
¿Posible embarazo?
A pesar de la hostilidad que rodeaba Ana y el plan maquiavélico de Cromwell, es improbable que en esas fechas el rey supiera que su esposa era objeto de una investigación. Según la historiadora Alison Weir, Enrique tenía motivos de sobra para sentirse complacido con Ana, debido a que había muchas señales de que la reina volvía a estar embarazada. Se dice que había concebido pronto después de nacer Elizabeth y es probable que se reconciliara con el monarca tras haber padecido un aborto en el pasado mes de enero.
Existen algunos indicios a favor de esa hipótesis. Aquel mes de abril de 1536, Enrique hizo una referencia indirecta al embarazo de su esposa en una conversación mantenida con el embajador Chapuys. Hubo un momento que el soberano se exaltó demasiado cuando Chapuys sugirió que Dios no había creído conveniente enviarle hijos varones porque (Dios) había decretado que la sucesión en Inglaterra recayese en una mujer.
-¿Acaso no soy hombre como los demás hombres? ¿No lo soy? ¿No lo soy? - gritó Enrique VIII -."Vos no conocéis todos mis secretos".

Asimismo, el 25 de abril, en una misiva que mandó a Richard Pate, su embajador en Roma, con duplicados para Gardiner y Wallop en Francia, Enrique les informó de "la probabilidad y la aparencia de que Dios nos enviará herederos varones", sobrentendiendo que Ana volvía a esperar un hijo. Si efectivamente se hubiera producido un embarazo a finales de febrero, el rey hubiese podido hacer esa declaración con certeza, y vemos claramente que deseaba mucho hacerla.
La concepción de un retoño real
Antaño, normalmente la concepción de un hijo de los reyes no se proclamaba de manera oficial, no obstante, la urgencia que suscitaba el problema de la sucesión conllevó a la inesperada divulgación de lo sucedido. Además, Enrique VIII quería demostrar su hombría ante sus súbditos, como él mismo declaró, "soy un hombre como los demás hombres" y que nada le impedía engendrar un hijo varón sano. Por Ana Bolena se había enfrentado a todos, sin importar las consecuencias, separándose de una esposa complaciente y bondadosa como era Catalina de Aragón, todo por conseguir el ansiado heredero que tanto le obsesionaba.
Pero sobretodo, lo más duro era admitir que su lucha había sido en vano, que todo su esfuerzo por casarse con Ana no había dado el fruto más deseado. Por lo tanto, sería el hazmerreír de toda Europa y su virilidad se pondría en entredicho. Aunque para nuestra desgracia, la mayoría de las veces, la culpa siempre recaía sobre la mujer. En definitiva, es poco probable que se atreviera en afirmar algo así sino hubiese habido la esperanza cierta de tener un heredero.
La noticia de que Ana aún era capaz de dar a luz a un varón, lo cual aseguraría indiscutiblemente su posición, debió de alarmar mucho a Cromwell e impulsarle a provocar su caída mientras tuviera oportunidad de hacerlo. Cromwell tenía en cuenta cualquier habladuría o rumor que pudiera incriminar a Ana, por tanto no descartaba ninguna prueba ni que pareciera lo más nimia, a la larga podría tener mucha relevancia a la hora de derrocar a su enemiga.

A finales de abril él y los demás conspiradores seguían hablando de la posibilidad de que se anulara el matrimonio real. Sin embargo, la posición de la reina entonces todavía era fuerte. Había que actuar con fuera cuanto antes. El 24 de abril, instigado por Cromwell, el rey Enrique firmó un documento crucial en el que nombraba al lord canciller Audley, a algunos jueces y a varios nobles, entre otros el tío de Ana Bolena, Norfolk, y el padre, para que investigaran ciertas actividades sin especificar que podían implicar traición.
Un tal músico llamado Mark Smeaton
El día 29 de abril una conversación que Ana había mantenido con el músico Mark Smeaton llegó al conocimiento de Cromwell. Smeaton no era noble para merecer un trato considerado, sino un joven de origen humilde, su único sustento era su talento musical y su habilidad para la danza. Es posible que fuera flamenco, su apellido pudo haber sido originalmente "Smet" o "Smedt", además de ser un hombre muy apuesto. Su presencia en la corte se hace notar a partir de 1529, debido a la inclusión de su nombre en las cuentas reales donde se muestran pagos por sus camisas, medias, zapatos y gorras.

Smeaton era consciente de su baja posición y de la suerte que tenía por gozar de un puesto tan privilegiado. Nunca perteneció al círculo íntimo de la reina, en el cual incluía sus damas de compañías y gentilhombres de noble cuna. Un cierto día, Ana se lo encontró en actitud abatida en la "ventana redonda" de sus aposentos.
-Maese Smeaton, ¿por qué estáis tan triste? - preguntó.
-No importa - repuso el músico, desanimado.
Ana le respondió con altivez:
-No podéis esperar que os hable como hablaría a un noble, porque sois una persona inferior.
-No, no, con una mirada tengo suficiente - le aseguró Smeaton - , y que os vaya bien.
Esa conversación sería crucial para el juicio de Ana.

El día 30 de abril, Cromwell, para intentar sonsacarle información, decidió invitarle a comer. El joven de unos veinticuatro años, era de carácter amable y sentimental, al que debió parecerle un gran honor el ser invitado por el secretario a comer en su casa de Stepney. Smeaton para nada se imaginaba el cruel destino que se le avecinaba; tan pronto como hubo llegado se le introdujo en una sala, en la que había una mesa, al extremo de la cual hallábase sentado Cromwell; y no bien se hubo sentado Smeaton frente a él, dos hombres entraron silenciosamente, colocándose detrás de la silla de Smeaton. El músico se percataba que algo no iba bien, aquel comportamiento eran más bien bastante sospechoso.

Enseguida empezo el interrogatorio. Smeaton temeroso ante lo que podría ocurrir, no ocultaba su mirada de miedo. Varios preguntas sin sentido inundaban su cabeza: ¿Cuánto había pagado por esa sortija que llevaba? ¿Quién se la había dado? ¿ Cuánto costó esa ropeta? ¿Dónde la compró? ¿Qué otra cosa había adquirido? ¿Cuándo? ¿Cuánto? ¿Qué dijo ella? ¡Vamos! ¿No quería contestar?
Cromwell miró sutilmente a los hombres que estaban detrás de Smeaton. Una cuerda colocada en torno a las sienes húmedas de éste y un palo que aprieta la cuerda. ¿Qué más? Otra señal y nueva vuelta al palo.


Más preguntas. Unas gotas de sudor en los labios temblorosos de Smeaton. ¡ A ver, a contestar! ¿Pero ella se había entregado a él? ¿Sí? ¿Sí? ¿Cuántas veces? Debía ser unas...¿Cuántas? Sí. Sí. ¿Lo diría todo? Bueno, pues a confesarlo detalladamente. A ver, los nombres. ¿Quién más? Eso es mentira. Y así un buen rato...
Oficialmente nunca se supo con seguridad si Smeaton había sido sometido a tortura; aunque se cuenta que una persona de la casa de Cromwell contó lo sucedido, temblando, a un mercader español, que decidió incluir el relato en una crónica. A partir de ahora es cuando verdaderamente los truenos empezarán a retumbar alrededor del trono.
Continuará...
Bibliografía:
Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.
Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Editorial Juventud S.A., Barcelona, 1975.
Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.
Existen algunos indicios a favor de esa hipótesis. Aquel mes de abril de 1536, Enrique hizo una referencia indirecta al embarazo de su esposa en una conversación mantenida con el embajador Chapuys. Hubo un momento que el soberano se exaltó demasiado cuando Chapuys sugirió que Dios no había creído conveniente enviarle hijos varones porque (Dios) había decretado que la sucesión en Inglaterra recayese en una mujer.
-¿Acaso no soy hombre como los demás hombres? ¿No lo soy? ¿No lo soy? - gritó Enrique VIII -."Vos no conocéis todos mis secretos".

Asimismo, el 25 de abril, en una misiva que mandó a Richard Pate, su embajador en Roma, con duplicados para Gardiner y Wallop en Francia, Enrique les informó de "la probabilidad y la aparencia de que Dios nos enviará herederos varones", sobrentendiendo que Ana volvía a esperar un hijo. Si efectivamente se hubiera producido un embarazo a finales de febrero, el rey hubiese podido hacer esa declaración con certeza, y vemos claramente que deseaba mucho hacerla.
La concepción de un retoño real
Antaño, normalmente la concepción de un hijo de los reyes no se proclamaba de manera oficial, no obstante, la urgencia que suscitaba el problema de la sucesión conllevó a la inesperada divulgación de lo sucedido. Además, Enrique VIII quería demostrar su hombría ante sus súbditos, como él mismo declaró, "soy un hombre como los demás hombres" y que nada le impedía engendrar un hijo varón sano. Por Ana Bolena se había enfrentado a todos, sin importar las consecuencias, separándose de una esposa complaciente y bondadosa como era Catalina de Aragón, todo por conseguir el ansiado heredero que tanto le obsesionaba.
Pero sobretodo, lo más duro era admitir que su lucha había sido en vano, que todo su esfuerzo por casarse con Ana no había dado el fruto más deseado. Por lo tanto, sería el hazmerreír de toda Europa y su virilidad se pondría en entredicho. Aunque para nuestra desgracia, la mayoría de las veces, la culpa siempre recaía sobre la mujer. En definitiva, es poco probable que se atreviera en afirmar algo así sino hubiese habido la esperanza cierta de tener un heredero.
La noticia de que Ana aún era capaz de dar a luz a un varón, lo cual aseguraría indiscutiblemente su posición, debió de alarmar mucho a Cromwell e impulsarle a provocar su caída mientras tuviera oportunidad de hacerlo. Cromwell tenía en cuenta cualquier habladuría o rumor que pudiera incriminar a Ana, por tanto no descartaba ninguna prueba ni que pareciera lo más nimia, a la larga podría tener mucha relevancia a la hora de derrocar a su enemiga.

A finales de abril él y los demás conspiradores seguían hablando de la posibilidad de que se anulara el matrimonio real. Sin embargo, la posición de la reina entonces todavía era fuerte. Había que actuar con fuera cuanto antes. El 24 de abril, instigado por Cromwell, el rey Enrique firmó un documento crucial en el que nombraba al lord canciller Audley, a algunos jueces y a varios nobles, entre otros el tío de Ana Bolena, Norfolk, y el padre, para que investigaran ciertas actividades sin especificar que podían implicar traición.
Un tal músico llamado Mark Smeaton
El día 29 de abril una conversación que Ana había mantenido con el músico Mark Smeaton llegó al conocimiento de Cromwell. Smeaton no era noble para merecer un trato considerado, sino un joven de origen humilde, su único sustento era su talento musical y su habilidad para la danza. Es posible que fuera flamenco, su apellido pudo haber sido originalmente "Smet" o "Smedt", además de ser un hombre muy apuesto. Su presencia en la corte se hace notar a partir de 1529, debido a la inclusión de su nombre en las cuentas reales donde se muestran pagos por sus camisas, medias, zapatos y gorras.

Smeaton era consciente de su baja posición y de la suerte que tenía por gozar de un puesto tan privilegiado. Nunca perteneció al círculo íntimo de la reina, en el cual incluía sus damas de compañías y gentilhombres de noble cuna. Un cierto día, Ana se lo encontró en actitud abatida en la "ventana redonda" de sus aposentos.
-Maese Smeaton, ¿por qué estáis tan triste? - preguntó.
-No importa - repuso el músico, desanimado.
Ana le respondió con altivez:
-No podéis esperar que os hable como hablaría a un noble, porque sois una persona inferior.
-No, no, con una mirada tengo suficiente - le aseguró Smeaton - , y que os vaya bien.
Esa conversación sería crucial para el juicio de Ana.

El día 30 de abril, Cromwell, para intentar sonsacarle información, decidió invitarle a comer. El joven de unos veinticuatro años, era de carácter amable y sentimental, al que debió parecerle un gran honor el ser invitado por el secretario a comer en su casa de Stepney. Smeaton para nada se imaginaba el cruel destino que se le avecinaba; tan pronto como hubo llegado se le introdujo en una sala, en la que había una mesa, al extremo de la cual hallábase sentado Cromwell; y no bien se hubo sentado Smeaton frente a él, dos hombres entraron silenciosamente, colocándose detrás de la silla de Smeaton. El músico se percataba que algo no iba bien, aquel comportamiento eran más bien bastante sospechoso.

Enseguida empezo el interrogatorio. Smeaton temeroso ante lo que podría ocurrir, no ocultaba su mirada de miedo. Varios preguntas sin sentido inundaban su cabeza: ¿Cuánto había pagado por esa sortija que llevaba? ¿Quién se la había dado? ¿ Cuánto costó esa ropeta? ¿Dónde la compró? ¿Qué otra cosa había adquirido? ¿Cuándo? ¿Cuánto? ¿Qué dijo ella? ¡Vamos! ¿No quería contestar?
Cromwell miró sutilmente a los hombres que estaban detrás de Smeaton. Una cuerda colocada en torno a las sienes húmedas de éste y un palo que aprieta la cuerda. ¿Qué más? Otra señal y nueva vuelta al palo.


Más preguntas. Unas gotas de sudor en los labios temblorosos de Smeaton. ¡ A ver, a contestar! ¿Pero ella se había entregado a él? ¿Sí? ¿Sí? ¿Cuántas veces? Debía ser unas...¿Cuántas? Sí. Sí. ¿Lo diría todo? Bueno, pues a confesarlo detalladamente. A ver, los nombres. ¿Quién más? Eso es mentira. Y así un buen rato...
Oficialmente nunca se supo con seguridad si Smeaton había sido sometido a tortura; aunque se cuenta que una persona de la casa de Cromwell contó lo sucedido, temblando, a un mercader español, que decidió incluir el relato en una crónica. A partir de ahora es cuando verdaderamente los truenos empezarán a retumbar alrededor del trono.
Continuará...
Bibliografía:
Fraser, Antonia: Las seis esposas de Enrique VIII, Ediciones Web, Barcelona, 2007.
Hackett, Francis: Enrique VIII y sus seis mujeres, Editorial Juventud S.A., Barcelona, 1975.
Weir, Alison: Enrique VIII el rey y la corte, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004.
8 comentarios:
Yo creo que Smeaton si debió ser torturado. Realmente a estas alturas, y con la sospecha de un posible nuevo embarazo de Ana, Cromwell no las tenía todas consigo para hacerla caer, y debía encontrar pruebas sostenibles de la traición de la reina.
Posiblemente a Smeaton le obligaran a decir hasta lo que ellos querían que dijera. ¿Quién no canta ante semejante tortura? Con esto, los días de Ana Bolena estaban contados
Besooosssss
María Tudor: Yo igualmente soy partidaria que Mark Smeaton sufrió todo tipo de torturas, además como no pertenecía a la alta nobleza, podrían someterlo a terribles martirios sin restricciones. El pobre se vio acorralado por todos los lados, no había otra escapatoria que confesar un crimen que nunca había cometido. Tal vez lo engañaron, prometiéndole que si confesaba le perdonaban la vida.
Si realmente Ana estaba embarazada, como afirma la historiadora Alison Weir, el crimen contra ella se muestra todavía más infame y monstruoso.
Besos
La verdad es que seguramente en aquellos tiempos se torturaba las personas para confesar lo inconfesable y lo que no sucedió...
Cruel destino tuvo Smeaton.
Que tengas una buena semana Lady Caroline.
Iban a por ella y todos los que estaban alrededor de ella les sirvieron para el ataque frontal, con todas sus consecuencias.
Un abrazo.
Besos, hasta pronto.
Eldiana: Es una verdadera lástima lo ocurrido con Smeaton. Me imagino la cara de aturdimento que puso, incapaz de comprender las razones por las cuales le estaban torturando.¡Que tengas igualmente una buena semana! Besos
Magamerlin: Asechaban a Ana por todos los lados, la acorralaron como un animalito indefenso. Besos
Hola Lady Caroline:
Lamento ausentarme de tu blog,pero me encontraba tomando una merecidas vacaciones.
Esta historia se pone cada vez mejor,es increible que los amigos y aliados de Ana la traicionaran sin el mayor reparo,todos buscan la prueba que incriminara a la Reina.
Besos y abrazos...
Que historia apasionante y cruel!!! Pobre músico!!! Espero ansiosa otra entrega!
Gracias por vuestros comentario Lady Grey y Nora, siento no haberos contestado antes. Estuve 1 semana de vacaciones en Roma, volví hace 3 días. ¡El viaje ha sido estupendo! En breve habrá nueva publicación en el blog, estoy trabajando en ello ahora mismo.
Besos
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