar alrededor de dos horas. Se dice que la reina estaba al borde del colapso en el momento que contempló aquel aterrador emplazamiento. Solo hacía tres años recorrió el mismo camino para la ceremonia de su coronación. ¡Qué lejos ya quedaban aquellos momentos de júbilo!

Ana no pudo dominar sus emociones y comenzó a gritar. Se la oyó exclamar: "Fui recibida con mayor ceremonia la última vez que estuve aquí". El contestable de la Torre, Sir William Kingston, un hombre justo y bondadoso, trató de consolarla. Le aseguró que no la pondrían en un calabozo, sino en las habitaciones que había ocupado antes de su coronación. Ella lo recompensó arrodillándose y exclamando: "Es demasiado bueno para mí." Luego lloró y entonces "se puso a reír".



Finalmente Ana pudo cruzar el patio, no obstante parecía que no tenía más fuerzas para proseguir hasta sus nuevas estancias. Cayó de rodillas. Frente a su escolta de lores, imploró a Dios que la auxiliara "ya que no era culpable de la acusación".


Bibliografía:

Denny, Joanna: Anne Boleyn: A new life of England´s tragic Queen, Portrait Books, London, 2005.

Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007

Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.

7 comentarios:

CAROLVS II, REX HISPANIARVM dijo...

Milady, pobre mujer, traicionada por todos dentro de un juego que no buscaba otra cosa que llevar a buen fin aquello que Enrique VIII querìa.

Saludosò

Lady Caroline dijo...

Sí, Monsieur. Habían urdido una maquiavélica trampa contra Ana. Todo era válido para complacer los caprichos de Enrique.

Saludos

Mary Tudor dijo...

Desde luego se las ingeniaron bastante bien para acusar a Ana de delitos, que incluso no había cometido, y de forma que pareciera completamente culpable.

Es cierto que con la misma rapidez con la que subió al trono, cayó después en desgracia. También favorecido mucho por el Rey, que ya tenía sus ojos puestos en otra, y Ana no le servía para darle su ansiado varón.

Me gustó mucho esta entrada

Besos

lady grey dijo...

Hola Lady Caroline:
Esta parte de la historia me hace sentir pena por la pobre Ana.Ella fue victima de un complot para sacarla del camino.Creo fervientemente en su inocencia,pero Enrique era un hombre duro y no confiaba ni en su sombra.
Espero con ansias que continues con esta tremenda historia.
Besos y brazos...

Lady Caroline dijo...

Mary Tudor: Efectivamente, tramaron innumerables artimañas para derrocar a Ana como reina y destruir su reputación.Lo elaboraron tan bien para que cualquiera creyera sin dudar en su culpabilidad. El mundo de Enrique, como sabemos, giraba alrededor del ambicionado heredero, y si Ana era incapaz de engendrarlo, había que ir a buscarlo a otra parte! Su encaprichamiento por Jane Seymour fue el detonante para que tomara esa decisión.
Gracias por comentar. Besos

Lady Grey: A mi me sucede igual, tal es mi indignación por semejante injusticia, que no puedo evitar que se me hierva la sangre. ¿Cómo era capaz un hombre de ejecutar a su propia esposa? ¿Dónde estaba todo aquel cariño que antaño le profesaba? ¿Cómo pudo el rey creer en todas las calumnias que decían los enemigos de Ana?
Gracias por el comentario.
Besos

¿Mañana más? dijo...

¡Qué historia tan complicada!. Parece increíble que una conspiración así sea real. ¿Pero de verdad ella era inocente?. Lo mismo era culpable, ¿no?. En aquélla época las cortes eran un verdadero putiferio (de ahí una de las acepciones de "cortesana") y no sería ni la primera ni la última reina infiel a su marido (en España y Francia era algo completamente normal).

Pero si de verdad todo era mentira... ¡Qué reinado más terrorífico!. Las cabezas rodaban que era un gusto y la arbitrariedad del rey era algo manifiesto: primero Wolsey, luego Tomas Moro, Ana, Cronwell. ¡Cómo para hacerse amigo del rey!. Personalmente me escondería en el último agujero de la tierra antes de contar con sus favores.

Y, otra cosa, ¿no podía haber anulado su matrimonio como hizo con Ana de Cléves?. Al fin y al cabo, éste se había celebrado estando casado con Catalina.

En fin. Saludos y gracias por tan interesantes entradas.

Pilar Moreno Wallace dijo...

Exactamente no se sabrá si efectivamente fue culpable de todo lo que se le acusaba. Lo que sí es un hecho el carácter de un rey que anteponía su crueldad a cualquier otro sentimiento.
Saludos